La deuda de las CCAA - César Nebot

Tras la tragicomedia del reto soberanista titulada “El procés en busca del cupo perdido”, nos llega la tragicomedia del nuevo Sistema de Financiación Autonómica. Con toda la atención que ha acaparado la superproducción separatista corremos el peligro de perdernos la película de la financiación autonómica o contentarnos con un simple y facilón tráiler.

El Sistema de Financiación Autonómica debe ser revisado por muchos motivos. Pero el más importante es que los parches de la reforma del 2009 han fomentado la desigualdad entre españoles y han inducido un elevado grado arbitrariedad y falta de transparencia

El Sistema de Financiación Autonómica debe ser revisado por muchos motivos. Pero el más importante es que los parches de la reforma del 2009 que impulsó el “bienqueda” de ZP no solamente no han servido para arreglar el incumplimiento del principio de ordinariedad (quien más contribuya no puede quedar por detrás en financiación que quien menos contribuye), sino que además han fomentado la desigualdad entre españoles y han inducido un elevado grado arbitrariedad y falta de transparencia. Era difícil hacerlo peor. En los restaurantes tenían claro que los camareros noveles debían hacer sus prácticas con gaseosa y no con champagne, de ahí proviene la expresión de “los experimentos con gaseosa”. Esa sabiduría parece que no ha permeado en la política española; somos capaces de poner a servir uno de los vinos más preciados al primer chimpancé ataviado con un mandil.

Para comprender qué sucede en las negociaciones como el Sistema de Financiación Autonómica, suelo someter a mis sufridos alumnos a un juego de economía para enseñarles la diferencia entre lo que denominamos equilibrio y lo que consideramos óptimo

Para comprender qué sucede en las negociaciones como el Sistema de Financiación Autonómica, suelo someter a mis sufridos alumnos a un juego de economía para enseñarles la diferencia entre lo que denominamos equilibrio y lo que consideramos óptimo. Dispongo a ocho ingenuos estudiantes de cara al respetable y les doy un trozo de tiza a cada uno que pido escondan en un puño. El ejercicio es simple: cuando les requiero que saquen el puño, si en él siguen manteniendo la tiza obtienen una chocolatina a cambio. Claramente, lo óptimo en conjunto es que cada uno saque su tiza y así obtener el máximo de chocolatinas. El meollo del juego reside en que, tras inculcarles que velen por su estricto interés, si alguien no saca su tiza sacrifica su chocolatina asociada pero se apropia de todas las que hayan sacado el resto y, por lo tanto, de sus dulces premios. Analice brevemente la situación a la que se enfrenta cada uno: si usted saca su tiza pero no lo hace el vecino, pierde pues su vecino se la arrebata; si usted no saca su tiza puede obtener mayor premio apropiándose de las tizas del resto. No es difícil entender cómo acabará el juego, cuál será el equilibrio y cómo se distanciará del óptimo global.

Al principio, siempre hay quien lidera proponiendo el compromiso de todos de sacar tiza; pero al menos uno o dos acaban por desviarse del acuerdo siguiendo sus incentivos individuales para apropiarse del premio de los demás. En las siguientes repeticiones del juego, los acuerdos voluntariosos se tornan inútiles. Nadie quiere ser el pardillo sacando tiza en beneficio de otro. El sentido de lo global cede ante el particularismo de cada uno. El número de premios en equilibrio converge a cero, muy diferente de lo que sería lo óptimo.

El equilibrio actual no refleja el óptimo. Cada legislatura vemos menos estadistas y más competencia desigual y desleal entre CCAA

En el Estado de las Autonomías, en la negociación de los presupuestos y el tratamiento de los diferentes temas de Estado sucede algo parecido al juego de las tizas. Aunque exista una visión generalizada de que, salvaguardando la gestión descentralizada, los bienes nacionales como la Educación, la Sanidad, la Justicia, el agua entre otros, deberían ser claves para la vertebración de la igualdad entre españoles, se desecha rápidamente ante la carencia de la visión de Estado y pretensión de alcanzar una administración óptima. El equilibrio actual no refleja el óptimo. Cada legislatura vemos menos estadistas y más competencia desigual y desleal entre CCAA.

Pero incluso más allá de la deslealtad y la ruptura entre españoles que entraña el “café para todos” según la conveniencia particularista, este equilibrio cortoplacista muestra una insostenibilidad manifiesta que debe ser tomada seriamente en cuenta en el próximo diseño del Sistema de Financiación Autonómica.

Creciendo así, al cabo de 14 años tendríamos una renta un 15 % superior pero nuestra deuda sería equivalente a toda la renta producida durante todo un año. Altamente preocupante

En el artículo “El crecimiento a crédito y la mujer de Lot” los datos de crecimiento económico de España en los primeros quince años del siglo XXI ponían de relieve una debilidad muy seria. Nuestro crecimiento está fuertemente vinculado al crédito y, por lo tanto, no es que seamos más productivos y más ricos sino que aumenta nuestra cuenta porque estamos cada vez más endeudados y a la larga vamos siendo más pobres. Condenados a una mirada cortoplacista nos abocamos a repetir nuestros propios errores una y mil veces y convertirnos en estatuas de sal al añorar por tiempos cuya bonanza desconocemos que se fundamentaba en pilares ficticios. Para un crecimiento de un 1% anual, el conjunto de nuestra deuda pública y privada ha ido aumentando cada año a un ritmo promedio de 7.22 puntos de deuda sobre el PIB, una de las tasas mayores de los países desarrollados, casi 4 veces la media de la eurozona. Dicho de otro modo, creciendo así, al cabo de 14 años tendríamos una renta un 15 % superior pero nuestra deuda sería equivalente a toda la renta producida durante todo un año. Altamente preocupante.

Analizar cómo el desarrollo del sistema de descentralización en comunidades autónomas ha contribuido a esta insostenibilidad es una interesante aunque compleja tarea. No obstante, podemos comprender su importancia analizando la evolución de la deuda pública frente a los aumentos de la productividad de cada comunidad autónoma en plena lucha política.

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Tabla 1. Evolución de la Deuda Pública por empleado

Los datos desde el 2002 hasta el cierre del 2016 muestran que cada trabajador ha pasado a deber en términos de deuda pública de 30 229 € a 57 682 €. Si nos centramos en la parte de esa deuda relacionada con las CCAA constatamos que se ha incrementado a pasos agigantados pasando de 3 657 € a 14 429 € de media, creciendo a una tasa del 10.30% anual. Los valores más altos son los de Cataluña con 22 324 € y de la Comunidad Valenciana con 22 204 €. El peso de deuda pública de las CCAA sobre el total de la del Estado en todo este periodo no ha parado de crecer, si bien en el 2002 era de un 12.10% en el 2016 cerró con que 1 de cada 4 € de deuda pública provenía de las CCAA. En los últimos 5 años, la deuda pública de las CCAA está creciendo a una tasa anual casi el doble (12.08%) de lo que lo hace la del Estado (6.75%).

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Gráfico 1. Crecimiento de la Deuda por tipo de administración en los diferentes periodos

Como se puede apreciar en el gráfico 1, la tasa de crecimiento de la Deuda de las CCAA es netamente superior al resto de administraciones para todos los periodos considerados, antes y durante la crisis.

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Gráfico 2. Deuda por empleado 2016

 

 

Ante este ritmo de endeudamiento de las CCAA, la evolución de la productividad en los periodos analizados muestra preocupantes resultados. En primer lugar, la tasa de crecimiento de la productividad para todo el periodo es negativa, siendo muy pequeña en los momentos de expansión, lo que ya es preocupante. No obstante y peor aún, desde el 2011 hasta el 2016, la productividad retrocede de forma significativa. Esto pone de manifiesto que los incrementos del empleo no se deben a mejoras tecnológicas y que se ha tendido a repartir el trabajo más que a fomentar que cada empleado pueda producir más y mejor.

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Gráfico 4. Tasas de crecimiento de la productividad por CCAA entre 2002-2016

Pero el comportamiento de la productividad muestra diferencias notables entre CCAA. Sólo cinco CCAA mantinenen una evolución positiva de la productividad durante todo el periodo mientras que el grueso de CCAA se sitúan en valores negativos lastrando la productividad promedio nacional.

 

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Gráfico 5. Evolución de la Productividad vs crec. Deuda por CCAA 2002-2016

 

Si presentamos los datos de la evolución de la deuda pública y de la productividad de cada comunidad autónoma no sólo apreciamos que muy pocas están por encima sino que además la evolución de la productividad y de la propia deuda guardan una relación negativa. Si el compromiso de deuda en las CCAA tuviera como objeto mejorar la capacidad productiva regional por empleado, se apreciaría una relación positiva pero este gráfico en el que las CCAA con mayor crecimiento de deuda muestran peor evolución de su productividad indica que el sentido de la deuda sería más de tipo social y político. No obstante, como su crecimiento ha persistido tanto en momentos que han sido necesarias políticas sociales frente a la crisis como en tiempos en los que no, la variable política aparece como fundamental y alarmante.

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Gráfico 6. Evolución de la Productividad vs crec. Deuda por CCAA 2011-2016

El gráfico 6 muestra que para los últimos cinco años de la muestra la situación se agrava. Las CCAA que se sitúan en valores positivos, por encima del eje de abcisas, siguen siendo muy pocas pero con valores más pequeños que en toda la muestra. Además el grueso de la nube de puntos se desplaza hacia abajo mientras que dos CCAA muestran valores altamente preocupantes. Las Islas Baleares en tanto que el crecimiento de su productividad es muy negativo y la Región de Murcia en tanto que la tasa de crecimiento de su deuda pública alcanza un 21.7% anual, en parte debido a su infrafinanciación inducida principalmente por el cálculo erróneo de su capacidad recaudatoria manifestada en la reforma del Sistema de finanaciación autonómica del 2009.

Todo esto junto con el dato de que la deuda privada ha crecido a un ritmo anual de un 3.35% desde el 2002, aunque se ha reducido levemente en los últimos años, apuntan a que la evolución de la deuda de las CCAA no se ve acompasada por la evolución de la productividad y que, por lo tanto, los crecimientos actuales se deben más al crédito que al fruto de haber aprendido la lección de las malas experiencias pasadas y haber mejorado nuestra capacidad productiva.

Con tantos procesos electorales enlazados, los aires triunfales del márketing político nos invitan a mirar a otro lado y obviar nuestra debilidad. Pero éste es precisamente uno de los signos de nuestra propia debilidad: nuestra tendencia a inhibirnos de la realidad para comprar las realidades que nos forjan y que proyectan mediáticamente.

Nadie acomete las reformas necesarias para evitar que el nuevo Sistema de Financiación Autonómica se convierta en un juego estratégico en el que tener responsabilidad de Estado esté penalizado

Mientras tanto, nadie acomete las reformas necesarias para evitar que el nuevo Sistema de Financiación Autonómica se convierta en un juego estratégico en el que tener responsabilidad de Estado esté penalizado. De este modo, el equilibrio siempre acabará separándose de lo que sería óptimo para todos los españoles. Así, el equilibrio seguirá nutriendo reinos de taifa con sus redes clientelares a precio de cheque público para sostener estructuras partitocráticas, sacrificando la igualdad entre españoles y cualquier sentido de proyecto común. Porque simplemente, como en el juego de las tizas, si nadie acomete la reforma profunda de las reglas del juego autonómico en favor de la igualdad entre españoles, el Sistema de Financiación Autonómica se volverá a convertir en una película dramática en la que quien no corre vuela y que los demás paguen los platos rotos y apaguen las luces al salir. No obstante, en este país tendente a la tragicomedia, acabaremos más por encarnar al histriónico y desesperado Woody Allen en la película Toma el dinero y corre.