Nací y me crié en lo que por aquel entonces se denominaba Castilla La Nueva. Para ser más exactos en la frontera con Castilla La Vieja.
En el colegio te enseñaban lo justo, cómo expulsaron los Reyes Católicos a los moros de España y las gloriosas gestas del Cid Campeador. De Geografía las provincias españolas, sus ríos, afluentes…Acerca de las Provincias Vascas o las Vascongadas como así se llamaban por entonces, no recuerdo haber recibido más información que sobre el resto de provincias . Debo decir con total sinceridad que yo del “problema vasco” o de cualquier otro problema no tuve consciencia hasta los 17 años. Bueno miento, en mi edificio vivía una familia de San Sebastián, que la abuela hablaba solo en algo que nadie entendía. Hablaba..…… raro.
En casa nunca se hablaba de política, nunca se cuestionaba el Gobierno y jamás entró un periódico más allá del ABC
Hasta esa edad estuve en un colegio de monjas solo para “señoritas” y por lo que parece la historia de España en la primera mitad del siglo XX no solo no era muy necesario conocerla a fondo, sino que era mejor cubrirla con un tupido velo y pasar de puntillas por su lado. En casa nunca se hablaba de política, nunca se cuestionaba el Gobierno y jamás entró un periódico más allá del ABC. Más tarde llegaron el YA, el Pueblo. Supongo que el que mi abuelo materno y sus cuatro hermanos estuvieran varios años en la cárcel una vez acabada la guerra y que mi abuela se viera obligada a ocultar dónde estaba su marido diciendo, si era preguntada, que estaba enfermo del pecho y recluido en un hospital de la sierra a fin de evitar problemas y la dejaran limpiar en las casas de los “pudientes” y que quien más y quien menos había tenido un allegado comunista, o rojo sin más, fusilado en el 1939 una vez realizadas las purgas convenientemente. Debéis entender que todo esto era motivo más que suficiente para llevar una vida anónima y centrada en el trabajo diario. Política cero.
A partir de esa edad se abrieron mis ojos y oídos. Existía un movimiento estudiantil, un movimiento obrero y unos locales disfrazados de librerías donde te juntabas con gente “subversiva” que te ponía al día de la realidad en la calle. Y no hay nada más abierto al mundo que una persona joven como yo, y lo que es mejor, virgen en el mundo laboral y político de la época.
En aquella época que alguien plantara cara al régimen franquista precisaba de un gran valor
Ahí fue donde empecé a conocer lo que era ETA y lo que hacía ETA. Conocí a personas que eran simpatizantes y estaban involucradas. Por esas fechas, las del atentado del Almirante Carrero Blanco, el servicio militar se cumplía desplazado a cualquier punto del territorio español, como es obvio había un gran número de chicos vascos en Madrid, y yo en edad de tontear con ellos. En aquella época que alguien plantara cara al régimen franquista, lo combatiera abiertamente y muriese por ello, precisaba de un gran valor. Se justificaba cualquier acción y hasta despertaba simpatías. Estamos hablando de la época anterior a la implantación de la Democracia y su Constitución.
Muere el dictador y empieza la etapa democrática en España. Uno ya había aprendido bastante y diferenciaba el grano de la paja, a aquellos que realmente luchaban por que España fuese democrática de los que vivían a cuenta de ello. No tenía justificación alguna, si es que antes la tenía la lucha armada.
Todos sabemos lo que ha ocurrido en los últimos cuarenta años, no voy a contar nada novedoso al respecto. Personalmente he conocido a muchas personas que han nacido y vivido en el País Vasco toda su vida, que han combatido intentado erradicar a ETA y que en estos momentos siguen llorando y sufriendo las consecuencias de todos aquellos viles asesinatos cometidos por viles descerebrados.
Sigo siendo una ignorante por mucho que me haya documentado, por mucho que lea, por mucho que asista a charlas y presentaciones sobre el tema. Porque para poder entender cómo es posible una situación y cómo es posible que perdure tantos años haciendo tanto daño, creo que es necesario no solo conocer su epicentro si no también su hipocentro.
He leído PATRIA, una extraordinaria novela de Fernando Aramburu. Recomiendo su lectura seas quien seas, vivas donde vivas y pienses lo que pienses. Lloro por el Chato y por la familia del Chato, por todos los Chato de España. Lloro por esa patética sociedad rural y arcaica enraizada en ese pueblo, como tantos otros pueblos de la sociedad vasca. Lloro por lo fácil que es dejarse llevar, mirar para otro lado y encontrar disculpa a lo que no lo tiene. Lloro por que haya habido personas que llaman a los asesinatos hacer justicia. Lloro porque ha habido cientos de familias destrozadas y miles oprimidas y con el miedo metido en el cuerpo. Lloro porque a día de hoy haya criminales sueltos sin cumplir la pena que les corresponde por haber ejecutado a muchos Chato y privado a sus familias de ellos.
Dice el autor en El País: “Se trata de que las generaciones venideras sepan qué pasó y lo sepan a partir de algunas versiones literarias, cinematográficas, fotográficas o historiográficas que no justifiquen el terrorismo y que no blanqueen la historia. Si esto ocurre se habrá producido la derrota cultural de ETA. Y yo estoy comprometido con esta derrota”.
Sí, PATRIA ha hecho que en cierta medida conociese lo que se pensaba, lo que se vivía en esa tierra…pero nunca, nunca podré ponerme en la piel de las Miren y Bittoris porque hay experiencias, que por mucho que uno las lea en los libros de historia o reflejadas en una novela o recreadas en una película van a ser completamente “tuyas”.
Lo que sí pido de los guardianes…es que mantengan siempre viva la llama de la información histórica, porque todos tenemos y formamos parte de esa Historia y sin información y pasado no somos nada ni nadie.




























