Abril en Managua - Francisco Gonzalez Alcon

Este año se cumplen 36 del “Concierto por la paz en Centroamérica” que en 1983 se celebró en la ciudad de Managua y que fue recogido en el álbum “Abril en Managua”, que no ha faltado en la discografía de ningún progre que se precie.

En él se dieron cita los principales exponentes de la canción comprometida latinoamericana para manifestar su solidaridad con el proceso revolucionario nicaragüense y con las guerrillas que en ese momento combatían en El Salvador, Guatemala y con menor intensidad en Honduras, con algo más que el aliento de Cuba y la URSS. Tanto Panamá como Costa Rica se mantuvieron prácticamente inmunes a estos procesos revolucionarios centroamericanos. En Panamá, las dictaduras de Torrijos y Noriega lograron prevenirlos. En Costa Rica, con una cultura democrática mucho más asentada, su guerrilla de izquierda revolucionaria, conocida como La Familia, no llegó ni a la categoría de anécdota, un espejismo con no más de 20 integrantes, varios atentados y 4 víctimas en sus tres años de existencia.

Fue el triángulo norte de Centroamérica, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, donde se manifestó el conflicto revolucionario en toda su crudeza

Lo cierto es que fue el triángulo norte de Centroamérica, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, donde se manifestó el conflicto revolucionario en toda su crudeza, mientras que, en su extremo sur, Panamá y Costa Rica, donde la influencia estadounidense fue mucho más patente, pudo evitarse. Ambos países fueron despectivamente considerados juquetes de Estados Unidos, repúblicas bananeras al servicio del Tío Sam, patio de recreo, lugar de esparcimiento, centros de negocio y bases militares gringas. Ambos, en momentos distintos de su historia, renunciaron a tener ejército y decidieron fiar a sus buenas relaciones con EEUU su defensa ante amenazas externas. Sí cuentan, en cambio, con un importante contingente policial para el mantenimiento de la seguridad, algo que contribuye a lograr bajos índices de criminalidad comparativamente al resto de la región.

En Nicaragua, tras el triunfo de la revolución sandinista sobre la dictadura de los Somoza en 1979, que implantó medidas de corte social que redujeron la pobreza y la desigualdad de amplias capas de la población, y en pleno conflicto armado con la Contra, responsable de atroces crímenes contra la población campesina, financiada y organizada desde Honduras y Costa Rica por unos EEUU temerosos por la pérdida de una pieza clave del poder hegemónico regional que Anastasio Somoza le garantizaba en plena guerra fría, resultaba difícil no sentir simpatía por el gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, formado por marxista-leninistas, socialistas y socialdemócratas, e inspirados por los curas guerrilleros de la Teología de la Liberación.

Los cantautores latinoamericanos animaban con sus guitarras y alimentaban de razones y trascendencia épica y social a los que sostenían los fusiles, poniendo la música y la poesía al servicio de la revolución marxista que en aquellos tiempos era también la lucha contra las siniestras dictaduras militares y democracias corruptas que se repartían por toda Iberoamérica. Pocas veces en la historia tuvo el marxismo tanto sentido y justificación, regalada por la miopía de las clases altas locales, las élites económicas y empresariales internacionales y los nulos escrúpulos de la política exterior estadounidense.

Trovadores como Amparo Ochoa, los hermanos Carlos y Luis Enrique Mejía Godoy, Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Daniel Viglietti o Alí Primera, entre otros, se dieron cita en aquel concierto de abril de 1983 en Managua, en la otrora Plaza de la República, rebautizada como Plaza de la Revolución, organizado por el Ministerio de Cultura, con el apoyo de la UNESCO y con la ayuda financiera internacional, especialmente de Holanda, país que siempre ha destacado por su desinteresado interés en impulsar democracias ajenas.

Las letras de aquellas canciones resuenan hoy, varias décadas después, como ecos de lo que pudo haber sido y no podía ni puede ser, como viejos versos de la historia de la utopía, retales de esperanzas que hoy no logran ilusionar más que a viejos nostálgicos, jóvenes ingenuos o a melenudos maduritos, grandes folladores feministas, que, inmunes al desaliento, desde el calor de una chimenea o el fresquito de una piscina en Galapagar, se permiten sermonearnos y predicar doctrina, convencidos de que el fracaso del colectivismo en el pasado se debió a que no lo organizaron ellos (Javier Pérez-Cepeda dixit).

Es al mirar la realidad centroamericana actual cuando más patente se hace este desajuste entre los sueños y la tozuda realidad

Pero es que es al mirar la realidad centroamericana actual cuando más patente se hace este desajuste entre los sueños y la tozuda realidad, entre las teorías político-económicas que se imparten en la Complutense y las bofetadas de realismo que el siglo XX y no digamos el XXI les ha dado. Tras la caída del Muro, tras la derrota final y sin paliativos del comunismo que ha supuesto la rendición de una China, hoy entregada en brazos del capitalismo, siendo como somos espectadores del triste caminar de Cuba y de la agonía venezolana, si el baño de realismo no los hace despertar, nada puede hacerlo.

Esta canción es diferente, tiene pasión y tiene fuego, es libre como el agua y como viento. Esta canción viene del pueblo. En labios de estudiantes y de obreros rueda ardiente anunciando un tiempo nuevo, es grito de protesta y descontento. Esta canción viene del pueblo…. Un pueblo cuyo 24% vive en Nicaragua bajo el umbral de la pobreza, en Guatemala llega al 51%, en Honduras al 58% y en El Salvador al 61%, mientras que en Costa Rica y Panamá, apenas alcanza el 20% y el 19% respectivamente. Un pueblo con un Índice de Desarrollo Humano de nivel medio, puestos 121 (El Salvador), 124 (Nicaragua), 127 (Guatemala) y 133 (Honduras), frente al nivel alto, puestos 63 y 66, de Costa Rica y Panamá.

Yo soy de un pueblo nacido entre fusil y cantar que de tanto haber sufrido tiene mucho que enseñar. Hermano de tantos pueblos que han querido separar porque saben que aun pequeños, juntos somos un volcán… Sí, un volcán económico, sobre todo atendiendo a su producto interior bruto per cápita, 5.452 dólares Nicaragua, 5.271 Honduras, 7.903 Guatemala y 8.909 El Salvador, especialmente en relación con los 16.436 de Costa Rica o los 23.024 de Panamá. Un volcán de corrupción, con un índice de 26 en Nicaragua, 28 en Guatemala, 29 en Honduras y 33 en El Salvador, frente a los 37 de Panamá o lo 59 de Costa Rica.

¡Qué bonita bandera! ¡Qué bonita bandera! ¡Qué bonita bandera es la bandera puertoriqueña! ¡Más bonita se viera! ¡Más bonita se viera! ¡Más bonita se viera si los yanquis no la tuvieran! ¿Si no la tuvieran tendría Puerto Rico los 37.700 dólares per cápita de producto interior bruto? No hay más preguntas…

Se partió en Nicaragua otro hierro caliente, con que el águila daba su señal a la gente. Se partió en Nicaragua otra soga con cebo con que el águila ataba por el cuello al obrero… Por lo pronto, los únicos atados por el cuello son los estudiantes nicaragüenses, y los 235 muertos provocados por las revueltas en 2018. Y esa maldita águila que tanto ata, hoy está pensando levantar muros para evitar que entren esos obreros atados por el cuello que organizan caravanas para huir de la pobreza, la violencia y el subdesarrollo. Donde realmente hay águilas, águilas arpías concretamente, jaguares, tapires, tortugas, guacamayos, un pulmón forestal, un santuario de la biodiversidad, es en Panamá y Costa Rica con un 32% y un 20% de su territorio constituido por Reservas y Parques Nacionales. Costa Rica, además, pionera en ecoturismo y reconocida como uno de los pocos destinos internacionales de turismo ecológico, que aporta al país más de 460.000 empleos. El mismo potencial tiene el resto de Centroamérica, desde el Sur de México hasta Nicaragua, pero lo cierto es que la inseguridad, la menor dotación de infraestructuras turísticas y el menor grado de capacitación laboral en este sector dificultan su progreso.

En definitiva, parece que no le ha ido tan mal a los países centroamericanos que confiaron su destino a EEUU, cuando lo hicieron haciendo crecer las clases medias, mediante la extensión de la educación que ofreció nuevas oportunidades a los campesinos y sobre todo cuando fueron capaces de articular una democracia con estándares de calidad aceptables y supieron evitar caer en las tentaciones colectivistas que llevan seis décadas lastrando a Cuba y que han sumido a Venezuela en el pozo de desesperación en el que sobrevive hoy.