En la crisis nos conoceremos - Cristina Villar

Nos encontramos ante una situación inédita de tamaña envergadura. Un paisaje complicado para el Gobierno de la nación, que haga lo que haga, está abocado a recibir críticas; al fin y al cabo, no hay fórmulas mágicas y los intereses de la gente son legítimamente diversos. Pero en esta crisis, por encima de los intereses individuales está la salud pública, y el objetivo primordial de un Gobierno que se precie, debiera ser preservarla y promoverla ante todo y sobre todo. Paralelamente, también está en sus manos afrontar el resto de problemas derivados, que para nada son menores.

Pero a pesar de las circunstancias, seguro que mucha gente estaba tranquila. Al fin y al cabo si había un Gobierno que presumía de abanderar la lucha por las emergencias, era este. Amplia experiencia les avalaba (emergencia climática, emergencia feminista…). Pero llegó la emergencia sanitaria, y hubo que elegir. O retratarse. Hubo que elegir entre posponer la campaña publicitaria y el autobombo, o gobernar. Y es aquí, donde comenzaron los problemas.

En el momento en que dejaron de hablar de afectados y afectadas para hablar solo de afectados, nos dimos cuenta de que lo que se nos venía encima sí que era realmente importante…

Aunque parece que el virus se ha colado en nuestras vidas hasta el fondo hace apenas unas semanas, lleva meses siendo tema de preocupación para los expertos. Es cierto que probablemente no fuese posible evitar tenerlo entre nosotros, pero lo que sí se podría haber evitado es el colapso sanitario para hacerle frente, o al menos, en un grado importante. En el momento en que dejaron de hablar de afectados y afectadas para hablar solo de afectados, nos dimos cuenta de que lo que se nos venía encima sí que era realmente importante…

Se pudieron hacer cosas antes, pero se eligió el discurso del “no pasa nada, es como una gripe”. Ese tiempo de complacencia hizo que perdiésemos un tiempo muy valioso para estudiar la situación, planificar, escuchar, actuar. Había que aguantar a que las ciudades se tiñeran de morado como fuese, pues la imagen de muchas personas dependía de ello. Y se tiñeron, pero de negro. El fin de semana del 8 de marzo había datos suficientes como para que por parte del Gobierno se impidiesen los actos multitudinarios. Tampoco parece una medida drástica ni que fuese a hundir la economía.

Organismos como la OMS o el Centro Europeo para el Control y Prevención de Enfermedades ya lo advertían. ¿A nadie le pareció sospechoso que justo ese fin de semana no actualizaran los datos de casos confirmados y muertes en la web del Ministerio? De viernes a lunes sin datos, y de repente, el lunes estaba todo descuajeringado. Pero, ¿qué importa la salud pública de algo que afecta gravemente “sólo a los mayores”, cuando hay que hacerse las fotos con las pancartas moradas, guantes incluidos? No solo no se evitaron los actos multitudinarios, sino que se alentó a ellos. Se promovieron. Se publicitaron. Se antepuso la devoción, a la obligación. Se actuó de modo negligente y en contra de las recomendaciones oficiales. ¿A sabiendas?.

Se ha intentado maquillar esto de muchas maneras, se ha intentado desviar la atención. Son expertos en ello. Y todo con un Sánchez que también se retrasó en dar la cara. Desde la tele pública hasta los medios privados, así como periodistas e “intelectuales” afines han estado trabajando sin descanso en este lavado de cara que necesita este Gobierno para salir del atolladero. Toda la maquinaria a su alcance. Han hecho viral el titular de El País de “esto nadie podía saberlo”; hasta la periodista Ana Pastor lo retuiteó considerándolo “muy sensato” en vez de utilizar su verificador de fake news para desmentir esa afirmación. Han hecho viral la entrevista de la 1 de RTVE que hicieron “al azar” a un enfermero de La Paz, que luego resultó ser además un sindicalista de Podemos. Hasta el mensaje de la niña preguntando por el Ratoncito Pérez para que Sánchez mostrase un lado amable está bajo sospecha de pertenecer a “Producciones Redondo”.

Aunque vil es también su capacidad de transformar cualquier lucha social transversal en división a favor de su relato

Espero que no, ya sería vil. Aunque vil es también su capacidad de transformar cualquier lucha social transversal en división a favor de su relato. Vil es el intento de instrumentalizar en su beneficio los aplausos altruistas desde los balcones a todos los sanitarios y gente que ha estado al pie del cañón, diciendo que era un aplauso por la sanidad pública (así lo han dicho desde Podemos, hasta la tele pública, si es que son entes diferentes), o aprovechar la ola para preparar las caceroladas hacia el Jefe del Estado animada por partidos en el Gobierno como Podemos o Izquierda Unida. Solo ellos son capaces de convertir gestos bonitos, humanos, emocionantes, en ocasiones para enfrentar, para dividir. A veces me parece que consiguen sacar lo peor de nosotros mismos. No han perdido la oportunidad tampoco de hablar de los recortes y de las privatizaciones, en muchas ocasiones con datos falsos, dando la imagen como que sin ellos el sistema no habría colapsado. ¿En serio lo piensan? Y me parecen debates muy interesantes, pero paralelos. Y en relación a esto último, una de sus mayores apuestas ha sido la campaña anti-Madrid. Pero precisamente, de Madrid quería hablar yo.

Si alguien ha llevado la voz cantante en esta crisis, ha sido Madrid. Ayuso y Almeida, desde sus competencias, han dado la cara sin menospreciar la gravedad de la situación a pesar «de la versión oficial», han actuado, y lo han hecho para hoy, no para mañana. Evidentemente habrán podido cometer errores. Con la mirada atrás todo se ve más claro y saldrán actuaciones mejorables, pero desde mi punto de vista, aún con sus posibles errores, han estado al pie del cañón, han dado la cara, han dado explicaciones, han tenido que desmentir no pocas noticias falsas o manipuladas hechas para dañar su imagen (algunas difundidas desde RTVE), han actuado, y lo siguen haciendo. Han tomado la delantera muchas veces sin el apoyo real del Gobierno. Su objetivo sí era el correcto, el de la salud pública, el de salvar vidas y minimizar daños, y no el cálculo de intereses. Siempre el maldito cálculo partidista. El Gobierno parece que se ha limitado a copiar con días de retraso la actuación de Madrid, y ha tenido que recular en no pocos temas como el de los comedores o las peluquerías. Hasta la aplicación informática sobre el coronavirus que iba a abrir la Comunidad de Madrid, la ha tomado “prestada” Sánchez.

Todos los días desde Madrid se anuncian nuevas medidas, muchas de ellas dando respuestas a las peticiones de la gente, desde el habilitar zonas para los sin techo, pasando por desinfectar calles, televisión gratis en toda la red asistencial, o dar solución a que la perrera municipal llevara días sin que los perros pudiesen salir. Claro que no hay remedios perfectos ni mágicos, pero todos los días publican soluciones nuevas a las necesidades que van surgiendo. Con mayor o menor acierto, ACTÚAN, dan la cara, explican. Y las dificultades no son pocas. Y eso el Gobierno lo sabe aunque no lo reconozca, y aunque lo nieguen, Madrid ha sido su espejo.

Esto me lleva a plantearme un pequeño dilema del que aún no tengo claro mi posicionamiento. Por un lado, nos han demostrado que a las duras, lo más efectivo es tomar el mando único, centralizar las actuaciones (aunque esto también ha puesto de manifiesto problemas burocráticos y ralentizaciones varias). Temas como la sanidad o la educación deberían de estar en su mayoría centralizadas. Estar haciendo lo mismo 17 veces no parece lo óptimo ni en tiempo ni en dinero; no parece ni siquiera justo o igualitario. Pero por otro lado, si la respuesta a la crisis hubiese dependido solo de la actuación del Gobierno central sin que Madrid hubiese estado tirando del carro, no quiero ni imaginar en qué situación nos encontraríamos. Al final son una salvaguarda.

Pero este Gobierno no nos ha dejado solo una presunta actitud negligente al anteponer el propio interés y cálculo de votos sobre la salud de las personas, no solo va a tener un grado de responsabilidad elevado en el legado de unos daños difícilmente calculables, es que no ha desperdiciado la ocasión para sacar a la luz una vez más su bajeza moral. No solo mata, sino que remata. ¿En verdad era esto necesario? Y es que en el Real Decreto-Ley de medidas extraordinarias por el COVID-19, no podemos dejar que pase por alto la Disposición Final Segunda: por la puerta de atrás, calladitos, han aprovechado la emergencia sanitaria para colar entre las medidas para afrontarla un cambio de Ley que blinda a Iglesias en la Comisión del CNI y que da vía libre para incluir además a Iván Redondo, ya que con el recurso de Vox tenían todas las papeletas de que el Supremo anulara el nombramiento. ¡Ay, esas noches de insomnio que nos auguraba, Señor Sánchez!

Sobre la asunción de responsabilidades visto lo visto no parece que se esperen, así que cuando pase todo esto, espero que sepamos exigirlas con firmeza. Y no hablo de decisiones complicadas que son muy difíciles de tomar, como cuándo inmovilizar a la gente o cerrar o no fronteras, o medidas económicas. Ahí hay mucho que discutir y las decisiones no son fáciles.  Es normal ahí cometer errores a toro pasado, que surja algún imprevisto, y no pasa nada. No hablo ni siquiera de que el ministro de Sanidad  no tenga formación en sanidad ni en gestión. Hablo de las decisiones que se han tomado exclusivamente por cálculo partidista menospreciando el interés general, hablo de los miembros del gobierno que están aprovechando la situación para romper con la Constitución alentando las caceroladas, hablo de las bajezas añadidas e innecesarias como lo del CNI. Hablo de cargarse el control parlamentario o de justamente retomar los procedimientos de indulto. ¿En serio tendrán la sangre fría de indultar a sus socios condenados por delitos graves, mientras tienen a la gente «entretenida» luchando y llorando a sus muertos? Parece imposible, pero veremos si será cierto. Estas cosas son las que retratan de verdad. Del tema económico mejor hablamos otro día, aunque una cosa hay clara: ya tienen la excusa para la recesión económica y los malos datos del empleo, a pesar de que estos datos empezaron a fallar antes. ¡Quién les iba a decir que la de esta vez sería una excusa biológica!

mi más sincero homenaje a los que se están dejando la piel día tras día en esta lucha, muchas veces en unas condiciones de exposición que hacen poner en juego su propia salud y la de su familia

Las víctimas reales de esta crisis difícilmente son calculables. Probablemente en mayor o menor medida lo seamos todos. Hay además muchas personas que no han podido llenar las estadísticas por no tener acceso a las pruebas, y otras muchas serán víctimas de la suspensión y retraso de consultas médicas e intervenciones a la que ha llevado el colapso sanitario. Pero aún en la adversidad, los días de preocupación y confinamiento nos han unido y nos han enseñado muchas cosas. Quiero mandar mi más sincero recuerdo a todos los que de una u otra manera se verán afectados. Mi agradecimiento a todas las grandes empresas, a todos los pequeños comercios, a todas las personas anónimas o no que han arrimado el hombro aportando su granito de arena. Eso nos hace grandes. Y por supuesto, mi más sincero homenaje a los que se están dejando la piel día tras día en esta lucha, muchas veces (demasiadas) en unas condiciones de exposición que hacen poner en juego su propia salud y la de su familia. Si algo hemos evidenciado, es que son muchas las profesiones que son imprescindibles.

Pero al margen de todo esto, resumiría lo expuesto con una sencilla frase que no conviene olvidar: por el camino vamos, y en las crisis nos conoceremos. Y de qué forma.