La paz - Javier Gabilondo

Sin desinterés, sin despreocupación pero con la distancia física, geográfica, sigo las noticias y opiniones que, con ocasión de las conmemoraciones de las víctimas del terrorismo, ponen de manifiesto la desunión de los demócratas que, mediante mucha ingeniería política y excusas de escaso valor y ningún peso, unos y otros construyen desde su condición de expertos en politiqueo incapaces de levantar el vuelo hacia la política con mayúsculas.

Por la propia tranquilidad y con la excusa de conseguir La Paz se mira hacia otro lado ante la apología del terrorismo

No se avanza, no aprendemos. Por la propia tranquilidad y con la excusa de conseguir La Paz (necesitamos La Paz) se mira hacia otro lado ante la apología del terrorismo. O si no ¿qué son los continuos homenajes a etarras y los recibimientos de presos con vítores a ETA? ¿Es acaso libertad de expresión? ¿No es apología? ¿No es delito? Para colmo, los opinadores palmeros del buenismo, proponen a la ciudadanía un poco más de hipocresía como herramienta de tranquilidad y para conseguir la paz. Transigir, ceder un poquito, colaborar, nadie tiene la verdad absoluta, no molestar cargándonos de razón y exceso de principios, ser políticamente correctos.

Estamos en “un tiempo nuevo”, adelanto de la postverdad, pragmatismo, política del olvido, que no molesten las víctimas, fuera sentimientos de venganza. Las víctimas fuera de la política molestan en el camino de La Paz, obstaculizan la tranquilidad. Ya que no convivir, coexisistir con la hipocresía como herramienta, para no volver al pasado, para que no vuelvan a matar, es decir, pagar para que definitivamente  dejen de matar.

El futuro de un país se visualiza en lo que, volviendo atrás la mirada, leemos con honestidad en nuestra historia

Hace años creo que fue Wiston Churchill en la inauguración del Royal College of Surgeons, quien dijo que el futuro de un país se visualiza en lo que, volviendo atrás la mirada, leemos con honestidad en nuestra historia.  Yo me pregunto: ¿Con la hipocresía como instrumento de convivencia, podremos contar lo sucedido a las generaciones venideras?

Aquellos que vaticinaban la necesidad de negociar a toda costa, ahora apuestan desde el buenismo por ignorar los asesinatos no aclarados y a los no arrepentidos

La derrota de ETA, imposible según algunos, se ha producido gracias a la resistencia democrática ciudadana y a las fuerzas del orden. Costó sangre, sudor, muertos y lágrimas. Aquellos -y sus palmeros- que vaticinaban la necesidad de negociar a toda costa, ahora apuestan desde el buenismo por ignorar los asesinatos no aclarados y a los no arrepentidos que no colaboran con la justicia en el esclarecimiento de los hechos. Cuentan el “cuento” de la intoxicación marxista de unos jóvenes idealistas de sentimientos nacionalistas, patriotas aberzales intoxicados por los rojos. Cuánto disparate para justificar lo imposible, porque ¿a quién benefició tanto golpe, tanto dolor? ¿Quién recogía sus frutos: las famosas nueces que debían caer golpeando el árbol?

A todo este mundo pragmático y ahora también buenista, que propone la hipocresía como herramienta de convivencia y  califica  de maniqueísmo a quienes no lo compartimos, le recuerdo las palabras duras, o más bien justas y sinceras, de las víctimas que no olvidan ni perdonan, menos aún a quienes ni se arrepienten, ni piden perdón sino todo lo contrario.

No me considero en posesión de la verdad, pero ya peino canas, creo ser y haber sido demócrata  desde mi uso de razón en la dictadura. Comprendo la necesidad de adaptación de la legalidad a los tiempos, en el estado de derecho, en los cambios jurídicos  acordados democráticamente en las instituciones que nos representan, aunque no sean a gusto de todos.

A los revolucionarios del fusil, pistolas, bombas y tiro en la nuca, que acallaron al discrepante, les digo que no estamos dispuestos a la cobarde hipocresía de por La Paz un AVE María

No creo en las soluciones perfectas, definitivas, en el nuevo orden, en el hombre nuevo, en el pensamiento único sin dudas con respuestas para todo, en el paraíso de borregos o muertos, sin ciudadanos críticos, o rebeldes ante lo que consideren injusto. A los revolucionarios del fusil, pistolas, bombas y tiro en la nuca, que acallaron al discrepante, negando con los fusiles la palabra y acobardando a la sociedad en años de plomo, les digo que no estamos dispuestos a la cobarde hipocresía de por La Paz un AVE María. Sinceramente, no creo que sea maniqueísmo resistirse ante tamaña manipulación y no compartir lo políticamente correcto.

Miguel de Unamuno mirando al mar, a su superficie de olas, rizos y espuma, nos habla de las corrientes en profundidad, de la intrahistoria, de los movimientos del fondo marino. Al margen de las modas, de los nuevos tiempos, los pueblos hacen su historia, por ello me pregunto de nuevo: ¿Hay que rezar por la paz un ave María? ¿Hubo que pagar para que nos dejaran de matar?

No oigo ni gritos ni rezos. Que recen los que recogieron las nueces cuando cayeron a golpes. Ahora es tiempo de un silencio atronador. Con mi respeto y agradecimiento a quienes pagaron con sus vidas por nuestra libertad. Nunca será suficiente, pero no lo olvidaremos.