Javier de Miguel camina erguido. Repeinado. Pantalón vaquero. Chaqueta americana. Cabeza alta. Paso seguro y rotundo, pero pausado al mismo tiempo. Dialoga con tono sosegado, casi susurrando. Es torero. Sus gestos, su mirada, su forma de hablar lo delatan. Para un matador, la lidia es mucho más que una profesión, es un modo de vivir y entender la vida. Por eso, la mayoría comparte una serie de características.

Era un muchacho de 17 años cuando pudo dar el paso y adentrarse en la tauromaquia. En su familia no había tradición. El gusanillo le entró viendo los toros por televisión. Sin embargo, cuenta con el apoyo de los suyos, aunque su madre nunca lo ha visto torear. “No aguanta verme en la plaza” – confiesa – “incluso, cuando hacemos fiestas en el campo, siempre se va a dar un paseo y, cuando termino de torear, la llamamos.” Uno de sus consejos más habituales es: “ten cuidado y, si el animal es malo, tú no te compliques”. Después de cada actuación, su hijo siempre la llama para hacerle saber que está bien. “Aunque, si me pasa algo, tampoco se lo digo, porque, estando lejos, lo único que vamos a hacer es preocuparla más”, explica.

Ante todas las dificultades que los toreros se encuentran en la actualidad, sus padres le dicen que lo deje, que no tiene ninguna necesidad. Pero para él torear es como respirar

Javier de Miguel rompe con los prejuicios que caen sobre los toreros. Es culto. Gran defensor del cine español, no entiende que en España se desprecien nuestras producciones. Le apasionan las películas de Pedro Almodóvar, los textos de Federico García Lorca y el flamenco.  Ante todas las dificultades que los toreros se encuentran en la actualidad, sus padres le dicen que lo deje, que no tiene ninguna necesidad. Podría hacerlo. Es licenciado en Económicas, ha desfilado sobre la pasarela y, más recientemente, ha debutado como actor en el teatro con ‘Gallina’ de la mano de Rafael Amargo. Pero para él torear es como respirar. Algo que se refleja en el papel que ha interpretado sobre las tablas. Un personaje que muestra “el valor del torero.”

La tauromaquia siempre ha sido algo donde el orden y el respeto se han tenido muy a rajatabla

¿Cuáles son los valores del torero?  A mí me dicen que aparento mayor edad de la que tengo, porque la tauromaquia siempre ha sido algo donde el orden y el respeto se han tenido muy a rajatabla. Pero los valores hay que actualizarlos y adaptarlos a la sociedad. No podemos seguir educando como años atrás porque entonces no podríamos vivir en la sociedad que vivimos. Al toro le pasa un poco eso.

Para una parte importante de la sociedad el mero hecho de matar a un toro en una plaza ya es algo que está obsoleto y que debería desaparecer.  Eso ocurre porque, desde dentro de la tauromaquia, no se preocupa quien debiera de enseñar que es un rito, prácticamente religioso, donde la muerte del animal se realiza desde su liturgia y todo basado en su respeto. No se mata a un animal o, como se dice, se le hace sufrir por diversión. Si no se enseña eso, nunca podremos cambiar la mente de esas personas. Hay que enseñar la tauromaquia desde dentro, mostrar cómo se cuida al animal, al que se trata como a un rey, para que después pueda defender su vida y el torero entregar la suya. No hay nadie que entregue la vida por un animal como el torero.

Un antitaurino le diría que el toro no está en igualdad de condiciones. Siempre tiene las de perder.  Lo está en cuanto que es un animal fiero, salvaje. Su reacción es imprevisible. No sabemos cómo va a actuar en todo momento. Ahí vienen las cogidas y ahí está fiereza. Es un animal con 700 kilos, con dos pitones, salvaje, que puede arremeter contra todas las personas que se le pongan delante.

¿Siente miedo cuando se planta delante del toro?  Creo que todos lo sentimos. El miedo es natural en la persona. Lo importante es saber disimularlo.

Desde luego, su profesión requiere de mucho valor y de frialdad. Es necesario para poder enfrentarse a situaciones como la que vivió el año pasado en la que el diestro llegó a pensar: “¡de aquí no salgo vivo!”  

Plaza de toros de Mojados. Valladolid. Unos matadores se habían caído del cartel y llamaron a Javier de Miguel para sustituirlos. Al llegar y ver la novillada, entendió las razones. “Eran unos toros que habían desechado de Madrid por sus hechuras. Eran complicados”, explica.

Los novillos “desmontaron toda la plaza”. Una de las cabezas de ganado cogió a los dos picadores. Cuando De Miguel y el toro se quedaron frente a frente, tuvo que “sacar todo el valor del mundo”. “Tienes que hacer una selección de tus pensamientos para no llevarte a la incertidumbre y el miedo”, explica el maestro.

Esa tarde, uno de los toros tardó mucho en salir y, cuando lo hizo, todo eran claroscuros. Al verlo pensó: “¡por ahí viene el diablo!” Afortunadamente, salió triunfante de esa tarde y por la puerta grande. Sí, pero es una pena que el sistema del toro esté como está y no haya habido recompensa de los triunfos del año pasado, especialmente de ése, de una tarde difícil que saqué adelante con un triunfo.

Leyendo entre líneas: no hay actuaciones.  Muy pocas.

Es increíble que en un trabajo haya empresarios que te exijan pagar para poder ejercerlo

¿Por qué a los jóvenes les está costando tanto abrirse paso en la profesión? Se está produciendo una violación de los derechos del torero, de salarios, de responsabilidades. Es increíble que en un trabajo haya empresarios que te exijan pagar para poder ejercerlo. No tenemos que ceder a chantajes económicos ni emocionales, que prostituyen la profesión.

¿Ocurre con frecuencia? Demasiado. De caer en eso, el año pasado, en lugar de tener 7 actuaciones, hubiera toreado el triple. Pero no cedo a ese chantaje por el bien general de la tauromaquia.

Desde la izquierda le dirían que eso ocurre porque la tauromaquia está ligada a la derecha y ése es el comportamiento habitual de cualquier empresario de derechas. Ésa es una falacia que existe. Me gusta recordar que la Plaza de las Ventas se inauguró durante la II República y, en todos los tendidos, había una bandera republicana. También la había en el cartel de la inauguración y en un azulejo que aún se puede ver en la puerta grande. Los feudos de la izquierda como Extremadura, Andalucía o Castilla – La Mancha son los más taurinos, pero los políticos tienen interés en poner etiquetas a un espectáculo de masas. ¡Señores, que el toro no es ni de izquierdas ni de derechas! Es un arte que se siente o no se siente.

¿Hay toreros de izquierdas? Muchos. No hay que etiquetar a la gente por la imagen. Ésa es una lacra de la sociedad. Yo me siento una persona liberal, con una ideología muy de centro, muy diferente a todo lo que la gente cree. Soy un apasionado y amante de los animales y me preocupo por la cultura.

Tenemos que ser libres y tolerantes

¿Cómo alguien joven decide ejercer una profesión que está mal vista por una parte importante de la sociedad? No me considero de esta sociedad, aunque tengo que convivir con ella. Uno debe tener una personalidad y no dejarse llevar por las masas. No tengo por qué hacer algo porque el resto del mundo lo haga. Si cuando toreo siento la mayor felicidad, ¿por qué no lo voy a hacer? Tenemos que ser libres y tolerantes.

Es verdad que rema a contracorriente. Hace un par de años le vimos en el spot del Orgullo LGTB junto a Sunflowers. ¿Cómo sentó en el entorno taurino su apoyo al colectivo homosexual? Se me criticó más desde el propio colectivo LGTB. Participé porque creo necesario defender la libertad sexual. Pero me llamó la atención cómo muchos después critican y son intolerantes hacia algo que no les gusta.

¿Qué es lo más grave que le han llegado a decir los antitaurinos? Barbaridades. “Te está bien empleado si te ha cogido el toro, te tenía que haber matado…”. Pero no hay mayor desprecio que no hacer aprecio.