Las pantomimas judiciales - Alberto Serrano

El pasado  mes de junio de 2017, tuve el honor de publicar en elasterisco.es mis modestas opiniones sobre el concepto y las modalidades de corrupción. Pues bien, mucha gente me ha transmitido su total desconocimiento sobre un tipo en concreto que denominé como: las pantomimas judiciales.

Cómo se tergiversan determinados pleitos para conseguir que se abone o se ahorre una cantidad de dinero a una determinada empresa o a un amiguete en un montaje de pugna judicial

Si a ustedes les parece les amplio la información. Lo fundamental es lo siguiente: cómo se tergiversan determinados pleitos en los que participan determinadas Administraciones Públicas para conseguir que se abone o se ahorre una cantidad de dinero a una determinada empresa o a un amiguete en un montaje de pugna judicial, con la complicidad de los siempre inocentes Jueces y Tribunales.  Sí Señores, es habitual entre los arreglos a que puede llevar las tramas podridas una convención o acuerdo del tipo: “yo te pago tanto y tú tienes la posibilidad de sacar otro tanto vía demanda porque esto lo vestimos bien y te garantizo que ganas el pleito”. La culpa se derivará a los Abogados de la Administración: ¡son muy malos!

Es imprescindible contar con los que voy a llamar tontos útiles, esto es jueces y tribunales

Para esta labor con cierto riesgo empresarial derivado de la aleatoriedad de ganar o no ganar el pleito (que esto nadie lo puede asegurar) es imprescindible contar con los que voy a llamar tontos útiles, esto es jueces y tribunales, dicho sea con el debido respeto y, como se dice en el lenguaje forense de los abogados, en términos de estricto defensa.

En efecto es necesaria una mano inocente, en el sentido de cándida, que active el mecanismo de generar un pago a quien quiera la dirección de la Administración y que por sí misma ella no puede hacer. De algún modo hay que generar una “factura judicial” que presenta una importante garantía, que es que la misma aparece blanqueada, porque nadie duda que si la Administración pierde un pleito, lógicamente hay que generar los correspondientes mecanismos de pagos.

Los jueces se presentan (esto les encanta) como los restauradores de un orden legal quebrantado por la Administración, que sistemáticamente tiende a atropellar intereses individuales, y gracias a que están ellos conseguirán el restablecimiento de un equilibrio económico. Así, mientras se celebran estos juicios amañados, tienden a hacer, en su bendita inocencia, expresiones de sorpresas, del modo: ¡qué mal funciona la Administración!, ¡así están arruinados los pobres empresarios!, etc. Pero…menos mal que quedan ellos. En este punto los jueces ya han mordido el anzuelo de lo que se pretendía, esto es, que todo es producto de diversas decisiones administrativas torpes y mendaces; y no alcanzan a vislumbrar la realidad del montaje.

Es muy irónico que precisamente los encargados finales de luchar contra la corrupción sean quienes involuntariamente la propicien

De esta manera los jueces se convierten en los protagonistas principales de la trama. En este sentido es muy irónico que precisamente los encargados finales de luchar contra la corrupción sean quienes involuntariamente la propicien. Intelectualmente está muy bien montado el tema porque como en la novelas de Agatha Christie es importante que el asesino sea el personaje en principio menos sospechoso.

Los pleitos amañados básicamente son de tres tipos: aquellos que pueden beneficiar a contratistas de la Administración, a los propios empleados públicos e incluso a terceros. Vamos a desarrollarlos brevemente:

1º.- Los pleitos que benefician a contratistas de la Administración son un clásico. Tenemos que un contratista ha sido adjudicatario de un contrato no todo lo suculento que deseaba, pero bueno, lo tiene en su poder. A partir de aquí hay que sacarle jugo, para lo cual, es necesario pasar a una primera fase, digamos, administrativa, consistente en modificados o complementos a contratos adjudicados, que supone, en definitiva, que una vez adjudicados por unas condiciones un determinado contrato, posteriormente nos olvidamos de las mismas al menos parcialmente. Pero una vez agotadas todas las posibilidades que permite esta etapa, o bien en paralelo a la misma, se puede poner en marcha otro frente que son: reclamaciones judiciales derivadas de supuestos incumplimientos de la Administración. Todo muy bien vestidito, claro.

Así, se plantean pleitos que se llaman de reequilibrios económicos, esto es, basándose en circunstancias nuevas imprevistas en el contrato, resulta que el mismo ha devenido en excesivamente oneroso para el empresario adjudicatario de turno de tal manera que la cantidad que inicialmente se señalaba como precio de adjudicación resulta que es ruinosa para el abnegado empresario por lo que hay de lubricar este contrato con un riego extra de dinero para que todo funcione como es debido. Todo esto claro, previamente pactado incluso antes de la firma del contrato inicial.

2º.- Otro clásico absoluto son los pleitos que se montan para favorecer a determinados empleados públicos, tratando de esta manera de beneficiar a los más fieles vía judicial. Los favores a empleados públicos son de dos tipos básicamente: de carácter económico, de algún modo como una productividad encubierta; y de carácter jurídico, beneficiando sustancialmente en favor del empleado público la relación jurídica que une a ambas partes.

Los favores de tipo económico son litigios que consisten en proporcionar al empleado público la documentación o pruebas necesarias desde dentro de la propia Administración para que no tenga ningún problema en ponerlas en conocimiento del juez de turno y que como consecuencia de las mismas no le queda otra que condenar a la cantidad correspondiente.

Los favores de tipo jurídico pueden ser incluso más suculentos, consisten en favorecer fraudes de ley con objeto de obtener un beneficio para el que teóricamente lo sufre. Suena raro pero, por ejemplo, la normativa laboral establece que un contrato temporal que de algún modo se desarrolle en términos distintos de los convenidos determina que automáticamente convierta tal relación en indefinida.

Por tanto, fíjense que fácil resulta encomendar a un amigo unas tareas distintas de las acordadas contractualmente para que la relación temporal del sujeto en cuestión se convierta en indefinida por fraude de ley con los privilegios que ello conlleva.

3º.-Finalmente mencionábamos que otros pleitos favorecen a terceros, es decir, no ya a contratista o a empleados públicos, sino a empresas o ciudadanos en principio total y absolutamente ajenos a relaciones jurídicas directas con la propia Administración.

Estos son los pleitos en los que, por ejemplo, se sanciona con dureza a una Empresa, se instruye un expediente pero se dejan fisuras formales para que un abogado cualquiera pueda hacerlas valer sin problemas en los tribunales. Así la ley marca que todo expediente sancionador debe tramitarse en un periodo de tiempo determinado, so pena de nulidad del mismo por caducidad. Pues muy simple, lo dejo caducar, pese a lo cual sanciona a la empresa para que ésta acuda al Juzgado y lo gane sin problemas. Más de lo mismo, desgraciadamente algún funcionario se ha dormido y por eso la Administración ha perdido el pleito.

Y en todos estos supuesto, delante de un Juez o Tribunal estará otra vez un Abogado de la Administración en cuestión que al no encontrar argumentos ni sólidos ni líquidos ni gaseosos, solicitará se dicte una sentencia ajustada a derecho, que es una fórmula que se suele emplear en estrados, que viene a significar que le den la razón a la parte contraria de la Administración.

Si alguien pregunta, la respuesta será de modelo. El pleito desgraciadamente se perdió: ¡Que malos que son los Abogados de la Administración!

 

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Autor de "La Administración al servicio de los administradores"