Sorpresas politicas - Jesus Quijano

Supongo que aquel que dijo que la democracia sólo era divertida al principio, mientras se asentaba, pero que, una vez normalizada, era muy aburrida, estará estos días tirándose de los pelos, al menos si está mirando hacia España. Ciertamente, no hay muchos precedentes de una situación como ésta, tan trepidante, tan imprevisible, tan emocionante. Repaso hemerotecas, busco antecedentes comparados, consulto libros de historia, y no encuentro situaciones en que un determinado escenario sociopolítico se haya visto alterado con tanta profundidad y en tan poco tiempo en un contexto democrático.

Da toda la impresión de que aún no han encontrado la tecla que permita sostener una tesis con cierta solvencia, ni para explicar las causas últimas de lo sucedido, ni para aventurar sus efectos venideros

Así que los analistas tienen tarea para un buen rato; de hecho, están ya ensayando interpretaciones de lo sucedido y de sus consecuencias, y da toda la impresión de que aún no han encontrado la tecla que permita sostener una tesis con cierta solvencia, ni para explicar las causas últimas de lo sucedido, ni para aventurar sus efectos venideros. Ha pasado poco tiempo, conviene ser prudentes, oigo decir a muchos expertos. Hago mío el consejo, vale. Me limito a llamar la atención sobre tres consideraciones que me han hecho pensar; seguro que hay más, pero el espacio disponible no es ilimitado, ¿vale?

Cabe pensar entonces que hubo una alianza explícita, la de los que votaron la moción, para cambiar el Gobierno; y otra alianza implícita, en la que además de todos ellos también estaba el PP, para alejar las elecciones

Primero, hay que darles otra vuelta a las causas, porque sigo creyendo que no es suficiente con decir, aunque sea cierto, que el cambio de gobierno deriva de la sentencia Gürtel. La sentencia explica que la moción tuviera suficientes votos favorables; lo que aún no está bien explicado es la razón exacta por la que no se puso en juego alguna otra de las alternativas posibles, ni siquiera en el último momento. Hay quien opina que la razón última tiene que ver con un interés compartido por todos menos por Ciudadanos, que sería el de no ir a las urnas a corto plazo. Las otras opciones dependían del Gobierno, o de su presidente, y no adoptó ninguna de ellas. Cabe pensar entonces que hubo una alianza explícita, la de los que votaron la moción, para cambiar el Gobierno; y otra alianza implícita, en la que además de todos ellos también estaba el PP, para alejar las elecciones. Ninguna de las dos alianzas estaba convenida previamente, pero es que a veces no es necesario convenir en origen, basta compartir los efectos. Curiosa tesis ésta, con muchos adeptos. Habrá que seguir dándole una vuelta por si acaso, porque llaman la atención los pasos que se han dado a continuación en el que ahora es principal partido de la oposición.

Segundo, y muy importante, todo lo que tiene que ver con la formación y la composición del nuevo Gobierno. Su indudable atractivo tiene varios aspectos destacables: la proporción de género, la cualificación profesional de sus miembros, la procedencia conocida, la representatividad generacional y social, la pluralidad en ideas y en trayectorias, entre otros. Ni se corresponde miméticamente con el partido que lo sustenta, ni está en la línea de radicalidad que su presidente adoptó en la confrontación de las primarias internas de hace un año. Ambas cosas me parecen positivas, porque, en efecto, gobernar un país es muy distinto a dominar un partido. Si hubiera que buscar analogías cercanas, el perfil del gobierno se parece más al modelo francés de Macron, más novedoso, que al portugués de Costa, más clásico. En cualquier caso, a mí me parece una buena noticia que el PSOE recupere espacio en la zona templada del centro progresista, porque es ahí, en el territorio de la izquierda moderada, donde creo que sigue estando la mayoría sociológica, y también desde ahí se hacen las mayorías políticas. Basta ver la tendencia que apuntan los primeros sondeos de opinión postmoción para comprobarlo.

Cuando se ha despertado tanta expectación favorable, gobernar en minoría, si se elige bien y se presenta bien, tiene ventajas evidentes

Además de la buena imagen y del interesante perfil político, tiene este Gobierno una ventaja muy apreciable: no está especialmente condicionado por un programa de actuaciones o de medidas que haya tenido que negociar con los apoyos que le han hecho posible. La técnica de la moción de censura tiene eso, que los apoyos lo son más para desalojar al que está que para elegir al que le sustituye. Digo más, en términos políticos hasta puede “permitirse el lujo” de elegir medidas que no puedan ser rechazadas y otras que vayan a serlo, con desdoro del que las rechace. Cuando se ha despertado tanta expectación favorable, gobernar en minoría, si se elige bien y se presenta bien, tiene ventajas evidentes. Alguien, con tanta gracia como acierto, ha dicho ya un día de estos que, en este caso, más que un programa de gobierno, lo que hay es un programa electoral. Denle una vuelta y verán la trastienda que tiene esa ocurrencia.

Tercero, y último (por hoy), la onda expansiva que ha caído sobre el mapa político que venía configurándose últimamente en España. De repente, es como si en mitad de una partida donde las cartas se empezaban a dar por repartidas, se haya empezado a barajar de nuevo para iniciar un reparto distinto. A poco que se observe, los espacios se han modificado, o pueden modificarse, sustancialmente. Y, al modificarse los espacios, se modifican las expectativas, las estrategias, las zonas fronterizas, las relaciones entre unos y otros. Pregunten primero en Ciudadanos, que progresaba cómodamente con lo que le iban regalando los vecinos, a uno y otro lado; luego en Podemos, que empezaba a confiar en ir recuperando algo de un vecino estancado; también en el PP, que tendrá que empezar a ensayar una nueva melodía, con nuevos intérpretes, con poco tiempo; y, por supuesto, en el PSOE, que ha dado una buena prueba de adaptación al terreno que debe saber consolidar. A los nacionalistas tal vez haya menos que preguntarles, pero ya veremos si siguen en lo mismo, que tampoco lo van a tener tan fácil.

Y termino por hoy; ya hay quien aventura un “renacimiento” del bipartidismo, aún en forma más incompleta. No lo descarto, pero es pronto para tanto aventurar. De momento lo que toca es observar y, si llega el caso, dejarse sorprender.