La acusación impopular - Andrés Herzog

La acusación popular vuelve a estar en el foco de atención de la opinión pública, esta vez no por la existencia de un nuevo imputado por corrupción política sino porque, según se ve, el Partido Popular y algunos de los principales partidos de la oposición (como el PSOE o C’s) están o podrían estar (en este país nunca se sabe, lo que hoy dicen mañana lo niegan o lo matizan), de acuerdo en limitarla, dificultando su ejercicio.

Al igual que ocurre siempre con todo tipo de medida impopular que quiere aprobar el Gobierno de turno, su implementación va precedida de globos sonda y de una campaña mediática para ir preparando el camino

Al igual que ocurre siempre con todo tipo de medida impopular que quiere aprobar el Gobierno de turno, su implementación va precedida de globos sonda y de una campaña mediática para ir preparando el camino. En el caso de las tasas judiciales, por ejemplo, el argumento era que, supuestamente, los españoles teníamos una especie de vicio querulante que nos llevaba a meternos en pleitos sin necesidad, por deporte, venganza o enfermedad, y que eso colapsaba los juzgados y costaba mucho dinero al contribuyente. Da igual que los datos oficiales sobre tasas de litigiosidad desmintieran absolutamente tales afirmaciones, pues ya sabemos que toda estadística es susceptible de ser retocada o manipulada hasta que nos da la razón. En el caso de la acusación popular el pretexto es que la misma se usa, según parece, como venganza política (“para eliminar al adversario político” repitió Rafael Hernando en su tour por los medios). Y en ocasiones, añadió, con fines todavía peores, como el ya conocido caso de Manos Limpias/Ausbanc, como una forma o instrumento de extorsión.

Olvidan los señores del PP, que lideran esta campaña de desprestigio de la acusación popular, que no hay nadie que se pueda vender sin la existencia de un comprador. Lo que no vale, en mi opinión, es “comprar” a una de las acusaciones populares más conocidas (como al parecer hicieron Bankia y algunas otras entidades financieras y no financieras), colaborando a la generalizada putrefacción de sistema, y luego aducirlo como justificación para intentar suprimir la institución.

Pero bueno, al margen de lo anterior, la estrategia en esta ocasión pasa por vincular la acusación popular a los aforamientos. Nos ofrecemos a limitar los aforamientos y en el mismo pack restringimos la acusación popular. O lo que es lo mismo, nos quitamos el escudo anti-querellas (los aforamientos), pero a la vez desarmamos a los “enemigos” que nos puedan hacer responder de nuestros delitos ante la justicia (que a la fiscalía ya la tenemos más o menos controlada). El razonamiento “histórico” sería el siguiente: en España, como existe la acusación popular (desconocida en otros países), que permite a todos los locos y vengativos querellarse contra políticos de forma indiscriminada, hubo que crear los aforamientos, precisamente para proteger a nuestros muy democráticos cargos públicos de este tipo de venganzas.

Nada importa a nuestros políticos que su argumento sea inventado, pues lo importante en política, ya lo sabemos, es la narrativa, no los hechos ni la realidad

No he investigado con la necesaria profundidad –lo reconozco-  los orígenes de ambas instituciones, pero me atrevo a barruntar que nada tiene que ver la proliferación de los aforados (17.000, sin contar los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado) con la institución de la acusación popular (existente en nuestro ordenamiento moderno desde 1872). No obstante, nada importa a nuestros políticos que el argumento sea, por lo tanto, inventado, pues lo importante en política, ya lo sabemos, es la narrativa (el storytelling que dicen los enteradillos), no los hechos ni la realidad.

Lo que realmente desearía el Gobierno y sus adláteres sería prohibir la acusación popular, a la vista de los tremendos disgustos que les ha generado, pero como resulta que está recogida en la Constitución (art. 125) parece un poco complicado cargársela. Así que intentarán limitarla hasta hacerla impracticable. Han empezado por hablar de vetar a los partidos su ejercicio, ocultando que ello no serviría absolutamente de nada, pues en ese caso bastaría con que la querella la interpusiera cualquier persona física (vinculada o apoyada por detrás por el partido político), que no estaría afectada por limitación alguna.

Se hurta al debate un hecho importante, que consiste en que la acusación popular ya cuenta con importantes limitaciones hoy en día

Se hurta al debate, además, un hecho importante, que consiste en que la acusación popular ya cuenta con importantes limitaciones hoy en día. No sólo el acusador popular tiene la obligación de depositar fianza (20.000 euros que tuvo que depositar UPyD para ser parte en el procedimiento de Bankia, nada menos), que está precisamente para responder frente a los daños causados por posibles querellas infundadas o temerarias, sino que dicha acusación tiene otro tipo de restricciones: está impedida para provocar la apertura del juicio oral si no cuenta con el apoyo del Ministerio fiscal o la acusación particular (la conocida como doctrina Botín) y los Juzgados limitan en muchos casos su actuación a solo una acusación popular por procedimiento, sin base legal alguna que lo justifique, por cierto.

La acusación popular ha colaborado a la regeneración de nuestro país más que todos los políticos juntos que ahora quieren eliminarla

La acusación popular es un instrumento y, como todo instrumento, puede utilizarse bien o mal, pero la realidad es que el saldo neto en este caso es totalmente positivo, pues ha colaborado a la regeneración de nuestro país más que todos los políticos juntos que ahora quieren eliminarla. Ojalá en nuestro país pudiéramos permitirnos prescindir de dicha institución, pero ello jamás será posible hasta que no contemos con una fiscalía debidamente dotada y realmente independiente, lo que hoy en día es una quimera. Hasta que eso no ocurra, limitar o eliminar la acusación popular será un enorme error destinado tan sólo a proteger la impunidad de los que en España se dedican a robar a manos llenas.