No bonita - Rosa Diez

La supremacía moral de la izquierda ha llegado en España a su máximo nivel de la mano de Pedro Sánchez, primero al frente del Partido Socialista y después tras su asalto al poder tras la Moción de Censura. La filosofía puesta en marcha por Sánchez que se concreta en “todo vale para el convento” -que le sirvió para llegar a Moncloa de la mano de una amalgama de opciones políticas que Rubalcaba definió acertadamente como el “gobierno Frankenstein”- se ha extendido a todos los ámbitos de la vida política. Y así hemos llegado a una situación en la que son los socialistas quienes dan los carnets de progresistas, constitucionalistas, buenos y malos españoles…

Y gracias a Carmen Calvo, su flamante Vicepresidenta, ahora ya sabemos que no todas las mujeres son feministas, que el feminismo es patrimonio genético del partido socialista, que da igual lo que una mujer haga o deje de hacer a lo largo de su vida en pro de la igualdad…: el carnet de feminista lo reparte ella, su partido y su jefe (y la señora de su jefe, que grita desaforada con ella misma en las manifestaciones…), que no, que todas las mujeres no son feministas, todas, no…«No bonita, no…».

Pero vivimos en España, donde la propaganda suplanta a la información y las percepciones suplantan a los hechos

Dirán ustedes que qué más da lo que diga la señora Calvo, que no hay que hacerle caso, que se desprestigia ella sola… Y es verdad que ella sola se desprestigia, pero solo lo hace ante ese número no cuantificado de españoles que aún ejercen su libre albedrío, su capacidad de pensar. Pero vivimos en España, donde la propaganda suplanta a la información y las percepciones suplantan a los hechos. Y el partido socialista de Pedro Sánchez se ha mostrado especialmente hábil para conectar con esos millones de españoles ciegos y sordos a la verdad que prefieren elegir el odio al ajeno a la hora de depositar su voto o su confianza política. En la batalla del relato, que se dice ahora, Sánchez ha mostrado que la verdad no importa, que los cuentacuentos son en este momento los verdaderos líderes del pensamiento político, que con la mentira, -aunque el refrán siga diciendo que tiene las patas cortas-, se puede llegar muy lejos. En la España de Sánchez el sectarismo da votos; y por eso la Vicepresidenta no solo no rectifica sus palabras sino que se reafirma: “Nunca en mi vida he ido a una manifestación con una mujer de derechas”.

Yo me pregunto a qué manifestaciones habrá ido esa mujer; me pregunto si nunca estuvo en la calle tras los atentados terroristas de ETA, si nunca salió a la calle tras el golpe de Estado de Tejero, si nunca se movilizó tras el asesinato de una mujer, de unos niños… si nunca salió a la calle tras el 11M… Me pregunto si cuando hay una causa justa que defender se interroga sobre si irá alguna mujer de derechas y caso afirmativo, si se quedará en casa. Porque si es verdad que nunca ha coincidido con una mujer de derechas es que, además de una sectaria, es una pasota. Y nunca en su vida ha estado en la calle al lado de y donde debía estar.

Pero, lo dicho: lo grave es que en la España de Sánchez parece ser rentable ese comportamiento sectario del que hacen gala los ministros de Sánchez y los dirigentes de su partido. Al menos a día de hoy no solo no han sido castigados en las urnas sino que han sido premiados por haber llegado a Moncloa de la mano de los enemigos de la España constitucional y democrática y por haber utilizado el largo año de gobierno (es un decir) para dividir a los españoles.

Yo, qué quieren que les diga, estoy hasta el moño de estos tics autoritarios, propios de otros tiempos y de otros personajes de mal recuerdo para cualquier español que peine canas. Mis primeros veinticinco años fui mala española porque no era franquista y el resto de mi vida he sido mala vasca porque no soy nacionalista. Hasta el gorro de estos salvapatrias del PSOE de Sánchez que a estas alturas de mi vida se creen con derecho a calificar a las mujeres que no son de su secta; hasta el gorro de que se arroguen el derecho a darnos carnets de buenos y/o malos españoles; hasta el gorro de su soberbia y de su falta de escrúpulos.

Por cierto, a ella no la vi en muchas de las manifestaciones más importantes de la historia de la España democrática, de esas en las que lo que nos jugábamos era el orden constitucional, el derecho a la vida, a la libertad de expresión, a vivir en democracia… No la vi nunca en las manifestaciones de Basta Ya!, no la vi nunca cuando hubo que salir a la calle con miedo, a defender la libertad… Es verdad que no pregunté a nadie, hombre o mujer, de los que caminábamos juntos si eran de derechas o de izquierdas, o de nada… Y también es verdad que algunos de los hombres y mujeres, porque eran conocidos, eran de derechas… Y otros y otras eran de izquierdas… Y otros y otros no eran de nada…. Pero ninguno, ni entonces ni ahora, hemos caído en la tentación de expulsar al otro del territorio que es de todos.

Así que, menos lobos, bonita.