La vida sigue igual - Ramón de Veciana

Las elecciones del 21D dan pie a iniciar esta crónica con la frase de que tenemos una noticia buena y otra mala; en realidad varias malas.

Empezaremos por la buena.

El triunfo electoral de Ciutadans, como primera fuerza en Cataluña, es una excelente noticia

El triunfo electoral de Ciutadans, como primera fuerza en Cataluña, es una excelente noticia para todos en la medida que, de una vez por todas, se visualiza lo que sabíamos; que el nacionalismo no es mayoritario en Cataluña y que el cuerpo electoral de Cataluña está compuesto por un gran número de catalanes que no están por participar en los delirios totalitarios de los nacionalistas catalanes. Por fin la autoestima de los nacionalistas ha quedado gravemente dañada.

Esa gran noticia viene contrapesada con otras malas noticias.

La llamada al voto útil desde muchos medios de comunicación y la virtualidad de las encuestas preelectorales de orientar el voto, en esta ocasión, ha funcionado de una forma implacable alrededor de la figura de Inés Arrimadas en detrimento del Partido Popular y del PSC.

Ha quedado fuera del Parlament Esperanza García, brava diputada del PP que luchó tanto en el plenario como en comisión para que esa estructura de Estado no viese la luz

También es cierto que una legislatura es mucho más que un número de diputados dispuestos a alzar la mano o apretar un botón a la orden del jefe de grupo. La capacidad de alcanzar una mayoría parlamentaria, la inteligencia, la gallardía y el trabajo de los diputados son factores fundamentales para determinar el alcance cualitativo de un grupo parlamentario. No cabe duda que han quedado fuera excelentes diputados, con una probada labor en comisión y en pleno, que ahora ocuparán nuevos y antiguos diputados cuyo mayor mérito es su docilidad o sumisión al líder del partido. Y cuatro años de legislatura son muchos para que se dejen en manos de cualquier diputado. Por ejemplo, aún resuenan en las paredes del Parlament, las palabras del portavoz de Ciutadans, José María Espejo, del día 20 de abril de 2016 apoyando la tramitación del Código Civil catalán, presentado como estructura de Estado independentista por el ahora investigado Carles Mundó, mientras que ha quedado fuera del Parlament Esperanza García, brava diputada del PP que luchó tanto en el plenario como en comisión para que esa estructura de Estado no viese la luz. Sabemos que las elecciones no siempre eligen ni a los más capaces, ni a los mejores; y que alguno hasta llega a la Mesa del Parlament.

Lo cierto es que el resultado electoral de las fuerzas no nacionalistas (Cs, PSC y PP) resulta escaso para plantearse un gobierno alternativo, lo cual nos ahorra ver el triste espectáculo de la incapacidad de estos grupos de llegar a un acuerdo parlamentario o de gobierno que sacase a Cataluña del atolladero independentista; como así nos anticiparon en los debates electorales. Ya se vio que todos actuaban únicamente en clave electoral y con evidente falta patriotismo constitucional, altura de miras y visión de Estado. Quod natura non dat, Salmantica non præstat.

El electoralismo sin límites de estos dos partidos y sus líderes, Albert Rivera y Pedro Sánchez, nos deja nuevamente a los catalanes inermes frente al independentismo totalitario

La prematura convocatoria de elecciones autonómicas impuesta por Ciudadanos y el PSOE para apoyar la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña ha derivado en que, previsiblemente, dentro de poco toda la Administración catalana y el cuerpo de los Mossos pasen intactos nuevamente a manos de quienes los han estado utilizando para cometer los delitos de rebelión o sedición. El electoralismo sin límites de estos dos partidos y sus líderes, Albert Rivera y Pedro Sánchez, nos deja nuevamente a los catalanes inermes frente al independentismo totalitario al impedir que el Gobierno y los Tribunales hayan tenido tiempo de realizar una democrática labor profiláctica en defensa de la libertad, la democracia, el pluralismo político y la neutralidad de las administraciones públicas. Eso redundará, inevitablemente, en una inseguridad jurídica permanente y en una continua sangría de empresas, inversiones y depósitos que huyen de Cataluña. Que la historia se lo demande.

Hubo elecciones el 21 de diciembre pero, en realidad, como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual.