Testigos Incómodos - Niko Gutiérrez

En el País Vasco –ya sea en una despedida de soltero, en un partido de futbol o en un conflicto laboral- es difícil ver una celebración con más de 20 personas sin que haya una ikurriña. Pasear la ikurriña es una forma de “normalizarse” con el paisaje. Para mucha gente es como tener un perro y sacarlo todos los días a la calle para poder relacionarse. Me decía un viejo amigo que ejerce la psiquiatría en el País Vasco que hay personas que tienen una mascota porque son incapaces de trasladar sus emociones a otros seres humanos y por eso se echan un perro y lo martirizan con sus carantoñas y trajecitos…

Las únicas movilizaciones que se han producido en Euskadi sin que la ikurriña ondeara al viento fueron las que se realizaron durante el secuestro de Miguel Ángel Blanco y tras su asesinato

Pero, anécdotas y comparaciones respecto al comportamiento humano al margen, hoy podemos constatar (aunque nadie lo destaque) que las únicas movilizaciones que se han producido en Euskadi sin que la ikurriña ondeara al viento fueron las que se realizaron durante el secuestro de Miguel Ángel Blanco y tras su asesinato. Yo sí estuve allí, y me quedé 11 años más trabajando con el Alcalde Totorica en el Ayuntamiento de Ermua; me fui cuando el PSE-EE (PSOE) decidió rendirse a ETA. Yo sí estuve allí; y durante esos once años vi como cada 11 de julio el nacionalismo, los nacionalistas, intentaba distorsionar la historia; yo sí estuve allí, organizando esos actos a los que los del PNV no fueron nunca y de los que el PSE-EE(PSOE) se desmarcó enseguida; yo no he estado allí este año en el que han compartido foto de portada los que nunca fueron con los que nunca condenaron la historia de ETA.

Se ha escrito mucho sobre el cómo y el por qué ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco. La mayoría coincide en que su secuestro exprés tuvo mucho que ver con la humillación sufrida por ETA tras la liberación de Ortega Lara. Para un grupo terrorista -sea yihadista, maoista o nacionalista, como es el caso- la comunicación que rodea al hecho violento es de vital importancia.  ETA no podía soportar sin reaccionar la liberación de Ortega Lara y toda la parafernalia posterior –ruedas de prensa, recibimiento y homenajes en la Moncloa a los Guardias Civiles que lo liberaron, referencias al estado “operativo” de la banda (que ya entonces muchos dieron por liquidada…). Y ETA decidió demostrar su potencial criminal e inhumano ETA perpetrando un atentado utilizando una de las escenografías más crueles de su historia.

Por qué con el secuestro de Miguel Ángel explotó la rabia que llevábamos dentro todos los que sufríamos las consecuencias de la limpieza étnica auspiciada por el nacionalismo y canalizada a través del terrorismo

Secuestrar a Miguel Ángel Blanco fue realmente fácil pues pese a la amenaza que se cernía contra quienes ostentábamos cargos públicos, la desprotección que padecíamos, sobre todo los concejales, era casi absoluta. Así que eligieron una de las presas más fáciles, un joven desconocido que ni siquiera se sentía amenazado, y empezó la cuenta atrás de su asesinato.  La pregunta que muchos se han hecho desde aquellos días es por qué con el secuestro de Miguel Ángel explotó la rabia y el deseo de gritar que llevábamos dentro todos los que sufríamos desde hacía demasiados años las consecuencias de la limpieza étnica auspiciada por el nacionalismo vasco y canalizada a través de los actos de los terroristas de ETA.

Un Ayuntamiento del viejo PSOE decidió inmediatamente después del secuestro, -contra el criterio del entonces Ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja-, convocar a los ciudadanos a manifestarse en la calle para exigir la libertad de su concejal

Voy a contar lo que yo viví, cómo se gestó aquel movimiento cívico que muchos tachan de espontáneo. Las movilizaciones iniciadas en Ermua y secundadas en toda España se produjeron gracias a la visión y al trabajo de un Ayuntamiento del viejo PSOE, que decidió inmediatamente después del secuestro, -contra el criterio del entonces Ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja y con la opinión favorable del delegado del Gobierno en el País Vasco, D. Enrique Villar-, convocar a los ciudadanos a manifestarse en la calle para exigir la libertad de su concejal y que llamó a sus vecinos a manifestarse de una manera muy particular: gritando Libertad!!. Ese Ayuntamiento convocó a los vecinos esa misma tarde-noche pidiendo ayuda a los centros regionales de Ermua, que actuaron como punta de lanza.  Y los ciudadanos de bien salieron a la calle sin ikurriña ni bandera alguna. Todos, aunque rezáramos –cada cual a su manera y a su dios- sabíamos desde el minuto uno que Miguel Ángel iba a ser asesinado.

La imagen de los vecinos en la calle, mezclados sin ningún tipo de distintivo partidario o político, con los ojos al borde del llanto, jóvenes y mayores, hombres y mujeres que nunca antes se habían atrevido a salir a la calle, gritando al unísono contra ETA, pidiendo la libertad de Miguel Ángel fue recogida por las cámaras de TVE, la primera en conectarse. Y las imágenes de la plaza del pueblo abarrotada a las pocas horas del secuestro entraron en los hogares de toda España.  Ese hecho, unido a la reacción de la periodista  que se echó a llorar en prime time al sentir la carga emocional de una pequeña calle llena de gente, junto con el convencimiento de que la ejecución estaba decidida de antemano produjeron la mayor repulsa social contra una banda criminal jamás conocida no solo en España sino en toda Europa.

La banda terrorista provocó algo que seguramente nunca contempló, al nacionalismo “pacífico” le entró miedo de que las acciones de ETA empezaran a pasarles factura electoral

Aquellas concentraciones que se iniciaron en Ermua y que se extendieron por toda España dieron origen a lo que se llamó el espíritu de Ermua, y que podría resumirse como la rebelión de los silentes. Si ETA intentaba con aquel atentado socializar el miedo y que nadie se atreviera a rechistar, consiguió lo contrario. Y provocó algo que seguramente la banda terrorista nunca contempló: al nacionalismo “pacífico”, -el institucional, el que se limitaba a recoger las nueces y a cobrar del estado por no se ellos mismos los que “movieran” el árbol- le entró miedo de que las acciones de ETA empezaran a pasarles factura electoral. El PNV detectó inmediatamente que aquellas manifestaciones, en las que participaron gente que votaba a todos los partidos, y que fueron las primeras celebradas en Euskadi en clave no nacionalista, podían minar su tradicional caladero de votos. Y temieron, con razón, que si ese sentimiento de rechazo a ETA (en sus formas y en sus fines) se mantenía en el tiempo pronto empezarían a señalarles como responsables políticos de los hechos. Porque el PNV nunca se desmarcó de los fines de ETA hasta el mismo día del asesinato de Miguel Ángel Blanco. Y, cabe recordar, que tras cada atentado ponían buen cuidado en condenarlo expresando su repulsa por el acto pero no por el objetivo…

Por eso transcurridos apenas unos meses tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco empezaron a negociar con los terroristas el pacto de Lizarra

Pero el desmarque absoluto de la banda les duró poco, lo que dura el definir una nueva estrategia para seguir recolectando nueces sin miedo a que se le caiga a uno el árbol encima. Por eso transcurridos apenas unos meses tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, cuando el “espíritu de Ermua” nos parecía que gozaba de excelente salud, empezaron a negociar con los terroristas el pacto de Lizarra. Y, lo que es peor, arrastraron a esas negociaciones al PSE-EE (PSOE), Eguiguren mediante. Y mientras se iba desvaneciendo aquel espíritu de unidad frente al terror se fue diluyendo también el frente constitucionalista en el País Vasco: hace 20 años la suma de parlamentarios autonómicos PSE/PP era de 28; hoy, siendo optimistas y manteniendo a los parlamentarios del PSE en ese grupo, suman 18. Y en Ermua, localidad en la que HB tenía 777 votos cuando ETA secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco, sus sucesores tienen hoy 1227 votos.

La conclusión no puede ser más desoladora y, a la vez, más elemental: tras el secuestro y posterior asesinato de Miguel Ángel Blanco, el nacionalismo rearmo su estrategia y los partidos constitucionalistas renunciaron a ella.

Se que resulta incómodo recordar ciertas cosas; o romper el consenso sobre lo políticamente correcto. Pero lo cierto es que, aunque ahora todo el mundo quiera idealizar lo que allí y entonces ocurrió o destacar como positivo el hecho de que los ediles de los sucesores de HB se unieran por primera vez tras 19 años al homenaje en Ermua, esos bienintencionados intentos de contar idílicamente la historia también contribuyen a manipularla. El relato no solamente se pervierte pintando la historia de terror de ETA como un “conflicto” entre facciones políticas…dejando de hablar de la historia de ETA, o pintándola como un conflicto entre “facciones”… La historia también se manipula cuando se excluye del espacio público a alguno de sus protagonistas.

Durante diez años, desde el año 1998 hasta el año 2008, yo organicé los actos de homenaje a Miguel Ángel en Ermua. El PNV se desmarcó ya el primer año; el PSE, rápidamente. Cada año organizábamos concentraciones sencillas pero sinceras. Iban los que querían, hablaban los que tenían algo que decir: desde un profesor de la escuela pública, hasta unos vecinos… Allí estaban Ibarrola, que donó la primera escultura a las victimas que se ubicó en Euskadi; Savater, Félix, Amable, Fabo, Gorriarán, Rosa… No nos juntábamos muchos más de cincuenta personas cada año… Se encendían velas en el frontón, se cantaba… Nos sentíamos unidos… Un año se le hizo un reconocimiento al Juez Garzón…  Ese año fueron algunos más, pero sobre todo algunos periodistas más. Ni que decir tiene que a las direcciones de los partidos PNV y PSE  no les gustó ese acto; ni que mantuviéramos vivo el recuerdo de aquel espíritu, año tras año. Pero lo hacíamos… Hasta que Lizarra pasó factura.

No me resigno a que se prostituya la historia reciente del País Vasco para que algunos puedan hablar de reconciliación

Este año, cuando se cumplen veinte de aquel doloroso momento en que conocimos el asesinato de Miguel Ángel, no he estado en Ermua. He querido rendir homenaje a su memoria y a la de todos los que se movilizaron año tras año contra la indignidad escribiendo y recordando la verdad de los hechos. Porque no me resigno a que se prostituya la historia reciente del País Vasco para que algunos puedan hablar de reconciliación; o para que nadie les pregunte cual fue su papel en los días posteriores y/o anteriores a esos dramáticos sucesos.

Yo no tengo que reconciliarme con nadie; y mucho menos con quienes justificaron con plomo las demandas políticas del nacionalismo vasco y asesinaron a 856 personas, dejando miles de heridos, miles de extorsionados y más de 200.000 exiliados. No, no necesito ni quiero reconciliarme con los enemigos de la democracia, con quienes nunca pidieron perdón. Tampoco quiero reconciliarme con ese Gobierno del PNV que dice estar con lo que representa Miguel Ángel Blanco y su memoria pero cuyo Lehendakai y Consejera de Seguridad se reunieron el día anterior del homenaje de Ermua  con el principal instrumento para el blanqueo de la historia criminal de ETA,  la Dirección del Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos  – GOGORA, que aprobaba destinar 80.000 euros a la realización de producciones audiovisuales que aborden la recuperación de la memoria democrática de Euskadi, desde la Guerra Civil hasta la actualidad.

Rindo homenaje a Miguel Ángel y a todas las victimas siendo una vez más ese testigo incómodo cuya voz no han podido callar. Aquí la historia de un testigo que cuenta lo que vivió.

 

1 Comentario

  1. La autenticidad que exuda este ejercicio de memoria me sobrecoje, haber vivido esos días y años en el Pais vasco, mis vivencias y recuerdos de esos años y especialmente el aciago día que asesinaron a Miguel Ángel Blanco ha cambiado mi vida, cambios a través de una serie de decisiones que me han traido hasta el día de hoy con esa marca indeleble del miedo a ser estigmatizado por la sociedad, no por los asesinos y cómplices de los que me guardaba y con los que evitaba el contacto, sino de mi entorno cercano del que me alejaba día a día porque asumían y aceptaban la violencia resignados. LLegó el momento de poner tierra de por medio y tratar de olvidar…pero nunca se olvida. Gracias por tu valentía de entonces y mantener el recuerdo.