Pagar por la paz - Jorge Valencia

«He querido levantarme porque me gusta más hablar de pie, pero a lo mejor alguien lo ha interpretado de otra manera. Por si acaso, y porque también viene bien decirle a quien ha gritado porque lo interpretaba de otra manera, que la vida me ha enseñado que no puedes agachar la cabeza ante los intolerantes; que es mejor ponerse de pie».

Los antifascistas y defensores de la libertad de expresión gritaban «fuera fascistas de la universidad» e impedían el derecho a la libertad de expresión de Rosa Díez al más puro estilo fascista

Éstas son palabras de Rosa Díez tras conseguir tomar la palabra en una conferencia que ofreció en el año 2010 en la Universidad Complutense de Madrid. Un grupúsculo de estudiantes radicales capitaneados por Pablo Iglesias intentó boicotear aquel acto democrático. Sí, el mismo señor que el PP mimó después entre algodones (y televisiones) para desgastar electoralmente al PSOE.  Díez tuvo que aguantar que dos títeres de Pablo Iglesias leyeran un «manifiesto» que, en resumidas cuentas y entre insultos, venía a decir que ellos se arrogaban el derecho a decidir quién podía hablar o no en esa universidad. Y obviamente Rosa Díez, como buena «fascista», no era «bienvenida» allí. Por ello, los antifascistas y defensores de la libertad de expresión gritaban «fuera fascistas de la universidad» e impedían el derecho a la libertad de expresión de Rosa Díez al más puro estilo fascista.

En esa introducción antes del grueso de la conferencia, Díez denunció que para poder tomar la palabra tuvo que sufrir un bochorno que el decano de la Complutense permitió. Sí, no es ella una mujer que se muerda la lengua, afortunadamente. Y recordó entonces a Montesquieu: «Montesquieu recomendaba no pagar por la paz. Decía que quien cedía al chantaje y pagaba por la paz, el que la había vendido se encontraba en mejores condiciones para volver a cobrar por ella».

Los estudiantes tenían todas las facilidades del mundo para debatir o incluso criticar a Rosa Díez, pues solamente tenían que coger el micro al finalizar la conferencia y expresar sus preguntas, opiniones o críticas con respeto y educación. Pero aquellos estudiantes capitaneados por coleta morada no querían debatir con ella sino taparle la boca. O sea, boicotear la conferencia para impedir que hablara. Como siempre suele ocurrir, aquellos a quienes se les llena la boca de «antifascismo» son lo más próximo al fascismo. No sería la única vez, ni la única política a la que intentaban coartar su libertad de expresión.

¿Pero quién nos iba a decir que este matoncillo de universidad que fue el que dirigió el escrache en la sombra se convertiría en líder de la tercera fuerza política en España?

¿Pero quién nos iba a decir que este matoncillo de universidad que fue el que dirigió el escrache en la sombra (en este vídeo pueden comprobar cómo es Iglesias el que ordena a la chica que le hará el trabajo sucio cuándo debe levantarse y agenciarse el micro) se convertiría en líder de la tercera fuerza política en España? Cuando el PP decidió poner las televisiones al servicio de Podemos para rebajar electoralmente al PSOE, sabía perfectamente no solo el tipo de personaje al que estaban catapultando al escenario político nacional (aunque se les fuera de las manos y tuvieran que impulsar después a Ciudadanos para compensar) sino también los episodios antidemocráticos que protagonizó. Ya entonces conocíamos sus pinitos en las «herriko tabernas» en las que reconocía a ETA el acierto de ser «la primera que se dio cuenta desde un principio de que determinados derechos no se pueden ejercer en el marco de la legalidad española». Pero no les importó. También los conocían sus votantes, y si no los conocían, tuvieron oportunidad de conocerlos. Cabe recordar que a los que les llamábamos populistas nos caía la del pulpo por atacar a la nueva promesa de la política española. Y eso que nos quedábamos cortos.

En El País contaban tras los hechos de la Complutense que Rosa Díez «ya sabía» lo que le esperaba en la universidad. Les faltó decir: «¿Quién le mandó bajarse del coche?»

Este episodio de la Complutense viene al pelo por partida doble hoy en día. Primero porque explica bien cómo hemos llegado a dónde hemos llegado en relación al separatismo en Cataluña. Cabe recordar que a Rosa Díez le ocurrió lo mismo que en la Complutense, incluso más violento, en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde le llegaron a gritar amenazas de muerte. ¿Dónde estaban todos los medios de comunicación y periodistas que hoy se echan las manos a la cabeza al ver el extremo al que se ha llegado en Cataluña? En El País contaban tras los hechos de la Complutense que Rosa Díez «ya sabía» lo que le esperaba en la universidad. Les faltó decir: «¿Quién le mandó bajarse del coche?»

Durante todos estos años la ciudadanía ha asistido con contadísimas excepciones como mero espectador, cuando no colaborando activamente con la progresiva podredumbre a la que evolucionaba la situación política en Cataluña. Se ha permitido la impunidad de estos grupúsculos antisistema que están instalados en las universidades por miedo a que se radicalizaran (¿más?) y ante la pasividad del resto de estudiantes, que siendo siempre mayoría frente a estas minorías violentas optaban por no involucrase ni mojarse. Se ha permitido que los nacionalistas adoctrinaran a los niños en el odio a España porque solo plantear revisar la distribución competencial para que la Educación volviera a ser competencia del Estado era «impensable». Se ha permitido la propaganda constante a través de medios de comunicación públicos como TV3 contra todo lo español que ha llegado día tras día durante demasiados años a todos los hogares de Cataluña. Se ha permitido el atropello democrático que los políticos separatistas llevan años perpetrando contra los padres que pretenden escolarizar a sus hijos con lengua vehicular en castellano. Y se ha permitido la impunidad política y hasta la corrupción de los interlocutores «moderados» con el Gobierno de España porque tanto PP como PSOE necesitaban echar mano de ellos para asegurarse mayorías en el Congreso de los Diputados.

Se ha permitido a sabiendas el delirio xenófobo del nacionalismo para poder tener la fiesta en paz unos años más

Sí, se ha permitido a sabiendas el delirio xenófobo del nacionalismo para poder tener la fiesta en paz unos años más, sin revisar nada de lo que había que revisar. Y ahora nos extrañamos de ver a los separatistas llevando las cosas hasta sus últimas consecuencias, sin importarles estar cometiendo un delito detrás de otro o aplastando los derechos democráticos de los partidos de la oposición (por llamarlo de alguna forma para entendernos) en Cataluña.

Si de verdad España es un Estado de Derecho y todos los ciudadanos somos iguales ante la ley, los líderes golpistas y organizadores de todo el cotarro ilegal deberían acabar en la cárcel y no de nuevo en las instituciones contra las que perpetraron el golpe de Estado. Y por supuesto el proceso judicial deberá desarrollarse de forma independiente al proceso electoral que está en marcha para el 21 de diciembre. Ya está bien de condicionar las decisiones judiciales a los intereses políticos del gobierno de turno. Un hecho es delito o no independientemente de lo que a los políticos les parezca más conveniente.

¿No será que hay un interés político en que los golpistas queden impunes? ¿No será que están dispuestos una vez más a «pagar por la paz»?

Por eso contemplo con estupor cómo todos los políticos, medios de comunicación y tertulianos se alegran y creen solucionado el problema cuando por ejemplo escuchan a Carmen Forcadell recular para evitar la cárcel o a Junqueras decir que acata el 155 «por imperativo legal». ¿Acaso no han cometido ya el delito? ¿Cómo puede considerarse un arrepentimiento esa artimaña típica de cualquier oportunista para intentar evitar la cárcel? ¿No será que hay un interés político en que los golpistas queden impunes? ¿No será que están dispuestos una vez más a «pagar por la paz»? Pues nada sería más letal para la democracia española que otorgar impunidad a quienes han cometido los más graves delitos contra ella.

Y aquí viene el segundo motivo por el que recordaba el boicot de la complutense y otros episodios de Iglesias. Tengo la sensación de que nos jugamos el Estado de Derecho a los resultados de unas elecciones autonómicas, como si la ley no siguiera estando vigente fueran cuales fuesen los resultados de las mismas.

Que nadie espere contar con Podemos para defender la democracia y el Estado de Derecho. Ellos siempre han estado del lado de quien quiere cargársela, como están ahora del lado de los golpistas

Me da la risa cuando escucho «bloque constitucionalista» incluyendo a Podemos en el mismo y pánico cuando no lo incluyen en ese «bloque constitucionalista» pero queda según las encuestas como el fiel de la balanza. Que nadie espere contar con Podemos para defender la democracia y el Estado de Derecho. Ellos siempre han estado del lado de quien quiere cargársela, como están ahora del lado de los golpistas. Ante este panorama político desolador, nos queda confiar en el rey y la ciudadanía, pues son los únicos que han demostrado estar a la altura de las circunstancias, muy por encima de la casta política que padecemos.