El timo de la democracia representativa - Jose Fernandez

Ante las negociaciones por enésima vez para la formación de un “nuevo” Gobierno hemos asistido a finales del mes de noviembre de 2019 a una marea de “consultas a las bases” o a la militancia respecto de los preacuerdos alcanzados, tanto en el PSOE, como en Unidas Podemos, en lo que queda de IU, o en ERC.

Las «consultas a las bases» no son democracia, son oligarquía

Lo que en apariencia supone mayor poder de decisión para el afiliado de a pie en realidad es un postureo buenista que no implica más democracia o mayor poder de participación en la toma de decisiones: por el contrario, su verdadero objetivo es conseguir una especie de legitimación para que el líder supremo haga lo que le dé la gana, salpicado de palabras bonitas como “progresista”. Tal y como comentó en su Twitter Carlos Martínez Gorriarán, “Las «consultas a las bases» no son democracia, son oligarquía: la pregunta es única, sólo se puede votar sí o no, las bases no pueden proponer ni discutir, sólo asentir o disentir, y nadie controla el censo. Plebiscito se llamaba en Roma, la consulta a una plebe sin iniciativa”.

Vamos a analizar concretamente el caso del PSOE, que al fin y al cabo es el partido que trata de formar Gobierno (Podemos está claro que lo aprobará, si le han dado el visto bueno a un chalet en Galapagar, ¿cómo no van a votar en favor de un Gobierno progresista, sea lo que sea eso?).

Supongamos que soy un ilusionado militante que quiere saber qué se va a votar antes de tomar una decisión sobre el voto al preacuerdo. Para empezar, me entero de que la pregunta que tengo que responder es la siguiente: «¿Apoyas el acuerdo alcanzado entre el PSOE y Unidas Podemos para formar un Gobierno progresista de coalición?». Y las respuestas posibles son SI o NO.

Bien, antes de saber si apoyo o no el acuerdo, necesito conocer qué es exactamente lo que han pactado mi partido y Unidas Podemos. Lo único que encuentro es una lista de diez puntos que son muy genéricos (por ejemplo, consolidar el crecimiento y la creación de empleo, garantizar la convivencia en Cataluña, o lucha contra el cambio climático), y que seguramente no contienen nada de lo que han pactado ambos partidos en realidad. La cuestión es cómo se va a hacer eso y qué medidas concretas se van a tener en cuenta, por una parte. Y por otra, el reparto del poder y los sillones. Como afiliado socialista, me importa saber si Podemos va a controlar el ministerio de Economía o el de Trabajo. Porque tal y como dijo en la reciente campaña electoral mi secretario general y actual presidente en funciones, no me fio de ellos y no creo que pueda conciliar el sueño en tal caso. Y fíjense en que se dijo al difundir los diez puntos anteriores que los detalles del acuerdo se expondrían en breve, pero nos hacen votar antes de conocerlos.

La conclusión es que aparte de estos diez puntos sólo hay rumores que no despejan mi falta de información. El ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, en una entrevista radiofónica el pasado 18 de noviembre, lo expuso así: quiero influir en Pedro Sánchez para que convoque al Comité Federal y explique a los militantes qué es lo que se quiere pactar con Podemos, para que cuando los militantes del PSOE tengan que decidir sepan sobre qué están decidiendo. Solicitaba conocer cuáles son las líneas rojas si se va a negociar con los independentistas. «Lo único que pido es no hacer un referéndum sobre el pacto con Podemos hasta que no veamos los papeles».

En realidad, las decisiones ya han sido tomadas en un cuarto oscuro sin luz ni taquígrafos, entre los llamados comités negociadores. Y lo único que se busca es que la militancia ratifique una decisión ya cerrada, y en la cual no ha tenido nada que ver.

Para entender bien la situación, hay que explicar brevemente que el máximo órgano entre congresos del PSOE es el Comité Federal, cuyos  miembros son elegidos democráticamente por los afiliados en el Congreso correspondiente. Tras su victoria en las primarias, Sánchez seleccionó una nueva Comisión Ejecutiva Federal compuesta mayoritariamente por personas afines,​ y reformó los Estatutos del partido de modo que redujeron el poder del Comité Federal del PSOE (órgano que previamente lo obligó a dimitir) y dando mayor importancia en la toma de decisiones a la militancia.

Pedro Sánchez ha vaciado de poder el “parlamento” del PSOE a costa de aumentar su poder y el del “poder ejecutivo

En resumen, se impone un modelo cesarista, en el que se otorgan las decisiones sobre los pactos postelectorales a los militantes; se impide que el Comité Federal pueda expulsar al secretario general; y se otorga el poder de convocar y celebrar consultas al líder y a su dirección más reducida: la Ejecutiva Federal. Pedro Sánchez ha vaciado de poder el “parlamento” del PSOE a costa de aumentar su poder y el del “poder ejecutivo”. Se eliminan órganos de control intermedios sobre el poder del líder, cuyas decisiones quedan blanquedas por el voto de la militancia, sin tener que entrar en más detalles, y sin tener que dar ninguna explicación.

En resumen, Pedro Sánchez obtuvo seis millones setecientos mil votos repitiendo hasta la saciedad que no gobernaría con Podemos, y que no tenía más remedio que convocar elecciones porque no quería hacerlo. Y ahora se desdice tranquilamente de todo lo que afirmó durante la campaña electoral, timando a los electores, y tratando de darle un barniz de “democracia” convocando un plebiscito en el que 103.718 afiliados participaron, de los cuales 95.421 han votado a favor de un preacuerdo vacío, y además lleno de generalidades.

A mí me pasa como a Fernández Vara, que yo era firme partidario, pero cuantos más ejemplos veo, menos me convence su utilidad

Es la misma corriente política que pide primarias o presupuestos participativos. Me acuerdo de esa frase de Rodríguez Ibarra: “o el PSOE acaba con ellas o las primarias acaban con el PSOE”. A mí me pasa como a Fernández Vara, que yo era firme partidario, pero cuantos más ejemplos veo, menos me convence su utilidad. El tema de elecciones internas es muy complicado, lo sé por propia experiencia, si se quiere hacer en serio, con un censo electoral cerrado y con verdaderas garantías. Por no hablar de sus resultados: que se lo digan a Almunia y a Borrell, un experimento que acabó… con Aznar en el año 2000 con mayoría absoluta. En eso son comparables a los referendums, que los carga el diablo y los disparan personas no demasiado inteligentes. Que se lo cuenten a David Cameron.

En el tema de los presupuestos participativos que utilizó el anterior Ayuntamiento de Madrid, entre otros, lo que se hace es una dejación de funciones, traspasando la responsabilidad a los ciudadanos. El partido que le sostenía se presentó a las elecciones con un programa electoral que debió cumplir, o al menos intentarlo. La inmensa mayoría de los problemas reales a nivel municipal (y ya no digamos en una ciudad como Madrid, más complicada de gestionar que la mayoría de las CCAA) son demasiado complejos para ser resueltos mediante un sí o un no. Las implicaciones de esas decisiones son muy diversas, y la información asociada a su resolución no suele contemplarse. Dicho de otro modo, no hay ninguna garantía de que una decisión plebiscitaria sea mejor para los ciudadanos que otra surgida del debate político (abierto y transparente) entre los grupos representados en el Ayuntamiento, que además manejan toda la información. Con mucho mayor motivo en la situación anterior, donde la Alcaldesa no tenía mayoría absoluta para sacar adelante sus propuestas, se hubiera visto obligada a negociar, y por lo tanto, las posiciones minoritarias podrían haber estado mejor representadas y haber conseguido que se llegue a escuchar su voz.

Volviendo al tema que nos ocupa, puesto que es competencia del Comité Ejecutivo Federal liderar la acción política del partido según los Estatutos, que lo haga. Pero si quiere abrir la participación a los afiliados en las decisiones debería hacerlo dando explicaciones detalladas, sea mediante el Comité Federal o de otra manera. Pero no mediante un plebiscito cerrado en el que sólo se puede votar sí o no, sin debatir, ser informado o proponer algo. Se ha aplicado un cesarismo populista a mayor gloria del timonel supremo. Un barniz democrático que aguanta muy poco si se rasca ligeramente la superficie.