La solucion noruega - David Sanchez

El Proyecto Europeo hace agua. Es algo que todos han empezado a asumir. La pregunta pertinente la formulaba, esta misma semana, el filósofo alemán Jurgen Habermas: ¿Cómo es posible que hayamos llegado a ese punto extremo en el que ya nadie se esfuerza por ocultar la crisis? En un artículo lleno de pesimismo señalaba que los populistas, por la derecha y por la izquierda, le estaban ganando la partida a la hueca palabrería de la construcción europea, en un mar de desafecto, y que el tradicional discurso euroescéptico estaba siendo sustituido por relatos nacionalistas directamente eurófobos.

Hay que remontarse al mes de enero de 2010 para entender la deriva actual

Hay que remontarse al mes de enero de 2010 para entender la deriva actual. Una prensa alemana sensacionalista y encanallada añadía el escarnio a la batería de reproches políticos, financieros y morales que el Ministro Wolfgang Schäuble formulaba contra Grecia: ¡Que vendan sus islas para pagar la Deuda, que tienen muchas! Casi tres años de escaramuzas retóricas anteriores, en torno a la necesidad de impulsar políticas de austeridad en la Eurozona, dejaban ver su entretela puritana. Lo que llamábamos, entonces, “Teoría del Castigo Moral” era la réplica burlesca a la Teoría del Riesgo Moral, que tan pronto abandonaron los fieros “liberales” de la anglobalización cuando sintieron la necesidad de ser la excepción a la regla.

Jurgen Habermas reconoce los hechos significativos cuando apunta que en Alemania restaron toda “importancia” a las consecuencias de la “política de devaluación interna forzosa” aplicada a los los países del Sur. Fue así, y así es como recuerdo el debate. Era tal la indignación que me provocaba, que fui el primero en sacar a la luz, como periodista, el tema de los Acuerdos de Londres de 1953. ¿Cómo podía ser que un país como Alemania al que le habían perdonado de facto las Deudas y Reparaciones de Guerra de la Primera y de la Segunda Guerra Mundial, se mostrara tan intransigente con Grecia? No me resultó nada difícil vaticinar los lodos populistas y nacionalistas de aquella fiebre puritana.

No es poca cosa dar a entender que la UE es un zombi y que la malmató Alemania

No es poca cosa dar a entender que la UE es un zombi y que la malmató Alemania, pero no fue la falta de “sensibilidad” la que impulsó la teoría de la devaluación interna: fue el exceso de codicia. Solo se necesita comparar datos macroeconómicos, antes y después, para salir de dudas. Cuando estalla la crisis subprime, queda de manifiesto que los bancos y empresas de países privilegiados como Alemania, Reino Unido, Francia, Suiza, Dinamarca y Holanda han medido muy mal los riesgos de sus inversiones y están apalancados en todos los mercados. En 2008, se apodera de ellos el pánico. Hacen una elección en clave proteccionista, y optan por sacrificar a los consabidos PIGS, débiles pero cebados. Son ellos, deudores (y pecadores), o nosotros.

El divertido acrónimo, con reminiscencias religiosas inequívocas, tiene un origen muy revelador. Surge en los pasillos del Berlaymont, tras la recesión de 1993: los eurofuncionarios y diputados británicos y alemanes motejaban de esa guisa, en secreto, a sus homólogos portugueses, griegos y españoles. El término lo populariza The Finantial Times, con su Pigs in Muck, pocos días antes de colapsar Lehman Brothers. Es un sambenito muy cómodo para justificar la estrategia de acoso y derribo e inducir la victimización financiera. A los españoles solo nos faltó flagelarnos en plaza pública por tantos años de opulencia.

La Opinión Pública es un animal extraño, que piensa despacio y suma con los dedos. Le prometieron que Europa era la solución a todos sus males, reales e imaginarios,y se lo creyó; le vendieron que la Unión Monetaria era un instrumento de progreso económico, un paso adelante, un sueño hecho realidad, y pagó el sueño alemán al contado. Era la Edad de Oro. La crítica euroescéptica no iba más allá de los tópicos sobre la PAC y de las chanzas sobre el Cheque de Margaret Thatcher. Pero, de pronto, la UE deja de ser ese sentimiento compartido por el que abogaba Robert Schuman y empieza a quedar patente que es un espacio competitivo, con sus ganadores y perdedores; nuestros leales socios juegan sucio y hacen trampas. Bruselas es ese sitio tomado por los más diversos lobbies. La Comisión Europea ha concedido patentes de corso y convertido la eurozona en una zona franca libre de impuestos. Las mayores empresas tecnológicas que operan en la Unión Europea son americanas y no pagan impuestos desde hace 15 años. La ciudadanía ha sido desplumada. Entre 2007 y 2012, se destruyeron 10 millones de puestos de trabajo, casi todos en el Sur de Europa.

Esa Deflación impuesta a la clase media, ha arrasado la economía de las familias y dañado la estructura financiera de las pequeñas empresas. Lo que los acreedores y protestantes del Norte llaman “política de devaluación interna” con manifiesto cinismo no es otra cosa que un desarme arancelario, una reforma laboral y una fuerte subida de impuestos. Los números no engañan: son las empresas alemanas, americanas y las fábricas chinas las únicas que han sacado tajada del gran Mercado Único prometido.

Alemania y sus aliados protestantes cometieron el error de pensar que tenían poder para manipular a la Opinión Pública

Alemania y sus aliados protestantes cometieron el error de pensar que tenían poder para manipular a la Opinión Pública y capacidad para mantener el engaño. En Grecia, Italia, Portugal, Reino Unido y después en España lograron puentear las urnas y colocar en el gobierno de turno a los políticos que les resultaban más útiles, pero no pudieron impedir que prendiera la chispa de la rebelión. Y no son capaces de sofocar las llamas del incendio.

Es muy posible que Ángela Merkel consiga de aquí a unos días, en Londres, una última victoria pírrica, con la ayuda de la “protestante” Theresa May. Pocos periodistas recordarán entonces que la Solución Noruega, que defenderán como la opción menos lesiva para todas las partes implicadas, es exactamente la que propuso la Canciller alemana al día siguiente de conocerse la victoria del BREXIT en el referendum y antes de ser nombrada Theresa May. Y menos aún, que todos los que se han posicionado contra la UE en Polonia, Hungría, Austria, Grecia, Chipre, Italia, Francia, España y Portugal, aceptarían firmar con los ojos cerrados un estatus como el de Suiza y Noruega a cambio de pagar 40.000 millones de euros. Ahí van mis 1.000 euros.

 

Periodista, autor de "La estafa del euro explicada a un niño de 6 años. De la reunificación alemana a la secesión de Cataluña"