1988. Guinea Ecuatorial. En un barrio marginal, el hermano de Malcolm T. Sitté  abre el primer videoclub. Aquel niño comenzaría a ver mucho cine y descubriría a su ídolo, Eddie Murphy. Sin ser consciente de ello, ese hito marcaría su futuro. Las tardes de cine en casa en Guinea se acabarían a los 11 años. “Me crió mi cuñado, el ex marido de mi hermana, que es español. Trabajaba como ingeniero en telecomunicaciones en Guinea, pero se le acabó el trabajo y tuvimos que venirnos a Madrid,” explica el actor. Se instalaron en Vallecas y, tiempo más tarde, se trasladaron a Ciempozuelos, donde descubrió su pasión por la interpretación. “Siempre he sido muy payaso y mi cuñado me preguntaba por qué no me metía en alguna escuela de arte dramático,” cuenta. No fue el único que se percató del talento de aquel muchacho. Un día, en clase de lengua y literatura, se levantó para tirar un papel a la basura y volvió a su silla. Su profesor, Serafín Portillo, le dijo: “¿por qué no te haces actor?” “Si con este movimiento él lo ha visto, tengo que ser actor,” pensó. Esa idea iba creciendo en su cabeza hasta que, un día, su cuñado le dio algo de dinero diciéndole: “Esto es para que te apuntes a la escuela de arte dramático que tú quieras.” Al día siguiente, se apuntó a Metrópolis, donde estuvo tres años, antes de pasar por otras escuelas y acabar en Réplika.

Pero, entre medias, hubo otro hecho con el que se creció y cogió fuerza. “Un día hice pellas en el instituto para ir a ver Tres sombreros de copa. Había interpretado el personaje de Buby en el instituto y quería ver un montaje profesional. Me metí en el teatro y me encontré con un blanco pintado de negro,” explica Malcolm T. Sitté. “Salí indignado, porque en España ya teníamos un actor negro conocido, Emilio Buale.” Salió tan enfadado del teatro que pensó: “¡Por cojones, he de ser actor!” Y así fue.

Se ha subido a las tablas del Centro Dramático Nacional y trabajado con directores de la talla de Manuel Iborra, Miguel Narros y Romeo Castellucci. Lo hemos visto en la gran pantalla con Palmeras en la nieve, y, en televisión, en series como Periodistas o La que se avecina. Sin embargo, el papel que le dio la fama fue el de Balotelli en El chiringuito de Pepe.

Parece que si no haces televisión, no existes. Es más, cuando haces cine y tele, si de repente haces teatro, parece que es porque no te dan papeles en ese momento. Pero el trabajo real del actor es el teatro, es el cara a cara con el público. Malkovich dijo que para hacer teatro hace falta ser actor, pero para hacer cine no es necesario. Un perro puede hacer cine. Pero para ser actor, tienes que acercarte al público. Un actor tiene que saber dominar el cuerpo, la voz, el texto… Y eso es teatro.

Hay muchas contradicciones en la cultura española. Los productores más influyentes tienden a elegir caras televisivas para llenar las salas. A veces, les sale bien, pero eso también perjudica al arte. Todos conocemos casos de funciones que se han tenido que cancelar, con ataques de pánico escénico de actores muy conocidos, incapaces de interpretar frente a un patio de butacas lleno. Hay que ser honesto con uno mismo. Reconozco a los actores que se dicen actores sin haber pisado un escenario teatral, pero también me gustaría que respetaran el teatro. Hay muchos que directamente dicen no al teatro. No sé si por miedo, porque no les gusta…

El público es el juez que te juzga, te aplaude o te destroza, y si no haces teatro, no lo puedes sentir

O porque su representante es un imbécil que sólo quiere lucrarse a costa del actor y, donde va a encontrar dinero rápido y fácil, va a ser en la televisión. Desgraciadamente, hay muchos de este pelaje. ¡Es terrible que un representante no quiera que los actores con los que trabaja hagan teatro! Es triste. El público es el juez que te juzga, te aplaude o te destroza, y si no haces teatro, no lo puedes sentir. El cine es muy distante. Pero, cuando haces teatro, te la juegas todos los días. Miguel Narros nos decía que era como un ritual que había que repetir todos los días. “Hasta los nervios,” añadí yo. Conozco bastantes actores que devuelven antes de empezar cada función. Cuando un actor me dice, yo no hago teatro, pregunto “por qué.” Muchas veces es porque no da dinero, porque no me apetece…

En el teatro, muchas veces te toca hacer el trabajo de un utillero, de la gente de vestuario… Te toca pringar. Y esto no gusta a los actores en España. Somos muy estrellitas. Quien diga lo contrario, miente

¿No crees que el principal motivo es la incultura? Hay muchos actores de cine y televisión que no son capaces de acudir al teatro o de leer algo que no sean únicamente los guiones que debe interpretar frente a la cámara. Es más fácil ser una estrella en cine y televisión. En el teatro, muchas veces te toca hacer el trabajo de un utillero, de la gente de vestuario… Te toca pringar. Y esto no gusta a los actores en España. Somos muy estrellitas. Quien diga lo contrario, miente. La gente se va más al cine para ser más conocida. Vivimos en la época de Instagram, en la que todo el mundo quiere ser conocido. A los actores les pasa lo mismo, huyen del teatro al foco que más alumbra.

Parece que algunos productores empiezan a ser conscientes del daño que la industria está haciendo a la cultura y han decidido invertir la tendencia. Producciones como Vis a Vis o La casa de papel están descubriendo al gran público magníficos intérpretes de los que sólo unos pocos privilegiados podíamos disfrutar en las pequeñas salas del circuito teatral alternativo. Me alegra que comience a cambiar la tendencia y que las salas pequeñas se activen. Lo ideal es poder trabajar en televisión para ganar dinero y compaginarlo con el teatro para sentir el calor del público.

Tú también estás trabajando en una de esas salas del off madrileño, Réplika Teatro, con el El éxtasis de los insaciables, galardonada con el Premio José Luis Alonso 2016. Esta obra, con la que intentamos romper convencionalismos sociales, surgió a través de un work in progress y tuvimos un éxito inesperado.

Das vida a un conde. Por fin, un montaje que huye de los clichés. En 2011, cuando estrenaste Combate de negro y de perros, criticabas que la mayoría de papeles que os ofrecían a los actores negros eran de inmigrante o ladrón. Aunque algunos productores ya apuestan por personajes multiétnicos, aún no es lo habitual. Entonces lo pensaba y lo sigo haciendo. La periodista Lucía Mbomio dice que las pieles son cárceles y, en parte, es verdad. Estás en una cárcel que te encasilla en una cosa. Sin embargo, en Réplika se me deja crecer como actor, que es el objetivo de cualquier artista, evolucionar. Es un personaje que me cuesta, me agota, pero sé que me viene muy bien porque es algo muy diferente a lo que me van a dar.

Es verdad que los actores negros estáis empezando a tener más presencia en las distintas producciones, pero ¿os estáis alejando de los estereotipos? Poco a poco. Por vergüenza pasará. Llevo 19 años en esto y, cuando empecé, había excusas como “los actores negros tienen el acento muy marcado.” Yo respondía que no entendía qué era eso del acento marcado. Otra excusa era que los actores negros no estábamos formados. Pues nos hemos formado, tenemos acento neutro… No hay excusas. Sólo falta que nos digan que por ser negros no podemos trabajar y eso, por vergüenza, no va a pasar.

Hace algunas semanas, un personaje asiático, en El ministerio del tiempo, decía: “hemos avanzado mucho, pero en España no salen amarillos ni negros por la tele”. Me parece una crítica acertada y es genial que aparezca en una serie en prime time. Pero también tenemos un poco de culpa nosotros. Si quieres tener presencia, escribe tú, móntate tus movidas. Estamos en la época de la comunicación. Todo el mundo tiene un móvil para hacer unos cortos guays. Internet está ahí.

Es un espacio donde independientemente del color de tu piel, de tu raza, sexo o condición sexual, tienes un grupo de gente que, por lo menos, está dispuesta a escucharte. Nuestra base es dejar de llorar y ponernos a actuar

Así es como surgió Limbo Producciones, asociación que preside, pionera en la realización de proyectos inclusivos a través de la autogestión. Muchos artistas, por el color de su piel o el rasgado de sus ojos, sienten ser tratados como extranjeros en su propio país. Pero, cuando van de visita al de sus padres o sus abuelos, allí los ven como españoles. Se sienten en el Limbo. De ahí el nombre de la asociación, que, a través de la ficción audiovisual y otros campos artísticos, pretenden normalizar la amplia multiculturalidad que enriquece a España. “Es un espacio donde independientemente del color de tu piel, de tu raza, sexo o condición sexual, tienes un grupo de gente que, por lo menos, está dispuesta a escucharte. Nuestra base es dejar de llorar y ponernos a actuar,” señala Malcolm T. Sitté.

Queremos que el rumano que no tiene oportunidad como artista, el asiático, el europeo del Este, el magrebí, el latinoamericano o el africano tengan esa oportunidad

A pesar de lo que creen algunos sectores, “Limbo no es una asociación de actores negros ni una agencia de actores negros. No es un espacio sólo para personas negras, sino para gente que quiere evolucionar.” Pero cuentan con una norma interna: potenciar la imagen de la gente multiétnica, porque en España a nivel social tiene menos oportunidades. “Queremos que el rumano que no tiene oportunidad como artista, el asiático, el europeo del Este, el magrebí, el latinoamericano o el africano tengan esa oportunidad. Eso no quiere decir que no vayamos a contar con españoles blancos,” aclara. “Nos estamos dando cuenta que hay grandes actores que continúan haciendo teatro, pero, por la edad, están dejando de tener espacio en cine y televisión. El talento no muere si uno no quiere.”

Están siendo unos buenos meses para Malcolm T. Sitté. MoviStar+ está a punto de emitir la serie Vergüenza, en la que da vida a un fotógrafo; el Festival de Sitges estrenó el cortometraje Talismán, rodado en 360, en el que se mete en la piel de un albañil; y, a principios de 2018, los cines acogerán El cuaderno de Sara, un thriller de acción, dirigido por Norberto López y con Belén Rueda como protagonista, en la que Malcolm encarna a un jefe de guerrillas. “¡Por fin, por primera vez en el cine español, nos mojamos a la hora de denunciar el trato de las extracciones de ciertos minerales como es el coltán!,” exclama. “Espero que empaticemos y cambiemos con esta costumbre social de cambiar de móvil cada dos por tres.”