Elemental mi querido Watson - Marina de Quevedo Pueyo

Sherlock Holmes, antes de resolver un caso, comprendía los hechos y los problemas a abordar, definiéndolos de la manera más concreta posible, para posteriormente poder plantear una hipótesis sobre la que trabajar. Aún con todo, el resultado no es estático, los tiempos y las circunstancias cambian y cuando esto ocurre nosotros, como Sherlock, debemos volver y revisar la hipótesis.

Y esto es lo que no ha ocurrido en España. Se ha producido una inversión del pensamiento, donde primero tenemos la hipótesis a la que intentamos adaptar la realidad. Una única conclusión indiscutible aplicada a la ciudadanía en su conjunto.

Vox ha conseguido en Andalucía unos resultados que no logrará de nuevo en próximas elecciones

Vox ha conseguido en Andalucía unos resultados que no logrará de nuevo en próximas elecciones. Su entrada ha sido el resultado de que los partidos que ya contaban con representación parlamentaria han ignorado una vez más la voz de los ciudadanos, no han sabido leer la realidad nacional y han actuado en pos de una ideología en detrimento del bien común. Del bien común, de la salud de nuestra democracia y del Estado de Derecho para ser más concretos.

La nueva “élite”, formada por el aparato de los partidos más ideologizados y por los líderes de opinión de los medios de comunicación histéricos, ha convertido la política, y fundamentalmente el debate y la contraposición de ideas en relación con la misma, en un espectáculo, han usado la comunicación como una herramienta propagandística a su servicio, y el fin de la propaganda es persuadir, no reflexionar. La tiranía de la visibilidad se ha convertido en una coacción al razonamiento, se han servido de la estética para esconder la reflexión, y su estetización ha sido, en definitiva, anestésica.

En contraposición con el pensamiento crítico de Holmes del que hablaba antes, caracterizado por el escepticismo, por mentes inquisitivas y curiosas que no asumen nada sin que haya sido previamente examinado, esta nueva élite, promueve un tratamiento superficial de nuestros problemas.

Pensamientos perezosos, digestión de ideas de manera automática, pulsiones emocionales… una ideología voraz que acaba con cualquier raciocinio. Los partidos, y en un sentido más amplio los medios de comunicación, también deberían colaborar para servir al interés general, sin embargo, el pensamiento crítico ha sido sustituido por un impulso animal.  Ya apuntaba Simone Weil en 1950 que los partidos políticos son una organización construida para ejercer una presión colectiva sobre el pensamiento de cada uno de los seres humanos.

La hipótesis no es el resultado del análisis y la compresión de las necesidades reales de los ciudadanos, sino la proyección de los deseos de una élite ideologizada

La hipótesis no es el resultado del análisis y la compresión de las necesidades reales de los ciudadanos, sino la proyección de los deseos de una élite ideologizada conforme a una idea determinada de antemano.  La verdad ha sucumbido a causa de la ideología, han renunciado a la realidad –y a la libertad intelectual-, en busca de una autoconfirmación de sus ideales y principios, que encima tienen que ser erga omnes. Los ciudadanos dejamos de contar hace tiempo, los partidos no quieren representarnos, ni defendernos, quieren nuestro voto para llevar a cabo sus ideas a cualquier precio. Aún a costa del Estado de Derecho.

Hemos llegado a un momento en el que no se piensa más que en términos de “a favor” o “en contra”, el beneficio ideológico ha sustituido al beneficio colectivo. Buscan la diferenciación del adversario político y en el camino olvidan a los ciudadanos detrás de ese adversario. Cuando al anteponer su hipótesis –su deseo- a las necesidades comunes los resultados no son los esperados, no evalúan los problemas ni replantean la hipótesis, sino que culpan a los ciudadanos.

Vivimos un momento en el que no se está trabajando por un bien común, ni para que la mejor idea salga adelante, es un momento en el que se aparta directamente al contrario, mediante argumentos ad hominem, y la voluntad de la ciudadanía es tamizada e interpretada por la ideología partidista y el ansia de poder.

La entrada de Vox en el parlamento andaluz es la canalización de la frustración ciudadana por no haber sido escuchada ante la falta de protección de la unidad de España, principalmente como garante de nuestros derechos. Supone un toque de atención que propiciara un cambio en la tendencia actual. Será irrepetible –al menos en lo que a número de representantes se refiere-, porque obliga a revisar, aunque sea de manera táctica, la hipótesis planteada. Tal como ocurrió con la indignación durante la crisis económica y el auge de Podemos o la corrupción del bipartidismo para Ciudadanos

La perversión del debate por parte de los partidos políticos y los medios de comunicación, ha excluido a la ciudadanía tratándoles como menores de edad perpetuos, sin criterio, sin pensamiento propio, sin voz.

Si fuéramos capaces de compartir unos principios básicos podríamos concretar con mayor precisión que es o no inadmisible. Una mayor tolerancia a la discrepancia, siempre dentro de la legalidad, nos hubiera facilitado determinar los límites de la convivencia.

Han despreciado a la ciudadanía, han corrompido el sistema en pos de victorias personales y ahora les va a tocar despertar.

Elemental, mi querido Watson.

 

Graduada en Derecho y Relaciones Internacionales, y actualmente estudiando un Máster en Derecho de la Unión Europea.