jueves, 17 de octubre de 2019

En apoyo de las víctimas de Josu Urrutikoetxea

BARBARA LOYER (catedrática), MAURICE GOLDRING (catedrático emérito), FERNANDO ARAMBURU (escritor), FERNANDO SAVATER (filósofo), MAITE PAGAZAURTUNDÚA (diputada europea), BRIGITTE PRADIER (concejal de Biarritz), KATTALIN GABRIEL-OYHAMBURU (politóloga), BÉATRICE GIBLIN (catedrática emérita)[1]

 

En Libération del 31 de mayo de 2019, Alain Badiou, Étienne Balibar, Thomas Lacoste, Jean-Luc Nancy, Toni Negri y Jacques Rancière firman un artículo titulado: «En apoyo de Josu Urrutikoetxea». Podría producir risa si no despertara la historia de crímenes trágicamente absurdos e inútiles.

Estos firmantes no se avergüenzan de comparar implícitamente a la España democrática con la Suráfrica del apartheid, para denunciar la detención de uno de los jefes de la organización terrorista vasca ETA disuelta en mayo del 2018. «¿Se puede imaginar -preguntan- en Suráfrica, en junio de 1991, una vez abolidos los pilares de las leyes del apartheid, que el futuro premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, fuese mandado de nuevo a la cárcel?». ¿Quieren que pensemos que los vascos estaban segregados como los negros surafricanos? ¿O que este jefe de ETA se merece una recompensa porque finalmente ha decidido que los homicidios ya no son útiles para su causa?

Los firmantes fingen olvidar que en 1977, con Franco muerto y enterrado, todos los prisioneros de ETA se beneficiaron de la ley de amnistía y salieron de la cárcel. Los militantes que, como Urrutikoetxea (más conocido con el alias de Josu Ternera), siguieron matando a centenares de personas, atacaron frontalmente a la democracia y al espíritu de compromisos abierto por la Constitución de 1978. Asesinaron a conciudadanos desarmados en un País Vasco gobernado por un partido nacionalista que defiende la independencia de este territorio. Durante las décadas en que Josu Urrutikoetxea fue jefe de ETA, la organización intentó impedir la transición post-franquista cometiendo muchos atentados en los momentos de negociaciones más delicadas: 66 muertos en 1978, 76 en 1979, 92 en 1980, y luego entre 19 y 52 muertos por año durante el decenio de 1980.

Estos firmantes también aparentan creer que la decisión de Josu Urrutikoetxea de dejar de matar lo exime de responsabilidades penales. Sin embargo, está actualmente perseguido por haber ordenado en 1987 un atentado con coche bomba contra una casa cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, donde se alojaban familias, provocando 88 heridos y 11 muertos. Entre éstos, 6 niños: las gemelas Miriam y Esther Barrera, de 3 años; Silvia Pino, de 7 años; Rocío Capilla, de 12 años; Silvia Ballarín, de 6 años; Ángel Alcaraz, de 17 años. Para los militantes de ETA, los guardias civiles eran perros (en euskera, txakurrak); y sus hijos, hijos de perros.

Detenido en Francia en 1989 y después extraditado, Josu Ternera pudo presentarse en 1998 y 2001 en las listas electorales del partido asociado a ETA. Elegido parlamentario autónomo vasco, fue miembro de la Comisión de Derechos Humanos, nombramiento recibido como un insulto por las asociaciones de víctimas y por los vascos no nacionalistas. ¿Hay que reír o llorar cuando unos intelectuales mediáticos atribuyen «altura moral» a este nacionalista cruel que nunca ha puesto en tela de juicio sus mortíferas decisiones? Alain Badiou considera que los relatos de las atrocidades de la revolución cultural de China son una caricatura[2]. Se entiende que no sienta necesidad de buscar precisiones sobre los años negros del terrorismo nacionalista vasco. Decir que ETA ha «entregado sus armas a la población vasca» es un doloroso sinsentido. ¿A qué vascos? ¿A los vascos que asesinó?

Los firmantes aluden al papel de Josu Urrutikoetxea durante las negociaciones de 2006 que precedieron al final de la organización (hubo 12 asesinatos entre la tregua del 2006 y el último atentado de 2010 que segó la vida del policía francés Jean-Serge Nérin). Insisten sobre la palabra «unilateral» como si sólo la generosidad de los terroristas explicase su disolución. Los militantes encarcelados que han buscado el perdón de sus víctimas han tenido el valor de poner fin unilateralmente a la razón del terror. Pero ellos no merecerán el apoyo de los seis firmantes. Los partidos políticos españoles no otorgaron ninguna legitimidad a la famosa Conferencia Internacional presidida por Kofi Annan, porque no reconocieron la existencia desde 1978 en España de un conflicto entre dos campos. Hubo, por parte de ETA, uso del terror para imponer a todos los ciudadanos una concepción única del País Vasco. Las víctimas de ETA rechazan también el concepto de conflicto porque quieren que se hable de los asesinatos. Muchas esperan justicia, y entre ellas las familias de los niños muertos en Zaragoza en 1987. Continúa habiendo más de 300 crímenes de ETA sin resolver.

Estamos «inquietos y consternados» -como dicen los firmantes acerca de la detención de Josu Ternera– al ver que intelectuales que se proclaman de izquierdas «se envilecen» mintiendo sobre la realidad del terrorismo de ETA, sostienen una ideología nacionalista excluyente y pisotean la memoria de sus víctimas.

 

[1] Han manifestado su apoyo a este texto: Diego Escamez (profesor, Biarritz), Antonio Jiménez Blanco (catedrático), Cayetana Álvarez de Toledo (diputada), Félix de Azúa (escritor), Andrés Trapiello (escritor), Guillermo de la Dehesa (economista), Francisco Sosa Wagner (catedrático), Mercedes Fuertes (catedrática), Francisco Javier Irazoki (escritor), Gorka Maneiro (exdiputado del parlamento autónomo vasco), Alfonso Ruiz Miguel (catedrático), Ramón Puig de la Bellacasa (catedrático), Juan Calaza (economista), Ramiro Cibrián (embajador), Carlota Solé i Puig (catedrática), Juan Carlos Fernández Savater (pintor), Pablo Barrios (catedrático), Roberto Blanco Valdés (catedrático), Carlos Martínez Gorriarán (profesor), Félix Ovejero (profesor), Francisco J. Laporta (catedrático emérito), Pablo de Lora (profesor), Josu de Miguel Barcena (profesor), Juan Carlos Bayón (catedrático), Juan Antonio García Amado (catedrático), José Luis Colomer (profesor),Alfonso García Figueroa (profesor), Rafael Hernández Marín (profesor), Marina Gascón Abellán (profesora), María Pilar Gutiérrez Santiago (catedrática), Luis Rodríguez Abascal (profesor), Manuel Atienza (catedrático), Julián Sauquillo (catedrático), José Luis García Guerrero (profesor), Pablo Meix Cereceda (profesor), Miguel Díaz García Conlledo (catedrático), María José Villaverde (catedrática), Alfonso Valero (profesor), Antonio Hermosa Andújar (profesor), Françoise Morvan (escritora), Soledad San Miguel (traductora).

[2] https://www.liberation.fr/chroniques/2014/10/10/badiou-hibernatus-philosophe_1119115