Revolución Digital - Carlos Martínez Gorriarán

La idea de vivir en el futuro puede parecer extraña. Sin embargo, en épocas de revolución el presente fabrica futuro a diario, y esta es una de ellas. Entiéndase, no de revolución en el sentido político-ideológico vulgar que los populistas predican. Vivimos en la Cuarta Revolución Industrial. Información y conocimiento han sustituido como motor del desarrollo a la electrónica, la electricidad y el vapor de sus predecesoras. Un tema más que interesante para conversar con alguien que la viva muy de cerca.

Por ejemplo, con David Fernández, asturiano de 27 años y “emprendedor digital” desde que le conozco cuando era, literalmente, un chaval. David Fernández es desarrollador de plataformas web y aplicaciones móviles. Ha colaborado en varios proyectos financiados por los fondos públicos europeos EEA Grants y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, además de trabajar en la empresa privada. Representante español en la organización y creación de la campaña “No Hate Speech Movement” del Consejo de Europa en Budapest, es en la actualidad parte del proyecto periodístico Maldito Bulo, dedicado a la lucha contra las noticias falsas, realizando funciones de desarrollo y edición.

Ambos hemos intercambiado unos cuantos correos electrónicos formando la conversación (digital, cómo no) que va a continuación. De entrada, David explica que “ser emprendedor digital en España no es muy diferente a emprender en otros sectores: cuando se habla de emprender a todo el mundo le viene a la cabeza grandes empresas valoradas en millones, CEOs de veinte años disfrutando de una oficina acristalada en la zona más chic de San Francisco y laboratorios de ideas en los que cada cinco minutos surge algo, pero la realidad es muy distinta.  La mayoría de los emprendedores son los autónomos de toda la vida, algo mucho menos vistoso”. Prescindiendo pues de la épica a lo Mark Zuckerberg, ¿es difícil vivir de estas cosas en España?

DF– En los últimos años hemos mejorado. Resumiendo mucho, es posible ganarse la vida en España “emprendiendo” en el mundo digital, pero sabiendo que por norma los salarios serán más bajos no sólo en comparación con países lejanos como Qatar o EEUU, sino también en comparación con otros países que están a una hora de avión, como Alemania (Berlin es un hub de economía dirigida a la industria digital muy fuerte). Si quieres soñar a lo grande lo más posible es que acabes fuera de aquí.

Cosas que mejorar

Parece que nuestro país, en términos de digitalización, hace lo justito sin arriesgar en nuevas ideas

DF– Hay muchos campos en los que España podría mejorar. Un proyecto que me resulta muy, muy interesante y si no me equivoco es pionero es el programa de e-Residency de Estonia, un sistema de residencia digital que permite que cualquier persona desde cualquier parte del mundo pueda crear un negocio en un país de la Unión Europea y utilizar todos los servicios digitales del Gobierno, simplificando mucho todo el vía crucis burocrático. Se lanzó en el año 2014, hay unas 3.000 empresas bajo este paraguas y te permite manejar una empresa sin necesidad de tener representantes en el país, abrir cuentas bancarias, pagar impuestos con un par de clics… Olvidarse de registros, copias por duplicado y de las ventanillas únicas que han aparecido en todas partes y que ya están anticuadas.  ¿Ves posible que pueda crearse algo así en España pronto? Parece que nuestro país, en términos de digitalización, hace lo justito sin arriesgar en nuevas ideas.

CMG– Espero que sí, pero no va a ser fácil ni rápido. En mi experiencia en el Congreso de los Diputados descubrí que a la mayoría de sus señorías todo esto de la revolución digital les sonaba a chino y les interesaba poco. Su mentalidad sigue anclada en el pasado, como demostró el ínfimo nivel del debate de las importantes Ley de Propiedad Intelectual y Ley de Telecomunicaciones. Y en detalles como que bastantes de ellos ni siquiera llevaran personalmente su correo electrónico oficial… La política española sigue siendo el reino de la llamada telefónica, el café con el colega en la barra del bar y la comida con periodistas y empresarios en el reservado de un restaurante.

Tengo un par de anécdotas reveladoras. Un día recibí al representante de los editores españoles que venía a hacer lobby al Congreso para proteger el gran negocio de los libros de texto escolar, típicamente oligopólico: unos pocos grandes grupos editoriales se reparten, con la connivencia de las instituciones, un mercado cautivo, el de los centros educativos y las familias con niños escolarizados, obligados a comprar todos los años centenas de millares de libros a precio fijo. No quiso ni oír hablar de promover otros modelos, como el préstamo o el empleo de internet. Dedicó buena parte de la reunión a una diatriba contra Google por “robar” contenidos a los editores, según él los únicos que aportan algo a la educación. No le interesaron nada las inmensas posibilidades de la edición digital, y más con escolares muy “digitalizados” por su propia cuenta. Sólo quería proteger su negocio garantizado.

Google lamentaba que ningún partido político español comprendiera las reglas de la economía digital y quisiera poner puertas al campo con tasas arbitrarias

Poco después los representantes de Google nos solicitaron una reunión. Estaban tratando de impedir que el Congreso aprobara el Canon AEDE, más conocido como “Tasa Google”, pensado para que los buscadores de internet pagaran a los grupos de prensa escrita por vincular sus noticias digitales. Aunque era muy probable que el Tribunal Europeo acabara tumbando esa ocurrencia, era un favor de los partidos políticos a sus amigos de la prensa, cuyo negocio atraviesa una crisis interminable. Los de Google lamentaban que, según dijeron, ningún partido político español comprendiera las reglas de la economía digital y quisiera poner puertas al campo con esas tasas arbitrarias. Anunciaron su decisión de cerrar el servicio de noticias en español (Google News) si se aprobaba esa tasa (y finalmente lo hicieron). Se quedaron muy sorprendidos cuando les dije que nosotros (UPyD) estábamos contra esa tasa y cualquier otra parecida porque, además de estúpida e injusta –pues los periódicos salen beneficiados de los vínculos de los buscadores porque les dan tráfico y publicidad-, era otro obstáculo para el imprescindible desarrollo de la economía del conocimiento en España (aquí una breve intervención mía sobre el asunto). Seguimos un tiempo mucho más largo del previsto charlando de España y la economía digital.

Lo divertido es que al poco tiempo me contaron que un ministro –seguramente José Ignacio Wert- les había llamado muy preocupado para preguntar por qué habían cerrado el servicio de noticias en español. Daban por hecho que Google, como cualquier empresa de casa, aceptaría pagar la tasa y luego pasaría por los despachos para negociar compensaciones privadas, al estilo capitalismo de amiguetes… En fin, en España esa es la tónica de la actitud de políticos y empresarios tradicionales frente a la economía digital (y la energía): intentar controlarla y frenarla, tratar de sacarle lo que puedan con una posición dominante facilitada por las instituciones, y dejar pasar el tiempo sin hacer mucho más… ni dejar hacer.

La Cuarta Revolución Industrial: a más tecnología, más filosofía

DF- Estamos en un periodo de la historia que va a ser, a la vez, muy apasionante y muy turbulento. Es exactamente eso: una nueva Revolución Industrial que va a cambiar todo lo que conocemos, como pasó con las máquinas de vapor, la industrialización y lo que se llama la “primera globalización”. Siempre que hablo de esto me vienen a la cabeza unos anuncios de AT&T en el principio de los 90. Se titulaban “You Will” e intentaban predecir el futuro del siglo siguiente… Acertaron prácticamente todo. Esos avances se sentían casi como algo natural, una evolución lógica de lo que ya existía, pero ahora nos encontramos ante la conjunción de muchos factores que pueden crear áreas totalmente nuevas.

CMG- Esa es una regla de las auténticas revoluciones: cambios muy rápidos y con efectos difíciles de prever a causa de que pequeños factores interactúan con otros y crean modificaciones en cascada haciendo emerger nuevos sistemas de cosas. Al estilo del popular “efecto mariposa”. Por ejemplo, la máquina de vapor permitió las grandes fábricas y estas crearon la ciudad industrial, que no sólo era mucho más grande que la mayoría de las pequeñas ciudades del mundo anterior, sino muy diferentes en muchos aspectos y tremendamente dinámicas. El mundo cambió por completo en menos de cien años, para bien y para mal.

Es curioso que se desprestigie tanto a la filosofía en unos tiempos en los que vamos a necesitar brújula para navegar

DF– Sí, la clave está en que estos cambios no son aislados, sino que se combinan dando resultados difíciles de prever. Por ejemplo, la impresión 3D está cambiando la medicina. Parece increíble pero ya es posible imprimir órganos artificiales que se están probando en animales, y la nanotecnología puede imitar al sistema inmunológico humano para eliminar, por ejemplo, células cancerosas con máquinas microscópicas. El campo abierto al aumento de la esperanza de vida y a la erradicación de enfermedades (aunque otras nuevas irán apareciendo) es enorme. Y como todos los avances de este tipo (sólo hay que pensar en las células madre), traerá un gran debate ético. Es curioso que se desprestigie tanto a la filosofía en unos tiempos en los que vamos a necesitar brújula para navegar.

CMG– Y los “nuevos” populismos no aportan nada al debate con su desconfianza de la tecnología y la industria digital, su nacionalismo económico y su tendencia al desprecio de la ciencia y de los hechos.

DF– Todos estos cambios están impactando muy fuerte en la política, y de ahí parte esa ola de sentimiento populista antiglobalización que comentas. Por ejemplo, la discusión taxis vs empresas como Uber o Cabify quedó vieja al momento de nacer, porque en unos años dispondremos de taxis automáticos y la profesión de taxista empezará a pasar, poco a poco, a mejor vida. Gran parte del sector del transporte se verá muy afectado porque los vehículos robotizados no sólo serán más productivos, sino que sufrirán menos accidentes. Los robots pueden realizar muchos trabajos con una inteligencia artificial bien entrenada. Sólo quedan fuera aquellos trabajos que requieran cierto componente creativo (que de momento no podemos inculcar), o los muy especializados precisamente en tecnología.

CMG– Sí, hace unos años yo era bastante escéptico con el desarrollo de la Inteligencia Artificial (AI), que enfrentaba muchos obstáculos teóricos y prácticos, pero está protagonizando un despliegue vertiginoso. Ya hay programas y máquinas capaces de aprender y mejorar sus tareas por sí mismas. Hace poco vi uno que aprende “a pintar al estilo de”, es decir, que no se limita a copiar un Van Gogh, sino que analiza su estilo, capta sus reglas y es capaz de elaborar una imagen completamente nueva como si la hubiera pintado Van Gogh, con sus trazos y colores característicos.

Mucha gente perderá sus empleos actuales, y que muchos avances tecnológicos, por ejemplo en sanidad, serán muy caros durante bastante tiempo

DF– La AI es el otro pilar de lo que está sucediendo. Hasta ahora la automatización era básicamente mecánica. Sólo podía sustituir trabajos repetitivos sencillos, como puede verse en los supermercados y las fábricas, mover cosas de sitio o soldar las piezas de un automóvil. Pero la generalización de la inteligencia artificial, que consiste en algoritmos capaces de imitar el aprendizaje, hace que muchas más profesiones puedan correr peligro en el futuro. De momento utilizamos AI a pequeña escala en los asistentes de nuestros teléfonos móviles, pero todos hemos oído hablar de los coches autónomos y mucha gente ya tiene en casa un aspirador que mediante sensores y la repetición de tareas aprende la forma óptima de limpiar el suelo sin intervención humana.

El problema es que mucha gente perderá sus empleos actuales, y que muchos avances tecnológicos, por ejemplo en sanidad, serán muy caros durante bastante tiempo. ¿Hasta qué punto ves ético el establecimiento de un libre mercado que podría mejorar no sólo nuestras condiciones de vida sino la esencia misma de lo que somos y que, parece irremediable, quedará fuera del alcance de buena parte de nuestra sociedad? También hay un debate sobre crear rentas básicas universales para paliar los efectos del desempleo que la automatización (y la deslocalización de empresas) están provocando. Existen propuestas para que los robots coticen a la Seguridad Social como los empleados de carne y hueso. Me parece una idea que debería tomarse bastante en serio.

CMG– Pues sí, hay un montón de problemas emergentes que necesitan reflexión filosófica en profundidad, ética y política. Comenzando por la ética, como muy bien comentas se va a agudizar la discusión que ha originado la gestación subrogada. Proyectos como la “medicina personalizada” basada en la comprensión del genoma de cada cual (aquí los avances también son vertiginosos), y los nuevos órganos artificiales, crearán brechas económicas y de creencias. En concreto, ¿hasta dónde puede extenderse la prolongación de la vida a base de órganos artificiales?; ¿es legítimo hacer cualquier cosa sólo porque tecnológicamente sea posible? Pero si un país prohíbe ciertos tratamientos, estarán disponibles en otros para quien pueda pagárselos, como pasó con el aborto durante el franquismo.

La brecha social, por ejemplo: ¿pueden surgir grupos que por su dinero, o por su indiferencia a límites religiosos o similares, logren una vida mucho más prolongada y de más calidad que la de los pobres, o de quienes rechacen ciertos tratamientos? Son las diferencias abismales de igualdad existentes hoy en los países más pobres, aumentadas y trasladadas a las sociedades opulentas. Parece ciencia ficción, pero hacer estas preguntas y buscar buenas respuestas es puro realismo. El hecho es que la tecnología, la ciencia y la técnica van muy por delante de los debates políticos, éticos y jurídicos.

Muchos de los nuevos empleos, desde luego los mejor pagados, excluyen a muchos mayores de cuarenta años y, por supuesto, a los pobres Ni-ni. Así que muchos atravesarán un desierto laboral (de hecho, muy real hoy mismo para los “parados de larga duración”). Y eso no es todo: tendremos una crisis del sistema fiscal porque el Estado perderá ingresos de rentas del trabajo, aumentarán los gastos sociales y no es fácil hacer cosas como obligar a tributar a los robots, medida que apoya el Parlamento Europeo pero nada fácil de realizar. Las empresas robotizadas pueden optar por irse a África, por ejemplo, que necesita hacer su propia revolución industrial. No olvidemos que la globalización es el otro factor fundamental de esta revolución: significa que las decisiones de otros países nos afectan directamente. Somos más interdependientes que nunca, a pesar del nacionalismo.

Están en juego la igualdad de oportunidades, el derecho al trabajo y a la asistencia pública a los desempleados, tres pilares de la democracia y en especial del Estado de bienestar

Están en juego la igualdad de oportunidades, el derecho al trabajo y a la asistencia pública a los desempleados, tres pilares de la democracia y en especial del Estado de bienestar. No está de más recordar antecedentes históricos como los de la Roma imperial y la Atenas democrática, donde los esclavos prácticamente desplazaron del trabajo a los ciudadanos pobres, y el Estado hubo de ocuparse de ellos expoliando a los países sometidos. ¿Qué vamos a hacer nosotros con millones de desempleados crónicos y de pensionistas con vidas cada vez más prolongadas?; ¿y con las migraciones de masas provocadas por guerras como la de Siria o el cambio climático? Mirar a otro lado no es buena idea.

DF– Me interesa tu visión sobre cómo puede asumir estos cambios España y otros países, porque somos un país que protege fuertemente sectores como el taxi, hasta el punto de legislar una absurda proporción 1/30 entre VTC y taxis para protegerles de la competencia. ¿Ves probable que España quede descolgada?

CMG– En España acumulamos retrasos debidos, en buena parte, al conservadurismo de la política, la incompetencia egoísta del establishment, y los cantos de sirena de nacionalistas y populistas, que proponen vueltas al pasado y refugios de la globalización en la “aldea gala irreductible”, un disparate capaz de seducir a la gente que no entiende qué está pasando y rechaza vivir de un modo distinto al de sus padres, en un mundo diferente. Espero que nos ayude pertenecer a la Unión Europea, que parece abocada a un salto adelante para no desintegrarse, y ese salto conllevará cambios de actitud como los de Estonia que has citado.

DF– Tampoco veo posible abordar con éxito estos desafíos con una élite empresarial a la que le da totalmente igual lo que suceda en los países donde tienen su mercado. Sin la colaboración de las empresas para facilitar el retorno social de parte del beneficio que obtienen, será muchísimo más traumático. Y no colaboran mucho pese a que esté tan de moda la Responsabilidad Corporativa. Recordemos la multa de la Comisión Europea por el acuerdo Irlanda-Apple. O los modelos de tributación de Uber o Cabify: mientras Cabify paga íntegramente en España, Uber tributa por toda su actividad en los Países Bajos, y aquí sólo paga por royalties exentos de impuestos, prácticamente todo el beneficio. Atajar ese tipo de prácticas también puede ayudar a la mayor integración europea. No se puede dejar de presionar contra esos modelos fiscales manifiestamente injustos.

Hackeos y autoritarismo, una amenaza digital para la libertad

CMG– Conocemos también las posibilidades que ha abierto internet a la participación política y a la información independiente, cosas positivas indudables porque sin internet no tendríamos El Asterisco ni podríamos mantener esta conversación virtual, pero también hay un lado oscuro –como no podía ser de otra manera en un campo de acción humano- que tú conoces directamente por tu actividad profesional, ¿no?

DF– Necesitamos asumir que, efectivamente, la forma de vivir ha cambiado y eso genera nuevas normas del juego. En concreto, la Unión Europea parece más unida que nunca tras el Brexit, pero está bajo la amenaza de una guerra que ya no se juega con tanques y soldados (exceptuando el caso de Ucrania) sino a través de cables transatlánticos y satélites. Los organismos e instituciones son más conscientes de los riesgos. Por ejemplo, el equipo de campaña de Macron esperaba un hackeo ruso durante las elecciones presidenciales francesas. Y sucedió, pero habían preparado preventivamente cientos de documentos falsos almacenados en cuentas de correo con el fin de despistar al Kremlin y hacer imposible discernir qué era verdadero y qué no. Tras lo visto en la campaña americana de Hillary Clinton y los Demócratas es obvio que Rusia ha llevado al terreno digital el mismo afán imperialista que mostró en Crimea.

CMG– Pero la gente normal, que no tiene una experiencia directa de este complejo mundo ni de la suciedad de la política real, es decir la inmensa mayoría, está muy lejos de comprender el grado de manipulación mediática al que vive expuesta.

DF– Así es, los ciudadanos no están preparados. Durante la campaña americana mucha gente creyó noticias descaradamente falsas (y, en su mayoría, pro-Trump) fabricadas en Europa del Este. Aquí lo estamos viendo a diario con webs de desinformación como Mediterráneo Digital o Alerta Digital. De hecho tenemos proyectos como Maldito Bulo (@malditobulo en Twitter), líder en nuestro país, en el que colaboro. Hacen fact-check (comprobación de hechos publicados) de esas publicaciones con el objetivo de poder desmentir las falsedades que publican. El último caso que recuerdo, de hace unas semanas, fue la noticia de una agresión sexual en Alicante. Se trató de un menor español que agredió a una amiga española, pero en esas publicaciones se convirtió en una violación en grupo a una española de 13 años por una pandilla de marroquíes. Pero claro, si nadie llama a la Policía para contrastar la noticia —y nosotros lo hicimos— no hay manera de desmentirlo. Son mentiras muy peligrosas, porque están perfectamente calculadas para caldear el estado de opinión, promover el odio y empujar a la sociedad hacia posturas ideológicas más ultras.

CMG– El cóctel de la desinformación digital para crear bulos servidos por medios de comunicación tradicional, con sesgo ideológico ultra o directamente al servicio de gobiernos autoritarios, parece muy peligroso.

Hace falta mucha pedagogía para alentar el pensamiento crítico, porque estamos en una guerra en la que las balas son la información y estamos más expuestos que nunca: hay que filtrarla y descartar aquello que es falso

DF– Sí. Lo estamos viendo últimamente con Russia Today, al servicio del Kremlin, o con la iraní HispanTV (que en España hizo una gran promoción de Pablo Iglesias y Podemos). No quiero decir con esto que otras cadenas tradicionales, como BBC o CNN, no tengan un claro sesgo pro-occidental, pero son cadenas en las que hay cierta pluralidad, no alientan el extremismo y en muchos momentos son críticas con el poder. Sin embargo en esas otras cadenas, que son medios estatales de Rusia y del régimen iraní, la propaganda se lleva a niveles alarmantes. Lo vimos durante la campaña francesa: el rumor de que Macron mantenía una relación con un directivo de la Televisión Pública nació en Reddit, una especie de foro digital masivo. De ahí saltó a Russia Today, y de ahí a la conversación pública. Y hay muchos más ejemplos de noticias falsas generadas en internet extendidas sin ningún tipo de comprobación o recelo siempre que ataquen al adversario. De ahí que Macron haya vetado en repetidas ocasiones a RT y Sputnik por actuar como agentes extranjeros. En mi opinión es acertado, pero también obliga a una mayor vigilancia ciudadana para que no degenere en veto habitual a los medios críticos con el poder que hagan periodismo honesto. Hace falta mucha pedagogía para alentar el pensamiento crítico, porque estamos en una guerra en la que las balas son la información y estamos más expuestos que nunca: hay que filtrarla y descartar aquello que es falso. Es un trabajo ímprobo en el que por suerte las nuevas tecnologías también pueden ser nuestras aliadas.