Proteger a Venezuela - Marina de Quevedo Pueyo

Si en un plazo muy razonablemente corto no se pone en marcha la convocatoria de elecciones que tengan garantías, entenderemos que no existe la voluntad política de hacerlo y pasaremos a tomar otra clase de decisiones”, explicó el ministro Borrell en la rueda de prensa celebrada tras el Consejo de Ministros el pasado 25 de enero. El objetivo, siguiendo la línea argumental del Ministro, es dar a Maduro “un tiempo mínimo, necesario, para dar una oportunidad a que convoque unas elecciones justas y libres”. Esta es la propuesta de España que el comité político del Consejo de Exteriores de la UE está actualmente analizando y continuando con las palabras de Borrell “España ha trabajado mucho, no vamos a remolque de la Unión Europea, remolcamos a la Unión Europea”.

Hago varios cálculos mentales sencillos: de 1999 a 2019 me dan 20 años de chavismo, de 2009 a 2019 10 años desde que se enmendó la Constitución Venezolana que permitía suprimir el límite de mandatos para gobernar, de 2015 a 2019, 4 años desde que la Asamblea Nacional fue declarada en desacato… Podría continuar con las matemáticas y escribir sobre como Borrell y el Gobierno español, van a remolque de sus socios, sobre la indignidad a la que estamos abocados desde hace tiempo y la decadencia tanto moral como intelectual. Pero al igual que los cálculos anteriores, esa conclusión también es sencilla.

Leo la Declaración de la Alta Representante en nombre de la UE sobre los últimos acontecimientos en Venezuela, este que han denominado como prudente o tímido y pienso que por encima de todo eso es cobarde. La UE, que dice fundamentarse en el respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos teniendo como finalidad la promoción de la paz –así viene recogido en el Tratado de Lisboa- decide que por la crisis humanitaria de Venezuela va a pasar de perfil.

Venezuela como la nueva Siria, “El Gran Tablero Mundial” que Brzezinski describía en 1998 pero actualizado

Hay quienes apuntan que la posición de la UE se debe a la imposibilidad de compartir “bando” con Estados Unidos o Brasil o evitar entrar en una guerra comercial que se dibuja desde la inyección del súperpréstamo chino a Venezuela, la voluntad rusa de establecer una base militar y la presunta mano de Trump como titiritero de Guaidó. Venezuela como la nueva Siria, “El Gran Tablero Mundial” que Brzezinski describía en 1998 pero actualizado.

No estoy dentro del aparato burocrático de la UE para saber los motivos que fundamentan este comunicado, pero, la disparidad de reacciones entre los propios Estados Miembros de la Unión evidencia, si es que sigue siendo esto necesario, la falta de una voz comunitaria y la voluntad necesaria para cristalizar y defender los valores contenidos en los Tratados.

La UE decide mantenerse en un segundo e irrelevante plano, perdiendo, una vez más, la oportunidad de liderar el panorama internacional, un liderazgo huérfano, considerando que la sesión del Consejo de Seguridad de la ONU el pasado sábado, tampoco fue fructífera. Por un lado, un grupo de países que incluía a Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Brasil, Perú o Colombia, entre otros, desconocieron al Gobierno de Maduro, responsabilizándole de la crisis económica y humanitaria que ha generado el desplazamiento de millones de venezolanos, respaldando a Guaidó como presidente interino. Por otro, Rusia encabezó un grupo de gobiernos que incluía a China, Sudáfrica, Bolivia, Cuba y Guinea Ecuatorial, entre otros, que pugnaron por el respeto a la soberanía venezolana y el derecho a resolver sus asuntos internos sin injerencias extranjeras, invocando las leyes internacionales y la Carta de la ONU.

“La soberanía y el derecho a resolver asuntos internos sin injerencias extranjeras.” Y, entonces, ¿la Responsabilidad de Proteger?

La intervención humanitaria es algo que ha ido evolucionando con los años, desde la tardía intervención en Ruanda (1994) o la intervención en Kosovo (1999). En 2001, y después de que el Secretario General de Naciones Unidas en aquel momento, Kofi-Annan hiciera un llamamiento a los actores internacionales de reaccionar a estas tragedias de manera conjunta, se publicó el informe sobre Intervención y Estados Soberanos (International Commission on Intervention and State Sovereignty, ICISS por sus siglas en inglés).

El tema central era determinar cuándo era necesario intervenir en otro Estado con el único objetivo de proteger a los ciudadanos del estado intervenido, formulando así el concepto de Responsabilidad para proteger (R2P en inglés). La idea que subyace a este principio es que los Estados tienen la responsabilidad de defender a los ciudadanos de genocidios, crímenes contra la humanidad, limpiezas étnicas…, y que cuando no son capaces o no tienen voluntad, como en Venezuela, la responsabilidad recae en la comunidad internacional que debe actuar de manera conjunta y bajo la Carta de las Naciones Unidas.

Cuando la población sufre de manera indiscriminada, el principio de no intervención cede ante la Responsabilidad de Proteger

Se entiende que la soberanía implica responsabilidad y que la principal responsabilidad, es para con los ciudadanos del Estado en cuestión. Cuando la población sufre de manera indiscriminada, el principio de no intervención cede ante la Responsabilidad de Proteger. La R2P se debe ejercer tanto de manera preventiva como reactiva, siendo lo menos intrusiva y coercitiva posible. La R2P está por tanto formada por la responsabilidad para prevenir, la responsabilidad para reaccionar y la responsabilidad para reconstruir. Cuando la prevención ya no es posible, es necesario reaccionar.

Y en Venezuela están esperando esa reacción.

La R2P no tiene por qué implicar una intervención militar, pero sí la toma de medidas a escala internacional. La condena colectiva, sin fisuras, sin medias tintas, sin socios de gobierno ni remolques, el apoyo contundente y militante, no la prestidigitación retórica, a quienes luchan por una Venezuela próspera y el compromiso de reconstruir, de facilitar la asistencia humanitaria, la recuperación de un país que clama por su libertad, por su supervivencia.