HORMIGAS

No, la Filosofía no es la asignatura más importante. Ninguna asignatura es más importante que otra. La Filosofía es una asignatura más, o sea un engorro más. Los profesores de esta materia pensamos que estamos cambiando la vida de nuestros estudiantes pero eso lo decimos porque no tenemos abuela y porque la cursilería de Mafalda nos ha destrozado ya varias áreas cerebrales. Para los estudiantes, Filosofía es el engorro que hay a quinta hora, es decir, está entre el engorro de cuarta y el engorro de sexta. Y si a sexta hora tienen un superexamen de Historia de España olvídense de cambiarles la vida a quinta. Por no hablar de cuando Filosofía está puesta a última hora del viernes. Los viernes a sexta hora no están para hacer declaraciones ni siquiera Mafalda. Por cierto, quizá algún año hablemos en serio de educación, del turno partido o la jornada continua y consideremos a los estudiantes como seres que también duermen, comen o se fatigan. Es un tema muchísimo más importante que la clase de Religión, querides amigues, aunque no sirva para lucirse mucho.

Nuestros alumnos no van a aprobar Filosofía porque los hayamos convertido en pequeños clones de Kant. Aprobarán si hacen las tareas, pasan los exámenes y cumplen los requisitos formales. No se les exige ser reflexivos, ni autónomos, ni profundos, ni que salgan levitando de un aula a la que han entrado arrastrándose. Habitualmente se dice que la filosofía vuelve crítica a la gente, pero los profesores hemos de tener mucho cuidado con fomentar el pensamiento crítico no vaya a ser que las primeras víctimas de la crítica seamos nosotros mismos. Y que en nuestra caída arrastremos todas las toneladas métricas de ideología posmoderna con las que estamos sepultando a nuestros alumnos. Como si el progresismo fuera la lava de la colada norte.

La educación se ha convertido en la última utopía que nos queda y, como somos buenos profesionales, fingimos que nos creemos ilusionados todas las tonterías que decimos sin pestañear. Pero si hay algo que deberíamos denunciar es la absoluta falta de realismo con la que enfocamos lo que está pasando en las aulas. La escuela se muere porque la estamos sobrevalorando, atrapados entre la educación como un escaparate del mainstream de los valores sociales izquierdistas y las tecnologías del yo prêt à porter que han elaborado los pedagogos en sus laboratorios de alquimia conceptual. La burocracia de la mente; da igual lo que digas a condición de que esté reflejado en una regla de la programación.

la filosofía no es inútil por la sencilla razón de que puede ser dañina

Como dijo alguien, la filosofía no sirve porque no es una sirvienta sino la señora de la casa. Teniendo en cuenta que el posmodernismo que hoy nos atormenta es en buena medida un producto filosófico no hay más remedio que sostener que, efectivamente, la filosofía no es inútil por la sencilla razón de que puede ser dañina. Y cuando veo a adolescentes enarbolar en las manifestaciones banderas rojas de la Unión Soviética o China pienso que la educación para la ciudadanía nos está quedando francamente estupenda. ¿No queríais valores? Pues ahí los tenéis.

Tal vez los filósofos deberíamos abandonar el tópico de que quien no ha estudiado filosofía no razona y está al borde del retraso mental. Los filósofos no tienen que salir forzosamente de facultades de filosofía. Grandes pensadores hay cuya formación es la lingüística, la psiquiatría o la sociología. La gente no va a dejar de pensar porque desaparezcan asignaturas engorrosas, carreras universitarias engorrosas y, si me apuran, la entera y engorrosa universidad (ministro incluido). Ya puestos, también podríamos descartar el mantra conspiranoico de que los políticos quieren eliminar la filosofía porque pretenden convertirnos en borregos ignorantes y sumisos. Está por demostrar que sean precisamente los borregos quienes sostienen a los políticos y no los sectores más cultos, críticos, ilustrados y desborregados de la opinión pública. Yo creo que hay borregos que son muy criticones. A lo mejor son borregos por eso.

También podríamos cuestionar la tesis de que los poderes fácticos quieren un sistema educativo al servicio del sistema capitalista. Ya saben, todo ese rollo de la mercantilización de la enseñanza y bla bla bla. La filosofía no es incompatible con el capitalismo, es decir, no es incompatible con ninguna dimensión humana. También somos filósofos cuando recogemos aceitunas, conducimos camiones o desatascamos tuberías. ¿Alguno de ustedes ha tenido que buscar alguna vez un fontanero? ¿Cuántas aceitunas se van a quedar un año más en los árboles? ¿Existen todavía los camioneros? Quizá los que se quejan de que la educación se está mercantilizando sean los mismos que luego lamentan que el sistema sea una fábrica de parados y que necesitamos mejorar la formación profesional. Seguramente preferirían que la escuela manufacturara legiones de Irenes Montero antes que un solo Amancio Ortega. Bueno, ustedes mismos. Piensen un poco.

Yo no creo que los políticos tengan una especial inquina hacia la filosofía. En realidad, todo les da igual. El elefante que trota por la sabana no se da cuenta de que está pisoteando muchos hormigueros. Las hormigas tenemos derecho a quejarnos, aunque el daño que se nos produce es infinitamente menor que el que provoca la reforma continua de un sistema educativo al que la politización priva de la posibilidad de tener un futuro. Pero nunca perdamos la esperanza de que la próxima reforma pueda ser todavía peor. No olvidemos que en cuestiones educativas todo paso atrás es un avance.