Cataluña se hunda - Rosa Díez

Formo parte de ese numeroso grupo de ciudadanos españoles que el día 3 de octubre de este mismo año se pegaron al televisor expectantes para escuchar las palabras del Jefe del Estado, Felipe VI, que iba a opinar en público por primera vez tras el golpe de Estado perpetrado por el Gobierno de Cataluña y las instituciones catalanas sometidas al mandato de los nacional-independentistas.

También pertenezco al grupo –no se cuán numeroso- de ciudadanos que se temían lo peor de esa comparecencia. Confieso que temí que Felipe VI pronunciara la palabra diálogo y demostrara así no estar a la altura ni de los tiempos ni del mejor tiempo de su padre el Rey Juan Carlos cuando la noche del 23F salió a defender la Constitución y la democracia sin ningún tipo de peros, remilgos o ambigüedades. Confieso que suspiré aliviada cuando le escuché denunciar -en castellano claro y directo, sin circunloquio alguno-, que las autoridades autonómicas catalanas “han pretendido quebrar la unidad de España y la soberanía nacional” y que “por todo ello, ante la situación de extrema gravedad, es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el funcionamiento de las instituciones del estado”.

Esperé impaciente que llegara el día en que Mariano Rajoy decidiera activar el artículo 155 de la Constitución para defender el orden constitucional y el interés general

A partir de ese momento esperé impaciente que llegara el día en que Mariano Rajoy decidiera activar el artículo 155 de la Constitución para defender el orden constitucional y el interés general en una parte de España en la que Gobierno y Parlamento Autonómico estaban actuando de forma despótica, creyéndose por encima de la ley, pisoteando los derechos de la oposición y despreciando las sentencias de los tribunales.

Conviene recordar que Ciudadanos pasó de decir que era innecesario a recomendar a Rajoy que no lo aplicara, para después poner como condición que la aplicación del 155 fuera solo para convocar elecciones de forma inmediata

Confieso que en más de un momento temí que el Gobierno no diera el paso, pues el empeño de Rajoy de actuar con el consenso del PSOE y de Ciudadanos complicaba mucho la situación. El Gobierno tenía la capacidad – y los votos en el Senado- para hacerlo en solitario, aunque es comprensible que quisiera sumar a ambas fuerzas del llamado “bloque constitucionalista”, aunque esa denominación –o lo que debiera representar- esté cada vez más en entredicho. Como la memoria es frágil habrá quien al leer esta afirmación piense que Rajoy siempre contó con el apoyo de Ciudadanos y de una parte del PSOE. Pero conviene recordar que Ciudadanos pasó de decir que era innecesario a recomendar a Rajoy que no lo aplicara ( la última vez que yo recuerde portada del 3 de setiembre de El Mundo), para después poner como condición que la aplicación del 155 fuera solo para convocar elecciones de forma inmediata; y que el PSOE pasó de decir NO a brindar su apoyo siempre que fuera por un periodo corto y que no hubiera intervención ninguna en la televisión pública catalana, auténtico avispero de propaganda golpista. Y que ambos, Ciudadanos y PSOE, coincidían en que no había que intervenir en la escuela pública catalana que lleva años adoctrinando a varias generaciones en el odio a España y a los españoles.

Con esos mimbres hizo Rajoy la cesta. Y transcurridos 18 días desde la comparecencia del Rey, Mariano Rajoy anunció la activación del artículo 155 para convocar elecciones y destituir a Puigdemont y su Gobierno. Confieso que a pesar de todo suspiré aliviada: me pareció globalmente una buena noticia la decisión del Gobierno de España de aplicar el artículo 155 de la Constitución para restaurar en Cataluña la democracia y el respeto a las leyes.

Me pareció muy negativo el hecho de que se utilizara el artículo 155 de manera demasiado coyuntural y acaso electoralista, como de tapadillo

Pero nunca vi claro la decisión de Rajoy de convocar elecciones en un plazo de tiempo tan corto. No solo por lo emocional (todo estaba aún muy reciente y por si fuera poco era inevitable pensar en que coincidirían con situaciones de alta tensión judicial) sino porque me pareció muy negativo el hecho de que se utilizara el artículo 155 de manera demasiado coyuntural y acaso electoralista, como de tapadillo, pudiendo dar así la razón a quienes lo consideraban una afrenta contra la autonomía. Pensé que se estaba perdiendo una oportunidad de oro para aplicarlo de forma completa y templada y demostrar en la práctica que era un buen instrumento para regenerar la democracia allá donde se ha burlado y la única manera de devolver la autonomía a las instituciones catalanas que habían sido secuestradas por los golpistas.

Las prisas en intentar que no se notara el 155 no me parecieron nunca una buena decisión política, un tufillo a acomplejados que contribuía a engordar el caldo de cultivo cocinado por todos aquellos que habían demonizado ese artículo hasta el extremo. Y no me refiero solo a los separatistas o nacionalistas varios, sino también a los propios constitucionalistas que fueron siempre muy remisos a aplicarlo no por la excepcionalidad sino porque, en el fondo, nunca han perdido la esperanza de pastelear con los mismos que perpetraron el golpe. El hecho de que Rajoy convocara las elecciones en el misma comparecencia en la que anunció el resto de medidas que se iban a implementar contribuyó a que los ciudadanos entendieran que el objetivo principal de la aplicación del citado artículo no era convocar elecciones autonómicas y no restaurar la democracia en Cataluña. Creo que eso pervierte el objetivo mismo de este artículo de nuestra Constitución, pues los constituyentes no lo redactaron y lo incluyeron en el texto para convocar elecciones sino para restaurar el orden constitucional y solo después, cuando eso ya se hubiera conseguido, convocar elecciones. Aquí pareciera que alguien quería empezar la casa por el tejado…

Quise encontrar explicaciones para las prisas en la convocatoria de las elecciones y la no intervención en TV3, más allá de ser ambas las condiciones de Ciudadanos y PSOE para apoyar al Gobierno y al PP

Decía antes que a pesar de todas las dudas sobre las prisas y la decisión de aplicar un 155 light suspiré aliviada cuando escuché las palabras de Rajoy en su comparecencia: siempre podía haber sido peor. En los días posteriores quise encontrar explicaciones para las prisas en la convocatoria de las elecciones y la no intervención en TV3, más allá de ser ambas las condiciones de Ciudadanos y PSOE para apoyar al Gobierno y al PP. Quise auto-convencerme de que Rajoy no hubiera cedido ante esas pretensiones partidarias y cortoplacistas de no ver claro que ambas decisiones no pondrían en peligro el éxito de la operación. Pero según pasan las semanas me encuentro más pesimista respecto del resultado de la estrategia elegida.

Quizá una de las pocas cosas que se han aclarado a pocos días de que se celebren las elecciones es que a la inmensa mayoría de los catalanes les importó y les importa un bledo que se haya aplicado el demonizado artículo 155, y que aquellos que amenazaban –o temían- las revueltas y algaradas continuas han descubierto que no hay nada más pedagógico y calmante para un presunto delincuente que hacerle pagar las consecuencias de sus actos. Por lo demás el panorama sigue tremendamente sombrío y la política catalana sigue cubierta por los negros nubarrones que descargaron rayos y truenos contra la democracia parlamentaria en aquellos aciagos días de setiembre… y los que vendrían después.

A nadie que haya seguido mínimamente la política catalana le puede extrañar que a pesar del fracaso de la declaración unilateral de independencia estén tan igualadas a pocos días de las elecciones las fuerzas entre los nacional-independentistas y los constitucionalistas

A nadie que haya seguido mínimamente la política catalana le puede extrañar que a pesar del fracaso de la declaración unilateral de independencia estén tan igualadas a pocos días de las elecciones las fuerzas entre los nacional-independentistas y los constitucionalistas. Y es que lo que es un fracaso para las personas que analizan con criterios racionales lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos años es visto como un éxito por sus promotores y todos sus adoctrinados, ese ejercito de creyentes que ha renunciado a actuar como ciudadanos para formar parte de la tribu. Los inductores del proceso ya sabían que la declaración unilateral no iba a tener efectos prácticos; y que las empresas iban a huir (más de 3000 a día de hoy) en desbandada; y que ninguna nación democrática del mundo iba a reconocer la llamada república catalana; y que las decisiones iban a tener consecuencias muy negativas en la economía, en el empleo, en el posicionamiento de Cataluña ante el mundo… Los inductores del nacional-independentismo no solo sabían todo eso sino que querían todo eso.

Tampoco creo que tengan razón quienes argumentan que los golpistas están sorprendidos por la respuesta de las instituciones democráticas españolas

Tampoco creo que tengan razón quienes argumentan que los golpistas están sorprendidos por la respuesta de las instituciones democráticas españolas. Por mucho que sepan de la baja autoestima de los españoles, de los complejos de nuestros gobernantes, de la facilidad con la que los líderes políticos que nos han tocado en desgracia en esta situación están dispuestos a ceder al chantaje siempre que les beneficie electoralmente, los golpistas no se engañan sobre la fortaleza del Estado que es mucho mayor que la de sus dirigentes. Y tampoco se engañaban respecto de las presiones que nuestro Gobierno iba a recibir del resto de gobiernos europeos para que actuara con firmeza y frenara la secesión de una parte de Europa. Ellos sabían que era inevitable que antes o después el Gobierno actuara; y que también era cuestión de días que uno tras otro, todos ellos, acabaran ante los Tribunales de Justicia y en la cárcel.

La vieja España ya ha demostrado muchas veces a lo largo de la historia que está dispuesta a pagar peaje a los nacionalistas. No en vano hasta Franco decidió invertir en Cataluña y en el País Vasco para tenerles tranquilos

Los que han promovido el golpe en Cataluña, los Puigdemont, Junqueras, Mas, CUP, Omniun, etc., sabían que todo eso iba a ocurrir… y querían que ocurriera. Porque una vez lanzado el envite por su parte solo les cabía esperar que al otro le diera más vértigo sostenerlo; y también saben que lo normal es que le dé más vértigo a quien tiene más responsabilidad; y ellos ya han demostrado no tener ninguna. Por otra parte, piensan ellos, la vieja España ya ha demostrado muchas veces a lo largo de la historia que está dispuesta a pagar peaje a los nacionalistas. No en vano hasta Franco decidió invertir en Cataluña y en el País Vasco para tenerles tranquilos. Los que quieren que Cataluña se hunda creen saber que cuanto más profundo sea el abismo al que se va a caer más elevado será el precio del rescate que España estará dispuesta a pagar para sacarles del pozo. Ellos no tienen nada que perder: si les dejan hundirse arrastrando con ellos a toda la sociedad catalana, por fin libres; y si les rescatan, peaje. Así de simple. Es la versión política del grito machista: “¡la maté porque era mía!”

Los dirigentes políticos españoles saben que para ganar elecciones tienen que demostrar- o aparentar al menos- que trabajan para que a España le vaya bien. En cambio los políticos catalanes que han protagonizado estos años negros han basado su éxito electoral en el cuanto peor mejor

No hay parangón entre el comportamiento de los políticos del bloque nacional-independentista y cualquier político del resto de España. Con todas sus flaquezas y complejos los dirigentes políticos españoles saben que para ganar elecciones tienen que demostrar- o aparentar al menos- que trabajan para que a España le vaya bien. En cambio los políticos catalanes que han protagonizado estos años negros han basado su éxito electoral en el cuanto peor mejor. O sea, cuanto peor le ha ido a Cataluña, mejor les ha ido a ellos. Eso ha sido posible porque llevan años educando en el odio y la mentira, el odio a España (nos roba) y la mentira sobre la responsabilidad de todas las cosas malas que les ocurren. Piensen que varias generaciones de catalanes se han educado creyendo que todo lo que viene de España es malo y dando por ciertos los mitos del nacionalismo tanto respecto de la historia de Cataluña como de la de España. Por eso si les hacen creer – y lo han hecho- que el peaje a pagar para librarse de España es que se hunda la economía de Cataluña ese precio les resultará no solo asumible sino incluso atractivo. “Entre una España roja y una España rota, prefiero la primera, que sería una fase pasajera, mientras que la segunda seguiría rota a perpetuidad”, fueron las palabras que pronunció José Calvo Sotelo en el frontón de Urumea (San Sebastián) el 10 de noviembre de 1935. Los nacional-independentistas funcionan en esa misma lógica, pero en su caso, perversa: mejor una Cataluña empobrecida, hundida, rota por dentro… que una Cataluña plural y unida que forme parte de España. En su locura –se lo he escuchado decir a conocidos independentistas- llegan a argumentar que una Cataluña pobre dejará de ser interesante para España…como si no fueran los ciudadanos de toda España quienes con su trabajo y sus relaciones humanas, económicas, culturales y sociales han contribuido a hacer de Cataluña lo que hoy es… o mejor, lo que era ayer.

Se acerca el invierno. Y aunque en lo meteorológico esté todo raro, en lo político el invierno sí que se ha hecho fuerte en Cataluña. Según pasan los días, lejos de amainar la tormenta, las peores previsiones toman fuerza. El mal llamado bloque constitucionalista anda manga por hombro: Iceta anuncia que pedirá el indulto para los futuros condenados por el golpe; Arrimadas dice que Iceta no es de fiar y que los votos del PP son basura; García Albiol es el pararrayos de todo lo que cae por el 155 y sin embargo no parece que le rente nada a su partido parar la tormenta y pertenecer al partido que hizo lo que había que hacer… aunque fuera muy tarde. Es para hacérselo mirar eso de que los catalanes que votan constitucionalista parece que vayan a premiar a los que solo querían elecciones o a los que quieren dar indultos a los golpistas…

Ellos no temen al invierno: ellos son el invierno. Y han venido con la intención de quedarse entre nosotros por mucho tiempo

Mientras tanto los encarcelados, los prófugos, los anti-sistema y los mediopensionistas de la alcaldesa que publicita en campaña su condición (o preferencia) sexual andan a la greña… pero mucho menos. Ellos sí que sumarán fuerzas (y si suman votos además de fuerzas sumarán escaños, elegirán presidente y harán gobierno) a partir del día 21. Ellos no necesitan un Jon Nieve y una Daenerys Targaryen para convencer a Cersei Lannister sobre quién es el verdadero enemigo… Ellos no temen al invierno: ellos son el invierno. Y han venido con la intención de quedarse entre nosotros por mucho tiempo.

Sí, llega el invierno. Pero como yo no creo en el ejército de los muertos sino en la capacidad de los vivos y sí creo que las historias de dragones nos demuestran que se les puede vencer, propongo que aprovechemos el indefectible, largo e imparable invierno para acumular fuerzas a la espera de la primavera. Puesto que antes o después el sol volverá a brillar, mejor que estemos preparados.