El nacionalismo y el síndrome de la rana hervida - Rosa Díez

Cuando una idea se introduce de forma suave en nuestra vida, sin que apenas tomemos conciencia de ello, la capacidad de reacción de nuestro cerebro está siendo anulada. Podría decirse que estamos siendo manipulados y  que para cuando nos demos cuenta quizá sea demasiado tarde para reaccionar y librarnos de sus consecuencias.

Cuando eso ocurre estamos siendo víctima del denominado síndrome de la rana hervida. Veamos: si echamos una rana en un recipiente con agua hirviendo, la rana saltará inmediatamente. Pero si la introducimos en una olla con agua a temperatura ambiente y encendemos el fuego, la rana se quedará quieta y su cuerpo se irá adaptando a la temperatura del agua que se va caldeando. Cuando el agua llegue al punto de ebullición la rana tratará de saltar, pero ya no podrá hacerlo porque ha agotado toda su fuerza y se ha quedado sin defensas;  y terminará cocida… en su propia salsa. Si a esa rana le hicieran la autopsia determinarían que ha muerto porque su cuerpo no pudo soportar el agua hirviendo; pero eso será una verdad a medias, porque la rana no murió a causa de la temperatura que alcanzó el agua sino porque esperó demasiado antes de decidirse a saltar. O sea que  la rana  murió porque no saltó del agua a tiempo.

Si aplicáramos la teoría de la rana hervida a la situación política que se vive en Cataluña y Euskadi podríamos visualizar un gran charco repleto de ranas

Si aplicáramos esta teoría a la situación política que se vive en aquellos lugares de España en los que existen partidos nacionalistas –particularmente Cataluña y Euskadi- podríamos visualizar un gran charco repleto de ranas hervidas. Lo que inicialmente era una charca se ha ido convirtiendo en un lago gracias a la aportación de varios riachuelos en los que otrora chapoteaban alegremente ranas de distintos colores, tamaños, variedades… Todas ellas tuvieron mucho tiempo para saltar antes de llegar a la charca pero se dejaron atrapar en una especie de destino fatal e ineludible: llegar al lodazal para ver qué es lo que allí se cocía… Y claro, llegaron y se cocieron.

Siempre es mucho más rentable adaptarse al paisaje monocolor de ranas ungidas que seguir siendo los bichos raros del lugar

¿Por qué no se pusieron a salvo las ranas? ¿Por qué no saltaron durante el trayecto? Seguro que hay muchas explicaciones, pero tanto las que  venían de tierras más cálidas como las que eran originarias de aquellos lares y chapoteaban felices mezcladas con sus congéneres de toda raza y color cayeron porque se dejaron llevar y prefirieron adaptarse al ambiente. Resultaba más cómodo creer a quienes les prometían el cielo al final del trayecto que nadar contra corriente; y se dejaron llevar. Era mucho más rentable adaptarse al paisaje monocolor de ranas ungidas que seguir siendo los bichos raros del lugar. Y se dejaron llevar hasta  que finalmente en el valle solo tuvo dos tipos de ranas: las que acababan hervidas y las que seguían manejando los fogones.

Entre funeral y funeral de asesinados por ETA, los nacionalistas de Euskadi iban excluyendo de la vida pública todo lo que oliera a constitucionalismo

Cualquier vasco o catalán que regresara a su tierra tras una ausencia de tan solo veinte años se encontraría con un paisaje que sólo podría explicarse como  consecuencia de una guerra con vencedores y vencidos… o como víctima colectiva del síndrome de la rana hervida. En ambas comunidades y según fuera la circunstancia -en unas ocasiones de forma subliminal y en otras de manera más directa o rotunda- , el nacionalismo nunca ha dejado de inocular el virus de la diferencia para ir “normalizando” a una sociedad otrora plural y abierta  y convertirla en un país monocolor y cerrado en sí mismo. El nacionalismo siempre ha sabido controlar la temperatura esperando pacientemente el momento en el que llevar el agua a la temperatura de ebullición. Por eso cuando la situación política o económica no era proclive para hacer distingos, se sumaban a la mayoría y vivían mejor que nadie.  Esto viene de lejos; solo por poner un ejemplo quizá convenga recordar que en Euskadi estaban tan adaptados al sistema dominante (la dictadura) que  Franco-pudiendo haber elegido cualquier otro lugar de España-  pasaba el verano en San Sebastián y paseaba bajo palio sin ningún temor a que los autodenominados  “gudaris” (que ya intentaron firmar un pacto con Hitler) le hicieran el menor daño. Los nacionalistas vascos han sabido ir tejiendo la cuerda con la que quitar el oxígeno a los vascos disidentes sin que muchos de ellos ni siquiera se dieran cuenta. Y como aquí estaba ETA para ahorcarnos sin disimulo, el nacionalismo que llamábamos “moderado” iba sacando provecho y recogía las nueces, no sin antes haber movido el árbol para que cayeran en su cesto. Eran tiempos en los que, entre funeral y funeral de asesinados por ETA,  todo lo que oliera a constitucionalismo iba siendo excluido de la vida pública. En ese ambiente de miedo físico apenas si merecía un comentario que se excluyera la lengua común de las escuelas, de los nombres de las calles, de la administración… ; o que los mejores profesionales del campo educativo o sanitario no pudieran trabajar en nuestros centros porque el euskera era más valorado que el expediente académico o la formación específica para ejercer su especialidad.

Si miramos hacia Cataluña el panorama, con sus peculiaridades, es el mismo. Cualquier ciudadano que volviera a su casa de Barcelona no solo no reconocería las banderas que ondean en los balcones de sus calles sino que se encontraría una ciudad mucho más cerrada y pueblerina que aquella que abandonó. Si observara el sistema universitario descubriría que las universidades de Barcelona han dejado de ser el destino elegido en primer lugar por para cualquier intercambio o doctorado por los estudiantes de todo el mundo. Si se encontrara con sus amigos de siempre enseguida percibiría que hay determinadas conversaciones que resultan incómodas y es mejor no tenerlas si uno quiere “integrarse”, tener la fiesta en paz y no ser orillado por el sistema. El catalán “de siempre” que pasó veinte años fuera y desconectado descubriría con estupor que en ese país abierto y moderado que siempre consideró el suyo  impera un sistema institucional que considera  que  España y los españoles son sus enemigos y que quien quiera seguir formando parte del paisaje y no convertirse en un extraño lo que debe hacer es callarse; o convertirse a la doctrina verdadera, claro.

El proceso lleva su tiempo pero el éxito está asegurado si se siguen algunas simples reglas

Pero a esta situación  no se ha llegado de la noche a la mañana. Como pasa con el agua en el que se cuecen las ranas, el proceso lleva su tiempo pero el éxito está asegurado si se siguen algunas simples reglas. El secreto está en mantener el fuego encendido: la religión de la diferencia, la identificación del enemigo, la exaltación de “lo propio”, la exigencia de reconocimiento del hecho diferencial (o sea, “somos mejores”), el victimismo frente al “otro”… Y la promesa del paraíso para quienes se sumen a la secta.

La gente – como las ranas-  no es peleona de por si , ni siquiera mayoritariamente mal pensada. Quien les iba a decir a la mayoría de catalanes que los partidos “de orden” a los que siempre votaron iban a terminar yéndose al monte con los más antisistema, con aquellos a los que siempre consideraron un peligro para su estatus. Quien le iba a decir a la gente de Cataluña que siempre les votó que el  “honorable” Pujol y sus herederos políticos iban a organizar un golpe de Estado desde las instituciones catalanas que ellos mismos han ocupado desde que en España hay democracia porque en 1978 nos dimos la Constitución Española. Quien le iba a decir a la mayoría de catalanes que año tras año han votado nacionalista que su partido de siempre se iba a disolver tras saquear a las instituciones y robar dinero a espuertas ; y quien les iba a decir que esos nada honorables ladrones a los que han seguido fieles durante décadas iban a liderar un golpe institucional a ver si así, proclamando la independencia o amenazando con ella, se libraban de la cárcel…

Y quien nos iba a decir a nosotros los vascos -particularmente a todos los que dieron la cara contra ETA y en defensa de la democracia y de las libertades- que a estas alturas nos íbamos a encontrar con los testaferros de los terroristas en las instituciones  mientras la mayor parte de la clase política y mediática se afana en lavar la historia de ETA…

Se que hay explicaciones mucho más complejas en la teoría política para comprender la involución que se ha producido en la sociedad vasca y catalana, pues lo que vivimos en ambos lugares de España no es sino la foto fija de aquello que ha caracterizado la propia historia de la humanidad: la pérdida de valores, el triunfo de la cobardía,  del individualismo, del mal llamado pragmatismo; la ausencia  de pedagogía democrática, la falta de liderazgos políticos comprometidos con la defensa de lo común… Todo ello como consecuencia de una aspiración que se ha demostrado a lo largo de los siglos tan humana como letal: que nos dejen en paz.

Les animo a preguntarse conmigo si no estaremos ante dos casos en los que la explicación más simple termina siendo la más veraz

Pero no me digan que la teoría de la rana hervida no podría explicar con absoluta simplicidad el éxito que ha tenido la doctrina nacionalista entre la prole de ranas otrora libres y cantarinas. Les animo a preguntarse conmigo si no estaremos ante dos casos en los que la explicación más simple termina siendo la más veraz. Y es que quizá no sea casual que Cataluña y País Vasco atesoren el mayor número de estrellas Michelin de toda España: porque todo acaba en la cocina.

Quizá merezca la pena que otro día nos preguntemos qué hubiera pasado –o que podría pasar aún-  si las ranas que saltaron a tiempo y andan por ahí desperdigadas decidieran desalojar a los fogoneros, limpiar y refrescar la charca y repensar su valle dando la bienvenida a los colores y desterrando el blanco y negro…. ¿Mira que si llegamos  a la conclusión de que mientras haya una rana que nade contra corriente es posible que en el menú haya una oferta que vaya más allá de las ancas de rana?

 

1 Comentario

  1. Inteligente Rosa, como siempre … es una lástima que los políticos más votados sean los menos capaces intelectual y moralmente: muestra de la falta de formación y cultura democrática de los votantes, efectivamente … aunque agregaría que también la ley electoral y el sistema de Comunidades Autónomas dificultan la mayor integración entre españoles, la primera otorgándole a los partidos nacionalistas una sobrerrepresentación y peso global que no deberían tener en las Cámaras, y el segundo, al permitir unas excesivas competencias a los gobiernos regionales en detrimento de las atribuciones esenciales del gobierno central … la Constitución dio lo suyo durante 40 años, toca ya modificarla para corregir estas desviaciones y hacer el país más gobernable e integrable en la Unión Europea, que es otro ámbito con mucho que corregir si se quiere mantener el peso económico, político y militar en el ámbito mundial que Europa tradicionalmente tenía … los tiempos cambian y hay que adaptarse, si no, quedaremos simplemente como un museo y un geriátrico … o un parque temático, que visitarán los ciudadanos de otras latitudes más prósperas y nos verán como una curiosidad …