Europeos - Marina de Quevedo

En 1966 Joan Didion entrevisto a un grupo de gente que vivió el 7 de diciembre de 1941 en Honolulu; todos ellos, sin excepción, empezaron su relato sobre el ataque de Pearl Harbour señalando que «era una mañana de domingo como otra cualquiera».

No sé cómo les contare yo a mis nietos esto que estamos viviendo, cuando comience con el relato, les contaré que España era un Estado Miembro de la Unión Europea, y tal vez me equivoque, pero estoy segura de que les tendré que explicar que era aquello de la Unión Europea.

habremos podido leer que es el mayor desafío que debemos afrontar de manera conjunta desde la Segunda Guerra Mundial

La crisis provocada por el COVID-19 es uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos desde la constitución de la Unión. Durante estos días habremos podido leer que es el mayor desafío que debemos afrontar de manera conjunta desde la Segunda Guerra Mundial, a mí me vienen a la cabeza –no voy a enuméralos todos- unos cuantos más. La debilidad de la organización ha quedado evidenciada en diferentes momentos: la incapacidad de los miembros de aquel momento para evitar las guerras yugoslavas y la masacre de Srebrenica, la falta de respuesta ante el corte de suministro de gas a los Estados Miembros del Este por parte de Rusia durante los inviernos de 2008 y 2014, la incapacidad de actuar con una voz conjunta ante conflictos internacionales (Siria, la crisis de los refugiados o Venezuela) o, y tal vez sea la más recordada, la respuesta ante la crisis financiera de 2008.

La crisis financiera sufrida y en especial la crisis de la deuda soberana, pusieron en evidencia la incapacidad de los miembros de la eurozona para forjar una unión fiscal, económica y política que evitase el derrumbe. Quedó expuesto como la construcción europea no caminaba hacia un modelo realmente unido y solidario, sino a una integración asimétrica que exigía la renuncia a parte de la autonomía del Estado sin ser esta compensada por un modelo realmente integrado que respondiese de manera efectiva a las necesidades del conjunto de los Estados.

Ante la crisis de los refugiados la Unión se ha mostrado incapaz de responder salvo con el Sistema de Dublín –cuyo análisis da para libros, películas y tesis- que deja como responsables de la gestión a los Estados Miembros con fronteras exteriores.

Todas las crisis anteriores han expuesto como, a pesar de estar unidos por unos mismos pilares e instituciones, en realidad, no hay una voluntad fiscal, política ni social común. Al margen de la unión monetaria, la libre circulación y el programa Erasmus, ¿somos ciudadanos europeos?

A diferencia de las otras crisis, una crisis sanitaria implica una respuesta a nivel nacional dado que, sanidad –salud pública (art. 4 TFUE)-, es una competencia compartida donde la UE complementa las políticas sanitarias nacionales. En este sentido, la gestión por parte de la UE es más limitada y los Estados pueden, y así es como ha ocurrido, ir hacia delante con sus medidas, incluidas el cierre de fronteras.

La UE se ha limitado a dejar hacer pero no está haciendo mucho.

La limitación de la libertad de movimiento, uno de los pilares de la construcción europea, es, sin duda, un momento triste e histórico. Ante esto, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen ha intentado mantener una aproximación flexible a la dirección tomada por los gobiernos, intentando crear sobre la marcha una respuesta “conjunta”. Una respuesta que ha sido muy lenta, muy tardía y, hasta ahora al menos, infructuosa. El 13 de marzo, la Comisión presentó unas pautas para intentar mantener el transporte de mercancías de alta necesidad y una prohibición de 30 días para los viajes no-esenciales fuera de las fronteras de la UE.

Con estas medidas se esperaba convencer a los países de abandonar restricciones fronterizas internas que dificultan el transporte de mercancías y que golpean a la economía. Pero los Miembros no han cedido, actualmente dos tercios de los Estados han cerrado sus fronteras, erigiendo un bloqueo que antes no existía, además de las restricciones a las exportaciones de equipos médicos por todo el bloque.

Ni libre circulación de personas ni de mercancías.

Las normas de Schengen contemplan que las fronteras internas de la UE pueden cerrarse de manera temporal durante un periodo inicial de veinte días, plazo que puede ser renovado tras una aprobación de la Comisión por un periodo total que no exceda de los dos meses. Es decir, si las fronteras internas siguen cerradas en junio, la UE se verá gravemente tocada.

Tras despertarse de una amarga resaca –véase, tropiezo de Lagarde- el Banco Central Europeo decidió lanzar un programa de estímulo económico por valor de 750 mil millones (“Pandemic Emergency Purchase Program”), que se suman a la medida anunciada la semana pasada por el BCE de 120 mil millones y un programa de compra de bonos de 20 mil millones al mes. Esto se suma a la financiación de emergencia con valor de 37.000 millones de euros de la Comisión Europea y el fondo “RescEU” de 50 millones de euros para almacenar equipos médicos. Estas medidas formarán parte de la base que conforme una repuesta europea coordinada desde Bruselas.

Asimismo, el 20 de marzo, la presidenta de la Comisión declaró que por primera vez se van a flexibilizar las ayudas de Estado y relajar las reglas fiscales con el objetivo de ayudar a los gobiernos y empresas europeos.

¿es la Unión Europea un actor internacional necesario?

Dicho esto, si las medidas ante una crisis conjunta es responder siguiendo las acciones previamente tomadas por los Estados Miembros y reducir tu rol relajando unas normas que se presumían inquebrantables, ¿es la Unión Europea un actor internacional necesario? ¿Es, acaso, la Unión Europea un actor?

Los datos incluidos en el artículo han sido extraídos de publicaciones oficiales, todo en inglés y francés, con algún video resumen de la presidenta de la CE en alemán. ¿Cómo se traslada desde las instituciones el mensaje al resto de los ciudadanos? ¿No es relevante que todos los europeos seamos capaces de entender las medidas que se van adoptando desde las instituciones comunes?

Andrea Perugini, embajador italiano en La Haya, le enviaba el pasado 18 de marzo una carta al director del GGD GHOR holandés –algo así como el servicio de seguridad y salud pública-, donde le reprochaba sus declaraciones sobre la higiene italiana. El director, Sjaak de Gouw, había [1]declarado públicamente como los estándares de higiene italianos eran incomparables a los holandeses, siendo este el motivo por el que el Coronavirus estaba arrasando Italia y no Holanda. Poco después de estas declaraciones, el gobierno holandés decidió, siguiendo el ejemplo de Italia, cerrar los colegios.

Estos últimos ejemplos me parecen tan burdos que resultan ilustrativos, completamente sintomáticos del estado de la UE.

Si la UE y sus Miembros continúan viéndose como algo ajeno, extraño y “sucio”; si la primera reacción es limitar el transporte de mercancías, restringiendo el acceso a equipos  médicos de nuestros conciudadanos, si las respuestas más coordinadas son únicamente las económicas, si las instituciones están tan alejadas de la ciudadanía que ni si quiera son capaces de hacer entender sus acciones y la relevancia de las mismas ¿no está la Unión ya hundida?

No es el momento de que la Unión tenga competencias que no va a ser capaz de absorber, pero es el momento de que se reconfigure. En la UE conviven instituciones supranacionales con instituciones intergubernamentales dificultando el desarrollo del proyecto y la consecución de los objetivos, veintisiete años tras la entrada en vigor del Tratado de Maastricht no podemos seguir discutiendo sobre el proyecto en sí, porque debería estar ya claro. Los objetivos individuales de los gobiernos de cada país miembro, fundamentalmente durante una crisis como la actual, deberían quedar diluidos en objetivos comunes que permitan respuestas conjuntas.

La UE ha dejado hacer mucho y ha hecho muy poco, las instituciones, completamente alejadas de los ciudadanos, han sido más reactivas que activas y los países miembros aún, y después de todo este tiempo, no se conciben como comunidad.

Esta crisis está evidenciando las carencias de la UE y los planteamientos opuestos sobre la misma. Por un lado, la perspectiva económica y la defensa de nuestro modelo de mercado y, por otro, el proyecto político, que todos los ciudadanos de la UE tenemos los mismos derechos inalienables.

Tal vez este sea el momento de ahondar en lo que ya somos, cultivar un verdadero sentimiento de pertenencia a la EU

La UE ha ido cambiando y configurándose gracias a que se planteaban preguntas, y la pregunta que llevamos arrastrando desde los noventa es si profundizar en el modelo actual o hacer del modelo algo más grande.  Tal vez este sea el momento de ahondar en lo que ya somos, cultivar un verdadero sentimiento de pertenencia a la EU, concebirnos como ciudadanos europeos capaces de afrontar esta crisis, y las que vendrán, de manera conjunta y coordinada.

Los ciudadanos europeos nos merecemos una Unión fuerte y capaz de tomar decisiones certeras, una Unión que nos proteja de los nacionalismos y populismos.

Era una mañana de marzo como otra cualquiera y la Unión, niños, no era para nada como la conocéis ahora. Era un elefante lento y gigante, ahí, en medio de la habitación.

[1] https://www.nu.nl/coronavirus/6037551/ggd-directeur-over-scholen-situatie-nederland-onvergelijkbaar-met-italie.html