Este pasado lunes de Pascua, se emitía en Antena 3 el primer capítulo de la cuarta temporada de Allí Abajo, último proyecto de Óscar Terol (San Sebastián, 1969), que además ejerce de guionista y actorv convirtiéndose, esa noche, en el programa líder absoluto de audiencia, con 3,2 millones de espectadores. Óscar, a pesar de su juventud, tiene una envidiable trayectoria profesional, muy interesante de conocer, y que voy a tratar de desvelar.

Llevaba, con mi familia, una temporada fuera de España y me había perdido los años de la transición y la creación de algunos organismos culturales de la jovencísima Comunidad Autonómica del País Vasco. Ya de vuelta, por los primeros 80, mi mujer y yo, acompañados de algunos amigos que sí habían conocido esa evolución, fuimos a ver una pieza de teatro que no recuerdo cómo se llamaba, pero que la llevaban dos actores, de nombre Carlos Zabala y Patxi Barco. La función consistía en una gamberrada provocadora en la que se amenazaba a los asistentes (a los que ya se había provisto de bolsas de basura para que se protegiesen), con montar una batalla de tomates que, tras muchos vaivenes, no se produjo. La gente se lo pasó muy bien y hubo muchos espontáneos que participaron en el juego. Patxi y Carlos eran dos de los muchos actores que se habían iniciado en Antxerti, la escuela de teatro que el Gobierno Vasco había creado para surtir de presentadores, locutores, actores y dobladores a la Radio y Televisión Pública Vasca, que también era neonata, por los primeros 80.

Entre los años 1985/1989, trabajé de escenógrafo en esa televisión y traté con estos dos actores, y con otros muchos más, en producciones de la casa, presentando, entrevistando, en sketches o acompañando al programa infantil de payasos, que era por aquella época la estrella de la programación. Se intentaron producir teleseries, al estilo de las que se hacían en algunos países sudamericanos, pero aun no había capacidad profesional en una novata televisión que, además, estaba orientada a un público poco exigente y sediento de folclore, deporte, gastronomía y costumbrismo autóctono. Poco a poco se fue surtiendo de guionistas, ofertas de productoras privadas como Pausoka, o la de Antxón Urrosolo, con algún producto más ambicioso y, aunque al principio no convencieron, con el tiempo se fueron colando nuevas ideas en la programación. Y surgieron proyectos que se asentaron, como Goenkale, una serie que ha llevado como veinticinco años en antena y ha sido la verdadera escuela de actores, guionistas y técnicos del País Vasco.

Pero ¿había teatro fuera de Euskal Telebista? Pues claro que había grupos de teatro, más o menos amateur, como el Teatro Estudio de San Sebastián o Karraka de Bilbao, y actores independientes que hacían Café Teatro, o que montaban piezas más ambiciosas, como Maite Aguirre, que venía de Dagoll Dagom. Recuerdo que, a mediados del año 1994, en la sección Meridiano Cero que hacía Álvaro Bermejo para El Diario Vasco, y que yo ilustraba, se entrevistaba a Lourdes Bedia y Javier Merino, que formaban Louvier´s, un dúo teatral surrealista que volvieron loco a Álvaro, que también venía del activismo surrealista. Me contaba que no había manera de hablar en serio con ellos. Que fue agotador. Dos años más tarde, tenían programa propio en Euskal Telebista, que se llamaba ¿Qué pasa pues? Recuerdo un sketch de un frigo que se chivaba quien consumía las cosas de su interior. Javier estaba dentro del frigo, y Lourdes, con un joven Óscar Terol, eran un matrimonio que se reprochaban mutuamente haberse comido las mermeladas y haberse bebido las cervezas. Uno de los guionistas era Juan Aguirre, amigo de Álvaro, que me lo presentó en una función de Maite Aguirre sobre El Borracho Burlado. Con él he compartido muchos trabajos. Oscar Terol, que estaba por entonces en sus comienzos de una carrera prolífica y divertida, creó, para este programa, unos personajes estrambóticos, que provocaban la carcajada. Como el chico de los helados, con sus enormes gafas y su lengua de trapo, o ese otro que imitaba a uno de los presentadores estrella de la cadena, que se sintió muy molesto y se quejó a la dirección.

Hace unos días me he tomado un vino con él, y le he hecho unas fotos, en un bar de la Parte Vieja de Donosti y hemos hablado durante más de una hora, sin parar, casi sin respirar, como en esas tertulias en las que casi no se respeta el turno. Nos hemos contado muchas cosas y me he enterado de algunas que no solo no conocía, sino que no me las podía imaginar. Por ejemplo que él ha dibujado y ha pintado desde que era un crío, y que lo hacía muy bien. Y que, en cuanto termine su etapa de actor, humorista y guionista, se vuelve ansioso a los pinceles. Que también hacía música: más como compositor que como intérprete. Que conoció su profesión actual con los Louvier´s en Euskal Telebista, y que se sintió atrapado. Me ha contado muchos entresijos, recovecos y meandros del mundo de la televisión que no podía ni imaginar, y lo dura que es la profesión de actor, y de la frialdad de algunos productores y cadenas de televisión, y de los criterios de sus programaciones, y de la presión de las audiencias (en algunas cadenas)… En fin, que ha sido una tarde muy agradable e instructiva, porque Óscar Terol es un tipo muy cercano, simpático, ocurrente y de esas personas que se interesan por las cosas de los demás, no solo de las suyas, como es habitual en este mundo de las vanidades.

¿Cómo recuerdas tu entrada en el mundo de la televisión? Con mucho cariño, respeto y admiración. Fueron los comienzos de la aventura profesional de este juego de contar historias. Aprendíamos los entresijos del audiovisual a la vez que trabajábamos, con mucha ilusión y la insolencia necesaria. No nos creíamos ni más ni menos que nadie; entendimos rápido que había una oportunidad y que tal vez podríamos ser nosotros los merecedores de ella. Fueron los primeros azotes del cariño del gran público, la popularidad y el reconocimiento de la profesión. Años duros pero bonitos. 

Yo, simplemente, era el amigo que hacía los carteles

Después de Qué pasa pues, montaste en ETB el programa TDT esto TDT, ya sin Louvier´s. Se incorpora Santi Ugalde, de Trapu Zaharrak, que hacían un teatro callejero muy divertido. ¿Qué ocurrió con Louvier´s?  El grupo Lourvier´s era una reunión de cómicos que vivieron dos épocas muy diferenciadas. La primera, genial y fundamental, la teatral, protagonizada exclusivamente por Javier Merino y por Lourdes Bedia; yo, simplemente, era el amigo que hacía los carteles. Participé en dos espectáculos, en uno de músico. Es decir, no era mi historia personal, yo ayudaba en lo que podía, como un juego. Hasta que llegó la televisión. Creo que a partir de ese momento se produjo una especie de criba: algunos nos adaptamos mejor al medio que otros, o por lo menos, entendimos que se abrían otros horizontes. Yo personalmente descubrí la televisión, me apasionó y decidí seguir mi camino en solitario. Ahora, con el tiempo, creo que la televisión me eligió a mí.

Y ya en 2003, entras de lleno, como actor y guionista, en Vaya Semanita, con varios guionistas más (entre ellos tus hermanos Susana e Iñaki y los hoy ilustres Diego San José y Borja Cobeaga), gran elenco de hasta 14 actores (Nerea Garmendia, Asier Hormaza, Gorka Otxoa, Andoni Agirregomezkorta, Maribel Salas…), muchos de ellos que no eran de la cantera habitual de ETB. Os volcasteis en la creación de personajes, situaciones y parodias tronchantes, no presentes hasta entonces en la cadena pública vasca, donde reinaba un nacionalismo de label. Aparecen La Cuadrilla y La Familia Sántxez, con gran éxito. ¿Con Pausoka en la producción tuvisteis más medios y posibilidades? En Euskal Telebista las productoras no son determinantes a la hora de los medios; la cadena es la que decide qué medios tiene un programa. Creo que hay que agradecer a Pausoka la decisión de empezar el proyecto, la paciencia y la fe en los primeros meses, cuando la cosa estaba complicada, también hay algunos nombres propios de la productora que trabajaron duro en los comienzos. Después, yo agradecería la tenacidad y el talento del equipo artístico, por delante de la productora que simplemente era la que gestionaba los recursos.

El programa tuvo una impresionante acogida. ¿Cuáles crees que fueron los ingredientes que os llevaron a esos índices de audiencia?  Un equipo artístico genial, un momento histórico adecuado que supimos leer desde el programa, y una cadena que quiso tener un programa crítico y valiente sin ponerle límites ni intentar manipularlo.

Después de dos temporadas, TVE os propone hacer ese programa en Madrid. Esta vez de la mano de Bainet, la productora de Karlos Arguiñano ¿Cómo fue la propuesta y cómo se lo tomó Euskal TelebistaEn realidad, fue primero Bainet la que se puso en contacto con nosotros para proponernos hacer un programa a nivel nacional. Decidimos irnos sin saber qué cadena sería. ETB se lo tomó mal, muy mal, lógico por otra parte. 

Made in China, el nuevo programa de TVE, no tuvo el éxito que se esperaba, aunque llegó al 17% de audiencia. ¿Os afectó el cambio de nombre? ¿El público español no entendió vuestro humor? ¿Cuál crees que fue el problema? Creo que sí nos penalizó no poder trasladar nuestros personajes de Vaya Semanita ya conocidos por el público generalista, pero prefiero hacer autocrítica y decir que no supimos leer bien el nuevo horizonte que se nos abría, tanto a nivel del equipo artístico, como a nivel de la productora. Yo el primero, que era el director.

Made in China fue una especie de detonante cósmico para que los implicados allí emprendiéramos nuestras aventuras.

A partir de ese momento, La Cuadrilla se desmorona: tú (Antxón) te vas a Antena 3, Alejandro Tejería (Pello) y Santi Ugalde (Josepo) se van a a La Sexta, y Gorka Otxoa (Patxi) se va a Cuatro. ¿Se acabó el txikiteo? ¿Se acabaron las bilbainadas y las partidas al mus? Con Santi Ugalde has vuelto a trabajar, pero ¿qué fue de los otros dos?  Gorka Otxoa ha seguido participando en algún proyecto conmigo: Al Rescate de ETB, también está en la serie Allí Abajo. De Alejandro Tejería no sé nada desde entonces.  Sí, fue duro. Pero con el tiempo he entendido que ese supuesto fracaso era necesario. El equipo de Made in China era un volcán que tarde o temprano entraría en erupción. Había muchos talentos que necesitaban recorrer sus caminos particulares. Y, gracias a Dios, todos los que estábamos allí hemos seguido trabajando y hemos mejorado nuestra carrera sin excepción. Made in China fue una especie de detonante cósmico para que los implicados allí emprendiéramos nuestras aventuras.

Pero la sección que más éxito tuvo, en mi opinión, y sigue teniendo en YouTube, es el de la Familia Sántxez. Sus sketches han recibido hasta 50.000 visitas, que son muchas visitas. Pero yo creo que este asunto merece un estudio aparte desde la sociología, la politología, la psicología… Hablaremos de él más adelante.

Vaya Semanita, del que Pausoka tiene los derechos, sigue produciéndose en Euskal Telebista, después de 2006. Con nuevo esquema y refuerzo de actores y guionistas. Andoni Agirregomezkorta asume el papel protagonista y se convierte en el actor más popular del País Vasco. ¿Cómo es la relación de La Cuadrilla con ETB, por esa época? La mía personal, muy mala en esa época. Me señalaron como cabeza de turco. Yo representaba al maligno, al culpable del éxodo. De todas formas, acepté mi papel intuyendo que la historia pondría todo en su sitio, como así ha sido. Aquel equipo quería volar y estaba llamado a vivir experiencias de mayor magnitud; no nos equivocamos.

Pero tanto tú mismo como los otros miembros del equipo que disteis el portazo a ETB habéis vuelto a trabajar en la cadena autonómica ¿Cómo fue la reconciliación? Pues por mi parte, necesaria y muy agradable porque ETB es mi cadena del alma y a nivel de los trabajadores nunca he tenido ningún conflicto, era más un tema burocrático. Siempre estaré dispuesto a volver a trabajar en ETB, creo que puedo afirmarlo con rotundidad sin miedo a equivocarme.

En el 2006, la productora vende los derechos de Vaya Semanita a Tele 5, y se emite con el nombre de Agitación + IVA. Cuatro años más tarde Cuatro lo emite como Vaya Tropa ¿Cómo te afecta a ti, y a tu equipo, este mercadeo? El primero, el de Tele 5 me sentó mal, porque hubo algo de chapuza por parte de la cadena y de la productora en la gestión de aquel proyecto. Utilizaron guiones de Vaya Semanita para grabar un programa piloto de la competencia, que acabó emitiéndose, mientras nosotros seguíamos trabajando en ETB. El otro, el de Cuatro no me afectó, yo ya no estaba relacionado ni con la cadena ni con la productora. 

Creo que podría tener sentido, ahora más que nunca, un programa de humor basado en la actualidad, se llame como se llame

En 2011, Euskal Telebista cambió el formato, los actores, y produce Vaya Semanita Cambio Radical, que no tiene la respuesta esperada y solo se mantiene en parrilla durante dos temporadas. Pero nuevamente vuelve a la programación y se emite las temporadas 2015 y 2016. ¿Crees que Vaya Semanita ha terminado su ciclo? Sí, si solo se entiende como una marca. Pero creo que podría tener sentido, ahora más que nunca, un programa de humor basado en la actualidad, se llame como se llame. Yo lo he intentado en varias ocasiones y siempre he sentido que era oportuno.

¿Un programa del estilo que hace José Mota en la TVE?  No exactamente. Mota es un cómico que trabaja él como único protagonista. Yo siempre he intentado crear un equipo, un grupo de cómicos, me siento más cómodo de esa manera. Me gusta dirigir y aportar desde ahí y desde el guión. Pero a la hora de poner la cara, prefiero estar en equipo. Admiro a muchos cómicos y me gusta verles trabajar desde cerca.

Paralelamente, tienes una doble vida y publicas Todos nacemos vascos (Punto de Lectura. 2005), Ponga un vasco en su vida (Aguilar, 2006), La era del estreñimiento (Santillana, 2007), Técnicas de la mujer vasca para la doma y monta de maridos (Aguilar, 2009), y El vasco que no comía demasiado (Aguilar, 2011). A pesar de ser un humillante striptease sociológico y psicológico del espécimen vasco, que desmonta las teorías de Sabino Arana, esta especie de tratados humorísticos de autoayuda tienen un gran éxito de ventas en el País Vasco ¿Crees que el prototipo vasco de label está más cerca del que inunda las escenas costumbristas de José Arrue, que del maniquí ultra católico y estirado de Sabino?  Cabe todo. He comprobado a través de mi experiencia que el prototipo vasco suscita mucho interés. Eso me ha sorprendido siempre. De hecho, los libros que mencionas me los han encargado todos con mucha insistencia. Yo he disfrutado del proceso, pero no he sido nunca el instigador. Creo que el prototipo vasco tiene arraigo como para ser tratado desde cualquier nivel o punto de vista. Ahora bien, mi cometido está más cerca de desdramatizar que de dogmatizar.

Allí Abajo es una especie de justicia poética, un nuevo Made in China, pero con más potencia

En 2014, Antena 3 os propone hacer una serie de humor en ese tono, y surge Allí Abajo. Supongo que eso es como que os tocase la lotería, ¿no? ¿A que estás deseando contarnos esa historia? Sí, Allí Abajo es una especie de justicia poética, un nuevo Made in China, pero con más potencia. Soy feliz sabiendo que la historia continúa. El otro día, en una secuencia de Allí Abajo, coincidimos todos los actores del Vaya Semanita original, menos Alejandro Tejería. Es maravilloso comprobar que por encima de las siglas y las marcas, triunfa el talento y las personas. Matar al padre (Vaya Semanita) ha sido lo mejor que hemos podido hacer. Me gusta comprobar que después de más de quince años, sobrevolando cadenas y productoras, el equipo sigue vivo desarrollando su cometido que es el de entretener y divertir.

Unir a un solterón enmadrado vasco, con una andaluza de raza, del estilo de María León, es una mina de situaciones tronchantes pero, un año antes se estrena Ocho apellidos vascos, con un argumento muy parecido y con dos guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, que ya habían trabajado en Vaya Semanita. ¿Casualidad, espionaje, telepatía o telequinesia? Los dos son amigos. Casualidad lógica. Siempre habíamos hablado de que las antípodas culturales de lo vasco estaban en el sur. Además, en Francia ya habían tratado ese tema con películas como Bienvenido al norte. No es original, pero ha sido oportuno y, a la vista del éxito, necesario.

Curiosamente, Allí abajo, logra varios reconocimientos (mejor serie de TVE, mejor protagonista masculino, mejor protagonista femenina…), y varias nominaciones. Y una cuota de pantalla del 22%, con 4.283.000 espectadores en la primera temporada. Parece que los vascos y las andaluzas se llevan muy bien, ¿no? ¿Crees que Jon Plazaola volverá a Urretxu, o se comprará una de esas casitas con patio del Barrio de Santa Cruz? Conozco a Jon y sé que llevará a Urretxu en el corazón hasta su último aliento. El tema de las llaves de los buzones los decide la vida, siempre caprichosa. Ojalá tenga motivos profesionales para tener varias casas repartidas por el mundo. Se lo merece.

También curiosamente, Ocho apellidos vascos, se convierte en la película más vista de la historia del cine español. Con los mismos ingredientes, pero con un estilo más agresivo que el vuestro; pero la versión catalana no tiene el mismo impacto. Por otra parte, en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, Fe de etarras, de los mismos Cobeaga y San José, provocó mucho malestar en varios sectores de la población, por el cartel que Netflix colocó en un edificio de San Sebastián. Éste es el asunto del que yo quería tratar desde la psicología, la politología o la sociología. El tema del terrorismo de ETA se ha tratado bastante en el cine y en la literatura, y siempre ha molestado a alguien. La gran virtud de Vaya Semanita es que el humor que usáis, que a veces puede estar salpimentado de política, no ofende a nadie, pero se ríe de situaciones muy reales que todos identificamos, y que nos han crispado, asustado y ofendido. Es como si Bart Simpson se hiciese del Daesh, seguro que los guionistas lograrían hacerlo con humor.  Y también curiosamente, la novela Patria, de Fernando Aramburu, que trata del mismo tema pero en serio, se ha convertido en el bestseller más vendido el año pasado, traducido a un montón de idiomas y con película en marcha. ¿Nos quedan muchas más patrias, muchas más aberris, o muchas más semanitas para cerrar esta historia del todo?  Siempre he sentido que “lo vasco” ha sido laboratorio, referencia y ha generado interés y admiración de una manera especial con respecto a otras “patrias”. No sé por qué. Supongo que habría que buscar en la historia para encontrar las respuestas. Reconozco que me tiene sorprendido ese constante resurgir de “lo vasco”. Incluso, después de nuestra desgraciada y descarnada historia reciente, a nosotros nos paran por la calle en Sevilla para preguntarnos si somos vascos de verdad. Cuando les decimos que sí, se alegran. Mi humilde respuesta de filósofo de barrio es que el vasco es de carácter dirigente y emprendedor, tenaz y motivador. Se nos atribuyen valores que son apreciados por casi toda la gente. Es decir, que poniendo un vasco en tu vida, mejora la situación. Lo de las “patrias” con mayúsculas no me interesa demasiado. Creo más en la afinidad y la afinación para poder hacer algo en común.

Si el sketch que voy a escribir o interpretar no lo puedo ver sentado junto a la persona a la que voy a parodiar, y reírme con ella, no lo hago

Yo tenía, y tengo, algunas dudas sobre este asunto, y me costó reírme en la película de los apellidos, porque creo que a mucha gente se la ha machacado por hacer patinaje humorístico en la política vasca. Llamé a Consuelo Ordóñez, hablamos de ese asunto y me gustó lo que dijo: “Yo siempre he sido una fan de Vaya semanita… nunca me he sentido ofendida sino todo lo contrario: lo he visto como un arma genial de ataque a ETA y a la izquierda abertzale… Me he partido más de risa con Vaya Semanita que con Ocho apellidos vascos. Una pena que ya no se haga Vaya semanita, o eso tengo entendido, aunque ahí quedan en la red toda su amplia producción de esos años”. Yo también pienso eso, y me parece que Dani Rovira y Jon Plazaola tienen muchas similitudes como personajes masculinos pero el personaje de Clara Lago, y su entorno, es mucho más crispante que el de María León en vuestra serie. ¿Crees que esa circunstancia haya podido influir en la incomodidad del sector de las víctimas al ver Ocho apellidos VascosPienso que no, no se me había ocurrido. Solo puedo decir que nadie tiene la clave de caer bien a un público tan diverso. Lo que sí puedo afirmar contundentemente es que en Vaya Semanita, el que yo conocí, había un equipo genial de guionistas y actores que lo que queríamos era ser útiles a todo el público y buenos en nuestra profesión. Nunca dirigimos un dardo envenenado contra nadie, ni nos ensañamos con ningún sector. Yo siempre he tenido una norma para entender mi trabajo: si el sketch que voy a escribir o interpretar no lo puedo ver sentado junto a la persona a la que voy a parodiar, y reírme con ella, no lo hago. Creo que esta norma era la que imperaba en el equipo.

Tengo la impresión de que, en estas historias de chico chica, que pasan por todas las fases de enamoramientos, con sus acercamientos y sus alejamientos cuando, al final, se asientan para vivir felices y comer perdices, se acaba la historia. Pero es que los protagonistas de Allí Abajo se han casado y han tenido una criatura… ¿Qué te cuentan las musas?  Las musas tienen las ubres vacías ya de tanto ordeñar. Una serie como la nuestra, que avanza lineal, no de situación, con cuatro temporadas, sesenta capítulos de setenta minutos, ha sobrepasado ya los límites de cualquier historia que se pueda contar. Llevamos setenta horas de ficción. Lo importante, ahora, es saber cuáles son las virtudes de los personajes, no traicionarlas y dejar que vivan situaciones que el público reconozca como cercanas.

Tras el éxito de la película Handia (Grande) en los Goya, con trece nominaciones y diez estatuillas, a pesar de haber sido rodada en euskera, lo que condiciona su distribución pero le da un fuerte aire patrio, los medios y las instituciones vascas se han volcado en halagos, recepciones, festejos… Tú publicaste Txikia (Pequeño), un artículo en El Diario Vasco, que definiste como una pataleta. ¿Qué es lo que más te molestó de aquella situación? De aquella celebración no me molestó nada, es más, la comparto, Handia es una gran película. Simplemente me motorizó para escribir un artículo con una reflexión que llevaba tiempo rondando en mi cabeza. Creo que hablamos con ligereza de industria vasca del audiovisual cuando, en la realidad que podemos controlar, no cuidamos eso precisamente: la televisión pública vasca lleva tiempo, prácticamente, sin ficción. Se ha perdido una generación de guionistas y profesionales del sector y me da mucha pena.

Hace un año, leí que un grupo de amigos habéis montado, en un local del barrio de Egia de San Sebastián, La Farándula Microteatro Taberna, un proyecto del que se habla bastante y comienza a funcionar en varias ciudades de España. Háblanos de eso.  Me propusieron la idea unos socios y me metí con convicción porque sentí que había que impulsar la creación de espacios alternativos para el desarrollo de las artes escénicas. La idea se aproximaba mucho al género sketch que yo siempre he tratado: pequeñas obras de teatro en salas pequeñas, como oferta de ocio ligado a un local de hostelería. Me convencieron. Puse todo mi amor y mis recursos para echarlo a andar en Donosti. Adapté la idea original de Madrid a una ciudad pequeña como la nuestra, con un ocio más estandarizado. Creo que conseguimos una oferta atractiva y más que digna. A día de hoy, ya estoy desvinculado del negocio. Ojalá tenga larga vida.

Y como despedida una simpática entrevista a la cuadrilla.