Los constantes ataques a las eléctricas y al mercado eléctrico se recrudecen cuando sube el recibo de la luz, pero nuestro mercado eléctrico funciona como el del resto de países europeos (salvo el de Inglaterra-País de Gales). Es un mercado marginalista, en el que el precio que reciben todos los productores lo marca el último productor -marginal- que entra en el mercado. Para que se entienda, cada productor recibe por la electricidad el precio del productor más caro que oferta.

Las tecnologías de producción eléctrica tienen costes muy dispares, desde los 10 euros del megavatio-hora de una hidroeléctrica, o los 22 euros de una nuclear hasta los 50 euros para las centrales de ciclo combinado

Las tecnologías de producción eléctrica tienen costes muy dispares, los costes variables para producir un megavatio-hora oscilan entre los 10 euros de una hidroeléctrica, los 22 euros de una nuclear y para las centrales de ciclo combinado -que usan gas como combustible- unos 50 euros (aunque ésto oscila según el precio del gas en el mercado). Al ser las de ciclo combinado las que ofertan a mayor precio, son las que acaban determinando el precio final de la electricidad que recibirá el resto.

La hidroeléctrica y nuclear con costes variables más bajos y costes fijos casi amortizados obtienen en la subasta unos beneficios mucho mayores; eliminar estos beneficios exagerados es algo que ningún país ha logrado

La hidroeléctrica y nuclear con costes variables más bajos y costes fijos casi amortizados tras muchos años de operatividad obtienen en la subasta unos beneficios mucho mayores. Eliminar estos beneficios exagerados y conocidos mundialmente como “windfall profits” (beneficios caídos del cielo) es algo que ningún país ha logrado. Inglaterra-País de Gales cambió en el año 2000 el mercado marginalista por uno de pago por oferta y no logró rebajar el precio final de la electricidad en el mercado (el Reino Unido tiene tres sistemas eléctricos: Inglaterra-País de Gales, Escocia e Irlanda del Norte).

Es bastante obvio, que si se cambian las reglas del mercado, los productores no ofertarán según sus costes variables sino que intentarán adivinar el precio de oferta del productor más caro y ofertarán con un precio ligeramente por debajo. Estimar el precio de oferta del productor más caro -las centrales de ciclo combinado- es relativamente fácil conociendo el precio del gas en el mercado y sabiendo que éste supone un 60% de sus costes operativos. Es lo que hacemos todos si queremos vender un coche de segunda mano: exploramos el mercado, vemos lo que valen coches parecidos al nuestro y lo ponemos en venta por un precio similar, no por lo que nuestro coche realmente vale.

Los precios finales de la electricidad en los mercados con empresas públicas no son más bajos que en el resto

Otra solución – que leo a menudo en las redes sociales- es nacionalizar las eléctricas. Aparte del coste prohibitivo de esta operación (por ejemplo, Endesa vale en bolsa unos 20.000 millones de euros y representa sólo el 40% de la producción eléctrica), los precios finales de la electricidad en los mercados con empresas públicas no son más bajos que en el resto. Como ejemplo, en Austria – país en el que vivo -, el Estado es el accionista mayoritario de las cuatro grandes eléctricas y el precio de la electricidad no suele bajar de la media europea, a pesar de que el 60% de la electricidad es de origen hidroeléctrico (en España suele ser el 15% ).

El sistema eléctrico de Inglaterra- País de Gales se pone como ejemplo de que ni la nacionalización ni el cambio de un mercado marginalista a otro de pago por oferta abaratan el precio de la electricidad . Hasta 1990 la producción de electricidad en Inglaterra-País de Gales era realizada por empresas públicas y, como puede verse en la gráfica de la izquierda, la electricidad no era más barata antes de esa fecha. En el año 2000, ante las denuncias de manipulación de precios, se cambia el mercado marginalista por uno de pago por oferta. Como se observa, tampoco esto logró rebajar los precios finales de la electricidad. También se aprecia en la gráfica que en Inglaterra-País de Gales el precio de la electricidad ha dependido siempre fuertemente del precio del gas en cada momento.

Hasta 1997, los precios de la electricidad en España eran fijados por el gobierno. En la gráfica de abajo se puede ver que los precios de la luz no eran más baratos antes de esa fecha. Lo que sí puede observarse, como en el caso de Inglaterra-País de Gales, es que los incrementos de precios de la electricidad siguen siempre el curso de los incrementos de los precios del gas.

El ejemplo del mercado eléctrico Inglaterra-País de Gales corrobora empíricamente las conclusiones de numerosos estudios sobre el tema (informe encargado por el Estado de California a la Universidad de Cornell y al MIT en el año 2000, informe del Tesoro de Nueva Zelanda en 2005, informe del operador eléctrico – ISO – del Estado de Nueva York en 2008…). Al estar el mercado eléctrico formado por muy pocas empresas, para el consumidor no hay alternativa más barata que el mercado marginalista y por otra parte, la experiencia demuestra que en los mercados eléctricos formados por empresas públicas, los precios de la luz no son más bajos que en los formados por empresas privadas.

El precio de la electricidad, al que me he referido hasta ahora, representa sólo el 40% de lo que pagamos en el recibo de la luz. El 60 % restante son subvenciones, impuestos y toda suerte de partidas que nada tienen que ver con el mercado eléctrico. Las partidas que representan ese 60% del recibo de la luz son: el déficit tarifario (consecuencia de que las tarifas eléctricas no cubren los costes de producción de la electricidad, muy discutido), primas a las renovables, ayudas al carbón nacional, tratamiento de residuos nucleares,… e impuestos. Incluir estas partidas en el recibo de la luz, para no hacerlo en los presupuestos de las distintas administraciones públicas, tiene el mismo efecto que un impuesto indirecto: grava el consumo independientemente de la renta del consumidor -como si fuese un IVA ampliado-, castigando así a las rentas más bajas. Tiene además un efecto inflacionista en la economía, resta competitividad a las empresas, que trasladan la subida a sus productos y servicios y como consecuencia cae la demanda y sube el paro…

Las partidas añadidas al recibo de la luz han hecho que la tan celebrada interconexión eléctrica entre Francia y España de 2015 haya traído beneficios exclusivamente para las eléctricas

Estas partidas añadidas al recibo de la luz han hecho que la tan celebrada interconexión eléctrica entre Francia y España de 2015 haya traído beneficios exclusivamente para las eléctricas. Cuando España exporta electricidad a Francia, las empresas eléctricas se benefician al poder vender sus excedentes (fundamentalmente de la eólica), pero los ciudadanos se ven perjudicados porque esa electricidad se vende a Francia por el precio que determinó el mercado marginalista sin incluir el resto de partidas. Francia deja de pagar por el tratamiento de residuos y por el déficit tarifario que esa electricidad que exportamos ha generado en nuestro país. Y cuando España importa electricidad de Francia, los ciudadanos se ven igualmente perjudicados porque pagan estas partidas porcentualmente sobre el consumo, independientemente de que parte de esos kilovatios-hora consumidos hayan sido producidos en Francia. Es injusto que paguemos déficit tarifario a las eléctricas españolas y tratamiento de residuos al Estado por una electricidad que ha sido producida en Francia por empresas francesas.

Los ciudadanos pagarán  los 3.000 millones del Castor en la factura del gas

Como el cajón de sastre del recibo de la luz es un abuso y resulta un desastre para la economía y el bolsillo de los ciudadanos, nada mejor que exportarlo al recibo del gas. Los ciudadanos pagarán el desastre de los 3.000 millones del Castor hasta 2044 en el nuevo cajón de sastre que ha encontrado el Gobierno en la factura del gas.

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Ingeniero Superior Industrial