Chumy Chúmez nació como José María González Castrillo, en las Casas Viejas de San Sebastián, el 8 de mayo de 1927 y allí vivió sus años de lactancia, sin conocer aún su condición de maqueto. Fue, en ese barrio de Atocha, un niño flaco, peludo y maqueto; creció hasta llegar a una adolescencia raquítica y finalmente se convirtió en un seudo-joven melancólico y angustiado. Así se definía en su autobiografía póstuma, que recibió el Premio Algaba de Biografías, Autobiografías y Memorias, en su primera convocatoria de 2003, poco después de fallecer el 10 de abril de ese mismo año, a punto de cumplir los 76 años. El libro se publicó, meses más tarde con el título de Chumy Chúmez, vida de maqueto, aunque el original se presentó como Las Casas Viejas.

Apenas le rozó la Guerra Civil, pero le dejó (sigue contando) una sensación de estar infectado por el fascismo y el comunismo. De ser un vago, maleante y sarnoso. Lo de ser maqueto había comenzado a inquietarle un poco antes. Su espíritu sensible y observador se fue curtiendo en su barrio, entre herreros, carpinteros, chatarreros, afiladores gallegos, hasta artesanos vascos de cesta punta… y la presión de su padre por hacer de él un hombre de bien, porque le habían contado, algunos autóctonos, que los vascos originales eran altos fuertes y bien alimentados, y los maquetos, como él, eran flacos y desnutridos, que solo podrían vencer a los vascos con las navajas. Y que, además, cuando tocaban la guitarra, se embrutecían como bestias y podían violar a una encina si la encontraban desfallecida y con las bragas caídas.

Así pues, su padre, en lugar de intentar que aprendiese a tocar la guitarra, le metió a estudiar la carrera de Comercio, que le ofrecía cuatro posibles salidas: Perito Mercantil, Profesor Mercantil, Intendente Mercantil y Actuario de Seguros. José María González, que ya entonces era Chumy, comenzó siendo novicio de Auxiliar de Tercera del Instituto Nacional de Previsión, y terminó siendo, a los 16 años, Perito Mercantil, con un sueldo de 333,33 pesetas y camino de hacerse un hombrecillo, aunque sus compañeras de trabajo le llamasen bracines. Ese humillante apelativo le obligó a usar mangas largas, hasta en verano, y por varios años. También le llevó a variadas reflexiones, que le condujeron, antes de conocer a Freud, a descubrir que el causante de sus tristezas y desasosiegos era un señor llamado Edipo. Y ese señor se hizo un poco más evidente cuando su padre José González, abulense, sordo y carpintero le acusó de venderse al fascismo, porque había decidido hacer las Milicias Universitarias. Su madre, María Castrillo, originaria de León y bordadora, que era el gran amor de su vida, le aconsejó que, por su bien, y el de todos, orientara sus pasos más allá de aquel pequeño rincón de Atocha, que le tenía atormentado.

También fue alumno de la Escuela de Artes y Oficios de San Sebastián, donde tuvo dos profesores antagónicos: Vicente Cobreros Uranga, que adoraba la luz expansiva de Sorolla y Ascensio Martiarena, que practicaba la pintura más tradicional e intimista vasca. Su padre, quizás por celos, emborronaba sus dibujos para demostrarle que, también él, era capaz de merodear por aquellas ilustres artes pictóricas sin necesidad de recibir clases de nadie. Unas artes que comenzaron a escribirse con mayúsculas, y mostrarse más esperanzadoras, cuando uno de sus superiores del Instituto Nacional de Previsión, el Dr. Asuero, le consiguió una beca del Ayuntamiento de San Sebastián, para que estudiara aquello que le hacía feliz, y que le colocó en el camino de la alegría, un 4 de noviembre de 1947, cuando llegó a sus manos una carta de su paisano donostiarra Álvaro de la Iglesia, director de La Codorniz, por la que le invitaba a sumarse a su granja humorística. Esa carta se mantuvo siempre enmarcada y pegada a él, como su sombra. A partir de ese momento, Chumy enganchó a su máquina el Chúmez, como el vagón que le acompañaría durante toda su vida. Y descubrió que fuera de las Casas Viejas de Atocha, su melancolía y su tristeza depresiva se fueron aliviando, aunque le gustó usarlas, como mascarón de proa, cuando lo creyó conveniente y, sobre todo, para teñirlas de ese humor con sabor a mostaza, con chistera y pies de alpargata, que salpicó, con iluminación solar y espíritu sombrío, en miles de folios.

Chumy Chúmez y su sobrina

José González y María Castrillo tuvieron cuatro hijos: Jesús, que falleció al nacer; Isabel, modista; Mercedes también modista, que emigró a Venezuela, y el pequeño Chumy. Isabel tuvo una hija, de nombre Merche, que ha sido la niña bonita del tío Chumy hasta sus últimos días, en su piso de la calle Lira, 6 de Madrid, y ha gestionado eficaz y discretamente su obra tras su fallecimiento. Ella es pues, el espíritu de Chúmez, a través del cual nos comunicaremos con Chumy.

 

Sabía que tenía cáncer de hígado y que su tiempo se acababa pero lo mantuvo en el más absoluto secreto y, a veces, pienso que necesitó desahogarse en esa autobiografía

Después de leer Vida de Maqueto, uno se queda con una sensación extraña, porque no se sabe si es un libro de humor ácido, en el que Chumy se ríe de él mismo y de todo lo que le rodea, o es una autobiografía amarga que ha supuesto para él algo terapéutico. Como una metralla que tenía enquistada en alguna parte de su alma y, por fin, ha conseguido eliminarla ¿Hablaste con él de ello, durante su gestación?  Sí, tuvimos muchas conversaciones sobre este libro mientras lo escribía, y pienso que tienes razón en las dos opiniones. Él sabía que tenía cáncer de hígado y que su tiempo se acababa pero lo mantuvo en el más absoluto secreto y, a veces, pienso que necesitó desahogarse en esa autobiografía.

Chumy tenía un espíritu francotirador contra cualquier imposición, por su deseo de absoluta libertad. Nunca se adscribió a ningún movimiento y tampoco se sintió parte de ninguna raza, ni de la española propia del franquismo, ni de la vasca de los nacionalistas. Tenía un espíritu abierto y universalista y el nacionalismo le parecía realmente ridículo, pero peligroso, por ser una forma de manejar a los individuos y dar origen a grandes conflictos bélicos.

Por otra parte desde niño sintió que su mundo era el de los pobres y oprimidos, cuando lo que a él le gustaba era el mundo de los ricos. Sus hermanas se lo discutían y le argumentaban que “eran hijos de artesanos, humildes pero no pobres”. Y sintió siempre que eran maquetos. No conseguía entender como muchos de los etarras y pro-etarras se apellidaban Fernández, González, etc. También oyó más de una vez insultos o voces que le conminaban a que se largara de aquí, y todas estas vivencias las plasma en su última obra donde hay poco lugar para la esperanza pero también demuestra su vitalismo al querer escribir y dejar constancia de sus vivencias hasta el final de su vida y esto, en sentido literal.

Cuando tú naciste, tu tío ya era Chumy Chúmez, el de La Codorniz, ¿cuáles son tus primeros recuerdos de él?  Maravillosos. Yo crecí en una casa alegre pero cuando el tío Chumy, que ya vivía en Madrid, venía de visita, y lo hacía a menudo, todo era una fiesta. Lo recuerdo cariñoso, divertido y cómplice. Me llevaba a casa de mis abuelos y allí, lo mismo nos poníamos calcetines para abrillantar el suelo encerado por mi abuela, que me dejaba subirme a la silla y, desde su espalda, ver como dibujaba sus chistes. O me convertía en su modelo poniéndome gorros y ropas distintas. Jugábamos en el patio de la casa con Nori, el perro ratonero de mis abuelos. Chumy era amante de los niños y de los perros.

Chumy Chúmez y su sobrina Merche

También me enseñaba libros con imágenes de cuadros novedosos para mí. Recuerdo, por ejemplo, que con él descubrí a Picasso, siendo una cría, guiada por su admiración por el genio malagueño. Después ya en mi adolescencia/juventud siempre me traía libros de psicología, filosofía, marxismo, etc. El me descubrió, por ejemplo, a Freud, a Marcuse, y recuerdo especialmente toda una serie de ensayos que me trajo sobre el poder negro, Malcon X, Luther King, y el movimiento Black Panther. A finales de los 60 en uno de sus viajes a EEUU tuvo relación con miembros de este movimiento que eran grandes admiradores de su obra.

Felipe Hernández Cava, guionista de historietas y miembro de los colectivos Caín y El Cubri, es quizás una de las personas que más ha estudiado a Chumy y su admiración por Picasso, y otros maestros del Arte. Ha sido comisario de varias de sus exposiciones y, en el catálogo de la primera póstuma, El Descreído Imaginario que, en el 2004, organizó la Universidad de Alcalá de Henares, comentaba que Chumy hizo que el arte se adentrara hasta los tuétanos del humor.

En ese mismo catálogo, el periodista Miguel Ángel Gozalo, vecino suyo en una casa de San Esteban de Gormaz, en Soria, y con quien hacía trueques de camisas donostiarras de Ramón Hernández por chuletas de Burgo de Osma, escribía sobre él que sabía ser astuto y, si convenía, huraño. Si había que luchar, luchaba, pero prefería observar. En el mismo catálogo, Máximo, su colega en La Codorniz, hace de él una impresionante descripción: … y luego está el Chumy íntimo, del que ni sus psicoanalistas aventurarían un dictamen. El Chumy campechano y cardenalicio, que muestra u oculta lo inteligente y excepcional que es, según le venga en gana. Es un juego en el que solo él conoce las reglas y con el que le divierte desorientar al personal. Es el abrazo fraterno y/o la espantá del Guerra. Pero nunca se puede saber una cosa u otra. No se sabe si nada humano le es ajeno,si todo lo humano le es indiferente. Se comenta en ese mismo catálogo que presenciar una charla entre Chumy y Manolo Summers es un privilegio por el derroche de inteligencia e ingenio que se emana.  No creo que pueda añadir algo más a lo dicho porque los tres lo retratan perfectamente. El Chumy familiar es el Chumy íntimo, entrañable, cariñoso pero contenido, vital, curioso, ameno conversador y buen escuchador.

Merche delante del retrato «Composición», de Chumy Chúmez

La Codorniz, fue fundada por Miguel Miura en 1941, sucesora de La Ametralladora, que se editaba en San Sebastián en plena Guerra Civil. Fue dirigida posteriormente por Álvaro de la Iglesia, Manolo Summers y Cándido. Cerró en 1978. ¿Cómo fue el paso de Chumy por esta revista? Chumy entra en La Codorniz con veinte años, tras recibir una carta de Álvaro de la Iglesia como respuesta a unos chistes que envío a la revista, diciéndole que quiere contar con él. Esa carta la tuvo siempre enmarcada ante su mesa de trabajo.  La Codorniz, por una parte, es su aprendizaje, pues él era el más joven de todos los colaboradores de la revista y, por otra, su consagración como humorista. Chumy quería ser pintor. De hecho en 1958 hizo una exposición en solitario en Madrid y antes había sido seleccionado en sucesivas convocatorias de los Certámenes de Navidad de San Sebastián y obtuvo el Premio Extraordinario en el año 52 con un óleo: Composición, retrato de mi madre conmigo en brazos. Pero su irrupción en La Codorniz hizo que arrinconara sus pinceles de pintor, sin abandonar nunca esta actividad pero centrándose en su faceta de dibujante.

Pero también hay que destacar que Chumy supone un cambio en la revista. Junto al humor del absurdo, él es el primer autor que introduce chistes de fuerte sátira social y de contenido político. Su paso por los EEUU le hace conocedor de la revista New Yorker y sobre todo de Saul Steinberg, que le inspira este espíritu innovador.

Hermano Lobo está impregnada de un humor anti sistema y anti totalitarismos, que se atrevía con cualquier símbolo de cualquier tipo y que entonces no sentó muy bien al ala intelectual más izquierdista que no admitía bromas con sus ídolos revolucionarios

En mayo de 1972, Chumy Chúmez y Manolo Summers dejan La Codorniz y crean Hermano Lobo, que llega a publicar 213 números y se mantiene hasta junio de 1976. ¿Qué tenía Hermano Lobo que no tuviera La CodornizHermano Lobo nace por el deseo de Chumy, junto con su amigo, y también humorista Manolo Summers, de hacer una revista más moderna donde predominara lo gráfico frente al texto, que en su opinión inundaba La Codorniz, y porque la revista Triunfo había sufrido un cierre gubernativo y su director, Jose Ángel Ezcurra apoyó el proyecto de Chumy. Antes de lanzarse a ello viajó por Europa para buscar inspiración y de todo lo que vio le interesó sobre todo la francesa Charlie Hebdo. Hermano Lobo está impregnada de un humor anti sistema y anti totalitarismos, que se atrevía con cualquier símbolo de cualquier tipo y que entonces no sentó muy bien al ala intelectual más izquierdista que no admitía bromas con sus ídolos revolucionarios.

Como afirma la periodista Mª Ángeles Fernández Escudero, gran amiga suya, en su libro Chumy Chúmez, el Humor y la Libertad… estaba a favor de la igualdad, la justicia y el progreso que solo creía posibles a través de la defensa y el ejercicio de la libertad individual, y esto se percibe claramente en Hermano Lobo donde reunió tanto a los humoristas más jóvenes de La Codorniz: Forges, Ops (hoy El Roto), Perich, Manolo Summers, como a los columnistas de la castigada Triunfo y del difunto Madrid, y más firmas importantes de la cultura: Manuel Vicent, Francisco Umbral, Haro Tecglen, Antonio Burgos, Jesús Pardo, Vázquez Montalban, Torrente Ballester, Jose Luis Coll, Quino, Mariscal, Ramón…

En 1976 en el último número se publica un testamento ológrafo escrito con su puño y letra, que es muy interesante de leer:

            Ahora que se acerca el final de una etapa y por si mi ausencia llegara a ser más larga de lo previsto, quisiera dejar a los simpáticos lectores unas recomendaciones escritas y selladas, a modo de testamento provisional:

            En esta hora cargada de emoción me declaro solemnemente laico y republicano y, si por un casual llegare a palmar, es mi deseo que se me entierre en civil, con ceremonia sencilla, sin pompas fúnebres, coronas y esquelas. Declaro heredero universal de todos mis bienes morales y espirituales, porque en dinero no dejo ni un duro, a la Coordinación Democrática, también llamada Platajunta, para que hiciere buen uso de ellos en provecho de la democracia y la libertad de todo el país.

            Dejo una manda especial, compuesta de unas resmas de papel sobrante, para pancartas, pegatinas, panfletos y declaraciones conjuntas. Si durante mi ausencia se produjera el fasto de la ruptura democrática quiero recomendar a los lectores que la reciban con gran alegría y contento, que se comporten cívicamente y se dispongan con buen ánimo a votar a su candidato preferido, siempre que sea patriota y honesto.

            Y si la cosa se alarga y sigue esta monserga de la reforma, la democracia a la española, la libertad dentro de un orden, la evolución gradual y en etapas sucesivas, las mejoras sin prisas pero sin pausas, entonces vosotros ni caso.

            Seguid luchando hasta conseguir el sufragio libre y universal. Y una vez tengáis una urna democrática delante, al que Dios se la dé San Jacobo Rousseau se la bendiga. Permaneced libres y cachondos.

            Y hasta la vuelta.

            Madrid, 5 de junio de 1976

Claro, es que, en 1976, aparece la revista Interviú, fruto de una nueva mentalidad posfranquista. Le siguen otras de los más variados contenidos, diseños novedosos, y gran despliegue fotográfico. Los quioscos se inundan de este tipo de publicaciones. Cuenta Chumy en Vida de Maqueto que la gente prefería ver los desnudos en fotografía que dibujados. Y Hermano Lobo, como otras revistas de humor gráfico desaparece. Esto supuso que muchos dibujantes tuvieran que cambiar de profesión. Fue muy sonado el triste caso de Serafín, uno de los más populares humoristas de La Codorniz. ¿Cómo atravesó Chumy esta época? Chumy había heredado de sus padres el amor al trabajo y al deber cumplido y, como trabajador infatigable y metódico que fue, no dejó de publicar nunca. Cuando las revistas de humor decaen sigue publicando en prensa. Fue colaborador del diario Madrid, hasta su cierre en 1971, publicó en El Independiente, ABC, Cuadernos para el Diálogo, Diario 16, El Socialista, Pueblo, Triunfo, El Imparcial, El Progreso, El Diario Vasco, El Semanal de El País. Él mismo calculó, según M. A. Fdez. Escudero, que a lo largo de su vida laboral llegó a publicar 30.000 chistes en cuarenta publicaciones periódicas.

Participó como asiduo tertuliano de El Debate sobre el Estado de la Nación, del programa Protagonistas, que lideraba Luis del Olmo, del 1985 hasta 1999, cuando, tras el fallecimiento del gran Tip, alma del programa, se dejó de emitir.

En San Sebastián, participó en alguna de las reuniones de la Academia Errante, invitado por sus amigos el psiquiatra Vicente Urcola, el oftalmólogo José Luis Munoa y su hermano, el joyero Rafael Munoa, también dibujante de La Codorniz.

Además escribió e ilustró libros, hizo carteles publicitarios, hizo incursión en el cine, con un par de películas. Irrumpió en TV como guionista de documentales y, a veces, también como director. Fue junto a Summers encargado de la versión española de la película Coge el dinero y corre, de Woody Allen. También, y como curiosidad, y al hilo de su carácter polifacético, diré que fue el acompañante del músico hindú Ravi Shankar en su visita a España.

Visitaba muy a menudo Andalucía, porque era un entusiasta del flamenco. Conoció a algunos de sus intérpretes, como a un principiante José Meneses, a través de su amigo Francisco Moreno Galván, y un día lo llevo de paquete, en su Vespa, desde su Puebla de Cazalla natal hasta Madrid. Pintó algunos murales, como el del Hotel Alai en Torremolinos, o los azulejos del Bar Lacón, cerca de la Plaza de Santa Ana, en Madrid, fundado en los primeros 60 por Manuel Jaén, arquitecto y dibujante de la Codorniz.

Fue siempre un hombre con grandes ansias de saber, y un viajero empedernido. Autodidacta en todos sus conocimientos, aprendió inglés, francés y alemán sobre todo viajando, y aprovechó siempre cualquier oportunidad para hacerlo

La imagen del Chumy taciturno, introvertido, serio y de poca expresividad facial, pero a la vez ingenioso, divertido y ocurrente, le llevó a la televisión y a la radio. Su presencia atraía, y sus conferencias y tertulias arrasaban. Pasó una buena temporada viajando por medio mundo cultivando esa faceta ¿En qué consistía su trabajo?  Fue siempre un hombre con grandes ansias de saber, y un viajero empedernido. Autodidacta en todos sus conocimientos, aprendió inglés, francés y alemán sobre todo viajando, y aprovechó siempre cualquier oportunidad para hacerlo: desde su 1ª visita a Paris gracias a que su tía, hermana de su madre, que vivía allí, pasando por los Expotours del programa propagandístico turístico que impulsó Fraga, cuando fue Ministro de Información Turismo, y a las que consigue engancharse gracias a que conocía a su director. Y así, como decorador, y montando y desmontado exposiciones, viaja por toda Europa durante tres años. Hasta que luego, ya siendo muy conocido en toda norte, centro y sudamérica, es requerido para dar charlas, cursos, conferencias por todos los países del continente americano y también por el europeo. No olvidemos que en 1970 le dan el Primer Premio del VII Salón del Humor de Montreal, por ejemplo.

He leído que en 1970 se casó en Londres con una escultora china, californiana de origen, a la que había conocido haciendo autostop, con su amigo Rafa Ruiz Balerdi, camino de Torremolinos, y ese mismo año nació su hijo Marcel (por Proust), pero en los años 80 se divorciaron y madre e hijo se fueron a vivir a Sacramento CA, donde siguen viviendo actualmente. ¿Cómo era su relación con las mujeres? Chumy era un hombre de su tiempo, elegante, cuidadoso y clásico en el vestir, galante y muy guapo, que adoraba a las mujeres pero, sobre todo, adoraba que le adoraran a él.

La mayor parte de su obra está ya en la Biblioteca Nacional, ya que su hijo Marcel la depositó allí, curiosamente, el mismo día que Trump fue elegido presidente de EEUU

El humorismo gráfico fue su actividad más prolífica (publicó como 30.000 chistes en más de 40 medios), pero también publicó varias novelas, algún ensayo, artículos, y como veinte monografías de sus trabajos. Hizo cine y televisión… Y, siempre que podía, asistía al Círculo de Bellas Artes de Madrid para dibujar. Tú, Merche, te has ocupado de gestionar toda su obra, y me imagino que habrá sido un trabajo brutal. ¿Era Chumy una persona ordenada o te lo ha puesto difícil? Era un hombre, muy, muy ordenado, que dejó lo que le interesaba, encuadernado y clasificado en su biblioteca. Sus originales estaban apilados en un armario, y casi todos llevan la indicación de cuando y donde fueron publicados. Lo que ocurre es que también tenía un espíritu destructivo con lo que ya no le interesaba, o le había dejado de gustar. En sus últimos años, afortunadamente, regaló a sus amigos y conocidos muchas cosas. A mi madre y a mí nos trajo todo lo que, según él, le sobraba en ese furor de liberarse de todo, pero lo peor es que rompió mucho de lo que había hecho.

Hoy en día, la mayor parte de su obra está ya en la Biblioteca Nacional, ya que su hijo Marcel la depositó allí, curiosamente, el mismo día que Trump fue elegido presidente de EEUU.

Chumy participó en varias exposiciones colectivas, pero entre las que hizo de manera individual, consideraba que la única que le gustaba citar era la que le dedicó la Caja de Ahorros Vizcaína, en 1986. ¿Cuáles destacarías tú, además de esa?  A mí me encantó la del Centro Cultural Conde Duque, de Madrid, del año 2000, que fue traída al Museo San Telmo de San Sebastián por la Asociación de Amigos del Museo de San Telmo. Después viajó a Sevilla, Jerez, Cádiz y Valencia.

Pero mucho más representativa de su obra gráfica fue la magnífica exposición en la Universidad de Alcalá de Henares, El Descreído Imaginario, del 2004 a raíz de haberle concedido en el 2002, pocos meses antes de su muerte el Premio Iberoamericano de Humor Gráfico Quevedos y que comisarió Felipe Hernández Cava, que, en mi opinión, es el mayor conocedor de la obra de Chumy y borda todo lo que hace.

También fue estupenda la exposición Españoleando, Chumy Chúmez en el diario Madrid. Aunque lo que se exponía no eran los originales sino las copias que tenía el periódico de su larga colaboración en él.      

En su publicación póstuma, Vida de Maqueto, Chumy arremete sin piedad contra el nacionalismo vasco y el apartheid que padecieron los emigrantes que llegaban en la posguerra al País Vasco. ¿Es actualmente un personaje incómodo para los vascos de label? Eso deberían contestártelo ellos, ja, ja… ¿Tú qué crees? Te daré hechos. Cuando él muere, me consta que Forges habló con Odón Elorza, alcalde de San Sebastián en ese momento, convencido de que su ciudad se iba a volcar en homenajearlo, y quedó muy sorprendido con la frialdad con que fue acogida su propuesta. Por lo demás la familia no recibimos ni un solo telegrama de condolencia de los políticos nacionalistas vascos y sí, sin embargo, de políticos, artistas, intelectuales españoles, europeos y americanos.

A los pocos meses de su muerte, en 2003, Rafael Munoa transforma una exposición sobre La Codorniz, que estaba preparando en Vitoria, teniendo la alcaldía el PP, en un Homenaje a Chumy. En Bilbao hace unos años también se hizo una exposición sobre Chumy, con alcaldía del PNV.

Y aquí en su Donosti natal hemos tenido que esperar hasta el XV aniversario de su muerte para que se haga una exposición homenaje, en la Casa de Cultura de Okendo, gracias, por fin, al interés de su directora Susana Bustero, y que ha comisariado Montserrat Fornells. Exposición que ha resultado espléndida y con gran éxito de público, y que se clausuró el 5 de mayo, tres días antes de que Chumy hubiera cumplido 91 años.

Enlaces de interés

Entrevista a Chumy Chúmez en RTVE a la Carta

Entrevista a Chumy Chúmez, El País, 18 de julio de 2001

Más de 5000 dibujos del archivo personal de Chumy Chúmez se incorporan a la Biblioteca Nacional

Exposición de Chumy Chúmez en San Sebastián. La Política

Dibujos de Chumy Chúmez. Humoristán.

In Memoriam: Chumy Chúmez en Tebeosfera