Y...¿qué sacamos con educar - Fernando Savater

Recientemente acudí a la comisión parlamentaria de Educación en el Congreso, convocado por C’s. Se cometía el generoso error de considerarme un experto en la materia, cuando en realidad sólo he sido una voz algo a contra corriente, empeñado en repetir que educar no es sólo instruir ni adiestrar, pero tampoco entretener a los menores con jugueteos hasta que se haga inevitable soltarlos al mundo…como se desencajona a los toros en San Fermines, tras el chupinazo de las ocho de la mañana. Según me contaron los miembros de la comisión, pertenecientes a diversos partidos, los numerosos especialistas que habían pasado por esas reuniones (sin duda en su mayoría mejor preparados que yo para tal comparecencia) defendieron por lo general la importancia de sus respectivas áreas de conocimiento en el futuro diseño de la ley educativa. Y probablemente con razón, porque hay tantas cosas interesantes y útiles que aprender cuando aún se tiene la edad adecuada y una mente virgen para ello…

Siempre he lamentado haber sido un estudiante poco aplicado y caprichoso

Siempre he lamentado haber sido un estudiante poco aplicado y caprichoso, por lo que no guardo más que retazos mal coordinados de la enseñanza que se esforzaron en darme. Como no aprendí lo suficiente y lo he olvidado casi todo, me enorgullezco exageradamente de lo poco que sé gracias a la escuela. Con motivo de no sé qué juegos deportivos, siendo ya adulto, volví a oír el nombre de Tampere y me acordé de que era una ciudad de Finlandia. También me vino a la cabeza la nostálgica remembranza del día en que aprendí tal cosa y fantaseé con aquel aula del pasado, los compañeros remotos, el profesor borroso de geografía… ¡Caramba, me sentí culto, si es cierto -como creo que dijo Ortega- que cultura es lo que queda cuando se ha olvidado todo lo demás!

¿para qué esforzarse cuando hoy toda esa información está al alcance de un clic en internet?

Pero, pensándolo mejor, ¿para qué esforzarse en saber dónde está Tampere o cualquier otro dato semejante, conseguido tras muchas horas y días de estudio (o al menos de confinamiento escolar), cuando hoy toda esa información está al alcance de un clic en internet? Fuera de los conocimientos prácticos que nos encaminan directamente a las tareas laborales, ¿para qué acumular noticias del pasado, resúmenes de pensadores extravagantes. títulos de libros que no vamos a leer, etc…? Aprendamos bien un oficio o una profesión y de lo demás ya iremos sabiendo según nuestras aficiones a través de los vericuetos de la web. Hay mucha más gente que piensa así de lo que queremos admitir. ¿Qué se les puede responder?

Una verdadera educación no se orienta a producir buenos empleados, sino ciudadanos y sobre todo hombres libres

Lo primero es recordar que una verdadera educación no se orienta a producir buenos empleados, sino ciudadanos y sobre todo hombres libres. Por eso hay artes llamadas “liberales” y no ligadas específicamente a ninguna tarea productiva: literatura, historia, filosofía, música, artes plásticas…No tienen como primer objetivo enseñar cómo ganarse la vida, sino cómo explorar humanamente las posibilidades de la vida. Brindan diferentes caminos para habitar libremente el mundo. A los ocho, diez o doce años, incluso más tarde, nadie puede saber a ciencia cierta cuál será o cuales serán nuestras ocupaciones laborales, pero todos tenemos la certeza de que vamos a ser ciudadanos de una democracia. Y la sociedad democrática es la maquinaria mas difícil y necesaria que debemos aprender a manejar.

Hay dos capacidades en especial que nos serán indispensables: persuadir y poder ser persuadidos. Exponer de manera inteligible nuestras demandas sociales y comprender las que argumentadamente exponen otros. Nada de éso llega por internet porque hay ejercicios que sólo la experiencia de otros humanos puede trasmitirnos cuepo a cuerpo, como en el amor. Lo virtual no basta… Estas son algunas de las cosas que mas o menos atropelladamente dije en mi comparecencia ante la comisión parlamentaria de educación. ¡Ojalá sirviese para algo, aunque fuese de refilón!