Sobre la corrupción - Alberto Serrano Patiño

Desde joven he sido aficionado a los diálogos Platónicos, en los que normalmente Sócrates charla con sus conciudadanos sobre temas humanos varios (me permitirán el tiempo verbal presente porque me lo imagino como si fuera ayer). Conversaciones muy actuales sobre cuestiones tales como: Cármides o De la templanza, Laques o Del valor, Lisis o De la amistad.

Pues bien, si ustedes me permiten voy a filosofar sobre corrupción convencido de que el presente artículo puede provocar no pocas adiciones, enmiendas o correcciones por parte de los lectores, por lo que todo lo aquí afirmado se entiende salvo mejor criterio que puedan proporcionar, agradeciéndoles de antemano su colaboración.

Me centraré en dos cuestiones; de un lado en definir la corrupción y de otro lado en intentar sistematizar sus múltiples manifestaciones

Por tanto: ¿Qué es corrupción?

Etimológicamente, la palabra corrupción viene del latín corruptio, que se podría traducir por acción y efecto de destruir o alterar globalmente por putrefacción, y también por acción de dañar, sobornar o pervertir a alguien.

Según una acepción, acomodada a lo que estamos tratando, del diccionario de la Real Academia Española es “En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores”.

Por su parte, en el Diccionario de uso del español de María Moliner, se definen las corruptelas como “hecho, situación o costumbre en que hay corrupción o falta de honradez en la administración”.

Corrupción es poner las instituciones públicas al servicio de intereses particulares, ya sean estrictamente individuales, ya sean del partido o de otros grupos afines

Yo lo tengo claro, corrupción es: poner las instituciones públicas al servicio de intereses particulares, ya sean estrictamente individuales, ya sean del partido o de otros grupos afines. Así de simple.  Esta definición igual a la gente le sabrá a poco porque se tiende a asimilar a comportamientos más depravados, pero entiendo que es omnicomprensiva de todas las situaciones que pueden calificarse como tales. En definitiva, ante todo la corrupción es retorcer o exprimir las instituciones, que obviamente se crean y financian para fines colectivos, para obtener beneficios particulares, los cuales podrían ser legales o ilegales. Esto es indiferente a esos efectos.

Así son igualmente corruptos el comportamiento chabacano de llevarse dinero público en bolsas, obviamente no presupuestado para tal cometido, como, de alguna manera agilizar el procedimiento administrativo, de tal manera que lo que a cualquier ciudadano le cuesta mucho tiempo y dinero, gracias al empujón correspondiente todo resulta más sencillo y barato. Esto es muy importante en los países altamente burocratizados, en los que no se puede dar un paso sin la previa autorización, permiso o anuencia de la Administración.

¿Cuáles son las manifestaciones más relevantes de la corrupción?

La mayoría de los casos de corrupción que se evidencian todos los días en la prensa española, en su esquema fundamental, son pagos empresariales a cambio de adjudicaciones, contratos, subvenciones, evitar inspecciones que concluyan en sanciones, etc… Es decir, que implican, de algún modo, flujos de dinero agradecido vinculado a actuaciones administrativas.

Lo fundamental es que desde el Ayuntamiento o Comunidad Autónoma de turno se otorgue un trato de favor a alguien concreto, el cual se siente en la obligación de devolverlo no ya a la propia Administración sino a quien dentro de la misma entiende que se lo debe, el cual puede disfrutar en solitario de tales favores o distribuirlo entre la panda conveniente a su criterio.

En mi criterio la corrupción se extiende especialmente a las siguientes cuestiones:

1º.- Grandes contratos de obra pública o de gestión de servicios públicos. Este tema es muy conocido, hay mucho margen de beneficio no tanto en la adjudicación como en la ejecución de tales contratos, si hay buena voluntad en orden a los suculentos modificados, complementarios, reequilibrios y demás instrumentos jurídicos que pueden hasta doblar el precio inicial a satisfacer por la Administración.

2º.- Contratos menores. Es decir, aquellos que se otorgan sin concurrencia competitiva, como vulgarmente se dice “a dedo”. Hay mucha permisividad, incluso legal, en orden al otorgamiento de estas canonjías, y falta de control efectivo por instituciones tales como el Tribunal de Cuentas diseñadas parece que por el enemigo. Aunque no alcanzan un gran montante individualmente  en su conjunto pueden ser suculentos.

3º.- Subvenciones. De acuerdo con la normativa a través de esta figura legal se trata de entregar un dinero a una entidad pública o privada, para que la misma, no le reporte nada a cambio a la entidad subvencionadora, sino que realicen proyectos, actividades o se presten servicios de utilidad pública o interés social en beneficio directamente de todos los ciudadanos o de parte de ellos. Pues bien en muchas de estas subvenciones no es importante ningún proyecto subvencional sino inyectar dinero a una entidad afín para que desarrolla sus actividades ordinarias o sostenga los sueldos de sus contratados.

4º.- Negocios jurídicos patrimoniales que formaliza la Administración, tanto de compra como de venta de activos, como de arrendamiento o cesión de suelos. El patrimonio de la Administración es muy desconocido por el ciudadano y esta oscuridad favorece transacciones muy a la medida de “recomendado”.

5º.- Configuración de normativa. Hay determinadas normas jurídicas, que se diseñan en origen no pensando en el interés general sino directamente al servicio de determinados lobbies o pensando en el interés particular de determinados sujetos.

6º.- Licencias, permisos, autorizaciones. La discrecionalidad con la que la Administración puede habilitar determinados comportamientos singulares generadores de beneficios industriales, es campo abonado para los apóstoles del “yo te lo consigo”.

7º.- Sanciones o represión de conductas contrarias a la normativa. También tienen mucho margen las entidades públicas para proceder conforme al dicho popular: al amigo, permisibilidad total; al enemigo, a arrasarlo y; al indiferente, se le aplica la legislación vigente.

8º.- Ingreso en la Función Pública. Ninguna duda cabe sobre la existencia de los famosos “enchufes”, pero quizás es más desconocida la entrada por la puerta grande a través de contratos laborales, mercantiles u otras fórmulas que en definitiva suponen acceder a un puesto de trabajo en el sector público sin someterse a las dolorosas oposiciones.

9º.- Pantomimas judiciales. Aunque esta corrupción es poco conocida, late en determinados ambientes como se tergiversan determinados pleitos para conseguir nuevamente el objetivo señalado, estos es, que se abone una cantidad a una determinada empresa o a un amigo, bajo la forma de un montaje de pugna judicial, con la complicidad de los siempre inocentes Jueces y Tribunales.

10º.- Creación de Entidades, organismos, corporaciones y demás caníbales del presupuesto público sin justificación alguna. No hay mejor fórmula para colocar amigos que la creación de un organismo habilitado para tal fin. Nadie sabe sus funciones ni tiene ningún sentido su existencia pero los ciudadanos tenemos que tragar este tipo de decisiones políticas.

Aquí me paro.

Convendrán conmigo que las posibilidades son muchas de disponer del dinero público para fines ajenos al mismo, pero los ciudadanos tenemos la garantía del funcionario público,

Los funcionarios públicos son esenciales en una sociedad como la actual, en la que por mucha transparencia y participación ciudadana que exista, es imposible por parte de la ciudadanía controlar el ejercicio del poder por los gobernantes durante el periodo en que el electorado les confía la dirección de la administración. A tal fin, de algún modo, como delegados aventajados de los administrados, los funcionarios deben controlar que el ejercicio del poder se realice sin arbitrariedades y dentro de la legalidad para servir con objetividad los intereses generales.

Esto por desgracia…no siempre se produce.

 

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Autor de "La Administración al servicio de los administradores"