La ola que nos arrastra - Jesús Manuel López

En un precioso libro de E. Lledó sobre Epicuro, comentaba que, en esa época, ante las crisis -inestabilidad política, deterioro de la convivencia-, la llamada al amparo «del dios cósmico como supremo orden, independiente de los deseos humanos», era una salida; y explicaba también cómo esas creencias y mitos, detenían el avance del pensamiento, la autonomía intelectiva y el albedrío.

Es posible que cierto conglomerado mediático esté ocupando espacios, emociones, voluntades o ilusiones de los ciudadanos en el plano político

Evidentemente, no pienso que hoy ciertas creencias llenen el espacio que hace miles de años acaparaban. Pero sí pudiera ser posible que cierto conglomerado mediático y de marketing, esté ocupando espacios, emociones, voluntades, ilusiones, etc…, de los ciudadanos en el plano político. Que nadie busque en esta crítica, culpas, es un punto de vista sobre la responsabilidad de cada cual; la del político también, aunque esta responsabilidad es expuesta cotidianamente y, la verdad, pocas veces asumida. Por lo tanto, se trataría de una opinión con otro propósito.

Desde una realidad social con graves injusticias que lo propicia, se  crea un lógico ambiente de malestar, y a su alrededor crece una ola (como movimiento que arrastra) alimentada por dicho conglomerado. Salvando matices y distancias, sería como en los eventos deportivos a los que la ciudadanía se suma. En el caso que nos ocupa, justamente hartos de tanta ignominia, buscando ideas que consideran nuevas o auténticas, abiertos en canal por ilusión, o venganza, etc…, se hacen receptores de todo lo que la ola emite a través de sus dirigentes, generalmente con fe bastante firme. Importan, como siempre, los símbolos, las palabras de contenido claro, breve y ambiguo,  y parece que, de principio, baste con eso para que la fantasía corra a raudales por la autopista de la imaginación, instalándose la emoción por encima de lo razonable. Les dejan el camino casi libre, no les importa ni la historia, ni las faltas, “otros las hacen más gordas y ahí siguen”, etc… Son los nuevos «buenos” y les toca; aunque utilicen bastante la perversidad de “el fin justifica los medios”.

Orwell decía que «el lenguaje político está diseñado para dar solidez al puro viento»

Con qué facilidad se aparca la ética de la conciencia («el orden moral dentro de mí», Kant) y el albedrío. La queja de Epicuro era contra la regresiva sumisión hacia los temerosos dioses y el destino, dejando desarmados la fuerza de la autonomía y el pensamiento. Hoy, un tipo de marketing feroz en la voraz sociedad consumista, donde la «tiranía del momento» (Eriksen) devora el presente sin vivirlo, construye la escena de la ola, cual pase de modelos, justificándose desde ella que lo establecido está caduco y sus responsables indemnes (en parte, con razón). Y allá van, tras este arbitrio, parte de la ciudadanía. Y es que el marketing, en ocasiones y en política, también especula e invade con demagogia, trivializando dicha política aún más. Orwell decía que «el lenguaje político está diseñado para dar solidez al puro viento».

Mucha gente instalada en el comprensible hartazgo asume con fruición este veloz cambio de decorado, con la ilusión (¿honesta?, ¿ilusa?) de que esta adversidad se disipe. Por eso, importa quién llegue, sí, pero no cómo llegue: con mochilas de quimeras creíbles (engañada la esperanza), de promesas cambiantes, y/o con tránsfugas de todo pelo. Se ofrece novedad y sube la ola en esa demoscopia que lee más el corazón (emocionado, o vengativo, o ilusionado) que la razón. Pero, quién sabe, como dijo Kundera, quizás «el nivel de velocidad es directamente proporcional a la intensidad del olvido».

Desde luego, no soy de los que piensa que la civilidad integradora, en el cómputo global del tiempo, vaya hacia la hecatombe. Aunque haya motivos obvios para pensar lo contrario, supongo que, como todos los procesos de la vida, tiene momentos de cierto retroceso. Pero bueno es recordar que durante todas las épocas de la dilatada historia, ha habido regresiones, motivadas por crisis que, bien gestionadas, han dado pie a una fuerza creadora y sensible generadora de progresos esenciales para el bienestar de todos.

Es difícil conformar una sociedad justa si detrás no existe honesta información, conciencia moral y participación, autocontrol y responsabilidad de la propia ciudadanía

En fin, se ha dicho hasta la saciedad que es difícil conformar una sociedad justa si detrás no existe honesta información, conciencia moral y participación, autocontrol y responsabilidad de la propia ciudadanía que haga pagar con la falta de confianza la mala/falsa política. En ello estamos, pero lo entiendo complejo, porque hoy –entre otras cosas- es casi imposible la dialéctica política en ciertos ambientes, por el exceso de maniqueísmo sectario…. Hay mucho activismo efectista, demasiada avidez y celeridad, pero ¿y si pasara aquello de Gracián de que “los ríos cuanto más agua menos ruido”? Atentos, porque ya estábamos avisados de “la modernidad líquida”.