La corrupción somos nosotros - Andrés Herzog

Llega a mi despacho la presidenta de una asociación de perjudicados de un conocido escándalo financiero, ya antiguo, pero todavía con diversas causas judiciales abiertas en diferentes instancias. Los consejeros de la compañía en cuestión (cuyos datos me reservo) fueron convirtiendo su gestión en delictiva, simulando contratos y falsificando documentos mercantiles en una huida hacia adelante jalonada por varias ampliaciones de capital (en las que engañaron a miles de inversores con una contabilidad manipulada) hasta la apoteosis final de la quiebra fraudulenta de la compañía.

Sospechan incluso que ese despacho de abogados podría tener algún tipo de conflicto de interés o peor aún, estar jugando a dos bandas, cobrando de los que deberían perseguir

Mi potencial clienta, la presidenta de la asociación de perjudicados, me cuenta que están descontentos con el despacho de abogados que les lleva las distintas causas judiciales abiertas por el referido escándalo financiero, pues tienen la sospecha de que no están actuando con la dureza que sería de esperar contra los antiguos administradores, gente adinerada a la que piensan se podría haber sacado más dinero a cambio de llegar a ciertos acuerdos y conformidades en alguno de los juicios. Sospechan incluso que ese despacho de abogados podría tener algún tipo de conflicto de interés o peor aún, estar jugando a dos bandas, cobrando de los que deberían perseguir.

Es un secreto a voces que, en algunos juicios penales, con sospechosas conformidades, fluyen maletines de un lado a otro de la bancada

Es un secreto a voces que, en algunos juicios penales, con sospechosas conformidades, fluyen maletines de un lado a otro de la bancada, para lo cual en ocasiones se conceden incluso recesos para que el fiscal y los magistrados puedan salir a dar un paseo y no estorbar la transacción. Igual que el notario que deja a comprador y vendedor solos en la salita tras la firma para que “resuelvan sus cosas”. A estas alturas no nos vamos a escandalizar por esto, pues podría ser peor y que acabaran pidiendo su parte.

Volviendo al tema de la visita, la idea era que yo asumiera esas causas, así que mi interlocutora se dedica a ensalzar la labor que he realizado en el caso Bankia y algunos otros. El único problema es que, lógicamente, habría que resolver el contrato con el otro despacho de abogados (lo que podría dar lugar a algún tipo de reclamación de honorarios) y subrogarme yo en la propuesta económica que aquellos les habían hecho. Desliza sobre la mesa una propuesta de honorarios firmada por ambas partes, con el logotipo del referido despacho de abogados, de reconocido prestigio, que tiene un importe fijo (ya pagado y consumido al parecer) y una parte variable, pongamos que de un 15% de todo el dinero recuperado. Una propuesta suculenta, si aplicas ese porcentaje al total de los daños que representan los perjudicados integrados en la asociación.

Advierto que, detrás de esa propuesta formal de honorarios que, en principio, no puedo negociar sino solo adherirme, hay un papel

A continuación advierto que, detrás de esa propuesta formal de honorarios que, en principio, no puedo negociar sino solo adherirme, hay un papel. Se trata de un acuerdo entre las mismas partes, sin logotipo del referido despacho de reconocido prestigio y sin firma al pie del documento, pero que claramente contempla un acuerdo privado entre dichos abogados y la presidenta de la asociación de perjudicados: el despacho de abogados se obliga a devolverle el importe de los honorarios fijos pagados personalmente por la misma y, de premio, se compromete a darle un 5 % de los honorarios variables cobrados de todos los demás. Es decir, la “presi” se asigna personalmente un porcentaje del dinero recuperado de sus restantes compañeros de desdichas. A cambio convencerá al resto de que son su mejor opción legal. Lo que sigue es nuestra conversación aproximada:

  • Mire, comprenderá Ud. que no me sienta cómodo con el documento adjunto al final de la propuesta de honorarios – digo con mi mejor flema británica.
  • ¿Y eso? No se preocupe, no hay nada que ocultar, todos los despachos con los que negocié en su día me ofrecieron una fórmula parecida. Se trata de compensar todo el esfuerzo que realizo para la causa, he dedicado a esto media vida y ya sabe que nadie te agradece el trabajo que haces. Es así la gente, la mayoría sólo sabe quejarse y criticar, pero a la hora de trabajar desaparecen.
  • Cierto lo que dice, qué me va a contar a mí, que he tenido una corta pero intensa experiencia política. Pero estará conmigo en que, si no hubiera nada que ocultar, el pacto privado estaría incorporado en el acuerdo “oficial”, ¿no cree?
  • Ya, pero eso exigiría dar a la gente muchas explicaciones y la realidad es que, además de no trabajar, nadie quiere reconocer el mérito ajeno y menos retribuirlo. La envidia nos puede.
  • No puedo estar más de acuerdo, pero si Ud. oculta esto al resto, además de otras posibles irregularidades, está ensuciando todo el proceso, pues siempre quedará la duda de si seleccionó al despacho en cuestión no por sus méritos sino porque le ofrecía a Ud. la mejor comisión.

A continuación la conversación entra en un bucle, en el que la señora Presidenta de la asociación de perjudicados me insiste en que esto es lo normal que los despachos ofrecen a este tipo de asociaciones a fin de captar un volumen importante de damnificados y que está convencida de que no hay ningún problema si tiene que explicárselo al resto porque siempre ha actuado pensando en el interés de todos los asociados y nunca ha tenido nada que ocultar, bla, bla, bla… Promete que me volverá a llamar cuando haya resuelto esta pequeña cuestión, cosa que obviamente no piensa hacer en ningún momento, como supongo que refleja su cara de alivio al cerrar la puerta del despacho y salir a respirar por fin el aire de la calle.

¿Tiene esto solución? ¿De verdad todavía piensan algunos que no nos merecemos los políticos que tenemos? ¿No será más bien al contrario, que tenemos exactamente lo que nos merecemos, pues nada hay que se parezca más a un político que la persona que le vota?

Es un hecho de sobra conocido que toda institución humana tiende a auto-perpetuarse y a ser capturada por las personas que las dirigen, que antes o después tendrán que enfrentarse a la existencia de un posible conflicto de interés

Intentemos no caer en la melancolía. Es un hecho de sobra conocido que toda institución humana tiende a auto-perpetuarse y a ser capturada por las personas que las dirigen, que antes o después tendrán que enfrentarse a la existencia de un posible conflicto de interés, que no siempre se resuelve como debería. De esto sabe mucho el poder político-económico de nuestro país, que desde siempre ha dominado y controlado cualquier tipo de movimiento asociativo, especialmente si son molestos y elevan el tono de sus reclamaciones de responsabilidad política. Bastará para ello que el poder ponga en marcha sus resortes, por la sencilla vía de comprar a sus líderes, normalmente en especie, mediante cualquier tipo cargo o prebenda. Lo hemos visto en asociaciones de víctimas todo tipo, aunque tampoco es este el momento de personalizar.

Lo que no deja de sorprenderme es que a ello colaboren firmas en principio serias, con torres acristaladas y oficinas en Paris y México, que seguro se dedicarán a vender a sus clientes fabulosos planes de compliance y responsabilidad social corporativa

A ello podemos añadir que no hay persona más vulnerable que quien se encuentra en una situación desesperada, por haber sido ya previamente víctima de una enfermedad, accidente, crimen o engaño. Si tienes un familiar o allegado enfermo terminal no dudes que vendrá algún chamán a venderte esperanza con un producto milagro. Y si has perdido tus ahorros en una estafa piramidal vendrá algún desalmado a prometerte el cielo a cambio de limpiarte lo poco que te quedaba en la cartera. Lo que no deja de sorprenderme es que a ello colaboren firmas en principio serias, con torres acristaladas y oficinas en Paris y México, que seguro se dedicarán a vender a sus clientes fabulosos planes de compliance y responsabilidad social corporativa.

No obstante, me niego también a creer que todos son iguales, pues no es cierto. He trabajado muchos años en un despacho que jamás aceptaría un pacto secreto de este tipo y he pertenecido a un partido político que, de puro honrado, se llegaron a reír de él. Pero por si acaso cuídense mucho e intenten no dejarse engañar ni robar, que como dice la sabiduría popular, las desgracias nunca vienen solas.

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