El aborto y sus fake news - Antonio Cervero

En el discurso del Estado de la Unión del martes 5 de febrero, Donald Trump solicitó al Congreso que prohibiera los abortos tardíos, mostrando su indignación porque, según sus propias palabras, en Nueva York se había aprobado una ley que permitía abortar hasta momentos antes del nacimiento (Laborde, 2019). La ola de indignación, incluida la mía, pronto se propagó por las redes sociales gracias a la labor de algunos medios de comunicación de corte católico que titularon la noticia con un sensacionalista: “el aborto será legal durante todo el embarazo en Nueva York” (ACI Prensa, 2019).

Tras el escándalo inicial, sin embargo, fuentes de información adicionales permitieron conocer una realidad bien distinta. Así, lo que facilitaba dicha legislación era el aborto más allá de la semana 24, en efecto, pero siempre que el feto fuera inviable o se diera el caso de que la vida de la madre corriera peligro, matices que desde luego cambian notablemente el sentido de la noticia y recuerdan tangencialmente a la extinta legislación española de plazos y supuestos.

Fake news

Lo ocurrido es un buen ejemplo del fenómeno actual de las fake news, que no es más que la manipulación informativa de siempre pero con unas características propias y definidas, y con un término anglosajón, lo cual siempre parece otorgar un plus de importancia a la realidad descrita. Dicho de otro modo, un falseamiento de las circunstancias que busca generar una opinión social concordante con intereses concretos, bajo el supuesto de que una tergiversación siempre es mucho más difícil de detectar que una mentira y, por tanto, más eficaz para manipular a las masas.

De hecho, para que las fake news funcionen adecuadamente han de estar caracterizadas por tres condiciones: la primera, tratar un hecho de trascendencia social; la segunda, sustentarse sobre una base de verdad a la que se asocia un segundo elemento plausible pero falso; y la tercera, enfocar la noticia apelando a la excitación de las emociones más primarias de los destinatarios, lo cual minimizará su capacidad reflexiva y racional.

El éxito del engaño ha sido de tal magnitud que no solo se han multiplicado este tipo de desinformaciones, sino que se han fundado empresas (algunas por periodistas sobradamente conocidas por sus tendencias partidistas) que autoproclamadas como garantes de la verdad, utilizan nuevas fake news para desenmascarar las fake news originales del contrincante, configurando un escenario tan propio del surrealismo patrio que nos ha tocado vivir, que podríamos denominar como el metafake.

El aborto desde la ciencia

Teniendo esto en cuenta, y volviendo al tema del aborto, aunque aplicable a cualquier otro campo de debate, lo que nos queda para llegar a conclusiones más o menos libres y propias es el desapasionamiento y la argumentación racional basada en explicaciones respaldadas por conocimientos más o menos sustentados por la ciencia actual.

Eso sí, el problema que nos encontramos para establecer un criterio propio sobre el aborto es precisamente que la ciencia actual no ha avanzado lo suficiente como para responder a una pregunta que aclararía mucho los posicionamientos sobre esta polémica y que no es otra que determinar cuándo comienza la vida humana, no solo en cuanto acto, como decía Aristóteles, sino también en cuanto potencia, problema agravado por la diferencia de criterios que hay entre los diferentes contextos profesionales o científicos. Sí conviene matizar que aquí hablaremos de aborto en general como la interrupción del embarazo de un no nacido (tal y como se entiende coloquialmente) aunque técnicamente se diferencie entre aborto (cuando se produce antes de la semana 22 o el peso es inferior a 500 gramos) y muerte fetal (si la interrupción se produce después de la semana 22)

Así, la biología viene a decir que la vida comienza en el momento de la concepción, cuando se forma el cigoto por la unión de las células masculina y femenina que dará lugar al embrión. No obstante, esta concepción de la vida se refiere a vida celular, donde estaría toda la información para que la vida se desarrolle.

Jurídicamente y en España, por otro lado, la vida comenzaría en el mismo momento del nacimiento, una vez producido el entero desprendimiento del seno materno (art. 30, Código Civil), aspecto que solamente es operativo desde 2011, pues anteriormente tal condición no se adquiría hasta pasadas 24 horas desde el mismo.

Entre ambas condiciones, biológicamente habría que considerar las fases de desarrollo embrionario y fetal y jurídicamente los derechos del nasciturus, como fuente potencial de vida que, según el país de origen, tendría ciertos derechos adquiridos.

A nivel de embrión, es interesante considerar la morfogénesis del sistema nervioso que comienza en la tercera semana embrionaria, cuando comienza la fase de gastrulación, en las que se forman las capas a partir de las cuales se desarrollarán los órganos corporales, incluido el sistema nervioso. A partir de la quinta semana, la misma en que empieza a latir el corazón, ya son apreciables las cinco vesículas que configurarán el encéfalo, siendo especialmente relevante la formación de dos vesículas laterales en el telencéfalo, que darán lugar a los hemisferios cerebrales. A partir de ahí se produce un rápido crecimiento celular que va configurando una estructura propia y completa (Del Abril et al., 2009). Cuando el sistema está completamente formado, no produciéndose nuevos órganos o tejidos sino madurando los ya formados, es cuando se comienza a hablar de fase fetal, que en el caso humano se estima alrededor de la octava semana de gestación. No obstante, este potencial no implicaría realmente una posibilidad de vida independiente, estimándose el límite de viabilidad en el nacimiento alrededor de la semana 26 (aunque hay quien lo adelanta a entre las semanas 22 y 25), pues con un tiempo menor la posibilidad de vivir es limitada (denominándose periviables) a lo que habría que sumar las grandes complicaciones que se generarían en el futuro desarrollo (Duro, Sotomayor, Niño y Sorokin, 2019).

Perspectivas sobre el aborto

La vertiente más radicalmente antiabortista entiende que la vida comienza potencialmente en el mismo momento del acto sexual y por eso incluso rechaza la píldora del día después

Teniendo en cuenta estos aspectos, de forma más que resumida, ya podríamos aventurarnos a valorar algunas de las posturas existentes en cuanto al aborto. La vertiente más radicalmente antiabortista entiende que la vida comienza potencialmente en el mismo momento del acto sexual y por eso incluso rechaza la píldora del día después, que no es propiamente una píldora abortiva sino un fármaco que impide la concepción. En definitiva, un argumento que da el mismo valor a la vida celular que a la vida humana (de ahí que en su vertiente más extrema rechace incluso la masturbación, referida al menos a la masturbación masculina dado el carácter patriarcal de las principales religiones). El problema de esta perspectiva es que la base de su discurso, por la cual se considera la vida celular y no la vida humana, no se encuentra en razones de tipo científico sino en una moral de origen claramente religioso, lo cual la hace muy respetable para los seguidores de tal o cual religión, pero que no debería generalizarse a una legislación que afecta a toda la ciudadanía, que no tendría por qué someterse a las creencias de un grupo en concreto.

“nosotras parimos, nosotras decidimos”, expresión además paradójicamente utilizada de forma contextual, pues sus mismos impulsores la rechazan cuando es utilizado por los defensores de la gestación subrogada

En el otro extremo, los defensores del aborto libre, han convertido el debate en una sucesión de eslóganes carentes de profundidad del tipo: “nosotras parimos, nosotras decidimos”, expresión además paradójicamente utilizada de forma contextual, pues sus mismos impulsores la rechazan cuando es utilizado por los defensores de la gestación subrogada. El argumento en sí carece de validez en gran medida porque equipara el aborto a un acto que refiere toda su esencia al cuerpo de la mujer, cuando hay dos circunstancias que lo puntualizan: la primera, que la concepción natural se produce fruto de la acción de dos personas y por tanto, el padre también debería tener derecho, al menos, a ser escuchado en cuanto al futuro de su hijo potencial; y el segundo, mucho más importante, que la madre en este caso no está decidiendo sobre un aspecto relativo a su propio cuerpo y condición, aunque lógicamente le afecte, sino a la posible vida de un tercero que trasciende su justo derecho a hacer consigo misma lo que buenamente le plazca.

Entre ambos extremos, el aborto como derecho y la negación del aborto como creencia, habría por tanto un marco donde establecer un cierto punto de consenso

Entre ambos extremos, el aborto como derecho y la negación del aborto como creencia, habría por tanto un marco donde establecer un cierto punto de consenso. Y matizo aquí que, desde un punto de vista personal, este es uno de los pocos temas en los que me cuesta formar una postura generalizable, debido a la gravedad de la decisión a tomar y a las implicaciones que tal decisión puede tener para la vida de las personas. Entiendo por tanto que la legislación debería dar cabida a ambas opciones, proseguir con un embarazo o interrumpirlo, pero siempre dándole al tema la importancia que merece y desde un conocimiento informado.

Teniendo en cuenta lo anterior, parece obvio que en caso de optar por la interrupción del embarazo, esta debería llevarse a efecto lo más tempranamente posible y en un contexto consciente de la decisión que se ha de tomar. Por eso, personalmente, soy partidario de una ley de plazos y supuestos en la que, no nos vamos a engañar, cabía todo, pero a la par sensibilizaba sobre las implicaciones de la decisión.

Entiendo la perspectiva de quien desea proseguir con un embarazo de un niño que vendrá con grandes discapacidades como entiendo la perspectiva de quien no quiere seguir adelante bajo la idea de que bastante duro es este mundo como para traer a él a alguien para sufrir; entiendo que una mujer quiera traer un hijo al mundo producto de una violación que ojalá nunca se hubiese producido, como me parece inhumano obligar a dicha mujer a proseguir con él (el caso de la niña argentina de 11 años que no quería proseguir con el embarazo y a la que se hizo una cesárea avanzada mientras los burócratas decidían, debería de pasar a la historia de la barbarie humana); y entiendo a la madre que se arriesga para dar a luz a su hijo a costa de su propia salud, como entiendo que no se puede imponer dar a luz a un hijo al que no se puede dar las atenciones debidas. Lo que no puedo entender, bajo ningún concepto, es que se frivolice sobre un tema tan complejo y se convierta tan importante decisión en una guerra de intereses basada en eslóganes y desinformación.

Referencias bibliográficas

ACI Prensa (2019, 23 de Enero). Aborto será legal durante todo el embarazo en Nueva York. ACI Prensa. Recuperado del enlace

Del Abril, A., Ambrosio, E., De Blas, M.R., Caminero, A., García, C. y De Pablo, J. (2009). Fundamentos de Psicobiología. Madrid: Sanz y Torres.

Duro, E.A., Sotomayor, M.A., Niño, R. y Sorokin, P. (2019). El pediatra en la encrucijada. La atención de los neonatos extremadamente pequeños: problemas éticos en la sala de partos. Revista Iberoamericana de Bioética, 9, 1-14. doi: http://doi.org/10.14422/rib.i09.y2019.002

Laborde, A. (2019, 9 de febrero). Trump avanza a paso firme en su ofensiva contra el aborto. El País. Recuperado del enlace

2 Comentarios

  1. Hola Antonio.

    El artículo me parece interesante, y como dices, si algo tiene este tema es que es un tema sensible, complejo y no se debe de frivolizar con él. Al final, estamos “jugando” con el concepto de vida humana.

    Lo único que me gustaría hacer una aportación, porque hay una parte de tu exposición en la que creo que no has sido exacto, y pudiera ser que cambiase parte de ese punto de vista que comentas. Es cuando hablas de que la postura más radicalmente antiabortista entiende que la vida comienza en el mismo momento del acto sexual, y por eso rechaza la píldora del día después, y que ésta no es una píldora abortiva sino un fármaco que impide la concepción. En este punto, quería matizar que la concepción es el momento de unión de los gametos sexuales, con lo cual, antes de la misma, hay un óvulo y muchísimos espermatozoides, pero evidentemente no hay vida humana en curso. Además, esta no se tiene que dar en el mismo momento del acto sexual, sino creo que puede ocurrir hasta 72 horas después. Por otro lado, hasta donde sé (no sé si habrá cambios científicos recientes al respecto), la píldora del día después lo que impide no es la concepción (a no ser que se usaran sustancias similares o en otras concentraciones como método anticonceptivo habitual), sino que lo que impide es la implantación. Es decir, evita ya que el embrión con vida en curso se pueda implantar, y por tanto no deja de ser un aborto (cuando ocurre de forma natural, así se considera). Así que no creo que las posturas antiabortistas den el mismo valor a la vida celurar (antes de la concepción) que a la humana (donde se unen 2 células en una constituyendo así ya un genoma humano único, pero cuánto tiempo sigue siendo una célula; insignificante). Por eso tampoco entiendo mucho lo que comentas sobre la masturbación en relación al aborto, porque vida celular… se nos “mueren” muchísimas células al día (ej. piel…).

    También me gustaría comentar, aunque esto entra más como opinión personal,que el potencial de vida independiente no se da ni en la semana 22, ni en la 30, ni 3 meses después de nacer. Otra cosa es el límite de viabilidad con el que actualmente la medicina es capaz de hacer que un feto sobreviva fuera del útero, pero esto no deja de ser dependiente del desarrollo científico, por lo que no creo que debiera de tenerse mucho en cuenta en el debate. Si hoy se encuentra entre las semanas 22-26, nadie nos dice que el día de mañana se consiga desde la 18, y no creo que los avances científicos puedan determinar si hay o no vida o humana. El que haya o no no creo que cambie por si somos capaces de mantenerla o no. Al final, todo es un contínuo desde el principio, e incluso hay órganos, como el sistema nervioso, que no terminan de madurar hasta algún año después de nacer. Por eso no entiendo muy bien las leyes de plazos, no me parecen muy coherentes (opinión meramente personal, ojo); puedo entender que se permita o no (donde en el caso del no puede haber excepciones donde la vida de la madre o del feto corran claro peligro), pero lo de poner un límite arbitrario… Pues pueden ser las 12 semanas, como la 18, como la 10. Y como digo, si hay o no un ser humano no va a depender de nuestro criterio inventado.

    Espero haber aportado otro granito de arena más a esta exposición, pero me parecía interesante aclarar esos puntos. Siento si he soltado un rollo al respecto. Por último, agradecerte tu colaboración y tus artículos siempre interesantes en el asterisco.
    Un saludo y gracias.
    Cristina

  2. Buen resumen del complicado asunto del aborto. Enhorabuena a Antonio Cervero.
    Me gustaría comentar que el argumento de Cristina sobre el mecanismo de acción de la píldora del día después puede encajar de lleno en lo que hoy se llama fake new; aunque no es nuevo porque venimos soportándolo desde que se comercializó la píldora de urgencia (PU), en la década de los 90 (En España en el 2000). Desde ese momento se viene propagando la idea de que la PU de levonorgestrel actúa impidiendo la anidación del huevo fecundado, y por lo tanto, provocando un aborto. Sin ninguna evidencia. Ya en el desarrollo de la PU, (una substancia derivada de la progesterona, cuya función fisiológica es la de mantener el embarazo) se dispararon las noticias en su contra, curiosamente por parte de ideologías contrarias al aborto, cuando de lo que se trata es de evitar esos abortos proporcionado una segunda oportunidad anticonceptiva e casos de fallo de otro método o coito imprevisto.
    Durante 20 años se han venido acumulando evidencias científicas que demuestran que el mecanismo de acción de la PU de levonorgestrel es el de interferir con los procesos de ovulación y de fecundación. La prueba mas evidente es que cuando la PU se toma habiendo ocurrido ya un embarazo, éste continua su desarrollo y no se produce ningún aborto. Pero hay miles de investigaciones sobre el mecanismo de acción de la PU que están disponibles en medios científicos y que demuestra lo dicho. Quién esté interesado puede visitar la página, un comunicado de 2008, de la Federacion internacional de Ginecología y obstetricia (FIGO) y el Consorcio sobre la anticoncepción de urgencias.
    https://www.figo.org/sites/default/files/International%20consortium%20for%20emergency%20contraception%20statement%20-%20Spanish.pdf
    Ramón Guisado