Reflexion sobre nuestros politicos - Sonia Lalanda

Yo no sé si tenemos los políticos que nos merecemos, y tampoco creo que sean una muestra representativa de la sociedad, pero en todo caso, son producto del “sistema” actual, que se basa por un lado en unas estructuras políticas soberbias y empoderadas, y en el voto visceral del electorado por otro.

El problema radica en que determinados “mierda” han accedido a la política

Mi reflexión va dirigida, sustancialmente, a la primera y segunda división de la política del Estado, ─la nacional y la autonómica─ cuyos escándalos jalonan la prensa diaria y nos llevan a la equivocada conclusión de que “la política es una mierda”, cuando el problema radica en que determinados “mierda” han accedido a la política.

Volvamos unas décadas atrás… No tuvo que ser nada fácil desmontar en paz un sistema político “dictatorial” – llamémosle así para simplificar – y convertirlo en otro democrático mientras la nación seguía pedaleando para transitar de forma pacífica, como dijera D. Torcuato Fernández – Miranda: “de la Ley a la Ley”. En un tiempo récord y con todos los inconvenientes posibles ─internos y exteriores─ los políticos de la “Transición”, de indudable talla intelectual, organizaron el tablero geográfico, nos dotaron de normas democráticas de casi unánime aceptación y situaron las instituciones de los tres poderes del Estado mirando al futuro.

El acceso al ejercicio de cargos electos se abrió a todo español que supiera leer y escribir con el único requisito de concurrir bajo las siglas de un partido político

Para lograr todo aquello, fue preciso articular la democracia en torno a unos partidos de fuertes estructuras de poder ─de dudosa por no decir nula aunque aparente democracia interna─, y nutridos por unos sistemas de financiación mayormente públicos y marginalmente privados. De forma paralela, el acceso al ejercicio de cargos electos se abrió a todo español que supiera leer y escribir con el único requisito de concurrir bajo las siglas de un partido político, sin plantearse ninguna exigencia más con la que adornar el currículo de quien pretendía representar a los ciudadanos que su adscripción partidista.

Mientras tanto, “España” como marca que nos agrupa y define en el mundo ha ido adquiriendo prestigio y fuerza gracias a la evidente estabilidad social y política, nuestro enorme potencial creativo, una economía sólida, el buen hacer de nuestras empresas, el elevado nivel como Estado de Bienestar, el enorme peso de nuestra historia y cultura que nos proporcionan lazos sólidos con un elevado número de países, el escrupuloso respeto por los Derechos Humanos, individuales y colectivos… y un sinfín de virtudes colectivas que nos definen como una de las 15 mayores naciones del mundo.

Dibujado el escenario de forma idílica, esa especie de maldición bíblica que mantiene su llama encendida en las puertas del paraíso no se extinguió con la inauguración de un nuevo régimen diseñado para dar cobijo a todos los españoles, sino que fue prendiendo sin prisa pero sin pausa aquí y allá, a lomos de discursos hipócritas, buscando siempre un agujero por donde colar el mal cainita de nuestra sangre.

Mientras la marca “España” ha ido navegando viento en popa, la sala de máquinas de la política se ha ido debilitando:

_ La insuficiente financiación de los partidos políticos les ha llevado a caer en brazos de la corrupción y por tanto sensibles a intereses ocultos o inconfesables.

_ La cada vez más denostada actividad pública ha tenido como resultado que la política ha sido colonizada por muchas personas sin escrúpulos que han visto en el ejercicio del “poder” no un servicio público, sino un modo ilícito de enriquecerse.

_ Y algo que es igualmente preocupante: el todo vale. La Ley de la selva ampara la cacería, la mentira, la manipulación… La sustitución de los principios y la ejemplaridad en los hechos por los slogans y el marketing. Los “likes” son el refrendo de la política diaria… un dislate demencial.

Es razonable considerar que la política está hecha unos zorros, algo que va más allá de enjuiciar los nombres propios que la lideran, la gran mayoría en mi opinión, bastante mediocres en su vida civil

En definitiva, creo que es razonable considerar que la política está hecha unos zorros, algo que va más allá de enjuiciar los nombres propios que la lideran, la gran mayoría en mi opinión, bastante mediocres en su vida civil y vendedores de humo en su trayectoria política. Se trata de sentar nuevas bases en tres grandes aspectos: financiación de los partidos, acceso a cargos electos y reglas del juego, que deben ser analizados porque no van bien, lo que supone sin duda un reto considerable ya que, quienes tienen que hacerlo son, precisamente, quienes viven de este tóxico sistema.

Y dejo unos apuntes para esta reflexión…

Me parece encomiable el modelo americano, cuna de la democracia, cuyos partidos se financian de forma absoluta con fondos privados y donde, además, los lobbies son abiertos y conocidos. ¿Qué tiene de malo importar a España un método de probada eficacia? Me parece tremendamente positivo que los ciudadanos nos impliquemos incluso económicamente en potenciar y respaldar con nuestros dineros, muchos o pocos, la ideología y los principios que profesamos porque, además, nos sentiremos más vinculados a nuestros políticos cuyas campañas ─cuyos sillones─ habremos pagado de nuestros bolsillos. Tampoco creo que ocurra nada por saber quién quiere financiar ésta o aquella propuesta… nada mejor para cualquier ámbito de la política que la luz y los taquígrafos.

Es evidente que ser político es voluntario, pero también ser arquitecto o pastelero, cirujano o bombero, y a nadie se le ocurre proponer que trabajen gratis. Mucha y admirable vocación política tiene que tener un profesional de mediano éxito en la vida civil para arriesgarse a perder prestigio y, desde luego, dinero si entra en política. No seamos hipócritas… el sueldo del Presidente del Gobierno de España es ridículo y de ahí hacia abajo la gran mayoría de los de los cargos electos. ¿Qué tal si nuestros políticos cobraran un sueldo equivalente a la media de sus declaraciones del IRPF de los últimos 4 años, incrementado en un porcentaje en función de su responsabilidad? De esta forma, la gente valiosa podría acercarse a la política sin perder dinero y quienes no han dado previamente un palo al agua en su vida habrían de conformarse con el Salario Mínimo Interprofesional… porque no se puede llegar a regir los destinos de los demás sin ninguna experiencia contrastada en regir el destino propio.

En el electorado está la responsabilidad de exigir a los políticos unos niveles elementales de comportamiento ético y solidez intelectual

Y por último: las reglas del juego. Me temo que esas deben ir aprendidas de casa por cada aspirante a representarnos, y en el electorado está la responsabilidad de exigir a los políticos unos niveles elementales de comportamiento ético y solidez intelectual. Somos nosotros quienes debemos tener un mínimo espíritu crítico para apartar el trigo de la paja, el populismo barato de las ideologías de principios; el navajeo de la dialéctica; la confrontación de opiniones del enfrentamiento; la democracia de la demagogia; la información de la manipulación; la oportunidad del oportunismo… distinguir entre un “Hombre de Estado” y un modelo de Emidio Tucci…

Como acertadamente analiza Ortega y Gasset “Los españoles nos juntamos hace cinco siglos para emprender una Weltpolitik y para ensayar otras muchas faenas de gran velamen”, no resulta pues irrelevante que la sala de máquinas esté anegada, porque cuando un barco va a la deriva es grande el riesgo de que encalle o sea pasto de piratas, y creo que eso ni a usted, que amablemente está leyendo, ni a nadie nos interesa.