Democracia y Ciudadanía - Rafael Calduch

El gran motor de la globalización en las últimas décadas lo constituye el proceso de masificación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Gracias a los dispositivos móviles e internet, se está abriendo un nuevo estadio de la comunicación humana que trasciende las fronteras estatales, permea las desigualdades económicas, supera las barreras ideológicas o religiosas y borra las diferencias de formación, conocimientos y experiencia.

Entre 2001 y 2016 el número de usuarios de internet ha pasado de 495 a 3.675 millones de persona

Entre 2001 y 2016 el número de usuarios de internet ha pasado de 495 a 3.675 millones de personas, es decir más de la mitad de la población del planeta utiliza este nuevo medio de comunicación. Este uso masivo de internet está provocando cambios cualitativos en las relaciones sociales que conmocionan los cimientos políticos y económicos de los países y de la propia sociedad internacional.

Uno de esos cambios es la emergencia y difusión de ideologías que subvierten los valores, principios y derechos humanos que sustentan la democracia erigida durante los últimos siglos con no poco esfuerzo y sufrimiento humano.

Porque la verdadera democracia no es sólo un régimen político es, ante todo y sobre todo, una forma de concebir y vivir la vida en sociedad a partir de una comunidad de valores como la libertad, la tolerancia, la justicia, la seguridad o la solidaridad, que plasmados en principios y normas de conducta deben respetarse en las sociedades y entre ellas.

Las nuevas ideologías totalitarias diseminan sus discursos utilizando mensajes que se hacen populares por su simpleza

Las nuevas ideologías totalitarias diseminan sus discursos por las redes sociales y los medios de comunicación de masas utilizando mensajes que se hacen populares por su simpleza. Mensajes que equiparan la libertad a la acción irresponsable, la tolerancia a la marginación de las minorías, la justicia a la venganza popular, la seguridad a la sumisión ciudadana y la solidaridad al igualitarismo colectivo.

Semejante manipulación ideológica es constantemente alimentada por la propaganda de partidos y movimientos populistas, racistas, fundamentalistas religiosos, xenófobos o ultranacionalistas de todo signo que, en sus versiones más radicales, recurren a la violencia para reforzar su discurso.

El ascenso al poder de organizaciones y dirigentes que personifican y se apoyan en tales ideologías intolerantes constituye una amenaza para la democracia que aunque no es nueva no es por ello menos peligrosa y real.

El objetivo es convertir a los ciudadanos en vasallos carentes de la más mínima capacidad crítica y el método consiste en provocar la desconfianza social en la convivencia democrática

Su estrategia es tan sencilla como eficaz. El objetivo es convertir a los ciudadanos en vasallos, personas sometidas al poder autocrático con una actitud resignada y carente de la más mínima capacidad crítica. El método consiste en provocar la desconfianza social en la convivencia democrática, ofreciendo como alternativa un ilusorio liderazgo redentor de todos los males que muy pronto se convierte en una realidad totalitaria.

Para generar esa desconfianza recurren a la violencia terrorista de todo signo y la creación de falsas identidades colectivas basadas en la religión, la nación, la raza, la lengua o el club deportivo, sin renunciar a la propaganda y la manipulación de unas desigualdades sociales que, con frecuencia, se acentúan con la corrupción y las crisis económicas.

Este ataque a la democracia hemos podido apreciarlo durante las últimas décadas en los liderazgos populistas latinoamericanos que han arruinado sus economías y dividido a sus poblaciones; en las rebeliones árabes que han provocado guerras civiles o golpes militares; en los fundamentalismos religiosos que imponen sus creencias con muerte y destrucción o en los gobiernos que aplican políticas ultranacionalistas contra los inmigrantes y desplazados.

La última variante ha aparecido en el país más rico y poderoso del mundo, Estados Unidos, tras unas elecciones que han permitido alcanzar la presidencia a un empresario, Donald Trump, cuyas decisiones políticas se corresponden con su discurso electoral abierta y profundamente antidemocrático.

El mundo observa con expectación, no exenta de preocupación, las primeras iniciativas de este Presidente, preguntándose si el sistema de contrapoderes de la superpotencia será capaz de ponerle coto político, legal y moral a sus acciones o si, por el contrario, será Trump el que logrará someter el país a sus dictados personales. Un riesgo que amenaza a la propia sociedad norteamericana, pero también al resto del mundo.

Los principales medios de comunicación alimentan la desconfianza de la ciudadanía en la política y magnifican la propaganda de los grupos autoritarios sin denunciar su manipulación ideológica

En España conocemos bien esta amenaza a la democracia. Durante medio siglo el terrorismo intentó socavar nuestra convivencia provocando la desconfianza social hacia el Estado y la insolidaridad con las víctimas. Ahora el protagonismo mediático y político de colectivos radicales, sean independentistas o antisistema, unido a la violencia de células yihadistas atenazan de nuevo nuestra democracia. En este nuevo envite los principales medios de comunicación poseen su cuota de responsabilidad, alimentando la desconfianza de la ciudadanía en la política y magnificando la propaganda de los grupos autoritarios sin denunciar su manipulación ideológica.

Ante semejante realidad el ciudadano debe elegir entre la pasividad resignada y acrítica o contribuir a la rebelión de las conciencias, utilizando la fuerza de la palabra difundida a través de la red para reivindicar la auténtica democracia como la mejor forma de convivencia que ha alcanzado el ser humano a lo largo de su historia. Cada uno de nosotros debe decidir qué opción seguirá asumiendo sus consecuencias, porque inhibirse es ya una forma de elección.

 

1 Comentario

  1. La situación de la prensa,Tv. etc es deplorable en España, no hay independencia, salvo algún medio sustentado por los socios, Infolibre. Las tertulias «políticas» de tv. son astracanadas al servicio de la descalificación de lo «político» . Recuerdo el programa de La Clave y otros, cuyo nivel de información y de planteamientos era muy superior, incluso en la etapa franquista. Su párrafo final es estremecedor por la certeza de lo que plantea; Al menos, ahora tenemos Elasterisco, como decía Blas de Otero Nos queda la palabra …….y la cordura, la emoción y la convicción, la indignación y la resistencia. öjala se extiendan entre la ciudadanía como una gripe invernal; por nosotros no quedará.