Más madera para Puigdemont - Jorge Valencia

Allá van 4.000 millones de euros más para «Cataluña». En concreto y según el anuncio del presidente del desgobierno español, Mariano Rajoy, esa cantidad es la que invertiremos hasta el año 2020 en obra pública (red de cercanías, carreteras, etc…) en Cataluña, una de las comunidades autónomas más próspera y moderna de España y con un alto índice de renta per cápita en comparación con otras comunidades.

No digo que no haya que invertir dinero en Cataluña o en el resto de comunidades autónomas, que por cierto, ¿Alguien sabe algo de ellas?. Desde luego lo que no puede ser es que estas decisiones se tomen como respuesta a un chantaje. Si hay que invertir en Cataluña, o en Murcia, se invierte, pero en función de las necesidades de la población y según una estrategia común que sea positiva para el conjunto del país.

Cataluña estaría quebrada si no fuese por el Fondo de Liquidez Autonómica

A pesar de todo ello, Cataluña estaría quebrada si no fuese por el FLA (Fondo de Liquidez Autonómica). De esto ya pocos se acuerdan pero el Gobierno de Cataluña ha recibido desde el año 2012 alrededor de 63.000 millones de euros del Estado dentro del plan establecido para el «rescate de comunidades autónomas».  El problema es que hemos destinado cantidades ingentes de dinero para financiar un proceso separatista y todos sus tentáculos, referéndums ilegales, embajadas en el extranjero y todo una serie de despropósitos que el Gobierno nacionalista de Cataluña antepone a las necesidades básicas de los catalanes.

Por supuesto que el Estado debe rescatar, no a Cataluña, sino a los ciudadanos españoles que residen en Cataluña y en cualquier otra parte de España para que puedan disfrutar de unas necesidades básicas cubiertas. Lo que no se puede es entregar millones sin control alguno que acaben financiando la ruptura del mismo Estado que nos protege a todos en vez de destinarse a Sanidad, por ejemplo. En definitiva, que los presupuestos sean finalistas, como ya exigió en su día Rosa Díez al presidente Rajoy sin éxito.

¿Conocen mejor negocio en España que ser separatista de profesión?

Sin embargo, el gobierno del PP cree que así las aguas se calmarán y dejará de arreciar la tormenta del separatismo. La verdad es que no sé a raíz de qué razonamiento, puesto que la lógica que se vislumbra de todo este despropósito es muy clara: Más separatismo, más dinero. ¿Conocen mejor negocio en España que ser separatista de profesión?.

En el caso de que el Estado fuese un padre y el Gobierno de Cataluña el hijo de éste, estaríamos claramente ante el típico caso del menor desobediente y desafiante que desautoriza constantemente a quien tiene autoridad sobre él. El padre estaría malcriando a su hijo ya que intenta «comprar» su voluntad dando por buena su desobediencia. ¿Alguien puede pensar que ese niño reconocerá a partir de entonces la autoridad de su padre y dejará de chantajearlo? Eso no ocurrirá, y además el chantaje será mayor la próxima vez.

En España el tren separatista avanza a toda velocidad sin límite alguno y con la ayuda de Rajoy

Creo que este ejemplo es muy claro pero el problema es que a nuestra ilustrada clase política le gusta más la metáfora de los famosos trenes, cuyo choque entre ambos ha de evitarse por encima de todo. Como si la locomotora del tren separatista no hubiera chocado hace tiempo contra el muro que representa los límites legales establecidos en la Constitución aprobada por todos los españoles (en Cataluña, por cierto, con más del 90% de los votos).  Bueno, eso si hubiera en este país una justicia independiente y un gobierno dispuesto a aplicar la ley.  En el caso de España, el tren separatista avanza a toda velocidad sin límite alguno y con la ayuda de Rajoy, quien alimenta de combustible la locomotora al grito de «¡Más madera!». O sea, más pasta.

Pero más grave todavía es la dejación del Gobierno de España a la hora velar por el cumplimiento de la ley. No se puede negociar con quien ya se ha saltado la ley y anuncia que va a seguir haciéndolo. Es una burla al Estado de Derecho dado que la ley está precisamente para proteger a los ciudadanos de gobernantes despóticos. El artículo 155 de la Constitución debería haberse aplicado hace tiempo, como también pidió Rosa Díez sin éxito. A día de hoy ni el PP está dispuesto a aplicarlo ni la oposición a exigírselo. De hecho, para el PSOE defender el Estado de Derecho es «inmovilismo» y para Albert Rivera aplicar el artículo 155 sería como «matar moscas a cañonazos». De Podemos ni hablo. Me imagino que lo considerará un acto fascista, en el mejor de los casos.

Y aquí viene a mi juicio lo más grave de este asunto: la ausencia de pedagogía democrática. ¿Qué futuro podemos esperar para un país en el que la aplicación de ley se considera un cañonazo y los cañonazos contra la ley, moscas cojoneras sin mayor importancia?. Queda mucho camino por recorrer…