La verdad adelgaza - Eduardo Gómez

Pocos temas hay en la Literatura que hayan dado resultados tan deliciosamente lúcidos y cuerdos como la locura y sus aledaños. Y es que desde la perplejidad, el ensimismamiento, la extravagancia o la obsesión se han dibujado retratos memorables de personas, épocas y contextos. Con el bisturí de la sátira, el humor o el esperpento se han escrutado prejuicios y convencionalismos sociales sin ningún miramiento, con la única coartada de la “rareza” del personaje principal que en realidad es una óptica lo suficientemente distanciada y privilegiada para no detenerse ante nada.

Estos dos héroes literarios están emparentados por la excentricidad y por la absoluta incapacidad de asumir y entender el mundo que les rodea

Si ustedes disfrutaron con la encantadora psicosis de un hidalgo de la Mancha, con la distorsión de la realidad de Emma Bovary o con la obsesión del capitán de un barco por arponear una ballena, me permito la licencia de sugerirles otros dos personajes con similares desvaríos, Hamlet García y Jakob Mendel, por si no hubieran tenido la fortuna de cruzarse con ellos. Estos dos héroes literarios están emparentados por la excentricidad y por la absoluta incapacidad de asumir y entender el mundo que les rodea, ambos fueron concebidos mientras sus creadores estaban en el exilio en momentos en que la estupidez, la crueldad y el miedo se adueñaban de España y de Europa.

Esta maravilla, para mí una de las mejores novelas sobre la guerra civil, ha sido injustamente olvidada y al leerse se entiende el porqué de ese olvido

El diario de Hamlet García escrita por Paulino Masip en 1941 transcurre fundamentalmente entre los meses de junio a agosto del 36. Esta maravilla, para mí una de las mejores novelas sobre la guerra civil, ha sido injustamente olvidada y al leerse se entiende el porqué de ese olvido. El autor, como tantos otros vilipendiados por unos e ignorados por otros, republicano de izquierdas, pagó por su honestidad y su criterio al aborrecer las barbaridades cometidas en la guerra en el momento en que hervía la sangre iracunda de los españoles, como dijo Azaña.

Hamlet es un personaje inverosímil y deliciosamente ridículo que afronta desde la más sincera perplejidad una realidad catastrófica plagada de miseria moral y miedo “ aunque se diga que una revolución no consiste más que en darle la vuelta a la tortilla, filosóficamente es justo que de vez en cuando se dé la vuelta a la tortilla y quienes han tenido sed beban, y quienes se han hartado de beber padezcan sed, y los que han pasado miserias puedan sentarse en restaurantes de lujo y ser servidos, aunque la costumbre de hacerlo les convierta en gente tan miserable como la que antes se sentaba en esos mismos restaurantes”.

Un profesor ambulante de Metafísica, un hombre sin atributos que no sabe leer un periódico o hacerse un café, que piensa que “las cosas de los hombres no son más que física” y que se queja golpeado una y otra vez por la poca flexibilidad de los hechos.

El formato de diario permite observar la progresión que va desde la indiferencia, la monotonía y la indolencia hasta el descubrimiento de otra vida y otras pasiones, en definitiva de cómo la Física le va comiendo el terreno a la Metafísica, todo esto en un Madrid asediado donde la infamia y la delación o el heroísmo y la grandeza constituyen las dos caras de la misma moneda.

Hamlet aporta una visión candorosa y asombrada de un momento histórico traumático “estoy pariendo, todos estamos pariendo, la guerra es el parto gigantesco de un útero múltiple y monstruoso. Madrid es la alcoba de una parturienta. El 18 de julio a España se le rompió la bolsa de las aguas”.

En 1929 Stefan Zweig escribe un cuento largo o una novela corta, como deseen, Mendel, el de los libros, que refleja las vicisitudes de un viejo librero judío que trasmite su enciclopédica memoria desde un café de la Viena en las primeras décadas del siglo pasado.

Un excéntrico ensimismado que está completamente aislado del mundo real por voluntad propia. Practica una concentración casi religiosa en sus libros, Mendel leía como otros rezan, que le permite almacenar en su memoria los catálogos de las bibliotecas, los detalles bibliográficos o las ediciones.

Está dotado de una memoria que lo convierte en una wikipedia viviente de datos bibliográficos, como aquel Ireneo Funes de Borges “mi memoria es un vaciadero de basuras”, pero a diferencia de éste la memoria de Mendel solo almacena lo que está relacionado con los libros, porque fuera de los libros para él no hay nada más. Jakob no sabía nada del mundo, pues todos los fenómenos de la existencia sólo comenzaban a ser reales para él cuando se vertían en letras, cuando se reunían en un libro y, como quien dice, se habían esterilizado “los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido “.

Hermosa historia de humanidad y manifiesto anti belicista que habla del excluido, del distinto, del Otro al que la realidad le pasa por encima

Hermosa historia de humanidad y manifiesto anti belicista que habla del excluido, del distinto, del Otro al que la realidad le pasa por encima. Un acto de rebeldía contra el totalitarismo que desprecia la inteligencia, que asfixia las libertades y la creatividad del individuo, que no reconoce que las personas somos moralmente ambiguos y el objetivo de la ideología y el dogmatismo es eliminar la ambigüedad.

Una loa concisa y elegante, como la pluma de Zweig, del recuerdo y la memoria frente al olvido “el recuerdo siempre une”, de la nostalgia por la antigua Europa, plural, diversa y tolerante “para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas”.

Detrás de Jakob y Mendel hay una visión absolutamente candorosa, extrañada e inocente de una realidad tremendamente traumática en medio de la catástrofe, como solo a un niño o un loco se le puede permitir.

Y es que entre mentiras, bulos y medias verdades, entre actualidades pintadas en los periódicos en que “todo parecido con la realidad es pura coincidencia” yo prefiero una ficción honesta e indudablemente bella. Entre análisis simples y uniformes prefiero la complejidad de esas zonas en que confluye el tiempo público con el privado, que es la zona donde se sitúan estas dos novelas.

De la experiencia de estos dos perdedores también se pueden sacar bellas conclusiones y es que existen las derrotas gloriosas de las que, con el tiempo, pueden surgir grandes cosas, o por lo menos así debería ser “la verdad adelgaza y no quiebra, y siempre anda sobre la mentira, como el aceite sobre el agua” dice El Quijote.

Leer significa tener la curiosidad de conocer otras vidas, otros contextos y otras situaciones para informarse, que no es confirmarse o reafirmarse, y paso previo e inevitable para lo más importante, pensar

Ambas lecturas, junto a muchas otras, deberían incorporarse como imprescindibles en la Educación de los jóvenes de este país. Y es que ante un déficit cultural como el que padecemos, ante una opinión publica absolutamente débil y fácilmente fluctuante se debe recurrir a la lectura como ejercicio de concentración, de abstracción de uno mismo y consiguientemente de conformación de un pensamiento crítico. Leer significa tener la curiosidad de conocer otras vidas, otros contextos y otras situaciones para informarse, que no es confirmarse o reafirmarse, y paso previo e inevitable para lo más importante, pensar.