Qué tal si contamos toda la verdad - Rosa Díez

“Puesto que comprender (el horror) es imposible, recordar es un deber”. Primo Levi.

Le escuché decir a José María Múgica – hijo del abogado donostiarra y socialista Fernando Múgica Herzog asesinado por ETA el 6 de febrero de 1996 – que es preciso saber quiénes son las víctimas, sus nombres y apellidos, sus historias personales, la persecución a que estuvieron sometidas antes de ser asesinadas, los años de humillación y ofensa que sufrieron… Tan necesario como que sepamos los nombres y apellidos de sus verdugos, por qué han sido juzgados y condenados, donde están, qué hacen… “Hay que saber quien murió y quien mató”.

Parece un objetivo justo. ETA ha asesinado durante cincuenta años a 857 seres humanos, ha herido a centenares de personas, y ha destruido la vida de millares de nuestros conciudadanos. Para cualquier persona decente es un objetivo irrenunciable conocer la verdad de lo que pasó, quiénes fueron las víctimas y quiénes los verdugos; quiénes los que callaron; quiénes los que colaboraron; quiénes los que señalaron…Y para cualquier Estado democrático es un deber establecer la responsabilidad y preservar la verdad.

Hace ya mucho tiempo que es políticamente incorrecto reclamar verdad para la historia de ETA y justicia para sus víctimas

Pero en España no siempre se fomenta lo que es digno ni se persigue lo que es justo. Por eso hace ya mucho tiempo que es políticamente incorrecto reclamar verdad para la historia de ETA y justicia para sus víctimas. Aun cuando ETA asesinaba resultaban incómodas las voces que reclamaban memoria, dignidad y justicia y proliferaban los prescriptores de opinión y dirigentes políticos en activo empeñados en “comprender” sus actos criminales y justificar “políticamente” sus atentados.  La tregua del 2009 fue precedida de toneladas de cloroformo que se extendían por toda España para adormecer nuestra memoria y confundir la historia. La estrategia de pervertir el lenguaje para deformar la historia alcanzó velocidad de crucero cuando en el año 2004 llegó al Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. A partir de ese momento la paz – la palabra más manoseada de la historia –  sustituyó a cualquier principio u objetivo de la lucha contra el terrorismo. Libertad, memoria, dignidad, justicia, derrota de ETA…, fueron convertidos en proscritos; tanto como las personas que siguieron reclamando verdad y justicia.

Blanquear la historia es permitir a los testaferros de ETA estar en las instituciones sin que hayan reconocido el daño causado

Con todo ese trabajo previo Zapatero y Rajoy, junto con todos sus voceros, se apresuraron a celebrar la victoria cuando ETA declaró la tregua en el año 2009. Y resultaron tremendamente antipáticas las voces de quienes advertimos que la declaración de tregua no debía suponer ningún tipo de rebaja en nuestras exigencias democráticas. Nadie nos hizo caso porque blanquear la historia de ETA formaba parte del precio político que habían pactado pagar a cambio de esa declaración de la banda. Blanquear la historia es permitir a los testaferros de ETA estar en las instituciones sin que hayan reconocido el daño causado; blanquear la historia es permitir que los presos condenados por crímenes terroristas   se acojan  a beneficios penitenciarios sin que se comprometan a colaborar con la Justicia (más de trecientos crímenes aún sin esclarecer); blanquear la historia es convertir la verdad de los hechos en una “versión”, convertir a los verdugos en víctimas, acallar las voces de las víctimas.. Blanquear la historia de ETA y del terror es la mayor de las corrupciones institucionales que asola nuestro país.

Repasaremos la historia cuantas veces sea necesario para que triunfe la verdad y se haga justicia

Creo que es nuestro deber contribuir a que se haga justicia y a que nuestros hijos y nietos, las futuras generaciones, conozcan el horror que sufrieron -particularmente en el País Vasco y Navarra-  las personas que no se resignaron a vivir presas del totalitarismo. Es nuestro deber honrar la memoria de todos y cada uno de los hombres y mujeres de uniforme que desde todos los rincones de España vinieron a Euskadi para defender nuestra democracia y ser nuestros escudos.  Es nuestro deber recordar y respetar a todas esas personas anónimas que vinieron a recoger y llevarse en un féretro a su hijo, a su hermano, a su novio, a su esposa…, asesinados por ETA mientras defendían las libertades de todos los españoles. Así que repasaremos la historia cuantas veces sea necesario para que triunfe la verdad y se haga justicia.

Empecemos por destruir el mito de que ETA surgió para luchar contra la dictadura, falsedad que utilizan sus corifeos para comprender, cuando no exculpar, sus crímenes. Es aquello tan repetido por los nacionalistas (y mucha izquierda de salón o sobrevenida a la que nunca vimos cuando había que luchar por la democracia) de: “estamos de acuerdo en el fondo pero no compartimos la forma…”. Pues bien, la verdad de los hechos es que ETA asesinó durante cincuenta años a 857 personas y que su primer atentado se produjo en el año 1960, cuando la dictadura franquista tenía 24 años de vida.  Ese año asesinó a una persona y no volvió a matar hasta el año 1968, que contabilizó dos víctimas. Sumó una víctima mortal en 1969, una en 1972, seis en 1973, diecinueve en 1974 y dieciséis en 1975, año en el que murió Franco.  Como se ve por la progresión y el momento de inicio, ETA inició su actividad criminal cuando España estaba en el periodo que se denominó “dictablanda” y su fulgor asesino se recrudeció según se aproximaba la muerte de Franco y los españoles preparábamos la instauración de la democracia. Primer hecho a recordar: ETA asesinó a 46 ciudadanos durante la dictadura franquista y a 811 durante la democracia.  Luego podemos afirmar en honor a la verdad que la actividad terrorista de ETA se ha llevado a cabo contra la democracia, algo completamente lógico si repasamos la historia de la humanidad pues ETA, como cualquier organización terrorista y totalitaria, es enemiga mortal de la democracia.

Estas son algunas de las cosas que conviene recordar para que no consigan corromper la historia. Sé que lo que denuncio es incómodo para la “buena gente” que prefiere no saber o que justifica la existencia de ETA inventándose un conflicto político que los terroristas vinieron a “resolver” asesinando a los ciudadanos que queríamos vivir en una sociedad plural que es sinónimo de democrática. Pero sé también que en estos tiempos de política líquida hay muchos ciudadanos que quieren mantener la dignidad aunque ello no les ayude a hacer amigos. Estas líneas no tienen otro objetivo que ser un espacio vivo y a contracorriente contra la indiferencia y contra el olvido.

Durante muchos años llamaron radicales a quienes defendían con pasión la libertad desde Euskadi y para toda España

Durante muchos años llamaron radicales a quienes defendían con pasión la libertad desde Euskadi y para toda España. Seamos radicales y continuemos defendiendo la verdad con la misma pasión. Se acabó el callar. Esta batalla que nos ha costado centenares de muertos, viudas, huérfanos, separaciones familiares, vidas destrozadas… no acabará hasta que ETA haya sido derrotada también políticamente, hasta que nadie se atreva a hablar de víctimas inocentes de una causa justa.  Recuperemos los valores que nos empujaron a dar la batalla en tiempos peligrosos; hagamos pedagogía y expliquemos, alto y claro, por qué y contra quién nació y asesinó ETA; reivindiquemos a los héroes de verdad, la gente corriente que con el mismo aspecto y las mismas aspiraciones vitales que cualquiera de nosotros estuvo dispuesta a arriesgar su vida para defender la justicia y la libertad. Trabajemos para que triunfe la verdad y se mantenga viva y a salvo la memoria. Solo cuando eso ocurra podremos descansar y decir, por fin, que ETA ha sido derrotada. Y que ninguna víctima lo fue en vano.

 

1 Comentario

  1. Una vez más hay que darte las gracias, he leído sobre ETA, en la dictadura era de la que «entendía» pero no compartía las «formas». Más tarde, tomé conciencia del problema, pero me costó. Militaba en un partido de extrema-izquierda en el que, de una u otra manera, el fín justificaba los medios y el hecho de la dictadura lo diluía. Luego ya no, y pese a mi repugnacia por ETA, se me escapaba un dato que considero fundamental y que has puesto de manifiesto en tu artículo. ETA luchaba o no contra la dictadura, pero lo que es incuestionable es que si asesinó y luchó contra un estado democrático. He memorizado el número de víctimas, porque así se convierte en un argumento irrefutable. Gracias, una vez más.