Infeccion sistemica - Marina de Quevedo

Se insiste, casi como si fuera un mantra o un eslogan, en que la historia se repite y es analizando posteriormente los hechos que determinaron el rumbo de la sociedad cuando nos preguntamos: ¿dónde estaban los demás?, ¿por qué nadie hizo nada?

Es repasando la historia cuando analizamos el proceso de escalada de un conflicto, cuando nos preguntamos cómo pudo llegar a pasar. Nos cuesta comprender qué nos abocó a un punto dramático, de no retorno, lo que me hace pensar que las cosas siempre empiezan por lo pequeño, las cosas empiezan a pasar, siempre, en nosotros.

Y lo cierto es que ese nosotros varía dependiendo de si eres el agredido, el agresor o un tercero.

A lo largo de esta crisis sanitaria –no exclusivamente sanitaria- hemos ido aceptando una serie de limitaciones bajo el pretexto de la seguridad sin exigir que alguien desde el Ejecutivo establezca la relación causal entre sus medidas y los resultados positivos (casi milagrosos) que prometen con ellas.

Incluso aceptando la reacción tardía por parte de nuestros gobernantes, la sucesión de catastróficas medidas que han ido adoptando es intolerable. Hemos ido asumiendo como algo natural las actitudes del Gobierno: la contratación de empresas de manera opaca y con falta de información, un comité de expertos anónimos con criterios inciertos e indeterminados y un Comité de Reconstrucción presidido por Patxi López. Si tan grave es la crisis del COVID-19 como para prorrogar el Estado de Alarma ad infinitum,  ¿por qué se nombra a Patxi López presidente de un Comité tan relevante con su nula experiencia en la materia? La lista siempre extensiva nunca limitativa.

O nosotros o el caos.

Durante estos meses hemos aceptado como algo natural que nuestros dirigentes rocen la inutilidad y abracen abiertamente el despropósito

Durante estos meses hemos aceptado como algo natural que nuestros dirigentes rocen la inutilidad y abracen abiertamente el despropósito. Desde que se aceptó como natural que quienes abiertamente hablan de socavar las bases del Estado de Derecho y de nuestra convivencia fueran socios aptos de gobierno hemos ido viviendo una progresiva decadencia, no solo de nuestras instituciones, sino de nuestra democracia.

Intento pensar en algún otro ejemplo de democracia liberal donde un vicepresidente del gobierno lance a sus hordas fanáticas a acechar la residencia de miembros de la oposición nombrándoles descaradamente y no lo encuentro.

Nos sorprende la nueva alcaldía de Badalona, Albiol es nombrado alcalde tras fracasar el intento de acuerdo entre las auto-denominadas “izquierdas”, no nos debería sorprender el fracaso, sino el propio intento de negociar. Bajo la premisa de ser “La Izquierda” se aceptan diálogos que en un contexto normal se verían como estrafalarios. ¿Realmente es necesario explicar que quienes defienden y justifican el atropello de derechos de otros ciudadanos no son de izquierdas? Ni de izquierdas ni de derechas, no deberían ser ni siquiera considerados sujetos legítimos para el diálogo. Parece una reducción al absurdo pero es la realidad, porque no quieren dialogar, quieren imponer su dogma.

Y si ese ejemplo se convierte en norma a lo largo y ancho del país y se legitima desde el propio Ejecutivo pienso que cuando se estudie en el futuro los hechos que determinaron el rumbo de nuestra sociedad alguien se preguntará: ¿dónde estaban los demás?

Esta situación, ¿no la hemos visto venir?

Hemos llegado al punto de ebullición exacto: se ha deshumanizado tanto a la oposición, no solo a los representantes políticos, sino a todos los ciudadanos que piensan diferente que ya no somos considerados personas, ahora somos los otros, los del bando contrario.

Casi nunca compensa interceder, enfangarse, salir escaldado. Seguro que conocemos muchos ejemplos tanto personales como políticos: partidos y representantes condenados al ostracismo por negarse a pasar por el Congreso de los Diputados –o por la vida- de puntillas y de perfil.

Además, la valentía es ingrata. Pocas veces compensa salir escaldado y en ciertos contextos, algo tan sencillo como expresar discrepancia o negativa puede suponer un acto heroico.

Las cosas siempre empiezan por lo pequeño, las cosas empiezan a pasar, siempre, en nosotros.

deberíamos dejar de aceptar la dinámica actual de desgobierno

La percepción de la importancia de uno mismo varía de manera abismal dependiendo de si eres sociedad civil u oposición en el Congreso. Llegados a este punto creo que como ciudadanos deberíamos dejar de aceptar la dinámica actual de desgobierno y desde la oposición, con mayor capacidad de actuación, impedir el constante atropello al Estado de Derecho.

Ciudadanos, haciendo gala de su naturaleza fanfarrona –lo único que mantienen de sus inicios y a pesar de los constantes virajes del partido- dicen hacer política con diez escaños, han conseguido una prórroga de quince días en lugar de treinta y encima borran de la imagen a ERC. Sale a desmentirles la ministra María Jesús Montero, y pienso en la fábula del escorpión y el sapo. Apenas un par de días después, el acuerdo de la infamia con Bildu, delante de sus narices. Quieren dar a entender que lo sabían, que era parte de su estrategia, que Arrimadas es una líder con sangre fría.

El PSOE es el mismo desde hace tiempo, son ellos quienes no aceptan que caer en determinados diálogos, no es hacer política, es claudicar desde la equidistancia. En la equidistancia siempre pierde la víctima, y la victima en este caso es el conjunto de la ciudadanía española, sea esta o no de izquierdas.

Sabiendo que la muchedumbre condiciona y una vez hemos convenido que la cobardía es entendible pero no disculpable, debemos recordar que el colectivo no es más que la suma de individuos. La acción particular, un viraje, una manifestación impulsiva, aferrarse a unos principios, puede ser no sólo relevante sino vital.

Se insiste, casi como si fuera un mantra o un eslogan, que la historia se repite, pero no es cierto, somos nosotros quienes repetimos la historia.  Como humanidad nos hemos equivocado las veces suficientes como para saber que, inmersos en la masa todos somos susceptibles de convertirnos en figuras autoritarias.

Todos somos susceptibles de perpetrar atrocidades, muchas veces incluso en nombre de la Democracia.