Hombre-despertador - Estíbaliz Ochoa

En pleno apogeo de la Revolución Industrial, existía una figura clave para garantizar la continuidad de los ciclos productivos de las grandes fábricas que empezaban a proliferar en las grandes urbes europeas. Conscientes del gran cambio social que implicaba ajustar las horas de sueño a un nuevo modelo de turnos de trabajo que, por primera vez, no coincidían con la salida del sol, el canto de un gallo o el repique de campanas, se creó la figura del hombre-despertador (“knocker up”). Esta persona iba equipada con una vara adaptada a la medida de tamaña empresa y asumía la responsabilidad de despertar al vecindario a la hora indicada. Una profesión respetada y seguramente considerada de futuro a la fecha…

Las cinco empresas con mayor valor de marca, Google, Apple, Microsoft, Amazon y Facebook, tienen como denominador común el hecho de ser empresas basadas en la prestación de servicios digitales

Ahora se dice que comienza la cuarta revolución industrial, pero la mayoría de nosotros nos encontramos sumergidos en nuestra vorágine diaria de sobreinformación, en la que muchas veces aparecen datos que suelen pasar inadvertidos, sin que nos paremos a pensar en profundidad sobre ellos. Por ejemplo, el otro día conocía que, tan solo hace diez años, Marlboro, General Electrics o Coca Cola, eran tres de las cinco empresas que dominaban el mercado con el mayor valor de marca. Ahora en el 2017, las cinco empresas con mayor valor de marca, Google, Apple, Microsoft, Amazon y Facebook, tienen como denominador común el hecho de ser empresas basadas en la prestación de servicios digitales. La economía basada en la generación de activos materiales está dando paso a la economía basada en lo intangible, pero a pasos agigantados. También convendría tomar consciencia del modelo de estos “Goliat” empresariales que, concentrados en pequeñas ciudades donde viven unos pocos miles de brillantes ingenieros, proyectan sus servicios al resto del planeta, gracias a un mundo globalizado e hiperconectado. O que su valor bursátil supera el presupuesto de muchos países y que podrían comprar, si es que realmente tuviesen algún interés, todo el tejido empresarial de una nación… digamos del tamaño de España, por poner un ejemplo cercano. O el número de pymes de todo el mundo que, de forma creciente, les están pagando un peaje por el mero hecho de ser visibles o poder sobrevivir accediendo a los canales de compra de este nuevo mundo virtual que supone Internet… ¿suena apocalíptico, no? Pues les invito a revisar la evolución de estas empresas en los últimos cinco años y las proyecciones que se estiman si hacemos caso a los analistas de mercado.

La tecnología deja de ser una opción para convertirse en una estrategia empresarial obligada

Y es que son muchas las empresas, grandes o pequeñas, que comienzan a darse cuenta de que el modelo económico está cambiando, que urge innovar si no quieren perder el paso, y que la tecnología deja de ser una opción para convertirse en una estrategia obligada. ¿Qué es más importante ahora para Juan Roig,  la cadena de distribución de Mercadona o predecir las tendencias de demanda de sus clientes? ¿Qué tiene más valor, la producción de una mina de oro o la de Silicon Valley?

¿De verdad podemos creernos que, con independencia de nuestro sector laboral, no vamos a sufrir las consecuencias de este tsunami que nos viene encima a todos, en mayor o menor medida?

Hablamos de empresas, pero ¿qué nos ocurre al común de los mortales que observamos este proceso desde la distancia? ¿Sentimos quizás la tentación de desvincularnos prematuramente de este proceso, asociándolo a un problema de grandes emporios, con el consabido “a mí no me va a pasar”? Debemos plantearnos que esta cuarta revolución industrial que comienza, en la que cada vez más dependeremos de robots e inteligencia artificial, podría provocar que muchos oficios terminaran desapareciendo. ¿Nuestro trabajo actual podría ser realizado por una máquina? Yuval Harari ya lo plantea en su libro Homo Deus: “¿Serás un SuperHumano o serás prescindible?”. Hay ejemplos muy evidentes que empiezan a sentir los efectos: desde los medios de comunicación,  los taxistas que podrían ser víctimas de los coches autónomos, o los traductores debido a herramientas tipo Google. Incluso ya se habla de profesiones más insospechadas: los médicos podrían perder sus empleos sustituidos por robots de diagnóstico. Y sólo es el principio… Si una máquina puede ejecutar de forma infalible un protocolo de reglas de decisión y actuación, realimentando y mejorando su comportamiento en base a sus resultados, y los grandes sistemas de inteligencia artificial multiplican diariamente su capacidad de proceso en áreas tan dispares como reconocimiento visual y de voz, gestión de tráfico y navegación, predicción de comportamientos, economía y gestión bursátil, docencia, y un largo etcétera… ¿de verdad podemos creernos que, con independencia de nuestro sector laboral, no vamos a sufrir las consecuencias de este tsunami que nos viene encima a todos, en mayor o menor medida?

Es por eso por lo que se debería comenzar el debate sobre nuestro futuro y cómo encajar el factor humano, por naturaleza imperfecto, en este nuevo modelo automatizado y eficiente. Y este es un melón que se debería abrir cuanto antes, ¿no deberíamos aprender de la historia y comenzar a plantearnos sus consecuencias y cómo queremos gestionarlas? Estos momentos de incertidumbre asociados a grandes cambios resultan particularmente impredecibles y es difícil encontrar el punto de mesura entre la inconsciencia y el alarmismo agorero. Pero siendo comedidos, parece que hay muchos aspectos concretos que deberían abordarse.

El prestigioso MIT, líder mundial en la innovación tecnológica, anunciaba recientemente que se plantea un escenario con una tasa de desempleo del 80% de la población mundial

Harari ya lo advierte: “Podríamos llegar a una situación en la que miles de millones de personas sean económicamente innecesarias y formen parte de una clase social inútil”. El prestigioso MIT, líder mundial en la innovación tecnológica, anunciaba recientemente que se plantea un escenario con una tasa de desempleo del 80% de la población mundial. Y entonces, ¿nos conducirá esta revolución tecnológica a una lucha social como ocurrió en la Revolución Industrial, cuando se destruían telares y máquinas de vapor ante el miedo a perder sus trabajos por estas nuevas herramientas? ¿Asistiremos a una macro-concentración de la riqueza en unas decenas de ciudades (que no países) que someterán a vasallaje al resto del mundo? ¿Tendrá sentido el modelo fiscal actual cuando las barreras geográficas dejen de existir y cómo se trasladarán al mundo virtual? ¿Tenemos el modelo educativo requerido para las generaciones venideras? No hay prácticamente ningún área de lo que conocemos que no pueda verse impactada dramáticamente por esta Revolución.

Es el momento para conseguir que la mayor revolución de la historia reciente no sea decidida por ingenieros y empresarios, como ha ocurrido hasta ahora

Parece que es el momento en el que los políticos, como representantes nuestros, así como la Sociedad en general, comience a tomar conciencia de las posibilidades que se nos ofrecen, con sus riesgos y oportunidades, para conseguir que la mayor revolución de la historia reciente no sea decidida por ingenieros y empresarios, como ha ocurrido hasta ahora.

¿Estaremos a tiempo de decidir si la mayoría de nosotros nos convertiremos en el hombre-despertador de las siguientes generaciones?