La Venezuela prerrevolucionaria - Pedro MUG

¿Cómo era Venezuela antes de Chávez? ¿Qué tan efectiva resultó la propaganda revolucionaria allende las fronteras del país? La gente suele hablarme de una Venezuela caótica, gobernada por una derecha voraz, sumisa ante el imperio norteamericano. Así lo cuenta el Granma cubano en una de sus publicaciones halagüeñas del caudillo. Los argumentos del Granma son parte del mismo romanticismo con el que intelectuales de la izquierda internacional añoran a Chávez, hablan de su legado como modelo –hay un reportaje de televisión pública vasca que no tiene desperdicio— y que advierten de lo conveniente que es conservar el chavismo para evitar que vuelva la derecha a Venezuela.

La verdad oficial cacarea que durante 40 años (1958-1998), en Venezuela gobernó la derecha y ahora, 20 años después de Chávez, los problemas del país siguen siendo culpa de esa etapa oscura y nefasta

Aquí quiero presentar ciertos datos y narrar algunos hechos que no suelen ponderarse cuando se describe al país en la prensa internacional. Estos harán posible comprender la imposibilidad de superar el modelo rentista o la conservación de la novel democracia, también desmontarán el discurso chavista, ajeno a toda evidencia, y que da por sentado que la Venezuela prerrevolucionaria era ese infierno salvado por Chávez Nuestro, el mesías. La verdad oficial cacarea que durante 40 años (1958-1998), en Venezuela gobernó la derecha y ahora, 20 años después de Chávez, los problemas del país siguen siendo culpa de esa etapa oscura y nefasta.

Sin embargo, los gobiernos conservadores acabaron en el siglo XIX con la hegemonía del héroe de la independencia José Antonio Páez, líder de un partido Conservador que administraba con rigidez un erario golpeado tras la lucha independentista. Posteriormente, sucedieron diversos gobiernos de corte caudillista y las dictaduras militares (más del 40% de los gobiernos de Venezuela han sido dictaduras militares), fenómeno que se creyó acabado el 23 de enero de 1958 cuando cae Marcos Pérez Jiménez y empieza la etapa democrática de Venezuela. Chávez demonizó estos 40 años, se refería a ellos como la “IV República” o “Puntofijismo”, en razón del pacto político que selló la transición a la democracia. Curiosamente, Chávez consideraba que Pérez Jiménez, había sido el mejor presidente del país.

Fueron tiempos de socialdemocracia tropical, plagada de ineficiencia y corrupción

Esta etapa democrática no puede simplificarse como una época de derechas y neoliberal. Por el contrario, fueron tiempos de socialdemocracia tropical, plagada de ineficiencia y corrupción. Su estabilidad dependía del modelo rentista petrolero que permitía al gobierno de turno hacer más o menos cosas, pero nunca la creación de riqueza ni lucha contra la pobreza. Considero que en los 40 años de “Puntofijismo” no existió una alternativa liberal para Venezuela y parece que tampoco hoy existe (esto lo explica muy bien el historiador Elías Pino I.).

Entre 1920 y 1981 la economía venezolana fue de las de mayor crecimiento del mundo, así lo cuenta el economista Jesús Casique. En cuanto a monedas, el Bolívar venezolano y el Franco suizo eran las más sólidas del planeta. Durante los primeros años de la democracia se desarrolló una política de infraestructura importante, se fortaleció la educación universitaria gratuita y la nacionalización de la industria petrolera, un acto populista notable pero que supuso, también, la profesionalización de la industria petrolera. Petróleos de Venezuela (PDVSA) era pública, sí, pero su funcionamiento heredó la meritocracia de las empresas americanas que precedieron a la nacionalización.

Venezuela sufría de la enfermedad holandesa: ¿para qué invertir en cacao o café si la rentabilidad del petróleo es mayor?

Los activos de la PDVSA pública incluían a Veba Oil en Alemania y CITGO en los Estados Unidos, así como refinerías en las Antillas Holandesas. PDVSA era la gallina de los huevos de oro, el “Puntofijismo” lo sabía y por ello le cuidaba. Los ingresos petroleros permitían que “la derecha” proporcionase salud y educación pública, así como subsidios al combustible. Pero los riesgos de una economía monoproductora son altos, especialmente cuando el Estado del bienestar se sostiene en ella. Venezuela sufría de la enfermedad holandesa: ¿para qué invertir en cacao o café si la rentabilidad del petróleo es mayor? Los ingresos dependían directamente del precio del barril de crudo. El valor de la cesta OPEP pasó de un promedio de 35,52 US$ p/b en 1980 a 14,24 US$ p/b en 1988, llegando a 12,28 US$ en 1998, año en que Hugo Chávez conquista el poder. El dinero no bastaba para cubrir las exigencias del Estado del bienestar y se hizo evidente la débil situación económica nacional y la corrupción, con episodios de violencia trascendentales entre 1989 y 1992 (el Caracazo y dos golpes del Estado).

La democracia sucumbía a dos males: el modelo rentista y la corrupción. Venezuela no asumió nunca un modelo de empresa capitalista típico, tampoco abrazó los principios del liberalismo clásico y, además, su clase política hacia demagogia y generaba una sociedad clientelar sobre unos ingresos boyantes que eran fáciles de redistribuir. En 1989 se escenificó el Caracazo, una reyerta popular contra los ajustes económicos que pretendía efectuar Carlos Andrés Pérez (el mismo presidente que nacionalizó el petróleo). Estos ajustes eran tildados por la oposición como un paquetazo neoliberal, aunque muchos eran necesarios para equilibrar el desastre ocasionado por gobiernos anteriores: controles de cambio, inflación y corrupción.

Los ajustes que pedía el Fondo Monetario Internacional fueron denominados como El Gran Viraje”, y buscaban un cambio cultural del modelo económico nacional que incluía medidas como la liberalización del mercado, detener el crecimiento desmedido del Estado, eliminación de subsidios generalizados (especialmente el de la gasolina), liberación del control cambiario y de las tasas de interés, disminución de aranceles y la diversificación económica. Medidas que nunca habían sido implantadas en el país, porque sin importar lo que hoy día nos cuente el chavismo, los gobiernos anteriores eran distribuidores de la riqueza petrolera. Nunca existió una política fiscal destinada a disponer medidas para afectar a la industria nacional, porque la misma era ínfima en comparación con la rentabilidad petrolera. Los ingresos petroleros se transformaban en políticas populares como la Reforma Agraria de 1960, la construcción de viviendas públicas (entre 1964 y 1974 se construyeron más de trescientas mil viviendas), programa de Becas de Estudio Gran Mariscal de Ayacucho o el sistema de Seguridad Social. Muy bien lo explica Bárbara Rodríguez, profesora universitaria venezolana, en su artículo La Seguridad Social en Venezuela. Antecedentes, Evolución e Impacto Económico, Financiero y Social.

Ese Gran Legado de Chávez no es más que una réplica de la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez, con una variante importante: su corte antidemocrático

¿A dónde pretendo llegar? Aunque La Revolución ha transmitido incesantemente la idea de que antes de ellos existía la nada, que Venezuela era presa de la peor clase de neoliberalismo, una colonia americana, los hechos son otros. Es cierto que los gobiernos venezolanos fueron corruptos y causantes de la pobreza, sin embargo, la educación universitaria gratuita, la salud pública y los planes sociales no fueron un invento de la Revolución que tal como lo hizo “El Puntofijismo”, vivió su esplendor con el boom petrolero del siglo XXI. Ese Gran Legado de Chávez no es más que una réplica de la Gran Venezuela de Carlos Andrés Pérez, con una variante importante: su corte antidemocrático.

Venezuela vive de la renta petrolera porque sus gobiernos iliberales no han sabido propiciar otras formas de generación de riqueza distinta al petróleo público. Los presidentes del periodo democrático tuvieron al menos la decencia de no convertir a PDVSA en la caja chica de un proyecto político, cosa que sí ha hecho el chavismo matando a la gallina de los huevos de oro. Chávez fue una respuesta desesperada frente a la ignominia de sus predecesores, incapaces de crear progreso y fortalecer la democracia; el resultado fue catastrófico.