Lengua asturiana - Alfredo Rodríguez

El pasado domingo día 28 de enero se presentaba en el Teatro Campoamor de Oviedo la ópera “Pelleas y Melisande” en medio de una gran división en la platea, con medio teatro silbando y pateando, y el otro medio aplaudiendo y enfrentándose a los que abucheaban. Algo muy habitual, si no fuera porque la causa no era la voz de los cantantes, la calidad de la música o la factura de la escenografía. El motivo era la alocución previa, en la que se informaba del inicio de la sesión y se pedía apagar los móviles en castellano, inglés y, por primera vez, en asturiano. Esta chusca imagen refleja bien la división existente en la sociedad asturiana sobre el grado de protección del bable.

Desde hace años ha habido discusiones sobre este tema, pero hasta hace poco estaban limitados a círculos universitarios y lingüísticos que ocasionalmente transcendían a la opinión pública

Desde hace años ha habido discusiones sobre este tema, pero hasta hace poco estaban limitados a círculos universitarios y lingüísticos que ocasionalmente transcendían a la opinión pública. Pero ahora el debate está plenamente instalado en la sociedad debido a la reciente decisión del PSOE de defender en su programa electoral la cooficialidad de la lengua vernácula. Una decisión por otra parte muy ajustada, con apenas un 52% a favor y que amenaza con dividir a la sociedad asturiana y al propio partido socialista.

Porque todo, en este tema, se presta a discusión. Hasta la propia denominación, asturiano o bable, ha sido objeto de polémica

Porque todo, en este tema, se presta a discusión. Hasta la propia denominación, asturiano o bable, ha sido objeto de polémica. Detengámonos brevemente en el asunto porque puede ayudarnos a poner en perspectiva el tema. Aunque en los años 60 y mucho después, en los 70 y 80, los defensores de la lengua lo utilizaban sin ningún problema y la asociación más importante en defensa de la lengua se denominaba Conceyu Bable, progresivamente, los activistas de la lengua empezaron a reclamar el uso preferente de asturiano como más adecuado, queriendo señalarla así como la lengua propia de Asturias.

En todo caso, el Estatuto de Autonomía, en su artículo 4, solo cita al bable del que dice que “gozará de protección” y que se “promoverá su uso, su difusión en los medios de comunicación y su enseñanza, respetando en todo caso, las variantes locales y la voluntariedad en su aprendizaje”. Pero en el desarrollo posterior de esta previsión estatutaria se hace referencia a ambas denominaciones y hay un creciente uso del término asturiano por parte de los hablantes y de la propia administración.

El encaje de la lengua ha sido objeto de debate entre estudiosos y colectivos de hablantes desde la aprobación del Estatuto en 1981 pero casi nunca había estado en la agenda de los grandes partidos.

En el postfranquismo, existía un nutrido número de investigadores universitarios que eran ardientes defensores de la lengua asturiana, encabezados por el catedrático Emilio Alarcos, académico de la Española y reputado filólogo. Alarcos, “castellano de natura, asturiano de pastura y europeo de ventura”, por decirlo en sus propias palabras, fue uno de los primeros en interesarse por el bable e impulsó su estudio y lo introdujo como objeto de estudio en la Universidad. Pero, en los años 80, poco después de la creación de la Academia Asturiana de la Llingua, se fue apartando de los círculos más reivindicativos, hasta casi ser considerado un enemigo del bable, con frecuentes polémicas y debates. Se opuso entonces a la normalización de la lengua, a su inclusión en la escuela y, sobre todo, a la oficialidad, convirtiéndose en el villano de esta historia, acompañado casi siempre de Gustavo Bueno.

Han pasado casi cuarenta años de la aprobación del Estatuto de Autonomía y de la creación de la Academia de la Llingua Asturiana (1980) y es evidente que la situación de la lengua asturiana es ahora mucho mejor que entonces

Han pasado casi cuarenta años de la aprobación del Estatuto de Autonomía y de la creación de la Academia de la Llingua Asturiana (1980) y es evidente que la situación de la lengua asturiana es ahora mucho mejor que entonces. Existe un notable grupo de artistas que han revitalizado la literatura y la música en asturiano, movimiento conocido como Surdimientu y el uso del asturiano, aunque sigue siendo minoritario, en absoluto es una rareza. La mayoría de los asturianos somos capaces de entender perfectamente la lengua y muchos alumnos la eligen en su currículo y la estudian en la escuela. No está postergada ni perseguida y su uso es libre.

La pretendida cooficialidad no parece que vaya a mejorar de forma significativa la situación del bable ni a aumentar el número de hablantes, sino que puede servir para aumentar la burocracia, duplicando los textos y favoreciendo la aparición de perfiles lingüísticos susceptibles de convertirse rápidamente en factores que limiten el acceso a la función pública de aquellos que no dominan la lengua o vengan de fuera.

Es cierto que no debemos prejuzgar las intenciones futuras de los colectivos pro oficialidad y menos hacerlo por hechos ocurridos en otras Comunidades Autónomas. Pero también es verdad que podríamos decir que es una locura “hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, frase atribuida falsamente a Einstein, pero muy al caso. Y mucho más en textos académicos como el ”Informe sobre la llingua asturiana” publicado por la Academia de la Llingua Asturiana en 1997, que hace referencia a la “etnia mayoritaria, los ástures, enxamás se sometió dafechu al reinu visigodu de Toledo nin a los musulmanes llegaos darréu” o a ”la Xunta Xeneral del Principáu, muérganu representativu de los conceyos y principiu del poder autónomu asturianu, desfechu en 1835 pol absolutismu del rei borbón Fernando VII”.

Debemos rechazar que el asturiano sea, de forma exclusiva, la lengua propia de Asturias o que el castellano sea una imposición del centralismo

Este tipo de discursos y esta forma de plantear los temas contribuyen a agrietar la convivencia y a dividir a la sociedad. Por esto mismo, debemos rechazar que el asturiano sea, de forma exclusiva, la lengua propia de Asturias o que el castellano sea una imposición del centralismo. A lo largo de los siglos de nuestra larga historia, los habitantes de esta tierra han tenido diversas lenguas: no sabemos cómo hablaban esos astures salvajes que luchaban contra la civilización romana pero sí que acabaron por hablar el mismo latín de sus conquistadores. Y sabemos también que desde hace siglos, en Asturias se hablaba castellano y asturiano y otros muchos idiomas traídos por viajeros y peregrinos.

Jovellanos, el gran referente político y moral de los asturianos, amaba la lengua asturiana y defendía la necesidad de crear una Academia para su estudio y protección. Seguramente, en alguna medida lo hablaría en su vida privada, no en vano su hermana Josefa escribió la mayoría de su obra poética en bable. Pero sin duda su lengua era el castellano, la que le servía para entenderse y en la que eligió escribir su obra.

Para proteger este legado de coexistencia y respeto a ambas lenguas es imprescindible no modificar la situación actual y mantener el castellano como lengua oficial única y cumplir el mandato estatutario de proteger, promover el uso y la difusión del asturiano

Y de esta misma forma utilizan los asturianos sus dos lenguas. Una mayoritaria y común, no solo con el resto de los españoles sino con casi quinientos millones de hablantes. Y otras, quizás más minoritaria y menos usada pero igual de querida, hasta el punto de que la mayoría de los asturianos, en su vida diaria utilizan palabras de ambos registros, en una especie de lengua mixta como puede ser el spanglish de Puerto Rico o el portuñol brasileño. Para proteger este legado de coexistencia y respeto a ambas lenguas es imprescindible no modificar la situación actual y mantener el castellano como lengua oficial única y cumplir el mandato estatutario de proteger, promover el uso y la difusión del asturiano.