ETA derrotada, ¿pero las nueces - Jesús Manuel López

Seguro que el título a todo el mundo le ha recordado la infausta metáfora del ex jesuita vasco y ex adalid del PNV, el señor Arzallus, cuando en plena enfermedad asesina del terrorismo dijo que unos sacudían el nogal y otros recogían las nueces. Y viene a cuento porque ETA vuelve a la actualidad por la noticia de su entrega de armas (algo que siempre es bueno ¡quién va a negarlo!) y por toda la tramposa parafernalia que lo acompaña.

Esta derrota final me retrotrae a tiempos terribles y muy dolorosos, pero su parafernalia me lleva a ciertos programas de actualidad, que –de corazón- también me duelen, donde se siguen viendo los atrincherados de la tasca, batasunos duros, sin la pátina edulcorante de sus ‘valedores’ políticos que ahora andan en las instituciones (no sé si error judicial o desidia política, o las dos cosas), justificando veladamente (o no) lo que pasó.

La víctima debe ser ayudada y el victimario, aunque comprendido, debe ser execrado

Después del anuncio y toda la “fiesta” de cínica bonhomía, sentí una necesidad imperiosa de volver a esa especie de cima moral que fue Primo Levi, para que me ayudara a digerir algunas dudas y encauzar emociones confusas. Releer «Los hundidos y los salvados» es, además de clarificador, un paseo por los cimientos de la firmeza ética y de la compasión. Dice que «quien ha herido arroja el recuerdo a lo más profundo para liberarse de él y aligerar el sentimiento de culpa». O también que la víctima debe ser ayudada y el victimario, aunque comprendido, debe ser execrado; «que no son intercambiables».

«El paso silencioso de la mentira al autoengaño es útil» dice Levi. Es decir, muchos de los batasunos, no aceptan aún la realidad asesina porque les «provocaría ansia y desasosiego». Sus ‘valedores’ (no todos) sin embargo, «se alejan de los recuerdos auténticos y se fabrican una realidad más cómoda…, sienten repugnancia por lo hecho y tienden a sustituirlo». Más adelante explica Levi que, al principio, lo hacen con conciencia de su mendacidad, «creando un guión enmendado» pero que, «conforme se lo van repitiendo a los demás y a sí mismos, lo mendaz y lo cierto pierden sus contornos y se termina por creer el relato».

La necesidad de olvidar y de poder descansar de una vez de ese horror es todo ello humano, pero injusto e inmoral

Los ‘valedores’ están abriendo el camino a los duros que aún no son capaces de salir del búnker sectario y entrar en el «edificio confortable que les permita vivir en paz» (Levi). Pero para que esto suceda se necesita de la colaboración ciudadana, de la amnesia colectiva, de la que se están preocupando ‘valedores’ con imagen angelical, por un lado; y por otro, el síndrome de Estocolmo instalado, mitad por el miedo y mitad por la necesidad de olvidar y de poder descansar de una vez de ese horror. Todo ello es humano, pero injusto e inmoral, por lo que tiene de «pasar página» sin resolver parte de las terribles consecuencias, tanto las más «dramáticas» (recordemos que quedan cientos de crímenes sin resolver, que no hay arrepentimiento, ni colaboración con la justicia), como las relativas a ese mendaz relato que están trazando. Camus, otro prócer con responsabilidad ética, decía que «la compasión no excluye el castigo», y que «cuando los trucos verbales contribuyen a sostener un abuso,…, no existe otra solución que hablar claro».

Y hablando claro me pregunto ¿fruto de aquellas nueces no fue sólo “estocolmo”, sino que se extendió, aprovechando todos los rebufos del miedo, a otros asuntos? ¿No ha sido “arma de sumisión y chantaje masivo”?

Es decir, en nuestro país, con sus gobernantes como responsables, se permitieron/se están permitiendo privilegios («el privilegio protege al privilegio», Levi) en la zona más rica: su fiscalidad insolidaria; sueldos de hasta 3000 euros anuales más que en el resto del país -funcionarios con el mismo trabajo-; la renta mínima de inserción llega a más personas que en Andalucía con muchos más parados y ciudadanos; sus niveles de infraestructuras no tiene parangón con el resto de España; etc. ¿Esta desigualdad entre ciudadanos, se habría permitido de no haberse dado la dramática historia de las sacudidas? ¿Se habría permitido este guión de la historia? Quizás esté equivocado pero me consta que todo este conglomerado de síndromes y nueces, es porque una patología delirante, inoculadora de odio, llevó a que “movieran el nogal”.

«Nos han atiborrado de eslóganes, embriagado de ceremonias y manifestaciones; nos han enseñado que lo único justo era lo que favorecía a nuestro pueblo»

«Nos han atiborrado de eslóganes, embriagado de ceremonias y manifestaciones; nos han enseñado que lo único justo era lo que favorecía a nuestro pueblo». Esto les suena ¿verdad? Pues lo resalta Levi de la justificación de dos nazis. Hace no mucho en un diario nacional un ex etarra, inaccesible a la empatía y la piedad, decía que no se arrepentía, que «cuando estás en una organización como ETA, la violencia no es el fin, es una herramienta”. El fin justifica los medios. ¿Podemos aceptar esto?

Cómo ya no matan hay que dejarles tranquilos, ya está, ya pasó, a otra cosa, -se dice-. ¿Por eso aflojamos en nuestro umbral ético y les dejamos que construyan su “relato” de mentiras “blanqueando” su bacanal de inmundicias? No es cierto casi nada del “relato” que pontifican. Una de las mentiras más escandalosas es que nacieran contra Franco (como en esta web se ha dicho, en democracia asesinaron 811 del total de 856 asesinados); pero es evidente que su génesis tiene que ver más bien con una patología del delirante nacionalismo extremo, que les llevó, en democracia, a atacar el derecho humano básico, la vida, y otro bien esencial, la libertad, entre otros muchos.

Se ha derrotado a los asesinos, pero la cosecha de nueces parece que sigue dando réditos entre parte de la ciudadanía, por otro lado ávida por pasar una página que la requiere amnésica. Para que la salud de la convivencia y de la política se dé, quizás sea necesario que aquella patología quede para la historia de los hechos certeros, y se liberen de ella los que la inocularon. Pero, además, es necesario una ciudadanía libre –o al menos una gran parte de ella-  de todos los prejuicios que se han sembrado durante muchos años. Y para que (gran parte de) la ciudadanía pueda liberarse del síndrome y pueda enfrentarse con tranquilidad y honestidad a la perversión de ese lenguaje (palabras, símbolos, gestos…) lleno de trampa eufemística y ética tóxica que diría M. Pagazaurtundúa, sería necesario acompañarlo de un esfuerzo institucional que, en la actualidad, parece casi imposible. ¿“Pereza y cobardía son las causas”, que diría Kant?