Un elefante en la habitación - Ramón de Veciana

De los viles asesinatos yihadistas  del 17 de agosto en Barcelona y Cambrils se ha escrito y dicho prácticamente todo. Será difícil no repetir algo ya dicho, pero parecía prudente esperar a que hubiese el primer pronunciamiento judicial para realizar las primeras valoraciones, más allá de la propaganda oficial y los rumores en uno u otro sentido. Finalmente el Juez Fernando Andreu del Juzgado de Instrucción núm. 4 de la Audiencia Nacional dictó el 22 de agosto de 2017 el Auto de prisión provisional para dos terroristas y la libertad provisional para otro. En el mismo se contienen suficientes elementos objetivos para poder realizar un primer análisis.

En estos días tan tristes e intensos, especialmente para quienes tenemos especial vinculación con dichas localidades por proximidad geográfica o afectiva, se han mostrado de forma concentrada todos los vicios y virtudes de nuestro actual sistema político-institucional.

Aprovechando la oportunidad, Puigdemont ha buscado el silencio de la unanimidad a costa de la unidad política frente el terrorismo. En un sistema democrático sano, las fuerzas políticas actúan frente al terrorismo de forma unitaria espontáneamente. Ni que decir tiene que en esta ocasión no ha ocurrido. El gobierno de la Generalitat ha aprovechado la oportunidad para encubrir sus numerosos errores y negligencias bajo el manto de la unanimidad acrítica, actuando nuevamente con deslealtad frente al Gobierno de la Nación y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

La gestión mediática de los hechos ha sido un trabajo impecable e implacable de propaganda informativa

El estado de shock social ha permitido que el gobierno de Generalitat actuara unilateralmente, sin someterse a ningún principio de coordinación política ni de eficacia policial, sabedor que estos momentos nada ni nadie pondría públicamente en duda su forma de actuar, con una versión distorsionada de los hechos que hicieron suya todos los medios de comunicación sin excepción. Los elogios de la prensa a la cúpula policial de los Mossos de Escuadra han resultado bochornosos a medida que se iban conociendo los evidentes errores y negligencias cometidos uno detrás de otro. La gestión mediática de los hechos por el gobierno de la Generalitat y por los responsables de comunicación del Cuerpo de Mossos de Escuadra ha sido un trabajo impecable e implacable de propaganda informativa, al destilar un relato de los hechos que no se corresponde con la realidad.

No existe un sistema eficaz y unitario de protección y defensa de la seguridad para toda España

El cuerpo de los Mossos de Escuadra no ha actuado como policía autonómica, esto es, como una policía estatal coordinada con los demás CFSE sino que ha actuado autónomamente, no sólo dejando al margen la experiencia acumulada por los especialistas en terrorismo de Guardia Civil y Policía Nacional sino, lo que es más grave, impidiéndola. Actuó como policía autónoma, que no autonómica; esto es, poniendo a la luz que no existe un sistema eficaz y unitario de protección y defensa de la seguridad para toda España; en definitiva, que España está un poco más indefensa. Un “divide (la actuación policial) y vencerán”.

La gravísima negligencia de los Mossos en la gestión de la explosión de Alcanar comportó que la célula terrorista no fuera detectada a tiempo y detenida

Es conocido que el cuerpo de los Mossos de Escuadra impidió la actuación de los TEDAX de la Guardia Civil en la aterradora explosión que asoló totalmente la casa de Alcanar, visible en forma hongo a varios kilómetros de distancia. No fue una explosión cualquiera. Cuentan fuentes solventes que fue parecida a un obús de artillería de 150 mm. o a una bomba área convencional, con un fuerte olor a explosivo y no a gas, que rompió muros y cristales de fincas vecinas y todos los cristales de viviendas más lejanas. A pesar de que la Guardia Civil intervino in situ llegando sólo 2 minutos después el primer coche de Mossos y que después llegaron varias unidades más para ayudar; los Mossos, cumpliendo las directrices de sus superiores, no les dejaron investigar. Y, a pesar de todas esas evidencias, los Mossos lo atribuyeron erróneamente a un caso de tráfico de drogas (!!!); y, luego, a una simple explosión de gas. La jefatura de los Mossos no supo ver un elefante dentro de una habitación (más de 100 bombonas de butano, 500 litros de acetona, pulsadores de explosivos, propaganda yihadista,…), ni que no surgen hongos en plena canícula. Esa gravísima negligencia comportó que la célula terrorista no fuera detectada a tiempo y detenida, y que se desencadenara esa carrera de terror y muerte en Barcelona y Cambrils.

La actuación de un solo mosso en Cambrils, capaz de matar a cuatro terroristas, ha servido de manta zamorana para ocultar la actuación negligente de la policía autonómica: el error de diagnóstico en la explosión de Alcanar, la ignorancia a las advertencias de la juez instructora de Amposta sobre la posibilidad de preparación de un atentado terrorista, la obstrucción a la investigación de Guardia Civil y Policía Nacional, la nefasta operación Jaula en Barcelona que no supo detener al autor de los atropellos de Barcelona, la incapacidad policial de detenerlo, matándolo, a pesar de su bisoñez, su inferioridad numérica y estar desarmado, impidiendo así que fuera interrogado y sometido a juicio.

Y en cuanto a Mariano Rajoy, ¿qué diferencia hay en la gestión de esta crisis de la del Prestige?

También se ha reprochado estos días la desaparición política del Gobierno de la nación en la gestión de la crisis. Pero hay que reconocer que no ha habido ninguna sorpresa en ello ya que han aplicado con escrupulosa pulcritud el manual de estilo de Mariano Rajoy; un “laissez faire, laissez passer” como máxima política, que algunos erróneamente lo atribuyen a su condición de gallego cuando, en realidad, se debe a su acreditada indolencia. ¿Qué diferencia hay en la gestión de esta crisis de la del Prestige? Ninguna, sencillamente ninguna. Ver, oír, callar; y que otros o la mar océana resuelvan el problema. Como en la dinámica de gases, el espacio dejado por un gas lo ocupa otro; el vacío político y policial dejado por Rajoy y Zoido lo ha aprovechado Puigdemont para divulgar, con las peores artes, su idea de una Cataluña independiente.

Pero no todo es negativo, se ha demostrado que el cuerpo de Mossos de Escuadra dispone de excelentes y abnegados funcionarios que tuvieron que actuar de la mejor manera para hacer frente a una contingencia para la cual, a la vista está, no habían sido preparados. Sus jefes políticos, el consejero Forn, el jefe de los Mossos  Soler y el Mayor Trapero, ocupan sus puestos por su inquebrantable adhesión a la causa independentista y su afinidad personal con Puigdemont. Sólo unas semanas antes se había prescindido de Albert Batlle, experimentado jefe de los Mossos de Escuadra con conocimientos acreditados pero, como no estaba dispuesto a colaborar con el plan sedicioso preparado por Puigdemont, fue sacrificado, incrementando el desconcierto de los agentes de los mossos de Escuadra.

Colau es víctima de su absurda y estúpida creencia de que su política progre es suficiente escudo frente al terrorismo islamista

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, deberá hacer frente también a su parte alícuota de responsabilidad política y, en su caso, jurídica al primar su posición personal y su visión naíf de la política sobre la seguridad de los ciudadanos, que le llevaron a no colocar, a pesar de la clara advertencia de la Dirección General de Policía, maceteros y bolardos en las calles y paseos peatonales más transitadas para impedir en lo posible un atentado como los de Niza o Múnich. Colau es víctima de su absurda y estúpida creencia de que su política progre es suficiente escudo frente al terrorismo islamista, cuando es sabido que el yihadismo no distingue víctimas ni hace excepciones.

Ahora es el momento de averiguar y determinar de qué modo los partidos independentistas ayudaron a la presencia de salafistas e imanes integristas en Cataluña

Ahora es el momento de estudiar el papel que ha tenido la política de inmigración de los nacionalistas e independentistas catalanes en la infiltración del salafismo y el islamismo radical en Cataluña, pues no dudaron en primar la inmigración árabe francófona frente a la hispanoamericana dentro de su proyecto de ingeniería social, como forma de impedir que el español tuviera mayor presencia en Cataluña. Y, también, de averiguar y determinar de qué modo los partidos nacionalistas e independentistas ayudaron a la presencia de salafistas e imanes integristas en Cataluña a través de asociaciones satélite que aseguraban su adhesión a la causa independentista, directa o indirectamente, a pesar de que todos los informes policiales y diplomáticos advertían, desde hacía años, que Cataluña había sido elegida como base de operaciones islamistas.

Finalmente creo que debemos poner de relieve la actuación de la Corona que ha sabido estar en su lugar desde el primer momento, dando muestras de proximidad y altura institucional; que ha contrastado grandemente con la zafiedad política de Puigdemont y el tancredismo de Rajoy. Felipe VI ha sabido dar una impronta propia a su figura y se ha ganado por derecho propio la estima de todos los barceloneses, catalanes y españoles.

En los próximos días, semanas y meses, seguramente, seguirán apareciendo datos y conociéndose hechos que permitirán hacer el retrato exacto de lo ocurrido y cómo ahora más que nunca es preciso que la seguridad nacional esté asegurada por la preeminencia de la Guardia Civil y Policía Nacional en los delitos de terrorismo, a modo de policía federal, como única forma de hacer frente con eficacia a esta lacra que nos ataca y pretende socavar los cimientos de nuestra sociedad y de los principios democráticos.

 

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