Desmemoria - Andrés Herzog

Vivimos en una híper-acelerada sociedad líquida del espectáculo, en la que poco importa si algo es verdad o no, basta con que sea plausible (o inverificable) y además nos entretenga. Lo importante no es quién hizo o consiguió algo (los hechos son secundarios y, a veces, incluso molestos para dar sentido al relato), sino quién se apunta el tanto, que normalmente no suele coincidir con las personas que están ocupadas trabajando, sino con las que dedican su tiempo a vender sus supuestos logros.

En política el verdadero secreto de carreras de éxito depende no de la coherencia o el trabajo, sino de la viveza y la falta de escrúpulos, unido a la desmemoria colectiva

Esto se da en todos los ámbitos de la sociedad, pero hasta límites demenciales (verdaderos trastornos bipolares) en la política, donde el verdadero secreto de carreras de éxito depende no de la coherencia o el trabajo, sino de la viveza y la falta de escrúpulos, unido a la desmemoria colectiva, en virtud de la cual una novedad se superpone a otra y somos incapaces de acordarnos (o quizá peor, no nos importa) si el político en cuestión dijo ayer lo contrario a lo que hoy afirma.

Podría dar muchos ejemplos, pero el más reciente que me viene a la mente es ver a Rivera o Sánchez, que hasta hace unas semanas abogaban por no aplicar el 155, acusar a Rajoy de blando, una vez que se han dado cuenta de que es ya una demanda social actuar frente a los golpistas. Es la diferencia entre los políticos empeñados en ir por delante de la sociedad, aunque suponga defender ideas impopulares (inexistentes en el actual panorama político) y los que van continuamente por detrás haciendo demoscopia y mercadotecnia.

Esta reflexión me ha surgido al hilo de la reciente noticia que anunciaba que el PP se sentará en el banquillo de los acusados por el borrado de los discos duros de Bárcenas, lo cual no solo es relevante desde el punto de vista jurídico, sino que supone un tremendo varapalo para dicho partido, que aparece de nuevo involucrado en otra causa penal vinculada a la corrupción y además cuestionando su supuesto (nunca creíble) compromiso para acabar con dicha lacra.

A estas alturas poco me sorprende y desde luego no espero (ni anhelo) reconocimiento de ningún tipo, pero no deja de ser llamativo que ninguna de las noticias publicadas hiciera la más mínima referencia a UPyD y sus desventurados aventureros, más locos que cuerdos me atrevería a decir. Es más, El País, llegaba a afirmar que “quien ha impulsado este proceso han sido dos clásicos de las acusaciones populares: Izquierda Unida y Adade (Asociación de Abogados Demócratas por Europa)”.

Como ocultar algo es igual a mentir, simplemente me gustaría recalcar dos hechos que, como todo el mundo sabe, se diferencian de las opiniones en que son objetivos y verificables:

Si hoy en día es posible investigar criminalmente a un partido político, y es posible que un partido pueda sentarse en el banquillo de los acusados y ser condenado, es gracias a la labor de UPyD

– Si hoy en día es posible investigar criminalmente a un partido político, como sujeto directamente responsable de un delito, y es posible que un partido pueda sentarse en el banquillo de los acusados y ser condenado (juntamente con las personas físicas que intervinieron en los hechos), es gracias a la labor de UPyD. Los partidos políticos y sindicatos pasaron a ser penalmente responsables en virtud de la Ley Orgánica 7/2012, de 27 de diciembre, de modificación del Código Penal, a consecuencia de una enmienda introducida por su grupo parlamentario. Si hay alguien especialmente morboso le recomiendo la lectura del Diario de Sesiones del Congreso de ese día, en el que podrá observar la furibunda oposición que la citada enmienda encontró en los grupos del PSOE, IU, CiU y PNV, que calificaron la reforma de populismo punitivo y, a su proponente, Rosa Díez, de querer criminalizar a los partidos políticos.

El Juzgado de Instrucción núm. 32 de Madrid sorprendentemente lo archivó sin practicar ni una sola diligencia. Ahí entramos nosotros, que escandalizados nos personamos y recurrimos, consiguiendo que en enero de 2016 la Audiencia Provincial lo estimara

– Al margen de lo anterior, el origen de este caso se remonta a septiembre de 2013, y en particular a un Auto del juez Ruz que desde la Audiencia Nacional y en el seno de la investigación del caso Gürtel recibió el susodicho ordenador en sospechosas condiciones, lo que motivó que dictara un Auto describiendo pormenorizadamente los indicios delictivos concurrentes (de los posibles delitos de encubrimiento y de daños informáticos) e inhibiéndose en favor de los conocidos como juzgados de Plaza Castilla, competentes para su investigación. Tales actuaciones recayeron Juzgado de Instrucción núm. 32 de Madrid, que sorprendentemente lo archivó sin practicar ni una sola diligencia. Ahí entramos nosotros, que escandalizados nos personamos y recurrimos, consiguiendo que en enero de 2016 (más de dos años después y tras misteriosas desapariciones de la causa, que hubo que reconstruir) la Audiencia Provincial lo estimara, abriendo la puerta de esta manera a que el PP pueda sentarse en el banquillo en el juicio.

Otro tanto podríamos decir de la reciente decisión del juez de la Audiencia Nacional, Fernando Andreu, de acordar la apertura del juicio oral respecto del llamado caso Bankia, tras más de cinco años de investigación. Ha tenido gran repercusión pública, pero ni mención al partido que no sólo presentó la primera querella, que dio origen al procedimiento, sino que también lo ha impulsado prácticamente en solitario, ante la pasividad del Ministerio Público y, especialmente, del propio FROB que, más que intentar recuperar nuestro dinero perdido en el rescate de la entidad y depurar responsabilidades, se ha dedicado a intentar defender las tesis de los investigados.

Lo hicimos sin pedir permiso a nadie, sin patrocinadores de ningún tipo, con nuestros propios principios y criterios, lo cual, al margen de sus errores y aciertos, nos hacía impredecibles e incontrolables para los que mandan

No fletamos “tramabuses”, no hicimos paripés en comisiones de investigación ni en ruedas de prensa, pero en honor a la verdad algo hicimos (durante el tiempo que pudimos o, más bien, el que nos dieron los ciudadanos) para mejorar un poco este país, cada día más líquido. El problema, en mi opinión, es lo que lo hicimos sin pedir permiso a nadie, sin patrocinadores de ningún tipo, con nuestros propios principios y criterios, lo cual, al margen de sus errores y aciertos, nos hacía impredecibles e incontrolables para los que mandan. No es nada personal, son sólo negocios.