Colombia - Francisco JG Alcon

Hace apenas un mes, el pasado 17 de junio, los algo más de 48 millones de colombianos eligieron nuevo presidente. El derechista Iván Duque ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales frente al líder de la izquierda, Gustavo Petro. El próximo 7 de agosto está prevista su toma de posesión.

La visita de Iván Duque, a diferencia de la del expresidente norteamericano, pasó bastante inadvertida para los medios españoles, en línea con la habitual indiferencia con la que se mira a Hispanoamérica

El 6 de julio estuvo en Madrid para impartir una conferencia en una jornada internacional sobre Economía Circular organizada por la ALF (Advanced Leadership Foundation), junto al expresidente de los EEUU Barack Obama. La visita de Iván Duque, a diferencia de la del expresidente norteamericano, pasó bastante inadvertida para los medios españoles, en línea con la habitual indiferencia con la que se mira a Hispanoamérica pese a los fuertes lazos que nos unen. El futuro presidente colombiano fue recibido por su majestad el rey Felipe VI, por el ministro de Exteriores Josep Borrell, por el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez y por un tal Pedro Sánchez, presidente del gobierno de España.

Solo diecisiete días antes, los 350 representantes de los 46 millones y medio de españoles, de unos más que de otros en virtud de una infame ley electoral, habían elegido presidente del gobierno a Pedro Sánchez, o más bien habían elegido echar de la presidencia del gobierno al ganador de las elecciones, Mariano Rajoy.

Intentar explicar la política colombiana a los españoles y la española a los colombianos es misión compleja, este artículo sólo aspira a ofrecer unas pinceladas.

Política colombiana para españoles

El pueblo colombiano no tuvo muchas dudas y volvió a no equivocarse en las urnas, respaldando por más de dos millones de votos de diferencia al liberal Duque frente al castrochavista Petro. A Gustavo Petro le disgusta el calificativo de castrochavista, pero lo cierto es que el exalcalde de Bogotá ha sido durante mucho tiempo fiel defensor del chavismo venezolano, practicante de una política populista, plagada de ocurrencias entre zapateriles y podemitas, que como alcalde no han llegado a ser peligrosas gracias a que las competencias de un alcalde y por tanto su capacidad de hacer daño, son limitadas.

Monedero ha ido a Bogotá en varias ocasiones durante los últimos años a vender las recetas bolivarianas de su fallecido patrocinador Hugo Chávez, por el que lloró orinocos de lágrimas. Petro, para no faltarle un detalle, es un Otegui colombiano, en su juventud terrorista del M19 o guerrillero, como gusta a la izquierda hispanoamericana y española denominar a los terroristas. Para ser del todo justos hay que decir que los distintos gobiernos colombianos durante estos 65 años no han sabido evitar darle estatus de ejército enemigo a los terroristas: combatirlos con medios militares, no policiales, abatirlos y no detenerlos y juzgarlos, combatirlos con guerra sucia, si es que puede haber una guerra limpia, dejarles dominar zonas del territorio…, todo ello otorgó condición de soldados a los que no eran más que simples terroristas. Ha sido inevitable hablar de guerra, de conflicto y por ende ahora de paz, y aunque los españoles tengamos la tentación de hacer la inevitable comparación, hay poco que comparar.

La entusiasta sociedad colombiana, joven, vital, emprendedora, tiene demasiado cerca a Venezuela o a Nicaragua como para ignorar los peligros del comunismo del siglo XXI, del que ha sabido defenderse

Por suerte, la entusiasta sociedad colombiana, joven, vital, emprendedora, tiene demasiado cerca a Venezuela o a Nicaragua como para ignorar los peligros del comunismo del siglo XXI, del que ha sabido defenderse. En la primera vuelta de las presidenciales, en el mes de mayo, que también ganó Iván Duque, ya estuvo a punto de dejar fuera de la carrera al izquierdista en favor del centrista Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín y exgobernador de Antioquía, que finalmente quedó en un meritorio tercer lugar a tan sólo 250.000 votos de Petro.

En un país tan polarizado por uribistas y antiuribistas el centro no es un territorio fácil. De hecho, la larga sombra del expresidente Uribe, amado y odiado por igual, condiciona drásticamente la vida política colombiana. El propio Iván Duque, representante del uribismo, ganó la consulta interpartidista de la derecha al conservador Alejandro Ordóñez y a Marta Lucía Ramírez no por su experiencia o popularidad, sino por haber sido ungido por Uribe. Incluso en las encuestas del año pasado, previas a la proclamación de los candidatos, ya aparecía en primer lugar “el que diga Uribe”.

Las consultas interpartidistas son una especie de primarias abiertas a toda la ciudadanía y que no conciernen a un solo partido sino a bloques o coaliciones que voluntariamente deciden acceder a esta fórmula de preselección de candidatos presidenciales. En este año electoral colombiano se celebraron el 11 de marzo aprovechando la maquinaria electoral de las legislativas mediante las que se eligió a Senadores y Representantes. La consulta de la izquierda la ganó Petro a Carlos Eduardo Caicedo y la de la derecha Duque.

Esa es otra particularidad del sistema electoral colombiano, los ciudadanos en las presidenciales no votan solo a un presidente sino a un tándem presidente y vicepresidente, por lo que el presidente electo no tiene las manos libres para sustituirlo.

A la primera vuelta de las presidenciales el 27 de mayo concurrieron otros candidatos, German Vargas, vicepresidente del actual gobierno de Juan Manuel Santos, a quien hace un año todas las encuestas daban por ganador, que quedó cuarto tras Fajardo, y Humberto de la Calle, que concurría con el marchamo de haber sido el jefe del equipo negociador de los Acuerdos de Paz de la Habana con las FARC. Otros candidatos se retiraron a lo largo del año o unieron sus fuerzas a otras candidaturas. De hecho la candidata derrotada en la consulta interpartidista de la derecha, Marta Lucía Ramírez, se integró finalmente en la fórmula presidencial del ganador, Iván Duque, y será la próxima vicepresidenta de Colombia. Esa es otra particularidad del sistema electoral colombiano, los ciudadanos en las presidenciales no votan solo a un presidente sino a un tándem presidente y vicepresidente, por lo que el presidente electo no tiene las manos libres para sustituirlo. De hecho el presidente Santos ha tenido que tragar en esta legislatura que acaba incluso con una huelga por la política de vivienda pública alentada por su vicepresidente Germán Vargas.

En la política colombiana los partidos tienen un papel secundario frente al de los candidatos. El sistema presidencialista lo facilita pero no es la única razón, incluso en las elecciones legislativas, al Senado mediante circunscripción nacional o a la Cámara de Representantes mediante circunscripciones departamentales, los candidatos protagonizan la campaña. Las candidaturas no únicamente pueden ser presentadas por partidos políticos tradicionales. Los candidatos pueden ser avalados por un partido, un movimiento político o social o un grupo significativo de ciudadanos. Bajo estas tres fórmulas se pueden inscribir y presentar listas. Además, desde 2003, cada candidatura puede optar por presentar una lista abierta, en la que el ciudadano identifica y ordena a los candidatos que prefiere, o cerrada, en la que se elige la candidatura completa y el orden en el que los candidatos aparecen en la lista determina la elección. En las legislativas de marzo al Senado, 17 partidos optaron por las listas abiertas frente a sólo 6 que las prefirieron cerradas.

Este sistema permite que en Colombia no sea extraño oír la pregunta entre ciudadanos “¿por qué partido se presenta este año tal o cuál político? Y es que el transfuguismo, la creación de partidos personalistas, las fusiones, las adhesiones, traiciones y apoyos cruzados y circunstanciales entre candidatos de partidos distintos están a la orden del día. ¿Significa esto que no hay ideología? Ni mucho menos, el debate político es ideológico, permanente y tremendamente vivo. Más quisiéramos tener en España la misma conciencia política ciudadana y el reconocimiento personal del poder del voto, al menos entre la creciente clase media e instruida. Los estratos más pobres también son muy conscientes del valor del voto, por desgracia literalmente pues, aunque es una práctica en retroceso, es común entre los líderes sociales y comunitarios vender el voto de sus representados al mejor postor, y entre los candidatos comprarlo.

Ideológicamente hay un amplio espectro de partidos y fuerzas políticas, desde la derecha conservadora a la ultraizquierda de las FARC recién llegada del monte, con 13 partidos representados en el Senado y 17 en la Cámara de Representantes, aunque sólo 6 suponen el 80% de ambas cámaras, donde liberales y conservadores, aunque divididos, son mayoría frente a socialdemócratas y progresistas.

La controvertida figura del expresidente Álvaro Uribe, que por ley no puede volver a presentarse, divide a los ciudadanos

Como decíamos, la controvertida figura del expresidente Álvaro Uribe, que por ley no puede volver a presentarse, divide a los ciudadanos. Uribe supuso un revulsivo para Colombia, la Colombia de hoy no se podría entender sin su mandato, sus reformas económicas liberales y su implacable lucha contra la guerrilla y el narcotráfico. Encontró en Bush un aliado estratégico y compartió con Aznar algo más que ideología. Sus odiadores le acusan de fomentar la guerra sucia y el paramilitarismo y de ser sólo un enemigo selectivo del narcotráfico. Lo cierto es que llegó al poder libre de ataduras sin el auspicio de un partido tradicional, creó el propio y con un estilo agresivo y caudillista cultivó un liderazgo que 8 años después sigue incólume. En 2010 auspició la candidatura de su ministro de defensa, Juan Manuel Santos, que tras ganar negó a su mentor convirtiéndose en su principal crítico. Esto nos debe sonar a los españoles, estilos personales al margen. Las batallas entre Santos y Uribe en tuiter han sido épicas, de eso nos han privado Aznar y Rajoy.

Santos se embarcó en la única misión de lograr el acuerdo de paz con las FARC, pasar a la historia como el presidente que acabó con la guerra y ganar el Nobel, o quizá las tres cosas a la vez, y para ello aceptó hacer concesiones que el pueblo colombiano, alentado por Uribe, no ratificó. El revés del referéndum no le impidió firmar la Paz y ganar el Nobel. Lo de acabar con la violencia no va a ser posible. La ausencia del Estado durante décadas en buena parte del territorio hizo que su papel lo asumieran las FARC, el ELN, los paramilitares o los narcos. El acuerdo de paz formal con las FARC (sigue pendiente el ELN y algunos frentes disidentes de ésta), no puede evitar que el camino hasta la ausencia de violencia sea tortuoso. Los cultivos ilícitos o la minería ilegal son grandes negocios que no van a erradicarse de la noche a la mañana sin un esfuerzo titánico y sostenido en el tiempo por parte del Estado, y en este camino va a seguir habiendo muertes. Son más de 300 los líderes sociales rurales asesinados en los últimos tres años en los territorios conflictivos de Colombia. Por suerte, en ese gran país coexisten distintos mundos, ciudades y territorios con estándares casi europeos en materia de seguridad, donde se puede vivir, hacer turismo o negocios sin mayores problemas, y zonas peligrosas no aptas ni para los colombianos más valientes.

Tras la primera legislatura, en 2014, las cosas no le habían ido del todo mal a Santos, Colombia estaba ilusionada con la posibilidad de acabar con el conflicto armado y mantenía la senda del crecimiento económico. El candidato de Uribe, Oscar Iván Zuloaga, estuvo cerca pero no pudo derrotar al presidente en la segunda vuelta. Esta vez, dos legislaturas después, el que ha dicho Uribe sí ha ganado de forma rotunda, evitando de esta forma que Colombia cayera en manos de Petro, el representante del eje bolivariano, aunque viendo como han acabado Correa, Rousseff, Lula, Cristina Kirchner o van a acabar Morales, Maduro y Ortega, casi que se puede decir que el pueblo colombiano le ha hecho y sobre todo se ha hecho un favor.

Con todo, lo más extraño de la política colombiana, me pueden creer, es que nadie, absolutamente nadie, cuestiona la mayor, el sistema político de la democracia más antigua de Hispanoamérica, con un legado electoral continuo desde 1830, solo interrumpido de 1953 a 1957 por la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla, que duró cuatro años (sí, cuatro, no cuarenta), lo que una legislatura, que fue apoyada por la mayor parte de los partidos y la población y que además supuso avances en la cultura democrática como el voto femenino. Esto hace que tanto la extrema izquierda como la extrema derecha tengan una sola bandera, la colombiana, y un solo himno, el colombiano, y una sola verdad histórica, la colombiana… ¿Son raros, verdad? A ello hay que añadir que los movimientos separatistas, habiendo existido (proclamación de la República del Caribe en 1966 por el alcalde de Barranquilla, Vicente Noguera, o el movimiento independentista liderado por Marcos Archbold en las islas de San Andrés y Providencia también en los sesenta), fueron sofocados como se sofocan estas cosas en los países serios que tienen un mínimo de orgullo nacional y sentido práctico. Y ello teniendo en cuenta que los hechos diferenciales de los sanandresanos sí son relevantes: religión mayoritaria protestante frente a la católica, protagonismo de comunidad étnica raizal o un idioma propio como el inglés criollo sanadresano.

En resumen, Iván Duque tiene por delante al menos 4 años para mantener a Colombia en el liderazgo regional, para seguir haciendo del país una locomotora de desarrollo en toda Hispanoamérica, un referente cultural, comercial, empresarial, al que le quedan importantes retos y serios problemas que resolver, pero que no se despista de su rumbo con veleidades neomarxistas como las que tienen en la más absoluta miseria a su vecina y hermana Venezuela.

Política española para colombianos

Esta parte es más difícil de explicar.

¿Cómo se explica que los grandes pactos de Estado entre las grandes fuerzas políticas a lo largo de estos cuarenta años de democracia se puedan contar con los dedos de la mano y sobren dedos?

¿Cómo se explica que tenemos desde hace casi dos meses un nuevo presidente con 84 diputados, el 24% del total del Congreso? ¿Cómo se explica que para lograrlo ha concitado el apoyo del populismo izquierdista anticapitalista, independentistas y exterroristas…? ¿Cómo se explica que esto es posible porque los grandes partidos españoles han preferido soportar durante décadas el permanente chantaje de los nacionalistas desleales que reformar una ley electoral que permitiera que al Congreso, poder legislativo, se llegara mediante elecciones con circunscripción nacional como al Senado colombiano para que las minorías no condicionaran a la mayoría? ¿Cómo se explica que los grandes pactos de Estado entre las grandes fuerzas políticas a lo largo de estos cuarenta años de democracia se puedan contar con los dedos de la mano y sobren dedos? ¿Cómo se explica que las listas abiertas o desbloqueadas no existen porque los partidos tienen miedo a perder el control clientelar y cautiverio de sus candidatos?

¿Cómo se explica que haya comunidades autónomas que amparadas en derechos medievales puedan disfrutar de una sobrefinanciación que les permite dedicar mucho más recursos públicos por habitante a sanidad o educación que la media?

¿Cómo se explica que buena parte de la izquierda se avergüence de su bandera, de su himno, de su Constitución democrática, de su transición tras cuarenta años de dictadura y considere fascistas a los que defienden la unidad y la igualdad entre españoles?

¿Cómo se explica que el poder económico haya parasitado el sistema de tal forma que los reguladores públicos no regulen, que se repartan licencias y concesiones arbitrariamente en pago a favores, que los ministros acaben en los consejos de administración de las grandes empresas, que a golpe de teléfono y portadas se destruya a políticos honrados, se promocione a los que no lo son, que el oligopolio eléctrico redacte las leyes que protegen sus cuentas de resultados…?

¿Cómo se explica que a los jueces los ponen y los quitan otros jueces a los que ponen y quitan los políticos y pese a ello en la judicatura hay atisbos de independencia y se ha constituido junto a la Corona en el único baluarte contra el independentismo felón?

¿Cómo se explica que con una tarjeta de una agencia pública se hayan gastado 15.000 € en prostitutas? ¿Cómo se explica que el cuñado del Rey, jefe del Estado, esté en la cárcel, que la presidenta de la Comunidad de Madrid haya tenido que dimitir porque la grabaron robando cremas en un supermercado, que el partido que ganó las elecciones tenga tres expresidentes autonómicos encarcelados por corrupción, que tuviéramos un ministro que tuvo que dimitir a los 4 días del nombramiento por fraude fiscal, que el nuevo presidente use el avión oficial para ir a un concierto de rock con su mujer, que la vicepresidenta quiera cambiar la Constitución para feminizarla, que la prioridad nacional sea desenterrar al dictador que murió en 1975 para cambiarlo de sitio?

¿Cómo se explica que el presidente de una comunidad autónoma considere bestias inmundas y seres inferiores a los españoles? ¿Cómo que se haya producido un golpe de estado desde un poder regional, haya actuado la justicia conforme a las leyes, y separatistas y una parte importante de la progresía nacional hablen de presos políticos? ¿Cómo se explica que media Cataluña esté enfrentada a la otra media con permanentes performances callejeras, una parte poniendo cruces y lazos amarillos en los espacios públicos y la otra quitándolos o resignada, que las televisiones públicas se estén usando para sembrar odio y división, mentir y manipular, que experimentados médicos estén abandonando una comunidad autónoma deficitaria en profesionales sanitarios porque no pueden acreditar el conocimiento del catalán aunque el 100% de la población hable español…?

¿Cómo se explica que grupos organizados puedan acosar, dar una paliza y echar de su pueblo a una joven por ser novia de un guardia civil y que al actuar la justicia, la presidenta de la comunidad autónoma, alcaldes y políticos de distintos puntos de España salgan en defensa de los agresores? ¿Cómo se explica que las víctimas de más de 800 crímenes tengan que soportar homenajes públicos en sus pueblos a los asesinos y ver a los compinches de estos sentados en las instituciones intentando cambiar el relato histórico del terrorismo?

¿Cómo se explica que el líder del partido más radical de la izquierda, defensor de Maduro y Ortega, y promotor de la colectivización de la economía o la prohibición de los medios de comunicación privados se haya comprado una lujosa mansión con piscina en una urbanización de alto nivel? ¿Cómo se explica que el recién nombrado director del Instituto Cervantes tenga el propósito de promocionar las lenguas regionales en el mundo frente al español, que es la misión del organismo, y que escribiera un artículo en defensa de la asesina confesa de un niño de ocho años, que echáramos al seleccionador nacional a dos días de empezar el mundial, que tengamos un ministro astronauta y ello sea la mejor noticia que nos ha dado el nuevo gobierno?

Dice un cuento colombiano, que ellos mismos cuentan con ironía, que cuando Dios hizo el mundo decidió que a Colombia le tocarían dos océanos, inmensos recursos hídricos, petróleo, oro, esmeraldas, una naturaleza prodigiosa, una agricultura fértil, unos paisajes impresionantes, la mayor diversidad de aves del mundo, un clima suave y muchas más riquezas… Y alguien le dijo: “¿Dios, no te parece desproporcionado e injusto darle tanto a Colombia y tan poco a otros?” Y Dios respondió: “no te preocupes, ya verás la gentecita que le voy a poner para compensar”. El 94% de la población colombiana tiene en mayor o menor medida ascendencia española. Ahí lo dejo.

De verdad queridos colombianos, me resulta muy difícil explicar mi país. Sé que es un gran país, con una madera humana capaz de lo mejor, indestructible, generoso y muchas veces ejemplar, pero empeñado en suicidarse cada día, envenenándose a pequeños sorbos de odio y rencor…