El Estado es mi pastor - Francisco G Alcón

El Estado es mi pastor, nada me falta.

El Estado se preocupa de que nadie comercie con drogas, el Estado sabe que el hombre es débil y por eso lo protege, el Estado sabe que si las drogas fueran accesibles y se pudieran comprar y vender en lugares autorizados sucumbiríamos ante ellas y todos nos volveríamos drogadictos. Lo del tabaco y el alcohol ya es tarde para evitarlo, y ya que está ahí esa realidad, es bueno aplicarle un diezmo. Es un dinero que los pecadores que consumen esos endemoniados productos deben pagar con alegría, porque es para el Estado y el Estado sabe cómo mejor invertirlo.

El Estado es mi pastor, nada me falta.

El Estado impide que las mujeres hagan negocio con su cuerpo, impide que puedan quedar embarazadas a cambio de dinero y puedan gestar un hijo para una pareja que lo quiera y lo pueda pagar. El Estado sabe que si algo así fuera legal muchas mujeres, débiles como todos sabemos que son las mujeres, especialmente las pobres, elegirían ganar dinero de esta forma, y aunque creyeran que lo hacen en libertad, el Estado sabe que no sería un ejercicio de libertad, pues el Estado sabe que ninguna mujer haría eso libremente, sino presionada por la necesidad. Al prohibirlo, el Estado está salvando a esas mujeres de sí mismas.

El Estado es mi pastor, nada me falta.

Hay mujeres y hombres que deciden libremente prostituirse, ofrecer servicios sexuales a cambio de dinero, el Estado no lo impide, pero no hace nada por reconocer ese trabajo como algo legal, darle estatus de trabajadoras y otorgarles los derechos laborales de los que gozan el resto. Lo hace así porque aunque ellas crean que esa es una actividad que ejercen en libertad, el Estado sabe que eso no puede ser, lo hacen obligadas por la necesidad o por el afán de lucro, por tener un nivel de vida que no necesitan. El Estado no puede legitimar algo así, porque sabe que no está bien vender el cuerpo, es algo indigno y denigrante, casi tanto como esas actrices y actores que representan tórridas escenas sexuales, o las modelos que muestran su cuerpo en publicidad, pero eso ya se le fue de las manos, y aunque el Estado sabe que debería prohibirlo, no sabe cómo. Quizá si todos vistiéramos igual, de color gris por ejemplo, no harían falta modelos, ni publicidad, y si se prohibiera la pornografía, nadie tendría la tentación de usar su cuerpo de ninguna forma para ganarse la vida… Si oramos lo suficiente y sobre todo votamos adecuadamente a los defensores del Estado, quizá algún día el Estado pueda hacerse con el valor necesario para hacer lo que hay que hacer.

El Estado es mi pastor, nada me falta.

Los licenciados en Derecho, los Ingenieros, los Arquitectos y otros profesionales aunque hayan acabado sus estudios y obtenido su título, deben colegiarse para ofrecer un servicio profesional de calidad. Los colegios profesionales son necesarios porque visan los proyectos, les ponen un sello y de esta forma garantizan que los insensatos ciudadanos y los despistados profesionales  no se las arreglen solos. El Estado sabe que esto es bueno para que todo funcione y por eso lo mantiene.

El Estado es mi pastor, nada me falta.

Está bien que los farmacéuticos no puedan abrir farmacias libremente donde quieran. ¿Y si compiten entre ellos y se produce un exceso de farmacias en un sitio y una carencia en otros lugares? Podría ocurrir que en las ciudades y zonas muy pobladas abundaran las farmacias y en los pueblos pequeños y zonas rurales no. Exactamente como ocurre con los bares, ferreterías o peluquerías… ¡Menos mal que el Estado está ahí para evitarlo!

El Estado es mi pastor, nada me falta.

Los profesionales que manejan las grúas para bajar y subir las mercancías de los buques en los puertos, estibadores se llaman, tienen unos riesgos, una responsabilidad, un conocimiento, una experiencia, que en absoluto tienen los profesionales que llevan los contenedores por carretera, camioneros se llaman, y que tampoco tienen los carretilleros y gruistas de las industrias, las minas, las obras de construcción civil…, por eso es bueno que ganen más, que trabajen menos horas y que puedan decidir quiénes pueden llegar a hacer ese trabajo, priorizando a sus familia. No hay nada más importante que la familia. El Estado sabe que es bueno que esto sea así, por eso ha mantenido durante décadas esta situación. Por desgracia, el día que el Estado decidió ceder soberanía a la Unión Europea, perdió la capacidad de mantener y proteger cosas buenas como ésta, y se ha visto, muy a regañadientes obligado a reconsiderarlo. Es necesario que oremos y votemos adecuadamente para que el Estado se replantee lo de la Unión Europea, que como todos sabemos, no ha traído nada bueno.

El Estado es mi pastor, nada me falta.