Tránsfugas. Sospechosos habituales - Bernardo Bartolomé y Eduardo Gómez

Comienza la primavera. El aire se llena de aromas embriagadores. Las plantas florecen y nos regalan un estallido de colores- y de polen, no todo va a ser precioso- y las bestezuelas empiezan el cortejo. Trinos y gorjeos de pajarillos cantores que intentan atraer con su melodiosa tonadilla a las hembras receptivas, predispuestas al galanteo y el enamoramiento. Y entre toda esta exaltación de la belleza, este arrobamiento de preciosidad, este arrebato cuasi divino, entre todo esto, ahí están ellos: los políticos reciclados.

Atravesamos una etapa de fundaciones y refundaciones de partidos y plataformas, de idas y venidas, de ruido de sables al fin y al cabo

Y es que el espacio primaveral trae consigo un indiscutible movimiento de sillas. O tal vez también tenga que ver que nos hallemos en el ecuador de varias legislaturas – municipales, autonómicas, europeas- y cual aves canoras nuestros políticos busquen hacer su nido para poner los huevos – huevos metafóricos, no sean malpensados- . Atravesamos una etapa de fundaciones y refundaciones – requetefundaciones en algunos casos- de partidos y plataformas, de idas y venidas, de ruido de sables al fin y al cabo. Que si un tránsfuga por aquí, que si un prófugo disoluto por allá – Albert, prepárame media docena para la tarde y me los envuelves para regalo-.   Todo vale para abastecer las filas de las neonatas agrupaciones. Los que antes denunciaban el transfuguismo ahora lo practican y los que practicaban y promovían dicho baile ahora lo denuncian. De locos. De locos o de sinvergüenzas, juzguen ustedes.

El tránsfuga es una especialidad política, similar al adúltero en el terreno sentimental o al converso en el religioso, de una categoría más general y tan vieja como Cascorro: el traidor

A pesar de que el líder naranja se queje ahora amargamente, como virtuosa doncella del XIX, de lo repulsivo del tránsfuga, bien sabe él que sobre esa diletante y nihilista figura ha fraguado su rápida y agresiva expansión nacional. El significado de tránsfuga implica el paso de una ideología o colectivo a otro y no abandonar el cargo público para el que fue elegido por su primer grupo. Es por decirlo así, una especialidad política, similar al adúltero en el terreno sentimental o al converso en el religioso, de una categoría más general y tan vieja como Cascorro: el traidor.

Dante en La Divina Comedia situaba a los traidores en el noveno círculo, el peor pecado, ya que consideraba que era un crimen aborrecible que antes requería ganarse la confianza de la víctima -o de los muchos votantes-.  Pero siendo, como se ha dicho, un pecado o un vicio que integra el carácter humano desde la noche de los tiempos no podemos negar que en la actualidad abunda el tránsfuga como los hongos en otoño. Y tampoco podemos ocultar la especial idiosincrasia del individuo en cuestión, que siembra su trayectoria vital de una multitud de anécdotas, excusas y chascarrillos dignas del Tartufo  de Moliere.

Estamos asistiendo a fichajes que hace unos meses nos parecerían inauditos, imposibles… si no conociéramos a los susodichos, todo hay que decirlo. Concejales de urbanismo  en  ayuntamientos gobernados por el PP que luego se inscriben en partidos de corte socioliberal – o eso dicen –  para conseguir un puesto en el Parlamento Europeo y que ahora se nos presentan como fichajes estrella de nuevas plataformas creadas para reconstituir nuestra maltrecha democracia – sin renunciar a su sueldo parlamentario, que Jesús dijo hermanos, pero no primos-. Y exhibidos además como la Venus de Botticelli emergiendo de las aguas. Castos, puros, pudorosos. Tela.

Llámenlo reestructuración política coyuntural o  plan de reaprovechamiento de la merma pero no hablen de regeneración democrática, que nos da la risa y nos provoca un puntito de mala leche

Y como este ejemplo, un montón. Gente que ha llegado a la política para quedarse. Lo de menos son las siglas, las ideas, los credos.  Y  no, no nos lo creemos. El crecepelo milagroso que se lo vendan a otros. La burra para ti, Mariví. Dura más la garantía de un pequeño electrodoméstico comprado en el chino de la esquina que la fidelidad a unos ideales. Ecologista, socioliberal, socialdemócrata o mediopensionista. ¡Qué más da! Lo importante es buscar el acomodaticio escabel para las próximas elecciones. Y nuestro primo Rivera escandalizado por el trasiego de fugitivos que tiene entre sus filas. Enternecedor. Llámenlo reestructuración política coyuntural o  plan de reaprovechamiento de la merma existente pero no hablen de regeneración democrática, que nos da la risa y nos provoca un puntito de mala leche. Ya estamos cansados de este reciclaje de cargos, del político de varios usos, según convenga.

Y pensarán ustedes, ¿a qué viene ahora esa efervescencia de desertores? Primero, porque en España las categorías políticas y los sustantivos que las acompañan son etéreas y difusas como un paseo neblinoso por el Londres victoriano. Díganme ustedes qué significa aquí y ahora, liberal o socialdemócrata, o sustantivos como igualdad, coherencia y honestidad. Y segundo, porque los nuevos partidos, sobre todo Ciudadanos, han nutrido su militancia y basado su expansión en el método de aluvión de materiales. Es decir, recogiendo de la preciosa playa del bipartidismo todo lo que en ella recalaba, fomentando pues el trasfuguismo individual o en cuadrilla, con promesa o con recompensa, que la casuística es rica y variada.

En base a lo dicho, y fieles a Heráclito, es normal que alguien se acueste liberal y se levante socialdemócrata. Que abomine de los privilegios entre las Comunidades en el almuerzo y a la hora de la merienda no vea este asunto como prioritario. O que cambie el retrato de Margaret Thatcher que tiene encima de la cama de matrimonio por el de  Willy Brandt si fuera menester. Y también es normal que potenciales próceres locales, regionales o nacionales que jalonan su carrera política con brincos deliciosos entre distintas opciones lo vuelvan a hacer una vez más y las que haga falta hasta que acomoden su hermoso organismo en pesebre adecuado- mens sana in culus calidus, o mente sana en culo caliente-.

En una escena de una película de Woody Allen se presenta a un personaje con una crisis existencial que interroga a cristianos, miembros de Hare Krishna y demás religiones con la intención de que alguno de ellos le asegure la existencia de vida después de la muerte.

  • Párroco católico: ¿así es que usted no cree en Dios?
  • Allen: no, pero estoy dispuesto a hacer lo que sea, una mona de Pascua si es menester.

Si esta escena se nos presenta cómica por lo esperpéntico de la situación, a pesar de que es una inquietud muy loable, nos preguntamos cómo debemos asumir la búsqueda de opciones políticas -la mayoría de las veces- con el espurio anhelo de asegurar el condumio para los próximos cuatro años.

Son la escenificación más abyecta de un concepto que impregna la política española de arriba a abajo, la de considerar el ejercicio de la política como un instrumento no como un fin en sí mismo

Porque a pesar de las excusas, de las justificaciones, de la impostura que desprenden a su paso, hay un aspecto que no se acentúa y que nos parece que agrava el tipo, la desviación, el vicio o el pecado. Y es que si del político se presume una cierta vocación por el servicio público, cómo asimilar actitudes que están basadas en el exclusivo interés particular y que desconocen o ignoran la opinión del ciudadano que les votó o del compañero que trabajó para que él ostentará el cargo. En esencia pues, solo son la escenificación más abyecta de un concepto que impregna la política española de arriba a abajo, la de considerar el ejercicio de la política como un instrumento no como un fin en sí mismo.

 

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