Los trepas en la política - Jorge Valencia

Uno de los mayores problemas que tiene la política es la existencia de los llamados «trepas», esas personas sin ideas ni escrúpulos cuyo único objetivo es medrar dentro de su organización política para alcanzar una mejor posición y más notoriedad pública, pero sobre todo para poder lograr un escaño  y un sueldo público como colofón.  Salir en las portadas  y en las televisiones no está nunca de más, y desde luego su ego hay que regarlo todos los días como a una planta trepadora, pero esto es secundario. La verdadera aspiración de un trepa es vivir del cuento sin pegar un palo al agua.

Si la existencia de los  trepas ya es perjudicial para la política, más grave aún es la aceptación de este comportamiento por parte de los ciudadanos como algo natural

Para lograr su objetivo el trepa hará lo que haga falta: cambiará de chaqueta las veces que sean necesarias, traicionará a sus compañeros por la espalda, dirá una cosa y hará la contraria. Y todo ello lo justificará con cualquier excusa barata bien aderezada de tópicos, frases hechas y demás ocurrencias sin sustancia política pero de gran tirada en el mercado de la «comunicación política» o como quieran llamar al circo barato en el que han convertido el espacio de información política. Porque si la existencia de este tipo de personajillos ya es perjudicial para la política, más grave aún es la aceptación de este comportamiento por parte de los ciudadanos como algo natural.

Pero claro, las consecuencias de las aventuras y desventuras de los diversos trepas las sufrimos todos los ciudadanos, puesto que la política es un asunto público que nos afecta a todos. Juega a nuestro favor el hecho de que todos los trepas se comportan bajo un patrón similar. Como se suele decir, no importa cuándo leas este artículo ni a qué partido lo apliques. Vale siempre y para todos.  Sin embargo, es difícil detectar a un trepa y acusarlo como tal hasta que éste no ha consumado sus actos y realmente queda en evidencia. No debemos desconfiar de todo el mundo solamente por intuiciones.

Pero dicho esto podemos decir que existen una serie de comportamientos que pueden encendernos una pequeña luz de alerta para estar prevenidos:

Hayqueísmo

Fue Carlos Martínez Gorriarán quien me descubrió el nombre de este deporte tan extendido en los partidos políticos así como en otras organizaciones. Está estrechamente relacionado con la actitud mayoritaria entre la ciudadanía que Álvaro Pombo definió de manera muy acertada como la “ira del español sentado”.  Consiste en hablar mucho y hacer poco. O en los mejores casos, nada.  «Hay que hacer un mitin en….», «Hay que explicar mejor…», «Hay que reunirse con…», «Hay que salir más en…». Hay que. Y hasta ahí hemos llegado. No cuentes con esa persona para convertir en realidad todas esas cosas que hay que.

Es un deporte que no requiere de gran esfuerzo, de ahí que sean mayoría quienes lo practican (no solo trepas) y muy pocos quienes de verdad trabajan aportando su energía y tiempo para el partido.

 Titulitis aguda

Como si de una entrevista de trabajo se tratara, el trepa se interesa rápidamente por la profesión del resto de compañeros de partido. Debemos diferenciar aquí entre una curiosidad sana con el fin de aprovechar el talento de esa persona de la mejor manera posible, y el hecho de querer establecer un ranking de personas según sus estudios confundiendo la capacidad académica con la capacidad política.

La organización interna como hobby

El trepa tiene sus caprichos como cualquier otra persona pero sobre todo se caracteriza por su desmesurada pasión por la organización interna del partido.  No quiero restar con esto importancia a la estructura interna de un partido ni a sus estatutos, pero no debemos olvidar que un partido solo es un instrumento para hacer política y no un fin en sí mismo.  Pero el fin del trepa no es hacer política, sino colocarse. Por ello dedican todo el tiempo y todos sus recursos a la organización interna y prácticamente nada a la acción política. Y es que, claro, tampoco lo necesitan, porque la acción política para el trepa no es sino la excusa. Además su posición política será aquella que convenga en cada momento  y que no haga peligrar su escaño, sueldo, o puesto conseguido hasta el momento. ¿Para qué definirla entonces?

Esta afición del trepa por la vida interna de un partido provoca muchas veces situaciones curiosas. Recuerdo una situación bastante cómica en la que un afiliado que se presentaba para  un órgano territorial quería que su título nobiliario se denominase «secretario de organización» y no «responsable de organización» como establecían los estatutos de ese partido, imagino que embriagado por los halos de grandeza que emanaban de puestos tan importantes como el de  «secretario de organización» que tienen PP o PSOE. Por supuesto, una vez nombrado responsable de organización, se ocupó de todo menos de lo que debía ocuparse.

Nocturnidad y alevosía

Paradójicamente, con todo el interés que un trepa demuestra por  situarse en  la estructura interna de un partido, éste actúa la mayoría de las veces al margen de esos órganos. Sustituye las reuniones, consejos y demás cauces internos del partido por reuniones o encuentros privados. Estaría bueno… ¿Quiénes son los afiliados para tener que rendirles cuentas? Y claro, ¿Qué  puede hacer uno si requiere clandestinidad? Pues nada bueno…

Sólidos principios flexibles

El trepa se caracteriza por sus «sólidos principios» maleables a gusto del consumidor. Como apuntaba antes, un vividor de la política carece absolutamente de cualquier principio o posicionamiento político. Es más, si lo tuviera sería un estorbo para su escalada.  El trepa evitará en todo momento posicionamientos sobre temas impopulares  o si no le queda otro remedio pedirá «cambiar la forma de comunicar sin dejar de defender el fondo de nuestras ideas», lo que significa cambiar las ideas sin que lo parezca.

Un buen experimento sociológico sería el de grabar el mensaje de varios políticos y reproducir el texto de forma anónimo. El mensaje político de un trepa será válido para cualquier otro partido sin levantar sospechas básicamente porque el contenido es nulo.

Necesita esa calculada indefinición política no solo para lidiar con la situación según convenga sin que se note mucho el cambio de chaqueta (la mejor forma de evitar que se note el cambio de chaqueta es no llevando ninguna puesta), sino también para no cerrarse puertas si su carrera trepadora evoluciona hasta la condición de tránsfuga. Pero eso ya da para otro capítulo…