Sobre los complejos - JMLZ

… Nosotros no tenemos el complejo sino que este nos tiene a nosotros” C. Jung

Introducción

Desde hace tiempo se oyen mucho frases del estilo “hay que actuar sin complejos”, o “no tener complejos a la hora de…”, etc. Términos que, desde su génesis, el partido UPYD utilizó en mítines, escritos, incluso eslóganes, etc., quizás por primera vez de forma habitual entre partidos, precisamente porque parte de la realidad política daba signos evidentes de que, su forma de manifestarse (de palabra y acción), era fiel reflejo de conductas de nuestros políticos guiadas por cierto tipo de complejos que cristalizaban en acciones muy perjudiciales en contra de la justicia y de la igualdad de gran parte de la ciudadanía.

Pero, de forma concisa, ¿qué son los complejos? ¿De dónde nacen? ¿Qué porcentaje de responsabilidad han tenido o tienen dichos complejos en algunos de los graves problemas de la política actual? O mejor dicho, ¿en qué grado han influido en las personas que con ellos -supuestamente- nos han gobernado o nos gobiernan, y en qué grado se ha identificado la ciudadanía que lo ha apoyado? ¿Dónde comenzó y cómo, o por qué?

El complejo

Parece ser que fue Jung, psicólogo discípulo de Freud, el que empezó a hablar de los complejos; con el tiempo, como con otros términos, se ha ido popularizando y es ya habitual dentro de nuestros comentarios y diálogos. Se puede decir que el complejo es una suma de aspectos (sentimientos, emociones, ideas, etc.) de las personas, generalmente reprimidos, que se han ido acumulando desde el inicio de las distintas experiencias de la vida y que mediatizan los comportamientos. Hay muchos tipos de complejos, pero ahora nos referiremos básicamente a dos; al “de culpabilidad” y al “de inferioridad”, en muchos casos, unidos.

Sobre el primero se podría decir que es una emoción que nos lleva a estados de malestar, vergüenza, etc., por algo que percibimos o creemos que hemos hecho mal; como por ejemplo, transgredir normas con consecuencias negativas hacia algo o alguien. Del segundo, es un tipo de emoción que lleva a estados en los que las personas se minusvaloran. No vamos a entrar en los motivos, no es el lugar, sólo decir que básicamente están fuera de la consciencia. Tampoco vamos a juzgar, ni a analizar sobre ello, solamente constatar lo que supuestamente han podido-pueden influir en la vida política, que es lo que nos ocupa en este caso (por supuesto, en la personal influyen, y lo personal está en todo).

Justo es decir que está aceptado el sentimiento de culpa como algo universal y hasta necesario en varios aspectos, ya que también nos ayuda a reparar, a no caer -en el futuro- en los daños que hemos hecho antes; es decir, nos ayuda a adaptarnos, etc. Luego, es evidente que aquí nos referimos al exceso que desequilibra las conductas.

Génesis

Azaña, por ejemplo, ya indicó que “las izquierdas de la segunda República fueron resueltamente antiespañolistas” (Payne), en parte por la leyenda

Quizás sea osado decir que buena parte del origen de los complejos a los que nos referíamos en la introducción -los más importantes que han determinado o determinan cierta praxis política-, vengan, o sean reminiscencias, de leyendas negras que poco a poco han ido afectando a nuestro sentir y pensar, “asumidas por intelectuales y artistas españoles noventayochistas” (S.G. Payne). Y es posible que, lentamente, hayan ido “colonizando” el sentimiento (y los programas) de la izquierda de los siglos XX y XXI (incluso de la última parte del XIX). Azaña, por ejemplo, ya indicó que “las izquierdas de la segunda República fueron resueltamente antiespañolistas” (Payne), en parte por la leyenda.

Pero, ¿por qué caló tanto ese conjunto de historias e informaciones de la llamada leyenda negra (que cristalizó en el s. XVI) en los propios españoles, aun sabiendo que en dicha leyenda, además de verdades -por supuesto-, existieron mentiras envidiosas, estereotipos maledicentes, ignorancia a raudales, etc.? Eso se podría entender de los países enemigos de aquellas épocas, por sus conflictos, sus relaciones de desconfianza, etc. ¿Pero de los propios españoles?… ¿Las guerras de nuestros antepasados: América, Holanda, guerra civil, dictadura, etc.? Todo ha influido para creérnoslo, y creernos después que todos los males nos acucian por raros, malvados y otras lindezas tópicas llegadas del exterior (¿lógicas?), pero también del interior (¿ilógicas?, ¿o de buenos receptores de complejos?). Porque, reitero, no estamos hablando de las necesarias críticas sobre lo mal hecho históricamente demostrado (y que fuera de la época no es fácil juzgarlo), sino de la capacidad que, parece, tenemos para asumir e, incluso, regodearnos en lo que no tiene más fundamento que la insidiosa mentira.

¿Es posible que sea pretencioso decir que estos lodos de hoy sean consecuencia de un conjunto de malas gestiones de muchos de los responsables políticos a lo largo de los diferentes aconteceres y contextos? Es posible; pero sí pudiera suceder que algunas reminiscencias de todo aquello hayan sido argumentos (algunos muy malos) para lo que, desde hace algún tiempo, se destila y que nos arrastra a unas consecuencias nefastas.

Pero ¿por qué lo asumimos? Pues quizás porque, como se ha dicho, pesa sobre nosotros -a través del recordatorio que nos hacen (¡nos hacemos!) permanentemente- esa tradición de nuestra “maldad” y mal hacer. Quizás porque somos muy propensos a esos complejos: por cultura (religiosa o popular), por “edipos” mal resueltos, o/y por otros motivos. El asunto es que enseguida cala y nos lleva a conductas que nos perjudican individual y socialmente. En definitiva, pienso que hay un pasado que nos “ayuda” a sentirnos enseguida “acomplejados”, y un plano personal muy “receptivo” -posiblemente génesis, por ser lo que más pesa- a acoger dichos complejos en la sima del inconsciente. Este “mestizaje” de lo personal con lo social e histórico pudiera ser el origen esencial.

Algunas Consecuencias

“Cuanto mayor sea el sentimiento de inferioridad,…, más poderoso es el impulso de la conquista y más violenta la agitación emocional”. Adler

Como con muchos otros enfoques vitales, el problema surge cuando estas emociones llevan a desequilibrar o distorsionar las situaciones, su conciencia sobre éstas. Entonces es cuando se habla de complejo como tal, y entonces es cuando, por ejemplo -en complejos de culpa, de inferioridad-, tienen un miedo enorme al error o la equivocación porque les lleva al fracaso y a la minusvaloración, o al rechazo, o a mecanismos de compensación, o de sobresalir como sea, etc.; y de ahí, a acciones -u omisiones- que perjudican a todo lo que está bajo su responsabilidad.

se ha dicho en muchos momentos que las competencias dadas por el Estado a algunas CCAA, han dejado casi vacías las estanterías de dicho Estado

No vamos a enumerar el cúmulo de despropósitos -consecuencias- de legalidad retorcida (incluso incumplida) por parte de los gobiernos. Solo vamos a centrarnos un poco en la secuela más escandalosa (muy actual) de este problema. Ya se pueden imaginar que hablo del problema con los nacionalismos, y la falta de decisión y firmeza democrática -así como de autoridad moral- que han demostrado muchos de nuestros políticos. Tampoco vamos a hacer un estudio sobre estas historias, repetidas hasta la saciedad y en este mismo foro de “elasterisco”. Pero sí resumir dónde se ha llegado: se ha dicho en muchos momentos que las competencias dadas por el Estado a algunas CCAA, han dejado casi vacías las estanterías de dicho Estado; es decir, la representación de todos los españoles en ciertas zonas, que son, obviamente, de todos los españoles -por ley democrática, símbolo del pacto y vínculo social que obliga a todos por igual-. Digo que han dejado vacía nuestra representación, con todo lo que conlleva de rémoras en lo cultural, económico, etc. Es evidente que el nacionalismo aprovechó ese tópico de que con el dictador estuvieron muy castigados y que ahora deben ser recompensados; y a ese victimismo -o sea, infantilismo egotista-, pues responde su complemento -la otra cara de la moneda-; es decir, el acomplejado político “del Estado” que, valga el ejemplo, sumido en ese complejo de “españolista represor”, o de “gestión centralista” (ahora, gestión “facha”), etc., se sube al tópico y obra injustamente. Payne dice, “España es el único país occidental, y probablemente del mundo, en el que una parte considerable de escritores, políticos, activistas, etc., nieguen la existencia misma del país”.

Y ahí siguen los privilegios que sacaron de la Constitución, parte de las “nueces” que dijera el jesuítico Arzallus, los permanentes chantajes económicos y de supuestos derechos “históricos”, las falacias del derecho a decidir, etc

Entonces, ¿cómo es posible que semejante fechoría se tenga que estar explicando ahora? Pues estamos en ello precisamente por un acervo de razones, entre otras, por estos complejos de algunos de nuestros gobernantes más significados, por la falta de responsabilidad a que les ha llevado dichos complejos. Eso sí, acompañados de una parte de la ciudadanía (sin la cual lo anterior se hubiera dado menos, ¡o nada!) que trae en su mochila -además de sus fantasmas- una cultura trasnochada de culpabilidad hacia muchos aspectos que están, como se ha dicho, en la historia, y otros en la actualidad, y que no son científicos la mayor parte de ellos, y que no deberían suponer acomplejamiento alguno. Y ahí siguen los privilegios que sacaron de la Constitución, parte de las “nueces” que dijera el jesuítico Arzallus, los permanentes chantajes económicos y de supuestos derechos “históricos”, las falacias del derecho a decidir, etc. Se podría hablar también de los efectos sobre nuestra credibilidad y prestigio exterior, que ahora, otra vez, se ha demostrado endeble, etc. Presiento también que esta seudoideología del “buenismo”, que tanto daño ha hecho y está haciendo, tiene su base sobre el pilar del complejo de culpa (entre otras causas), por eso de que no sé cuántas cosas “debemos” a no sé cuántos por nuestro mal hacer (?).

El problema es que nuestros gobernantes, supeditan (guiados por esos complejos y otros evidentes motivos -vanidades, luchas políticas, etc.-) todas las buenas razones que nos dicen -y que las utilizan muchas veces como tapadera-, a las «razones» que la demoscopia y el márquetin políticos y los estereotipos partidistas recomiendan para seguir activos en la “hinchada”, en la división maniquea de los buenos (nuestros) y los malos (ellos), con el “beneplácito” de cierta ciudadanía pasiva, forofa, sectaria, desinformada. Trampas que crean modorra en el pensar y seguidismo (“ola”), para permanecer en el poder a toda casta (¿o es a toda costa?).

Salir…

Por último, ¿cómo salir de los complejos para escapar de la mediatización de éstos y obrar con libertad y justicia? Pues desde luego, no es fácil, pero los políticos deben hacer un gran esfuerzo y romper con aquel “mestizaje”. Aunque no es sencillo, sí es muy posible y, además, exigible a todo aquel que dirige y se responsabiliza de estas funciones de la vida política. En primer lugar, hay algo muy popular que se ha dicho desde hace tiempo; y es eso de que “hay que venir curados desde casa”, si no, no vengas. Pero desgraciadamente, muchos de nuestros políticos se creen libres de esos errores y no les va lo de “¡conócete a ti mismo”.

En segundo lugar, en otros países (no sé en qué plano en España), son muchos los políticos que siguen casi permanentemente “supervisados”, analizados y reforzados por personas especialistas en ello, para que a la hora de la verdad, en la cotidianidad de la acción política sepan -puedan- mantener la palabra, la sensibilidad, la firmeza y la seguridad, la honradez, etc., necesarias para que aquellos complejos no perturben el complicado equilibrio de su libertad y de su justa capacidad de acción, esenciales en la política como el aire. Conocerse para mejor gobernarse que decían ya los griegos, y gobernar con mesura.