Si este trabajo fuese un audiovisual, comenzaría con la canción que Carlos Mejía Godoy cantaba por el año 1982 a su querida Nicaragua, a la que aparentemente había llegado la paz, tras la victoria de la Revolución Sandinista: Ay, Nicaragua sos más dulcita / Que la mielita de tamagás / Pero ahora que ya sos libre, Nicaragüita / Yo te quiero mucho más.

Mejía Godoy se refiere a una abeja maya precolombina, sin aguijón, que deposita su miel en un árbol de nombre tamagás. Es que este cantor, que en 2016 recibió el Grammy Latino a toda su carrera musical, difundió por el mundo la preciosa imagen popular de su país, con unas palabras nativas, como perjúmenes, sulibellan, aletellan… que a todos nos han hecho sonreír por su particular sonido poético.

Algo parecido le ocurrió al padre de Reichel, nuestra protagonista. Participó con los Castro en el derrocamiento de Batista, en Cuba y, al poco tiempo salió espantado por el giro político que se produjo

Fue el 22 de agosto de 1978 cuando el Comandante Cero (Edén Pastora) a la cabeza un grupo de 25 guerrilleros del FSLN, tomó el Palacio Real, capturando a la totalidad de los legisladores somocistas (casi todos familiares), que venían dirigiendo dictatorialmente el país desde 1936. El 19 de julio de 1979 las fuerzas rebeldes entran triunfantes en Managua. A partir de ese momento comienza la Era Sandinista del país centroamericano. Pastora asume cargos del Ministerio de Interior del Nuevo Gobierno, pero en julio de 1981, denuncia a los hermanos Daniel y Humberto Ortega de traicionar los principios del sandinismo y entregarse al comunismo cubano y de la URSS. Abandona el país y se refugia en Costa Rica (en una enorme finca pagada por los sandinistas, según se cuenta) donde, pocos años más tarde, se dedicará pacíficamente (se supone que sin molestar a los Ortegas) a la pesca. Algo parecido le ocurrió al padre de Reichel, nuestra protagonista. Participó con los Castro en el derrocamiento de Batista, en Cuba y, al poco tiempo salió espantado por el giro político que se produjo. Por otra parte, tras el asesinato, el 24 de marzo de 1980, del Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, comienza la guerra en el país salvadoreño donde el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, emprende el mismo camino que su vecino centroamericano. EEUU entrega armas, financia e instruye a la Contra (ejército irregular de diferentes orígenes), que ejecuta acciones armadas contra el nuevo gobierno de Nicaragua y, a la vez, adiestra y apoya al Ejército Salvadoreño en su lucha contra los rebeldes de FFMLN.

La guerra abierta en El Salvador finalizó en 1992, por mediación de la ONU, y realmente fue el símbolo de doce años de Guerra Fría, en la que EEUU y la URSS se enfrentaron entre sí, pero en territorio salvadoreño. Pero la situación en Nicaragua no fue tan explícita: la Contra y la oposición atacaron al nuevo sistema sandinista por medio de acciones terroristas, cercanas a la guerra civil, tratando de desestabilizar el país, que emprendía importantes cambios en sanidad, educación y reparto de las tierras principalmente. En febrero de 1990, el sandinismo perdió las elecciones, siendo la nueva presidenta Violeta Chamorro, del partido Unión Nacional Opositora, apoyado por EEUU. Tras la particular guerra civil, que había causado 50 000 muertos, el país se encontraba en una situación económica crítica. La nueva presidenta volvió a establecer el espíritu liberal y recondujo la economía, aunque la cifra de excluidos sociales aumentó considerablemente. Las siguientes elecciones de 1996 las ganó Arnoldo Alemán, del Partido Liberal Constitucionalista, que fue denunciado por la oposición y la disidencia liberal de nepotismo. Pero con la llegada del Huracán Mitch, en octubre de 1998, todas las noticias se olvidaron de la política y se centraron en la meteorología y sus trágicos efectos devastadores: 4 000 muertos, 5 000 desaparecidos, medio millón de damnificados, y la economía otra vez por los suelos. Las elecciones de 2001 las ganó otra vez el Partido Liberal Constitucionalista, y esta vez colocó en la presidencia a Enrique Bolaños que, tras las malas prácticas de su antecesor, amasadas a la crítica situación económica y social del país, vio crecer la disidencia, de modo que, en 2006, volvió al poder el Frente Sandinista de Liberación Nacional, que alzó, de nuevo, a Daniel Ortega a la presidencia.

Conocí a Reichel en enero de 1978 en El Salvador. Ella era la joven gerente de la empresa a la que fui a trabajar con un grupo de técnicos españoles

Conocí a Reichel en enero de 1978 en El Salvador. Ella era la joven gerente de la empresa a la que fui a trabajar con un grupo de técnicos españoles. Mi mujer y mis dos hijos pequeños dejamos atrás una San Sebastián triste y lluviosa, en plena tormenta etarra, para llegar a un país tropical alegre, colorista y bullicioso. Y un proyecto ilusionante. Uno de los momentos más felices de mi vida. Reichel se convirtió, al poco tiempo, en alguien más de la familia, y una más de la cuadrilla de amigos españoles y salvadoreños. Al poco tiempo de nuestra llegada a El Salvador, la situación política se fue contagiando de la nicaragüense. Al comienzo por el norte del país, pero el proyecto de nuestra empresa, que se estaba desarrollando en el sur, avanzó sin problemas. A comienzos del 80, comenzaron las acciones del Frente Farabundo Martí en la ciudad: desfiles desafiantes por las principales avenidas, acciones sorpresivas contra bancos o entidades oficiales, las tomas de pequeñas poblaciones y los adiestramientos a los campesinos… Por otra parte, los asesinatos selectivos de los escuadrones de la muerte, los asaltos de los paramilitares y las limpias de las patrullas urbanas. En marzo, tras el asesinato de Monseñor Romero, y las acciones posteriores por ambos bandos, la vida en el país se hizo muy peligrosa. Congelamos el proyecto, cancelamos las oficinas, nos deshicimos de nuestras pertenencias personales y, a mediados de junio, nos volvimos para casa. Reichel se fue poco antes a EEUU. Posteriormente, pasaba las vacaciones en España, cada dos años, hasta hace poco y, desde hace un año, vive en Managua. Hablamos por teléfono, por mail, por Messenger, por WhatsApp y somos amigos en Facebook. He pensado que podríamos tener una charla interesante.

Tus padres eran nicaragüenses y, para cuando nosotros llegamos a El Salvador en el 1978, ellos ya llevaban, contigo y tu hermana, varios años instalados en ese país. Tú tenías por entonces como 25 años ¿Cómo fue tu vida hasta entonces? Como sabes, yo nací en la ciudad de San Francisco, California y dejé esa ciudad cuando estaba chica, mi padre decidió ubicar a la familia en La Habana, Cuba. Él estaba involucrado en cosas políticas pero yo no estaba al tanto de nada. Vivíamos en La Habana y yo asistí a un colegio de monjas dominicas francesas pero, al poco tiempo, las monjas fueron sacadas del país y me metieron a otro colegio. Luego, de un día para otro (afortunadamente o desafortunadamente yo siempre he sido alumna de cuadro de honor) se estaba hablando de que me querían enviar a Rusia, y entonces mi madre, mi hermana y yo salimos precipitadamente para México D. F., donde vivía una hermana de mi madre. Seguí estudiando en el colegio Virrey de Mendoza. Cuando algún tiempo después llegó mi padre, nos quedamos por un tiempo.

Mi padre quería estar más cerca de los acontecimientos de Nicaragua y nos mudamos a El Salvador. Ellos se fueron a San Salvador y yo me quedé un curso en Santa Ana y, al siguiente, a la capital hasta graduarme del bachiller. De ahí estudie Economía en la UCA. A través de un profesor entré a trabajar en una empresa de importación de máquina-herramienta. Al poco tiempo me asocié con uno de los comerciales y montamos una distribuidora del mismo sector. Luego, con otros socios montamos una empresa de manipulación de tubos. Nuestro tercer proyecto, ya con socios españoles, fue Turística del Pacífico, una promotora urbanística, a la que llegasteis vosotros.

A tu hermana no llegué a conocerla, con tu madre traté algo, pero con tu padre tuve largas conversaciones. Me contó que formó parte del gobierno revolucionario de los Castro, pero cuando vio que aquello era pura destrucción de todo lo anterior, que rompían y quemaban piezas de gran valor artístico por ser símbolos del capitalismo, que aquello se parecía cada día más a Rusia, lo dejó todo y se fue. Sí, pero yo era muy chica y no me acuerdo. Sería cuando quisieron mandarme a estudiar a Rusia. Sé que mi padre estaba en la política y que mi madre fue secretaria de Castro y el Che. Yo no los conocí, tampoco hemos hablado mucho de esas cosas.

¿Tus padres eran nicaragüenses? Sí, y se casaron muy jóvenes. Mi padre fue asistente de Leonardo Argüello, que ganó las elecciones presidenciales en Nicaragua en 1947. Pero habían sido unas elecciones amañadas por Tacho Somoza, entonces jefe de la Guardia Nacional y apoyado por EE. UU., para mantenerse él en el poder.

Tacho Somoza fue el hombre más poderoso de Nicaragua durante muchos años. Presidente del país, en diferentes etapas, por casi veinte años (1937/1947 y 1950/1956), y considerado uno de los hombres más ricos de América. Siendo ya jefe de la Guardia Nacional, había ordenado asesinar a Augusto Sandino, pues los dos eran masones y no podían hacerse mal directamente entre ellos. La foto que ilustra esta entrevista fue tomada momentos antes de la traición, el 21 de febrero de 1934, después de que éste saliera de una cena con el presidente Juan Bautista Sacasa, tío de Somoza. Una historia de cineEl presidente Argüello no se dejó manipular por Somoza y tuvo que salir exiliado a México, con mi padre y un grupo de afines y colaboradores, cuando éste perpetró un golpe de estado. Argüello duró apenas cuatro semanas en el poder. Mis padres fueron a México, pero a mi madre no le iba ese clima, y se fueron a vivir durante casi diez años a California. Allí nacimos mi hermana y yo. Mi madre trabajó ese tiempo en el Banco de América.

Tacho Somoza falleció años más tarde, en septiembre de 1956. Un atentado perpetrado en León, por el poeta nicaragüense Rigoberto López Pérez, acabó con su dictatorial existencia a los pocos días en un hospital de Panamá. Le sucedió su hijo Tachito Somoza.

En 1959, vemos a tu padre dirigiendo la columna guerrillera Rigoberto López Pérez, en Honduras, cerca de la frontera de Nicaragua, que es desarticulada por el ejército de Honduras en coordinación con la Guardia Nacional de Nicaragua. Una vida apasionante la de tu padre. Supongo que de Honduras huyó a Cuba, con Castro ya en el poder. La verdad es que mi padre no nos ha hablado mucho de esas historias. El tiempo en que vivimos en San Salvador se dedicó a la ebanistería y no tuvo ninguna actividad política. Escribió un libro con sus memorias, que no se ha publicado y está en un trastero de California con otros enseres de mi familia. Cuando comenzó la guerra en El Salvador, yo me fui a San Francisco y allí he estado trabajando en un despacho de abogados, durante más de veinte años. He pasado épocas en Miami y ahora vivo en Managua en la casa que fue de mis padres.

A finales de los 80 mi padre fue nombrado embajador de Nicaragua en El Salvador y después en Argentina. Me alegré porque nunca me ha gustado vivir en EE. UU., y pensaba irme a su casa, pero no sé por qué razón renunció. Mi padre murió en Managua, como era su deseo, en 1992.

Tu vida desde 1980 ha transcurrido en EE. UU., entre Florida y California. Has conocido los gobiernos de Jimmy Carter (1977-1981), Ronald Reagan (1981-1989), George H. W. Bush (1989-1993), Bill Clinton (1993-2001), George W. Bush (2001-2009), Barack Obama (2009-2017)… y desde Nicaragua a Donald Trump. Todos han mantenido la política de restricciones con Cuba, han financiado con mayor o menor empeño a la Contra en las guerras de Nicaragua, El Salvador y en cierta manera, en las intentonas de Guatemala ¿Cómo se siente desde EE. UU. la política de esos países, el populismo de Venezuela y Bolivia, y la evolución de Cuba (Miguel Díaz-Canel ha reconocido el derecho a la propiedad privada), madre de todas las revoluciones? Te diré que a pesar de haber vivido tantos años en EE. UU., no he seguido de cerca la política internacional. La verdad es que los estadounidenses son bastante apáticos con respecto a la política, especialmente en cuanto a política extranjera, a la que no se le da importancia. Es algo que sucede en lugares que, muchas veces, la mayoría de estadounidenses ni saben dónde quedan, y los medios de comunicación se centran en noticias de lo que ocurre localmente. Y lo que sucede en el mundo tiene poco impacto en el diario vivir. Ya ves, lo que sucede en Nicaragua prácticamente no aparece en las noticias, según me informan mi familia y amistades.

Los mexicanos y centroamericanos arriesgan sus vidas y sus haberes para ir a vivir a EE. UU., y tú haces lo contrario ¿Qué tiene Nicaragua que te atraiga a estas alturas de tu viajera vida? Los mexicanos y centroamericanos que arriesgan sus vidas para ir a EE. UU., habitualmente son personas de estratos bajos en los países de origen. Personas que tienen una buena formación y una buena vida no ansían vivir en EE. UU. Te daré un ejemplo: de las personas que eran mi círculo en El Salvador, un 90 % continúan viviendo en El Salvador, si bien algunos se fueron, pero siempre volvieron. Es otro estilo de vida totalmente diferente.

En mi caso, Nicaragua nunca fue un lugar que yo hubiese elegido para vivir pero en la vida hay que ser pragmático, mi madre me heredó una quinta en Managua y mientras estuve yendo a Nicaragua a arreglar los papeles, fui reflexionando y un día me dije: tienes una propiedad que es tuya, no se debe nada, tal vez deberías vivir aquí. Tú bien sabes que yo estaba contemplando irme a España. A mí, la verdad, nunca me gusto vivir en EE. UU., creo que el haber pasado tanto tiempo viviendo en Latinoamérica me desmotivó para vivir en EE. UU. Bueno ahora que la situación está como está, uno podría verlo de diferente manera pero, la verdad, sinceramente, creo que esto agarró a todos por sorpresa.

Encuentro que la política es sucia y corrupta en la mayoría de países, y sin distinción entre liberales, conservadores, socialistas o comunistas

Cuando tú llegaste a ese país, había cierta tranquilidad ¿Cómo es el día a día en Managua en estos días? Yo soy más bien apolítica, encuentro que la política es sucia y corrupta en la mayoría de países, y sin distinción entre liberales, conservadores, socialistas o comunistas. Yo suelo decir que es un “bájate tú para que me suba yo y pueda empezar a robar”. Cuando yo llegue, hace un par de años, había una tranquilidad relativa, y a todos les oías que era el país más seguro de Centroamérica. Yo decía más seguro porque no hay maras, como en Honduras, El Salvador o Guatemala, pero del otro crimen sí que hay. El día a día antes de esto era relativamente normal, la gente iba a sus trabajos, a la playa, salían a comer, al cine, de compras. Todo podías comprar, siempre y cuando, tuvieras dinero.

No habrá guerra civil, que es lo que Ortega anda buscando, porque el pueblo no quiere guerra, quiere una solución pacífica, y que Ortega y Murillo se larguen

El 18 de abril pasado, Daniel Ortega, que lleva 11 años en el poder decide, sin consultar con los interesados, una subida de las aportaciones a la Seguridad Social, del 6,25 % al 7% de los empleados, del 19 % al 22,5 % de los empresarios, y del 0 % al 5 % de los jubilados. ¿Es éste suficiente motivo para la que se ha montado? El problema con el Seguro Social no es, en realidad, la causa del problema, fue la gota que derramó el vaso. Ha habido una serie de factores que han intervenido para que se dé esto. No habrá guerra civil, que es lo que Ortega anda buscando, porque el pueblo no quiere guerra, quiere una solución pacífica, y que Ortega y Murillo se larguen.

Nicaragua está al borde de una guerra civil, y lo que están haciendo el presidente Daniel Ortega, su esposa la vicepresidenta Rosario Murillo y el jefe de la Guardia Nacional, que debe ser su consuegro, es movilizar, armar y amparar a un ejército no regular, de paramilitaresy juventudes sandinistas, que actúan con total impunidad y que han provocado ya más de 400 muertos, 3 000 heridos y como mil desaparecidos, en contra de todas las organizaciones internacionales y de DDHH. Tras la celebración de los 39 años de la Revolución Sandinista, su mayor empeño ha sido dar la imagen de que el sandinismo ha acabado con los golpistas. Por el contrario está la carta abierta que Carlos Mejía Godoy ha dirigido al presidente Daniel Ortega. La familia Ortega-Murillo es un clan mafioso que se ha hecho con toda la estructura de Nicaragua. Controla las empresas, los bancos, los medios de comunicación, el ejército regular, y el irregular (que ahora ha definido como soldados voluntarios), además de negocios turbios con otros países. Son los dueños de Nicaragua.

Hace unos días, ha tenido que intervenir el mismísimo Papa para que estos “soldados voluntarios” no masacraran a un centenar de estudiantes que se habían refugiado en una iglesia, que ha quedado llena de balazos (a la altura de las cabezas, se comentaba). ¿Dónde ha quedado el espíritu de la Teología de la Liberación de los hermanos Cardenal, que inspiraron al sandinismo? Ernesto Cardenal participó en la Revolución Sandinista de 1979 y fue ministro de cultura de aquel Gobierno de Daniel Ortega durante varios años. Fue, con su hermano Fernando, también ministro, uno de los pioneros de la Teología de la Liberación. El papa Juan Pablo II les reprendió severamente en su visita a Nicaragua en el año 1983 y, al año siguiente suspendió a divinis del sacerdocio a ambos hermanos. Ahora son grandes críticos con la presidencia de Daniel Ortega.

La Iglesia pues, siempre involucrada, defendiendo a sus feligreses en cualquier forma que pueden. No confío en Brenes pero sí en el resto

Varios miembros de la Iglesia nicaragüense han sido agredidos por los paramilitares. Entre los afectados se encuentran el Arzobispo de Managua, Cardenal Leopoldo José Brenes; el Obispo Auxiliar de Managua, Mons. Silvio José Báez y el Nuncio Apostólico, Mons. Waldemar Somertag. Daniel Ortega ha profanado, asediado y saqueado varias iglesias en su país, acusando a los obispos de golpistas. La Iglesia pues, siempre involucrada, defendiendo a sus feligreses en cualquier forma que pueden. No confío en Brenes pero sí en el resto. Silvio Báez ha sido muy vocal y canta sus verdades al gobierno, y éste lo detesta. La verdad es que los nicaragüenses no asocian a este gobierno con Sandino y llaman al régimen orteguista aunque el gobierno sigue diciendo que son sandinistas.

Los jesuitas asesinados en El Salvador eran profesores en la UCA durante el tiempo que yo asistí a la UCA, conocía a Segundo Montes y el padre Ellacuria fue uno de mis profesores.

Mucha gente dice que, si Sandino resucitara, se volvía a morir del disgusto por lo que Ortega ha hecho y sigue haciendo

Augusto César Sandino, que se reveló contra la ocupación de Nicaragua por EE. UU., fue asesinado el 21 de febrero de 1934 por orden de Tacho Somoza. ¿Sigue siendo, Sandino, después de 84 años, el héroe popular, tras la experiencia del comportamiento de su alumno natural, Daniel Ortega? Claro que Sandino siempre es admirado, pero él en ninguna forma advocaba lo que hace Ortega, mucha gente dice que, si Sandino resucitara, se volvía a morir del disgusto por lo que Ortega ha hecho y sigue haciendo.

La familia Somoza gobernó Nicaragua durante varias décadas, pero el sandinismo originario de 1978, con el que Daniel Ortega accedió al poder, se ha convertido en algo peor que el somocismo. Es como si la historia de Nicaragua hubiera entrado en bucle. ¿Pretende Daniel Ortega ser una mala copia de Anastasio Somoza? Daniel Ortega no quiere ser copia de Somoza, él se cree el dueño de Nicaragua, y que los que viven allí no tienen voz ni voto, lo vi en un vídeo en que gritaba como un demente que Nicaragua le pertenecía.

Apareció recientemente un informe muy detallado que desvelaba toda la estructura del clan Ortega, con el fin de que EE. UU. aplicara la Ley Magnitsky a los colaboradores y cómplices del enriquecimiento de Daniel Ortega

Hace unos días se han difundido unos datos sobre las empresas Ortega, detallando todo su ámbito de influencia, que abarca todo lo imaginable y lo inimaginable. ¿Nos puedes hablar de esto? Apareció recientemente un informe muy detallado que desvelaba toda la estructura del clan Ortega, con el fin de que EE. UU. aplicara la Ley Magnitsky a los colaboradores y cómplices del enriquecimiento de Daniel Ortega. Además de nombres, ofrecía datos económicos, como los cerca de 5 000 millones de dinero negro que ha recibido durante varios años del gobierno de Venezuela, destinados a sobornos y negocios empresariales y urbanísticos ilegales. Ortega cede todas las estructuras y medios del país a los cárteles de la droga, para que operen impunemente, a cambio de un peaje, y un sistema de blanqueo de dinero seguro. Interviene en las exportaciones e importaciones de productos, controlando sus aranceles y aduanas. Tiene implicados a varios bancos y grupos financieros, en sus créditos, en las tarjetas de crédito… Y está rodeado de un gran racimo de empresas cómplices que le proporcionan cualquier documento “legal” con el que probar su inocencia, hasta en los casos más evidentes. El informe es larguísimo, y detallado. Cita a varias decenas de personas que atentan contra los DD. HH., que tienen negocios multimillonarios ilegales y a los que se pide se les aplique la Ley Magnitsky, con todas sus consecuencias.

¿En qué consiste la Ley Magnitsky? La ley de derechos humanos fue firmada por el Presidente Barack Obama en diciembre del 2012. Pasó en el Senado con 92 votos a favor y 4 en contra y en la cámara legislativa 364 vs 43. El acta Magnitsky fue parte de una propuesta de ley más amplia centrada en el intercambio comercial con Rusia. Puso en función sanciones en contra de 18 individuos de quienes sospechaba que habían participado en la muerte de Sergei Margnitsky en el 2009.

Sergei Magnitsky era un abogado y auditor que descubrió un fraude de impuestos y robo a gran escala en Rusia. Entonces, en una aparente venganza, el gobierno ruso le acusó de evadir impuestos y fue enviado a prisión por un año y allí enfermó de forma misteriosa y murió ocho días antes de la fecha tope que habría acabado con su encarcelamiento.

El acta Magnitsky requería que el gobierno de EE. UU. compusiera una lista de ciudadanos rusos acusados de abusos de derechos humanos y bloquearlos de viajar a EE. UU. y congelar sus activos. Los estadounidenses tienen prohibido hacer negocios con estos individuos. En el 2016 el acta Magnitsky fue ampliada para incluir a los abusadores de derechos humanos en cualquier lugar.

Masaya se ha convertido en la Sierra Maestra de Nicaragua. A unos veinte kilómetros, al sur de Managua, es el centro de operaciones contra Daniel Ortega y Chayo, su mujer y vicepresidenta. ¿En qué otras zonas del país se mueve la revolución?  No se restringen a una sola zona, realmente es el país entero, en el norte en las montañas, Sebaco, Juigalpa, Jinotepe, Jinotega, Matagalpa, Estelí, Boaco, Diriamba, Masaya, Leon, Granada, etc.

Nadie sabe quién financia este movimiento revolucionario, ni quien lo coordina, pero se habla de líderes estudiantiles, muy bien organizados por zonas, que ocultan su identidad, como Guardabarranco, armados con morteros caseros hechos con tuberías de hierro, que hacen funcionar con unas bombas blancas del tamaño de una pelota de tenis, que usan con destreza las redes sociales y son capaces de movilizar a varios miles de luchadores en pocos minutos. Han construido cientos de barricadas con piedras y adoquines, que resultan de juguete ante el ataque de las fuerzas armadas fieles a Daniel Ortega, que está apoyado también por la inteligencia cubana, que tiene control sobre todo lo que se mueva contra el Gobierno, lo que está provocando la huída de muchos luchadores a los países del entorno. Pero esta red de estudiantes, campesinos y comerciantes, tienen colapsado el país con las huelgas, tranques, barricadas y cortes de carretas. Y esta fórmula dificulta los movimientos por tierra de la Guardia Nacional. Por otra parte la presión que ejercen sobre el gobierno Ortega los países del entorno y los organismos oficiales están llevando a Nicaragua a una situación en la que el desenlace debería ser inminente. Algunas declaraciones de Donald Trump ya han provocado que Ortega reconozca que los “soldados voluntarios” han provocado algunas muertes.